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Culturarte / La dualidad de Paz

Hoy también es un gran día…La cultura popular mexicana celebra este día: la resurrección del hombre más famoso del mundo, el hombre que divide la historia en un antes y un después de él.

Su vida y obra se representan año con año en diferentes países; representaciones con características propias, circunscritas a la idiosincrasia de los nativos. México no se queda atrás y Tabasco mucho menos con el Tradicional Viacrucis de la Pasión de Jesucristo en Tamulté y en Ocuiltzapotlán por mencionar algunos.

El tabasqueño conmemora la Pasión de Cristo como todos mexicanos lo hacen a todo lo largo y ancho del país; nosotros somos religiosos porque el mexicano es religioso cuando hay fiestas de guardar, anarquista ante la dictadura, dictador en el poder; el mexicano es pueblo conquistado cuando recuerda el esplendor de la gran Tenochtitlan ¡ah! pero el mexicano es conquistador cuando busca en sus rasgos físicos la herencia española. En la política el mexicano es demócrata cuando gana elecciones; el mexicano es patriota en el extranjero y malinchista en su territorio; el mexicano se convierte invariablemente en un santo en cuanto muere aunque en vida fuera un verdadero diablo; el mexicano es fiel a sí mismo y nada más porque el mexicano es macho. Podríamos intentar seguir desmenuzando la esencia del ser mexicano, pero no es necesario cuando en el ensayo literario “El laberinto de la soledad” publicado en 1950, Octavio Paz lo ha hecho magistralmente, desentrañando y diseccionando hasta la última fibra del ser mexicano.

Octavio Irineo Paz y Lozano nació en Mixcoac, Estado de México, el treinta y uno de Marzo de 1914; gran poeta hispano de nuestro tiempo, ensayista, periodista y diplomático, PREMIO NOBEL DE LITERATURA en 1990; Premio Cervantes (1981); Premio Príncipe de Asturias (1993); por mencionar algunos de los reconocimientos a los que se hizo acreedor a lo largo de su carrera. Tan prolífico y prolijo en su obra, que sería imposible enumerar en este espacio; sin embargo, podemos mencionar sus obras cumbres: el ensayo antes señalado, “El arca y la lira” (1956), “¿Águila o sol? y “Libertad bajo palabra”.

Todo escritor es consecuencia del medio en el que se desenvuelve: circunstancias, experiencias, aficiones, vivencias, sentimientos, deseos y miedos, pero también es resultado de las personas que lo rodean, con las cuales comparte anécdotas propias e irrepetibles, de las que obtiene material único y original que le permiten crear y desarrollar sus habilidades artísticas. Octavio Paz no fue la excepción. Hay una dualidad presente y latente en toda la obra de Paz debido a dos influencias que lo marcaron, dos personas que son determinantes en la obra del prestigiado, prolífico y prolijo escritor, ensayista y poeta: su abuelo Irineo Paz, quien fuera escritor e intelectual ligado al gobierno de Don Porfirio Díaz y su padre Octavio Paz, quien fue revolucionario zapatista durante la lucha armada de 1910. Estas dos influencias opuestas dan al escritor el equilibrio perfecto; Octavio Paz era un revolucionario-conservador o un conservador- revolucionario, esto se hace evidente cuando renuncia a su cargo como diplomático en la India, en 1968, como protesta después de las muertes del 2 de Octubre. El realismo-romántico o el romanticismo-realista y en ocasiones romanticismo-surrealista presente evidencia también esa dualidad.

La obra de Octavio Paz está compuesta de dos fases claramente definidas: el ensayista preocupado por la sociedad a la que pertenece y a la que desea instruir enfrentándola a sus propias limitaciones debilidades, carencias; y la segunda fase es la del poeta romántico, surrealista, existencialista, esotérico pero eso si poseedor de una gran lírica, creador de poemas poseedores de imágenes de gran belleza; acuñó el término topoemas para designar a sus poemas, caracterizados por la obsesión y el deseo recurrente de huir del tiempo.

“Es un desierto circular el mundo
El cielo está cerrado y el infierno vacío”

Fragmento del poema Elegía Interrumpida.

La ciencia nutre la mente, la religión alimenta el espíritu, el arte enriquece el alma. Te deseo una excelente semana.