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Germán Madrazo y el sueño olímpico que hizo historia

Cruzó la meta en los Juegos Olímpicos de Invierno de Corea del Sur en 2018, superando los obstáculos de su vida. Con ello dio inicio una nueva misión: compartir su experiencia las veces que sea necesario para dar testimonio de que con perseverancia y entusiasmo todo es posible

Germán Madrazo Baca, atleta de amplia sonrisa, se torna serio para decir: “Cuando tienes un sueño, cuando quieres lograr algo, no hay barrera que te lo impida”.

Estar en los Juegos Olímpicos de invierno, en PyeongChang 2018, Corea del Sur, y cruzar la meta en la disciplina Cross-country skiing (modalidad en esquí), fue el principio del resto de su vida. Llegó al final de la competencia, en el último sitio, pero su actitud y la de sus compañeros, fue realmente ejemplo del olimpismo, tanto así que su imagen le dio la vuelta al mundo.

Ahora recuerda la experiencia, no como algo personal, sino como un trabajo de equipo que se convirtió en una lección para ser compartida las veces que sea necesario y así, infundir en otros que los sueños pueden cumplirse sin importar las dificultades que existan.

El queretano, residente en Mc Allen, Texas, vuelve a vivir una y otra vez el día de la competencia. Comenzó –dice- como un recuento de su infancia y juventud, de los obstáculos que padeció pero que no le impidieron llegar a la meta para cumplir con su destino.

En una entrevista realizada por la directora general de Novedades de Tabasco, Carolina Brondo Macías, en un Instagram Live, Germán Madrazo compartió este momento con Grupo Olmeca y dejó en claro que para él, los problemas pueden ser grandes oportunidades.

Los sueños sí se cumplen ¿verdad, Germán?

Se cumplen, se cumplen con trabajo duro, pero ¿sabes algo?, que es un trabajo que vale la pena, porque cuando tú estás trabajando por cumplir un sueño, de verdad que los problemas se te hacen menos, estás tan enfocado en lo que quieres lograr y te olvidas de todo. Yo en los tiempos en los que he estado metidísimo en una meta, en la que digo, lo tengo que lograr, te juro que no sé quién es el Presidente de México en ese momento, mientras la gente se vuelve loca con la política, yo ni siquiera sé ni quién va ni quién viene, porque estoy clavado en mi meta.

Sabemos que al hablar de ti no podemos omitir las palabras correr, nadar, andar en bici, ¿tú cómo te describes?

Yo te diría que, antes que nada, Germán es un soñador, un perseguidor de sueños y un contador de historias. Mi misión más importante en la vida después de este regalo tan maravilloso de estar en los juegos olímpicos, es compartir la historia. Tengo oportunidad de viajar a otras ciudades a dar conferencias, por cierto, nunca he estado en el sur, nunca he estado en Tabasco, entonces sería un privilegio para mí estar con ustedes platicando.

Me encanta nadar, me encanta correr, me encantan los maratones, los ultramaratones de montaña, me gusta el triatlón, pero lo que más me gusta es ponerme metas que parecen inalcanzables, entrenar para alcanzar esas metas y después vivir para contarlo.

¿Cuándo fue que el deporte se convirtió en algo tan importante para ti?

El deporte se volvió esencial en mi vida desde los 8, 9 años de edad en que mis papás me meten a clases de natación y después en un equipo de natación en el Distrito Federal, ahora Ciudad de México, después en Querétaro. La natación se hizo mi pasión, se hizo mi vida entera, al grado de que yo les decía a mis papás que lo único que quería hacer en la vida era nadar.

Pero viniendo de una familia en la que el deporte no es la actividad principal, en la que nadie había sido deportista, mi papá me dijo no, te vas a morir de hambre, mejor escoge otra cosa. No es que no me quisieran apoyar, sino más bien era una barrera cultural.

Pero crecí haciendo mucho deporte, nadando, pero con muchas frustraciones personales porque yo decía, soy bueno, si pudiera irme a vivir en un lugar donde hubiera equipo y pudiera entrenar tres veces al día, lo haría, pero no era posible.

Luego empecé a tratar de correr, pero un doctor me dijo que no servía para eso, que tenía mis rodillas “degeneradas” y que a los 30 años requeriría prótesis. Fue otra barrera que tuve que sortear. Fue hasta los 32 años, después de la segunda operación de rodilla, que me di cuenta que quedé bien, cuando me aventé como el “Borras”, evento que había, evento al que me inscribía.

Decidí hacer Ironman. En ese entonces vivía en el paraíso terrenal de Soto la Marina, Tamaulipas, donde todo lo que era correr y andar en bici lo tenía a manos llenas, pero no había alberca para entrenar, solo estaba el río, aunque todos decían que había cocodrilos. Pensé: ¿qué tanto daño me pueden hacer? y así me preparé para cuatro Ironman en el río de Soto la Marina, todo el mundo me veía y me decía loquito.

¿En qué momento dijiste quiero competir en los juegos Olímpicos?

Eso pasó desde los 8 o 9 años de edad, en 1984, tenía diez años de edad y nos sentamos mi mamá y mi abuelita a ver los juegos olímpicos de Los Ángeles. Mi mamá me había traído un muñequito de peluche que era la mascota de Los Ángeles, yo realmente no le di mucha importancia, pero al explicarme de lo que se trataba y al ver desfilar las naciones del mundo, se me puso el cuero chinito de emoción. Cuando les dije que quería ir a los juegos olímpicos, desde el principio me empezaron a decir que es durísimo, que es una vida entera la que le dedicas, que no es algo que vas a decir mañana pasa, entonces dije perfecto, eso es lo que quiero.

¿Por qué Cross-country skiing?

El prepararme para el Ironman en el río de Soto la Marina fue algo muy importante, me enseñó a no ver problemas sino a buscar soluciones, me enseñó a ver oportunidades en lo que pareciera un problema.

Un amigo me manda un artículo del Cross-country skiing, lo leo completo, le marco y le digo, quiero hacerlo. Pero lo hice tres años después, ya que mis trillizos cumplieron tres años.

Tenía tres Ironman pendientes y en uno de ellos me accidenté, eso lo vi como una señal, así que me recuperé e inicié con el entrenamiento y a conseguir dinero.

Vendí mi bicicleta de triatlón, con eso pagué mi viaje para ir a Michigan, viajaba tres semanas a la nieve y volvía una semana a ver a los niños y al siguiente lunes de nuevo a viajar a otro lugar y a vender otra cosa, vender otra y después buscar el apoyo de los amigos.

Y eso es un tema que me encanta, cuando regresé fui con cada uno de ellos a darles un abrazo, a darles las gracias, no fueron parte de la historia, fueron la historia entera, porque sin esa ayuda esta historia no hubiera existido. Yo como atleta, como esquiador, si estoy aprendiendo con 42 años de edad, cómo voy a decirle al Comité Olímpico y a la Conade que necesito dinero para ir a las olimpiadas.

¿Alguien te dijo no vas a poder?

Diario, diario. Mil veces, yo creo que muchísimas más veces me decían “¿qué estupidez estás haciendo?” a quienes me decían “ánimo, échale ganas”.

¿Cuál fue la reacción de tu familia?

Fue increíble. Con Lucía, mi esposa, siempre hemos sido socios en todo, aunque al principio sí me puso una cara de te voy a asesinar, después sí me apoyó al 100%. Si Lucía no existiera en mi vida yo jamás hubiera llegado a los juegos olímpicos. Porque a lo mejor puedes llegar, pero dónde está el proyecto de los hijos, que tu llegues y que el proyecto de los hijos vaya adelante, solo es posible con ella, ella calificó a unos juegos olímpicos más duros a los que yo califiqué y no hay forma de agradecer eso.

Mis papás dijeron “qué padre, si tu esposa te apoya nosotros te apoyamos”, y mis primos, prácticamente todos me respaldaron. Lo más increíble de todo es que cada vez que yo regresaba de una competencia, regresaba sin una clasificación, es decir, con un fracaso, y ellos me seguían apoyando.

Dicen que recordar es volver a vivir, cuéntanos ese momento en que llegaste a la meta el 16 de febrero de 2018

Ese día comienza como un recuento de mi vida, de todas las veces que me dijeron no se va a poder, como un recuento del doctor diciéndome que no iba a volver a correr, de mi padre diciéndome que el deporte no es para mí, fue un día que comenzó luchando contra corriente.

Desperté con fiebre y el cuerpo cortado, sin ganas de desayunar, me sentía tan mal que ni siquiera estaba nervioso.

Me emocioné al llegar a la línea de partida porque todos los atletas que estuvimos en verano, estaban ahí, entonces comenzamos a saludarnos, a darnos ánimo.

Llevábamos 20 días ahí y habíamos recorrido la pista muchas veces, entonces me di cuenta que iba un poco más lento y que no podía alcanzar a quienes iban enfrente de mí. Comienzo a enojarme conmigo mismo y empiezo a sentir que me falta el aire, que se me apachurra el pecho, porque es un esfuerzo increíble el que tienes que hacer con el esquí.

Empiezo a maldecir, a preguntarme qué demonios está pasando, a sentir que estoy haciendo el ridículo en el momento más importante de mi vida, y llego a la última subida furioso, furioso.

Entonces, de repente escuché a la gente en el estadio y dije, no puedo estar así enojado, soy una persona que le gusta sonreír y no voy a llegar enojado en el momento más importante de mi vida, entonces, al ir acercándome empecé a sentir la energía y empecé a sonreír. Mi amigo Alfredo, que estaba esperándome en la meta, me da la Bandera, en ese momento sentí una alegría que nunca he sentido en mi vida, sentí que iba a cumplir muchas promesas, muchos sueños, no míos, de mucha gente que había confiado en mí, sentí la relevancia que esto va a tener para mis hijos cuando el día de mañana vean que su papá cruzó la meta de los juegos olímpicos.

Cuando el equipo mexicano mete un gol y los otros diez mexicanos cargan a su compañero, es entendible la euforia; aquí era el mexicano con el de Marruecos, Portugal, Tonga, eso es lo que hizo ese momento tan increíble. Cuando Pita (atleta de Tonga) me carga, fue un momento de mucha emoción, empecé a llorar, tuvimos momentos muy difíciles durante la clasificación y en uno de ellos él me pidió que sonriera, que estaba aquí por una razón, para luchar por un día más y eso se nos convirtió en un lema, en un grito de guerra.

Cuando me carga le dije, Pita, lo logramos, luchamos un día más y Pita me dice no, no luchamos un día más, luchamos hasta el final.

“Si algo te deja esta historia es que cuando tienes un sueño, cuando de veras quieres lograr algo, no hay barrera que te lo pueda impedir. ¿No hay nieve? no pasa nada. ¿No hay dinero? qué es el dinero, lo que tienes que tener son ganas, lo que tienes que hacer es creer en ti”

“Esto es lo que para mí significa el olimpismo, el borrar las regiones, el borrar los idiomas, el borrar las naciones, el unirse con el deporte, el unirse en un sueño”

“Lo que pasó fue algo maravilloso, mi responsabilidad ahora es compartirlo. Estoy entrenando a tres atletas y vamos muy bien rumbo a la copa del mundo en Alemania, con el favor de Dios volveremos a estar en los juegos olímpicos, pero ahora con un papel más importante, el papel de compartir y que nunca más haya unos juegos de invierno sin un representante mexicano”

Germán Madrazo Baca

Atleta olímpico

CONÓCELO

  • Germán Madrazo Baca
  • Atleta, soñador, perseguidor de sueños y contador de historias
  • Nació en Querétaro

CONTÁCTALO

  • Instagram: german_madrazo

Quiere regresar a los juegos olímpicos pero ahora como entrenador. Actualmente está a cargo de tres jóvenes que esperan medirse en la copa del mundo en Alemania 2021

ALEJAR LA CORRUPCIÓN DEL DEPORTE

Germán Madrazo consideró que el deporte mexicano debe limpiarse de la corrupción y tener funcionarios de carrera. Eliminar la burocracia para que tanto entrenadores como deportistas se concentren en su preparación y reciban los apoyos que necesitan para representar a México.

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