Te cuento un cuento / Su opinión es tan importante como la mía

De: María Elodia Zurita Argáez

Había una vez una villa ecológica, era tan verde y pantanosa que en esta villa solo vivían animales; como estaba escondida entre matorrales y árboles, los humanos no la habían descubierto. Pues bien, en esta villa vivían y convivían aves, anfibios, mamíferos, carnívoros, herbívoros, reptiles, pequeños primates, insectos; se conocían casi todos y cuando se encontraban en los caminos se saludaban con gusto e intercambiaban sus pensamientos.
-Buenos días, Sr. Ardilla
-Buenos días, Sra. Coneja
-¿Cómo ha estado, Sr. Búho?
-¡Cuánto tiempo sin verlo, Sr. Armadillo!
-¡Oh! ¡Cómo han cambiado los tiempos, los jóvenes ya nos son como antes, Sra. Venada!…

En esta villa vivía un sapo muy grande, que se sentía muy bello, muy guapo y hermoso; andaba por la vida ufano y orondo de su belleza y como tampoco era modesto, presumía de sus supuestos encantos y a cualquiera que quisiera oírlo le platicaba sus conquistas amorosas (que no eran muchas), de hecho, no había logrado ninguna conquista amorosa, pero él no paraba de intentarlo, el pobre, consideraba como triunfos sus intentos de conquistas.

El resto de los animalitos lo veían pasar y se reían a sus espaldas, nadie se atrevía a romper sus ilusiones.
-Déjenlo, si él se siente hermoso, a nadie hace daño- dijo un día molesta la guacamaya hermosa y colorida.

Así pasaban los días del pobre sapo; se paraba en las esquinas de los caminos, se inflamaba, se esponjaba para que todos al pasar disfrutaran de su hermosa apariencia y desde luego para atraer a las chicas.

Y así, un día de tantos, la señora Garza con su plumaje blanco y su cuello largo y estirado, miró con desprecio al pobre sapo y no pudo más, se cansó y explotó como chinampina. -Mire señor sapo, creo que alguien se lo tiene que decir de una vez por todas, mire, usted no es hermoso, de hecho es usted bastante feo, feo con f de foco fundido, feo como una noche oscura, deje de pensar que es guapo porque no lo es ¿le quedó claro?-dijo la garza y descansó como quién llevara una pesada carga.

El Sr. Sapo se quedó perplejo, anonadado, estupefacto, pasmado, atónito; después de un momento, por fin reaccionó. -Sra. Garza, yo no tengo su hermoso plumaje blanco, no tengo su largo pico con eso tono amarillo como el brillante sol y tampoco ese cuello largo, estirado y altanero que usted posee. Pero ¿sabe algo? disiento de usted; mientras usted es hermosa por fuera y todo el mundo se lo dice, mi belleza es mayor porque mi belleza nace de mi fuerza interior y yo no necesito que nadie me diga que soy hermoso, porque yo me lo digo a mí mismo y mi muy señora mía, su opinión es tan importante como la mía.

Acerca de Jorge Cupido

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