Hay Salida: Normalización de la violencia sexual

Por: Pachela Gaudiano Rovirosa

La violencia sexual no se presenta de manera aislada ni intermitente, es decir, es una constante de países tanto de primer mundo como en desarrollo, en países donde hay guerra y donde hay paz, donde existe democracia y donde no la hay; pasa en todos los estratos sociales, le pasa a 1 de cada 3 mujeres en el mundo según datos de la ONU mujeres. Si bien entre más avanzado es el país y la sociedad, la brecha de desigualdad de género se cierra y por lo tanto las mujeres tienen mejor acceso a la justicia hay algo que permea y es que constantemente se responsabiliza a la víctima.
La sanción social contra las mujeres que denuncian su caso ante el sistema judicial es especialmente aguda en los casos de violencia sexual, siendo éste el único delito en el cual se juzga más a las víctimas que al agresor, donde se ven expuestas a un procedimiento penal en el cual su vida es motivo de investigación y escrutinio, donde son cuestionadas por su “participación” en el delito, donde su pasado es motivo de investigación y donde entran en juego los estereotipos y el honor de las mujeres. En muchos casos son rechazadas por su familia y su comunidad, y en consecuencia, la mejor defensa del imputado consiste en atacar a la víctima por «provocativa», por «libertina», por «ser mujer de hábitos sexuales promiscuos», por «no ofrecer verdadera resistencia», por “no haber dicho que NO con suficiente firmeza”, por “haber coqueteado con él”.
Ahora está en Netflix una miniserie: “Habitación 2806, Recuento de una Acusación”, es la historia del caso en contra de Dominique Srauss-Khan, político francés quien el 14 de mayo de 2011 fue acusado por Nafissatou Diallo de violencia sexual. Les recomiendo que la vean, más allá de juzgar o de emitir una opinión acerca de lo que pasó, lo que me impacta es la respuesta de la gente, de la sociedad en torno al caso y en torno a él. Si bien todo esto pasó antes del movimiento #metoo es impresionante escuchar y ver como se normaliza la violencia sexual, se toma como parte del ser hombre, se excusan las conductas violentas, estereotipando a que es parte innata de los hombres y más cuando se trata de hombres poderosos, que aún con movimientos en los últimos años como el #metoo, seguimos dudando de las víctimas, seguimos naturalizando la violencia sexual contra las mujeres, seguimos responsabilizando a las víctimas, la mayoría de los agresores salen libres, son aceptados en sociedad, con pretextos como “lo que haga en privado NO es problema mío”. No por nada el negocio de la trata de personas es de los más redituables a nivel mundial, ¿a qué se debe? a la alta demanda, a la cantidad de depredadores sexuales que hay en nuestra sociedad, a la impunidad que existe y a la poca credibilidad e importancia que se le da a las víctimas.
Sólo hace falta darse una vuelta por los juzgados, leer notas en el periódico sobre casos de violencia sexual, ver los noticieros o platicar con alguien víctima de este tipo de delito para darse cuenta que la que sale perdiendo y la que sale juzgada es precisamente la víctima. Por todo esto, no es de extrañar que las mujeres eviten acceder a la cadena formal de justicia, los obstáculos institucionales exacerban estas presiones y presentan barreras adicionales para el acceso de las mujeres a la justicia. De hecho está comprobado en un estudio por ONU mujeres (El Progreso de las Mujeres en el Mundo) que son muy pocos los casos de violencia sexual a nivel mundial que terminan en sentencia y que más del 60% de los casos se quedan en el camino precisamente porque las instituciones le fallan a las víctimas, es más fácil que una mujer reporte un robo que una violación; según la ONU cada 15 segundos en el mundo una mujer es atacada.
Directo o indirectamente la sociedad enseña a las mujeres a que estén alertas para No ser atacadas o violadas pero no enseñan a los hombres a no violar, a no atacar o a dejar de ver a las mujeres como objeto. Cuando digo esto me refiero a la naturalización que hay entorno a la violencia sexual y la insistencia de preguntarse: “¿Y como iba vestida?”, “¿Para qué se viste así?”, “¿Es que ella lo provocó pues estuvo coqueteando?”, “¿Que hacía sola a esas horas?”, “¿Para qué se sube a un taxi en esa colonia?”. Con esto no quiero decir que naturalizamos la violencia sexual y lo hacemos de una manera muy natural y colectiva.
El problema real de la violencia sexual es que no hay cifras reales, la mayoría no lo reporta, las que lo reportan son cuestionadas arduamente y en general salen perdiendo y que como sociedad hemos tolerado y naturalizado la violación responsabilizando a la víctima. De ahí el mensaje que estamos dando y que debía ser al revés: “NO ME DIGAS A MI COMO VESTIRME, DILE A ELLOS QUE NO VIOLEN”.

Pachela Gaudiano Rovirosa
Presidenta de la Asociación Civil Hay Salida

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