Emilio

Prospectiva

Por: Emilio de Ygartua M.

PRIMERA PARTE

*¿Una reforma electoral posible o imposible?

*Macron, cinco años más

* Un fantasma recorre Europa: el de la derecha radical

Como lo anticipó, Andrés Manuel López Obrador envió el jueves pasado a la Cámara de Diputados su iniciativa de reforma electoral. Como se anticipaba, también, las voces de los opuestos no se han hecho esperar lo que nos lleva a suponer que, como ocurrió con la reforma eléctrica, el bloque opositor se negará a hacer su trabajo legislativo que es, primero que todo, leer el documento, analizarlo y argumentar y dialogar. El bloque liderado por el PAN y al que siguen sin remilgo el PRI y el PRD, ya anunciaron que presentarán “su propuesta”, al igual que hicieron con la reforma eléctrica, con al menos 9 puntos aceptados, pero al final del día se pintaron de apaches y eludieron su responsabilidad frente a la nación.

La iniciativa enviada por el Ejecutivo merece su lectura y un análisis serio. De entrada, atiende un planteamiento histórico de la sociedad: revertir el alto costo de nuestra democracia, por ello se pone sobre la mesa un modelo que permitiría ahorros por más de 24 mil millones de pesos al año. Desde luego, esto es importante, pero lo es más que esta propuesta de reforma contribuya a fortalecer nuestra democracia y a dar garantía a lo avanzado desde 1977 con la reforma política que fue un parteaguas para la vida cívico-política, y en el proceso de consolidación del sistema de partidos.

El artículo 41º de nuestra Carta Magna fue reformado para establecer, entre otras cosas, prerrogativas para los partidos políticos como el acceso al financiamiento público y a los medios de comunicación. Aquella reforma incluyó un sistema mixto integrado por diputados de mayoría relativa electos en 300 distritos electorales uninominales, y 100 diputados electos por listas plurinominales distribuidos en tres circunscripciones electorales. Debido a reformas subsecuentes, el número de diputados electos por ese principio creció al doble y se aumentaron a cinco las circunscripciones en las que serían electos.

En la iniciativa actual se propone un nuevo modelo de financiamiento público que reduce sus montos y que se circunscribe a los procesos electorales y ya no al financiamiento operativo de los partidos políticos que tendrán que hacerlo con recursos otorgados por particulares y militantes con reglas que, lo sabemos, deben ser muy estrictas para evitar aportaciones ilegales.

Los 300 diputados federales y los ahora 96 senadores serán electos mediante listas. En sentido estricto transitaremos a un modelo que se contempló en 1977 pero que se desechó porque era poner en riesgo la predominancia del partido hegemónico, el PRI, y se optó por una fórmula que diera espacio a las minorías. A mi juicio, no es correcto el señalamiento de que el modelo propuesto beneficie a los partidos mayoritarios, al contrario, está otorgando oxígeno a la chiquillada para que sobrevivan. El modelo propuesto ya opera, y con mucho éxito, en países como España, Reino Unido e Italia.

Es posible que esa fórmula permita transitar en el futuro a la implementación de un modelo parlamentario. De entrada, habrá que ver en la ley secundaria cuáles serán las reglas para celebrar alianzas o coaliciones. Lo que se anticipa es que los partidos deberán tener una actividad más intensa para convencer a la ciudadanía con planes y programas más efectivos más cercanos a los problemas de la sociedad. Asimismo, construir listas de candidatos que sean atractivos para la ciudadanía y con una propuesta de equidad de género que cierra el paso a las llamadas “juanitas”. Una mujer tendrá como suplente a otra mujer. Tema pendiente es cómo se regulará el “chapulineo”. Siempre he considerado que, si un legislador transita a otro partido o se declara independiente, está traicionando al votante que sufragó por un partido-candidato, por ello, en su caso, ese cargo lo deberá asumir el o la suplente que integra la fórmula propuesta al electorado.

Se incorpora el voto electrónico lo que es un avance muy importante que pondrá a los procesos electorales mexicanos a tiempo con las más modernas democracias mundiales. En donde si tengo serías dudas es en la propuesta de que los consejeros electorales, siete en lugar de los once actuales, se haga mediante sufragio universal. Es un mecanismo complejo que, de inicio, no creo que garantice la neutralidad perseguida. Lo que se debe sí garantizar es la autonomía del órgano electoral y la plena capacidad de sus operadores, lo mismo en el Poder Judicial Electoral.

De igual manera consideró que centralización de los procesos electorales en el INEC puede ser adecuado si se le otorgan recursos suficientes para cumplir con las tareas que hoy están bajo la jurisdicción de las llamadas OPLES. La propuesta tiene lógica, al desaparecer los distritos electorales.

Cierro diciendo que se exceden los que hablan de la desaparición del INE que seguirá utilizando el mismo nombre con un nuevo apellido, de Consulta, debido a que vigilará las consultas populares, entre ellas, la revocación de mandato que requerirá ahora de menos firmas para su realización. La iniciativa obliga a una lectura seria. Ojalá los opuestos al régimen hagan un esfuerzo para estar a la altura de esta nueva oportunidad. Segunda llamada, segunda. El pueblo tiene buena memoria.

Emmanuel Macron, cinco años más

Emmanuel Macron obtuvo un triunfo claro en la segunda vuelta electoral en Francia celebrada el domingo antepasado. Por segunda ocasión ha vencido a la candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen, que por tercera ocasión fracasa en su propósito de convertirse en presidente de esa nación. Las frías cifras señalan que el ganador obtuvo el 58.54% de los votos emitidos (18´779,641), en tanto que su oponente logró el 41.46% de los sufragios (13´297,760).

¿Por qué este resultado no deja tranquilo a Macron? ¿Por qué esta derrota tiene un sabor agridulce para la candidata de la derecha extrema? Emmanuel Macron sabe que su victoria no puede tener una lectura triunfalista. En cinco años, su opositora logró escalar del 30% de los votos en la segunda vuelta a este 41.46%, lo que evidencia un avance significativo para esta formación política que crece y acumula adeptos impensables cinco años atrás: los jóvenes, que manifestaron su rechazo al estilo personal de gobernar del reelecto mandatario, al que también le debe preocupar el alto índice de abstención que pone en evidencia el malestar de un segmento importante de la ciudadanía que decidió quedarse en casa el domingo antepasado.

Para la señora Le Pen, si bien la derrota es dura y amarga, el resultado pone en evidencia que la derecha radical que ella y su partido representan ha tomado carta de naturalización; consistencia que se muestra en un crecimiento de más del 10% de votos desde el 2017 a la fecha.¿Por qué este avance no es suficiente? “La derrota es canija”, me decía mi padre. Sin dejar de reconocer los avances, al interior del partido Reagrupamiento Nacional preocupa que el mayor apoyo electoral de los últimos años no se haya traducido en poder institucional. Algunas voces expresan de manera abierta si el problema es su líder.

Un fantasma recorre Europa, el fantasma de la extrema derecha

Parafraseando a Federico Engels y a Carlos Marx (El Manifiesto del Partido Comunista. 1848), que señalaban entonces que un fantasma recorría Europa, el fantasma de comunismo, y que “contra ese fantasma se han conjurado en una santa jauría, todas las potencias de la vieja Europa”, hay que señalar que hoy, ese fantasma que recorre Europa se llama ultraderecha, cuyo avance indiscutible obliga a entender y atender las causas de ese crecimiento y los efectos que ello tendrá en el mediano y largo plazo

Los analistas coinciden en que el resultado alcanzado por Le Pen (cuyas propuestas buscan minar a la UE y evidencian su cercanía con Rusia y con Putin), puede describirse como “un largo viaje de la extrema derecha en Francia hasta el mejor resultado de su historia”. Este resultado, además, obliga a reconocer que los ultras son ya “una opción aceptable para un buen porcentaje del electorado” de esa nación y, es necesario, señalarlo, se convierte en un incentivo para las agrupaciones del mismo signo que están buscando este mismo abordaje en otras latitudes. VOX, en España, es un ejemplo de ello. La corresponsal de “The New York Times” en París, Rachel Donadio, luego de conocer el resultado de los comicios, señaló contundente,: “Macron ha conservado la presidencia, pero Le Pen ya ha ganado”.

Desde Bruselas, epicentro político y financiero de la Unión Europea, se ve con mucha preocupación el avance indiscutible de la extrema derecha. La primera vuelta electoral dejaba como estela una diferencia de sólo 4.5% de votos alcanzados a favor de Macron. En esa primera vuelta participaron doce aspirantes pero la concentración de los votos se dio entre tres de los participantes: el propio Macron (27.85), Le Pen (23.15), y Melenchon (21.95), el más fuerte candidato de la izquierda. Los tres sumaron más del 83% de los sufragios emitidos en esa primera ronda.

No obvio mencionar que las reglas electorales francesas que establecen que solo podrán transitar a la segunda y definitiva vuelta electoral los candidatos que obtengan la primera y la segunda posición, le jugaron una mala pasada al abanderado de la formación política “Francia Insumisa”, a Melenchon, quienno obstante haber obtenido 7.7 millones de votos, por esas reglas, quedó impedido de participar en la segunda ronda, lo que evidencia que el modelo no es perfecto.

Esos casi ocho millones de votos fueron determinantes en la segunda vuelta. Melenchon, el candidato más sólido de la izquieda gala se convirtió así en el “fiel de la balanza”. El distanciamiento con Macron se evidenció desde la noche de la primera vuelta cuando pidió a sus votantes no entregar ningún sufragio a la candidata de la derecha radical, pero nunca exortó a que se votará por Macron. Al final del día, efectivamente muchos de los votos que dieron la victoria y la reelección a Emmanuelllegaron de la izquierda. Por su parte, Le Pen, tuvo el apoyo de los declarados como “bastante de derecha”, “de derechas” y “muy de derecha”.

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