Emilio

Columna: Prospectiva

Por: Emilio de Ygartua M.

SEGUNDA PARTE

*Cuando el futuro nos alcanza

*¿La mejor política interior es la exterior?

*El nacionalismo revolucionario no es una moda

Una sola China

En su tesis de maestría, Javier Leonardo Patiño Cadavid (“Tras el sueño de una sola China”. Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Públicas, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá Colombia. Septiembre 2005), establece que durante el medio siglo que siguió a la guerra civil, los comunistas de la República Popular China y los nacionalistas de la República China en Taiwán estuvieron de acuerdo en una cosa: “Sólo existe una China”, idea reflejada en leyes fundamentales y nombres oficiales de los dos bandos”.

Es importante señalar que, a partir de 1979, las iniciativas y contactos entre Pekín y Taipéi se han basado en esa idea de fondo, “expresada en 1992 en un acuerdo informal entre delegaciones de las dos partes sobre el principio de una sola China”.

Sin embargo, en julio de 1999, las cosas cambiaron y la relación entre China Continental y Taiwán se modificó debido a que el entonces presidente taiwanés,Lee Teng-Hui, declaró en una entrevista que “había dos Estados” y que ese debería de ser “el formato de nuestra relación”. Ese ideal ha sido adaptado por todos sus sucesores en el cargo, incluyendo la actual mandataria,Tsai Ing-wen, lo que explica que la tensión en las relaciones entre Pekín y Taiwán haya aumentado día a día.

La visión de la isla no es compartida por el gobierno chino que no acepta nada que contrarie la idea de “una sola China”; tampoco la intención de Taiwán de fortalecerse “como un país independiente” lo que “eliminaría la sombra de China” en la negociaciones comerciales y diplomáticas.

Este movimiento es visto con profundo recelo por China, que amenaza con el uso de la fuerza y la tensión (operaciones militares) para mantener a raya esos ideales independentistas de los taiwaneses, alentados por los Estados Unidos, como ha quedado muy claro con la imprudente visita de la señora Pelosi a la isla. Imprudente, porque Estados Unidos aceptó hace cuatro décadas el estatus de Taiwán sustentado en la idea de “una sola China”, sin embargo, no esconde su interés de fomentar las ideas autonómicas del gobierno de la isla.

Es importante tener en cuenta que, no obstante las limitantes impuestas por el gobierno comunista, China es el principal comprador de productos elaborados en la isla. Del otro lado, Taiwán invierte más de 600 millones de dólares en China. Cerca de tres cuartos de millones de taiwaneses viven y trabajan en Shanghái, la primera fábrica de la nación asiática.

La visita oficial de Pelosi ha provocado serias reacciones del gobierno chino: maniobras militares en el mar de China que escalan las tensiones entre Pekín y Taipéi, entre Pekín y Washington.  China suspende la cooperación en medio ambiente y cancela las reuniones militares de alto nivel como respuesta a un viaje que consideran que socavó “su soberanía e integridad territorial” y amenazó “la paz y la estabilidad”. En la Casa Blanca se dice que Pelosi tiro a la basura meses de negociaciones. ¿No lo sabía Biden? ¿Lo hizo sin tomarlo en cuenta? ¿La señora Pelosi tiene su propia agenda?

“No jugar con fuego”

Lo anterior es un necesario preámbulo para recordar de dónde viene y hacia dónde va la relación entre los Estados Unidos y China. Una relación tensa desde hace varios años, pero que se ha acrecentado en los últimos seis, los cuatro de la administración de Donald Trump que polarizó el trato con la nación asiática fundado en una narrativa sustentada en el rechazo, primero que todo, a la idea que circula de que China es la primera nación del orbe económicamente hablando y que ha tenido un impulso en el terreno militar. Los dos años de Biden no han sido mejores.

Recordemos que la relación de Trump con Putin fue en extremo cordial, lo que los analistas consideraron como una estrategia orientada a alejar la idea de una alianza ruso-china en contra de Occidente, específicamente de los Estados Unidos, ya que el exmandatario estadounidense nunca estuvo preocupado por la suerte de la UE,ni de la OTAN a la que siempre criticó de vivir de las aportaciones económicas de su país.

La llegada de Joe Biden suponía un cambio en esta visión. En un inicio, el demócrata modificó la relación con sus viejos aliados europeos que, no obstante, se manifestaron recelosos y poco confiados de que el flamante mandatario, cuyo triunfo fue cuestionado por su oponente republicano, tuviera los arrestos para fortalecerse al interior de una nación dividida; divisiónmuchos analistas consideran una crisis política que podría derivar en “una nueva guerra civil”.

La invasión rusa a Ucrania, próxima a cumplir seis meses, se ha convertido en un factor que acrecienta las diferencias entre los propios países occidentales, preocupados más por su presente y su futuro, que en el de un aliado que también prioriza sus propios problemas.

Biden enfrentará en un poco más de tres meses una elección que será determinante para su futuro y el de su partido. Ni los más optimistas demócratas esperan que los resultados les sean favorables. Todo indica que los republicanos, trumpistas y no trumpistas, recuperarán en noviembre próximo la mayoría en ambas cámaras del Congreso.

El presidente de los Estados Unidos transita hacia el peor de los escenarios. En la segunda mitad de su administración seguramente cohabitara con un congreso cuya animadversión se acrecentará, con un evidente propósito de descarrilar un tren que, de por sí, lejos de ser de alta velocidad como se prometió, se ha convertido en un transporte pesado que está lejos de poder llegar a la meta prometida aquel 20 de enero del 2021 por un mandatario que al tiempo que pedía dar vuelta a la página para fomentar la unidad y el progreso, presentaba una propuesta de desarrollo que se ve distante.

Cuando el futuro nos alcanza

Biden gobierna entre un lodazal, con una cada vez mayor confrontación no solo con sus opuestos, también con sus compañeros de partido, fracturados, sin rumbo. Incapaces de revertir las decisiones reaccionarias de una Suprema Corte dominada por la intolerancia y el conservadurismo, los demócratas exhiben sus flaquezas ideológicas y la evidente falta de un liderazgo que siempre ha estado en manos de su presidente en turno, cuando están en el poder.

Con la vista puesta en el 2024, Joe Biden no encuentra el terreno propicio para instalar su casa de campaña. Sabe que tendrá que ponerse el uniforme de guerra para enfrentar a oponentes que saben de sus muchas debilidades. Lejos está aquel momento en el que Abraham Lincoln, abrumado por el avance del ejército confederado, tocando a las puertas de la capital del país, puso a Ulises Grant al frente del ejército norteño a sabiendas de que sería capaz de hacer recular a los sureños, garantizando el triunfo yanqui y la preservación de un ideario liberal y democrático.

¿Será Kamala Harris capaz de jugar ese papel? Cualidades y capacidades las tiene, pero hoy gana una percepción en la que domina la duda. Está claro que Biden debe abandonar la idea de ser el abanderado de su partido en el 2024. No es cosa de edad.Lo que tanto se mencionaba ha quedado en evidencia:  a un buen segundo, un vicepresidente leal y efectivo, ha fracasado en su propósito de liderar a la nación, todavía, más poderosa del mundo.

Derrotado al interior por las fuerzas conservadoras que lo mismo cancelan el derecho al aborto, que le cierran el paso a sus objetivos de enterrar las energías fósiles, que a seguir repartiendo dinero a diestra y siniestra para enfrentar una crisis que ya provocó hoy una recesión técnica que mañana se hará formal con todos efectos que para ellos y para el mundo conlleva un parón de la economía más poderosas y también la más demandante.

Debido al fracaso interno de sus propuestas a favor de desarmar a los suyos, Biden ha dispuesto una estrategia externa que evidencia hoy una total efectividad y escala los riesgos de una hecatombe mundial como ya lo ha señalado el secretario general de la ONU, organismo multinacional tan cerca de parecerse a la Liga de las Naciones incapaz de evitar la Segunda Guerra Mundial.

¿La mejor política interior es la exterior?

El presidente de los Estados Unidos decidió fortalecer su liderazgo internacional, y en su afán de cercar a Rusia promoviendo el ingreso de Ucrania a la OTAN, lo que logró fue poner a Europa de rodillas frente a las acciones de una Rusia a la que las sanciones impuestas por Occidente le han hecho lo que el viento a Juárez; por el contrario, le han servido para construir una narrativa en la que acusa a sus antagónicos de ser los causantes de la crisis mundial.

Sí, la guerra durará muchos meses, lo anticipó Biden, no como adivino o pitoniso, sino como el director de una película de terror que marca en el guión el momento en el que el auditorio brincara de sus asientos. Ni con Rusia, menos con China, se midieron los peligros mucho menos las desgracias que devendría de la confrontación.

Estamos hoy ante el peor de los escenarios mereced un mandatario que buscando salvar su propio trasero ha trazado una ruta de colisión que puede provocar un desastre general.No creo que a la líder de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, la muy admirada y aguerrida líder demócrata que enfrentó a Donald Trump a lo largo de cuatro años, que encabeza hoy una nueva estrategia para descarrilar las intenciones del republicano de volver a ser candidato y ocupar la Casa Blanca del 2025 al 2029, se le haya ocurrido, sin consultar, el itinerario y los objetivos de su viaje a Asia, tocando la isla de Taiwán, mucho menos luego de saber las advertencias hechas por Xi Jinping a Joe Biden en una larga conversación realizada una semana antes de su gira.

¿Será que Washington minimizó esas advertencias? Parece que sí Las consecuencias están a la vista. China ha aprovechado el momento para demostrar su fuerza. El mundo está pagando esta imprudencia de los Estados Unidos. Los mercados internacionales se sacudieron. Taiwán reciente las acciones inmediatas del gobierno chino, que pasea sus barcos de guerra a pocos kilómetros de distancia de la isla de 38 mil metros cuadrados que considera suya.

¿Pero qué necesidad? El tiempo nos dirá hasta dónde escalarán las reacciones del imperio chino. Cuando Rusia invadió Ucrania, amenazando también a Moldavia, a los países bálticos, Occidente anticipó que China podría seguir los mismos pasos invadiendo Taiwán. Es cierto, China está aprovechando una coyuntura internacional que, tiene razón Putin, ha abierto la puerta a un nuevo orden mundial. En ese escenario, es pregunta, ¿valía la pena jugar con fuego?Deseo fervientemente que la visita de Pelosi a Taiwán no se convierta en la excusa, como el asesinato del archiduque Fernando y de su esposa en Serbia en 1914, que provocó el inicio de la Primera Guerra Mundial.

El nacionalismo revolucionario no ha muerto, ni es moda

Termino esta Prospectiva señalando que la narrativa nacionalista del presidente Andrés Manuel López Obrador, derivada de la petición de Estados Unidos y de Canadá de establecer una mesa para conocer los argumentos de México para, según ellos, no garantizar “suelo parejo” para los inversionistas de sus países, no puede ser calificada de extraña o suicida en boca de quien,siempre, ha defendido independencia y soberanía nacionales.

En su momento se opuso a las reformas impulsadas por Enrique Peña Nieto que vulneraron soberanía e independencia nacionales, con el contubernio de partidos y legisladores que otorgaron su voto para que la Constitución fuera reformada dando paso, entre otras, a la reforma educativa que vulneró los derechos de los trabajadores de la educación, que fue revertida al inicio de la actual administración; y de la reforma energética, que,interesada en provocar la muerte definitiva de PEMEX y la CFE, entregó al capital privado nacional y extranjero recursos nacionales.

La reforma eléctrica, boicoteada meses atrás por los mismos partidos que en el 2013 votaron a favor de la reforma energética de Peña Nieto, buscaba revertir esa entrega sínica a inversionistas privados apelando, entonces, y ahora, al libre mercado.

Como se sabe, la reforma eléctrica no cumplió el trasiego legislativo, sin embargo, la Ley Secundaria revirtió la declaratoria de inconstitucionalidad para convertirse en arma poderosa para impedir que empresas nacionales y extranjeras sigan recibiendo beneficios económicos improcedentes.

Que no se asusten de antemano los contras.Sin duda, el discurso que AMLO pronunciará el 16 de septiembre próximo girará en torno a la necesidad de defender dos principios que para todo hombre y mujer nacido en este país deberían ser innegociables: soberanía e independencia nacionales.

Doblegarse ante cualquier nación, permitir que sus intereses o los de sus connacionales se coloquen por encima de esos dos principios,es inaceptable. El artículo 8 del T-MEC establece los alcances de la participación de los actores externos de los tres países firmantes. Deseamos un acuerdo fundado en esos principios, sí, pero no en posturas, externas o internas, que busquen pasar por encima de esos dos principios y que, como nación soberana e independiente debemos defender en todo momento y ante cualquier gobierno.

Para los que se asustan. Para los que están alarmados o preocupados por el discurso, por las estrategias que promueve el presidente de todos los mexicanos, basta pedirles que recuerden que la política es el arte de lo posible. Que la política es la forma de hacer la guerra por otros medios.

López Obrador entiende que, como en marzo de1938, la coyuntura internacional nos es favorable. Entonces, ello permitió a Lázaro Cárdenas decretar la expropiación petrolera. Esa coyuntura hizo posible desechar los temores de aquellos acostumbrados a decirle siempre sí el emperador en turno. Sólo se avanza cuando se busca el beneficio de la nación, de todos, no de unos cuantos. Solo se avanza cuando la lucha es legítima y se orienta a preservar lo que nos da sentido como nación: independencia y soberanía nacionales.

El nacionalismo revolucionario no ha muerto,está vivo y vigente. No es una moda, es un principio moral y ético. No lo traicionemos ni por temor a lo que venga, ni por el afán de unos cuantos, negados al cambio, a la transformación, aferrados a hacer valer sus propósitos de proteger sus intereses personales o de grupo.

“La Patria es primero”, como bien señalaba Vicente Guerrero, en las horas más inciertas de nuestra lucha por ser, luego de tres siglos de dominio extranjero, independientes y soberanos, como se anticipaba en “Los Sentimientos de la Nación”, redactados por José María Morelos y Pavón e Ignacio Rayón en la génesis del movimiento libertario iniciado por Miguel Hidalgo y Costilla. Nada más, pero nada menos.

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