Desarrollarte / “Esto también pasará”

Por: Salvador Octavio Aguilar Martínez.

Buen día para todos. Hemos estado platicando del cambio y sus implicaciones en las vidas de cada uno de nosotros, así como de las pequeñas cosas que podemos hacer de manera cotidiana para propiciarlo y vencer la resistencia, su enemigo natural. En ocasiones sabemos que debemos cambiar y queremos cambiar, pero hay algo que nos detiene: el miedo. Aquí la pregunta es ¿qué nos da miedo? Tengo varias respuestas. Algunas veces es el miedo de no poder lograrlo, otras el miedo al qué dirán, también nos da miedo el esfuerzo que implicará el cambio o sus consecuencias y otras tantas el miedo al cambio mismo. Recuerda: cambiamos con cosa nueva que hacemos, con cada problema que enfrentamos, con cada nueva relación que iniciamos, etc. Siempre estamos cambiando, lo que puede resultar muy estresante, sobre todo si no nos preparamos…

…Cuenta la leyenda que en un reino muy próspero y muy lejano, su poderoso, respetado y admirado rey estaba próximo a celebrar su cumpleaños. Era un rey que lo había conquistado todo: reinos rivales, ricos territorios y pueblos enteros. Por eso era poderoso. Todas esas conquistas las había realizado haciendo gala de estrategia militar y benevolencia con sus enemigos. Por eso era respetado. Y todas las riquezas adquiridas las había compartido con su pueblo. Por eso era admirado. Era un rey que lo tenía todo, incluido un gran defecto: era arrogante y en medio de su arrogancia pidió, no, exigió que le fueran presentados los más excéntricos regalos por su cumpleaños; quería poseer algo extraordinario, algo que él mismo no hubiera obtenido ya y además, que nadie pudiera tener. Así que de todas partes de su reino se presentaron ricos dignatarios con los más caros y exquisitos presentes que imaginación alguna hubiera podido concebir: estatuas del más fino cristal, joyas delicadamente ensambladas, finas telas bellamente adornadas, animales exóticos traídos de los más recónditos rincones del reino, espadas fabricadas con extrañas aleaciones de metales, en fin, le presentaron lo mejor del reino y el día de la celebración, todos formaron una larga fila para entregar sus presentes, miso que el rey recibía arqueando la ceja para unos, frunciendo el ceño, para otros o haciendo un mohín para otros más. Entre los asistentes, estaba formado en la fila un modesto orfebre que se presentó con las manos vacías, no llevaba nada ostentoso ni maravilloso a la vista, así que cuando le tocó su turno ante el rey, metió su mano derecha a la bolsa de su pantalón y sacó un pequeño objeto que entregó al rey, quien al recibirlo se lo tuvo que acercar para verlo bien y al reconocer qué era, estalló en furia gritando –“¿Cómo te atreves a presentarle a tu rey un objeto tan insignificante como un anillo?”. El humilde orfebre con más temor que seguridad se inclinó ante su rey y le dijo –“No es cualquier anillo, su majestad, es un anillo especial. Por favor lea la inscripción en él”. El rey, en medio de su enojo, alcanzó a leer “Esto también pasará” y conteniendo su enojo, preguntó –“¿Qué significa esto?”. La respuesta del orfebre fue –“Por favor, colóquelo en su dedo y antes de cada batalla, cuando sienta la incertidumbre del triunfo, léalo; al terminar la batalla, cuando saboreé el dulce néctar de la victoria, léalo; cuando por las noches lo aceche la duda del futuro, léalo; en cada situación apremiante de su vida, léalo…”-. Disminuyendo su ira, el monarca quedó pensativo ante las palabras de su súbdito y a regañadientes aceptó portar el peculiar regalo. No pasó mucho tiempo antes de acudir a su pequeño anillo. Ante el campo de batalla y las tropas enemigas, una duda asaltó el corazón del rey, quién rápidamente leyó la inscripción de su anillo “Esto también pasará” y recompuso su corazón y se aprestó para el combate. Al finalizar y con la victoria de su lado, la soberbia del triunfo lo rodeó en forma de elogios; entonces sintió su anillo y se lo acercó para leer “Esto también pasará” y ese sentimiento se desvaneció. A partir de entonces la soberbia que solía asaltar al rey que lo tenía todo lo abandonó para dar paso a la humildad que lo caracterizó en todo lo que hacía, lo que lo convirtió en un rey amado. El monarca nombró consejero personal al orfebre que le dio el mejor de los regalos: la tranquilidad de su corazón…

En tu vida siempre habrá momentos de duda, de temor o soberbia que te impidan hacer las cosas bien y crecer enriqueciendo tú persona, pero como el rey de nuestra historia, en cada uno de esos momentos apremiantes debes pensar “Esto también pasará” y deja que tu corazón se recomponga, permitiéndote deshacerte de dudas, temores y vanaglorias que te acechen.

Que tengas una gran vida. En Facebook me puedes encontrar como Salvador Aguilar. Espero tus comentarios y hasta la próxima semana…

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