Populismo amenaza elecciones en AL

Noviembre llega cargado de fechas electorales en América Latina —presidenciales en Nicaragua, Honduras y Chile; legislativas en Argentina; y locales y regionales en Venezuela—, pero, lejos de que sea el mes de la fiesta democrática, sobre la región planea más bien el fantasma de un populismo autoritario, tanto de extrema izquierda como de extrema derecha.
Dictadura orteguista

El primer país en acudir a las urnas es Nicaragua este domingo, donde se presenta como único candidato el presidente Daniel Ortega, ya que encarceló a todos los líderes opositores —entre ellas la favorita indiscutible, Cristiana Chamorro, hija de la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro— y sólo autorizó que compitieran con él candidatos-peleles, para justificar ante el mundo que serán unas elecciones democráticas, cuando en realidad son una farsa absoluta y descarada.

El exguerrillero que traicionó la esencia revolucionaria del sandinismo se ha convertido en lo que combatió una vez: en un dictador como lo fue Anastasio Somoza, sólo que su dictadura es de extrema izquierda y sus modelos a seguir son el castrismo en Cuba y el chavismo en Venezuela.

Además, cuenta a su lado con la única persona que está considerada aún más siniestra, represora y ansiosa de poder que él: su esposa Rosario Murillo, recientemente designada por el gobierno “copresidenta de Nicaragua”.

Pero Ortega no está solo en su deriva dictatorial. El mandatario, que logrará este domingo su quinto mandato y cuarto consecutivo, cuenta con un poderoso aliado internacional, el presidente ruso Vladimir Putin, y dos “tontos útiles” latinoamericanos: el argentino Alberto Fernández y el mexicano Andrés Manuel López Obrador, encargados de boicotear cualquier intento de represalia de la OEA.

Una encuesta de Gallup muestra que el 76% de los nicaragüenses considera que la reelección de Ortega no es legítima y un abrumador 65% elegiría a cualquiera de “los candidatos de la oposición”, antes que a Ortega, que sólo cuenta con el 17% de apoyo.
Nerviosismo peronista

El domingo siguiente, 14 de noviembre, le toca el turno a Argentina, donde el presidente peronista Alberto Fernández enfrenta unas cruciales elecciones legislativas.

Las pasadas primarias, celebradas en septiembre para elegir candidatos a las dos cámaras y consideradas un plebiscito sobre el gobierno, supuso una catástrofe para el oficialismo, con derrotas en 18 de las 24 provincias del país.

Si el resultado se repite ahora en la elección definitiva, la derecha retomaría el control del Congreso y haría la vida imposible al gobierno de Fernández, al extremo de que Cristina Kirchner, representante del ala izquierdista más dura del partido, podría usar su enorme influencia para pedirle que se haga a un lado y ponerse ella de nuevo al frente del país, hasta la convocatoria de elecciones presidenciales.

Si se repite el resultado de las primarias en las elecciones legislativas argentinas, se confirmaría no sólo el voto de castigo por la mala gestión de Fernández de la economía y de la pandemia, sino un preocupante desapego de la sociedad argentina a la democracia. Prueba de ello fue el tercer lugar que logró en Buenos Aires el candidato de extrema derecha Javier Milei, quien dedicó su victoria a los políticos conservadores moderados y a los izquierdistas con la siguiente dedicatoria: “Zurdos de mierda, les vamos a aplastar”.

Durante la campaña, Milei fue visitado por un miembros del partido de ultraderecha español Vox. Entonces, los medios argentinos no le dieron importancia… hasta que se quedaron boquiabiertos con los resultados del candidato populista capitalino y con las miradas desafiantes de sus jóvenes simpatizantes, gritando “no somos borregos, somos lobos”.
Chile se asoma al abismo

El tercer domingo de noviembre, día 21, será el turno de Chile, donde se elegirá en primera vuelta al sucesor del conservador Sebastián Piñera, en el ojo del huracán tras ser señalado en los “Papeles de Pandora” por un presunto abuso del cargo para enriquecerse.

Serán las elecciones más polarizadas desde el regreso a la democracia, en 1990, pero, cuando todo parecía indicar que la victoría se la iba a llevar Rodrigo Boric, el candidato de la coalición izquierdista Frente Amplio, surgido al calor de la revuelta popular de 2020, surgió una desagradable sorpresa.

La encuesta más reciente, publicada el domingo señaló que el nuevo candidato favorito es el ultraderechista José Antonio Kast, un nostálgico de la dictadura pinochetista y amigo personal del líder de Vox, Santiago Abascal, quien empieza a sacar fruto de su polémica gira latinoamericana para crear una “alianza anticomunista”.

En cualquier caso, todo indica que habrá segunda vuelta el 19 de diciembre, y ese día será el que Chile deba elegir si retrocede décadas, dando la victoria a un pinochetista, o si mantiene la senda del progreso democrático.
“Macroelecciones” venezolanas

El tercer domingo de noviembre será también el de las “macroelecciones” en Venezuela, como gusta llamar el régimen a la elección de gobernadores, alcaldes y diputados locales, para que suene muy democrático.

La principal novedad es que la oposición deja tres años de boicot y participará, aunque dividida y sin mucho entusiasmo, dada la probabilidad de otro fraude masivo, a pesar de que esta vez el ente electoral, formado por cinco rectores, cuenta con dos independientes.

La incógnita, en cualquier caso, es qué poder real de convocatoria tiene la oposición, entre una población cansada y frustrada por el fracaso de Juan Guaidó a la hora de imponer un frente común con suficiente fuerza para derribar a un régimen cuyo único mérito es que sabe magistralmente aferrarse al poder.
La venganza de Zelaya

Cierra el maratón las elecciones presidenciales del domingo 28 de noviembre en Honduras, país que no logra sacudirse de la miseria y la violencia que empujan a miles a sumarse a las caravanas de inmigrantes, y cuyo presidente, Juan Orlando Hernández, ha sido señalado por sus vínculos con el narcotráfico.

En lo que parece una patada de ahogado, Hernández decidió “vengarse” de Washington con su sorprendente apoyo a la candidatura de su vecino nicaragüense Daniel Ortega. Sin embargo, esto no ha servido precisamente para levantar la candidatura del oficialista Nasry Asfura.

La favorita es la opositora Xiomara Castro, esposa del expresidente Manuel Zelaya, derrocado por el golpe de Estado de 2009, cuando fue sacado a punta de pistola y en pijama de la residencia presidencial.

Sería una venganza servida en plato frío de quien quiso, en los años triunfales de Hugo Chávez, convertir a Honduras en la Venezuela de Centroamérica. Así de patético está el panorama electoral que se viene encima.

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