Emilio

Columna: Enfoque médico

Por: Dr. Elías Córdova Sastré

Del susto y los camiones rojos

Tres hechos marcan la redacción de esta columna, por un lado un gran documental producido en México en el 2020 por una cineasta estadounidense de nombre Karen Akins, quien luego de una estancia en Yucatán y Michoacán y vivir de cerca los problemas relacionados a la diabetes, decide, como una forma de crear conciencia, realizar un documental al cual se le dio el nombre de “El Susto” (con grabaciones que realizó entre 2008 y 2017), este documental que debería ser transmitido y retransmitido a nivel nacional y ser visto en todos los hogares en México y Latinoamérica, “narra la historia de amor de México con las bebidas azucaradas”, una historia que por las cifras y lo que representa la vuelve mortal”, un documental que quizá por el momento del lanzamiento (2020) y la pandemia que hemos enfrentado, o posiblemente otros “intere$e$” no se le dio la difusión necesaria y que en estos días y a propósito del segundo hecho, la encuesta nacional de salud y nutrición (ENSANUT), esta semana ha llamado la atención y circulado en diferentes redes sociales.

En sí mismo el título del documental es un claro sarcasmo a la forma en cómo muchos mexicanos relacionan la presencia de la diabetes en su estado de salud con una impresión fuerte o “susto”; como médicos o seguramente sin ser médicos han escuchado la versión de que tal o cual persona luego de una fuerte impresión, de un “susto”, se le desarrolló la diabetes a esa tal o cual persona, no dan por hecho que la diabetes sea por otra cosa como la ingesta de bebidas azucaradas o alimentos chatarras, etc y de ahí que en el título vaya el sarcasmo del “decir del mexicano”.

Y este es precisamente el segundo hecho, los números alarmantes de la ENSANUT en cuanto al consumo de bebidas azucaradas en población Infanto-juvenil lo que me lleva a la redacción de esta columna. Ya hemos comentado en columnas anteriores la relación directa que existe según distintas investigaciones y análisis estadísticos en cuanto al consumo de bebidas azucaradas y los altos índices de obesidad, diabetes y ciertas enfermedades cardiovasculares. Esto es, existe una relación directamente proporcional entre el tomar bebidas azucaradas y el impacto que se tiene en el deterioro en la salud especialmente en obesidad y diabetes; y los números de la ENSANUT alarman cuando estamos obteniendo según los datos, que más del 85%, esto es, 8-9 de cada 10 niños y jóvenes de 1-19 años ya han consumido bebidas azucaradas, y peor aun, más del 50% además, han consumido alimentos chatarra en forma de “botanas”.

Por otro lado y el tercer hecho que incita a la redacción, fue que esta semana un columnista de nombre Alejandro Calvillo, redacta algo sobre “los camiones rojos” en un país donde precisamente la ENSANUT nos arroja estos datos; puntualmente relata el impacto que tiene la industria refresquera en nuestro país, la forma en cómo se ha metido y ha invadido todos los sectores, un país donde hasta un presidente, secretarios de salud, investigadores, universidades, académicos, y organizaciones empresariales han participado de las prebendas o formado parte de sus organizaciones y favorecido el crecimiento de estas industrias, este análisis me recordó la columna sobre la mediocracia ya que precisamente el autor del libro mencionado hace referencia en como se ha llegado a este grado de mediocracia en todos esos sectores.

Hace igual mención sobre la capacidad de distribución que tiene esta industria refresquera y como estos “camiones rojos” llegan de forma inmediata hasta lugares aparentemente menos accesible donde incluso ni agua potable existe. Si además sumamos el hecho de la cantidad de agua que se requiere para producir estas bebidas gaseosas azucaradas y la actual encuesta en relación a la inseguridad del agua, iremos aceptando y comprendiendo no sólo el impacto directo que tienen en materia de salud.

Son pues estos tres hechos los que me llevan a esta redacción y que tocan un punto de suma importancia en materia de salud dado que los números actuales en relación a la ENSANUT en sobrepeso, diabetes e hipertensión han aumentado, y específicamente en diabetes e hipertensión en los últimos 10 años casi se han duplicado. Pero igual de importante es el hecho de recalcar que en estos números el problema es directo con las familias y con cada uno de nosotros quienes estamos formando parte de estas estadísticas y no necesariamente culpa del gobierno, somos nosotros los que consumimos estos productos aún a pesar del actual etiquetado y aún a pesar de saber lo dañino que son, quizá tenga que ver el poder adictivo de los mismo y la publicidad tan agresiva que se hace de ellos con la finalidad de consumirlos.

Luego de largos 11 años de lucha en México hacia el etiquetado en los alimentos se logró dar este cambio, además, pasaron otros 14 años (2014) para que se impusiera un impuesto del 10% al refresco y la comida chatarra aunque la OMS y otras organizaciones internacionales recomiendan que sea al menos del 20%, y ha sido precisamente una lucha entre las industrias lo que ha retrasado estos intentos por reducir e impactar en el consumo de bebidas azucaradas o la ingesta de comida chatarra y con ello poder incidir en los altos índices de obesidad y diabetes. Incluso en 2017 el New York Times basado en el reporte del Citizen Lab de la Universidad de Toronto, reveló un caso de espionaje y amenaza hacia tres mexicanos que elaboraban propuestas de salud pública en materia de etiquetado con la finalidad de enfrentar los problemas de diabetes y obesidad, fueron intervenidos con “pegasus” y recibieron mensajes intimidatorios considerados como amenazas de muerte.

¿Cómo es que en México se tiene una inseguridad alimentaria de más del 60% (ya comentábamos que dos terceras partes de la población en México la padece), y cómo es que se viven tales índices de obesidad y diabetes? Esto es, el hecho de que no se tenga para comer al menos una comida o se atrase una de ellas y al mismo tiempo se pueda ser diabético no tiene que ver entonces con el exceso en los alimentos, pero si se puede explicar en parte por la cantidad de bebidas azucaradas y botanas que se consumen en México y que hacen que estos índices se eleven cada vez más, el fácil acceso que se tiene tanto en este tipo de bebidas como en el tipo de alimentación y la facilidad con la que se adquieren estos productos chatarras, además de la millonaria publicidad que se hace para impactar de ese modo en la sociedad. Somos el mayor consumidor de alimentos procesados en América Latina y el cuarto más grande del mundo.

Con base en este problema, incluso la OMS redujo la cantidad o ingesta máxima de azúcar en los adultos de 50 a 25grs al día, y una bebida gaseosa azucarada contiene 63grs  de azúcar en un envase de 600ml. Entonces con sólo una bebida ya se estaría rebasando las recomendaciones diarias de azúcar y esta recomendación es para adultos, no aplica en niños que debería ser menos. Es por esto que las refresqueras han optado por añadir productos similares al azúcar pero que finalmente en el cuerpo siguen teniendo el efecto calórico similar el azúcar y peor aun le están añadiendo edulcorantes o estimulantes que han sido poco estudiados en población. Infanto-juvenil y que no deberían ser consumidos por ellos ya que no es seguro al no haber estudios a largo plazo en relación a los efectos que puedan causar.

Se calcula que una familia en México destina el 10% de sus ingreso totales a la compra de bebidas azucaradas, lo que afecta más a comunidades rurales donde 7 de cada 10 niños desayunan con refrescos o jugos procesados; es por ello que la epidemia de diabetes y obesidad se este reflejando más en esta zonas. Las estadísticas señalan que 3 de cada 10 personas en México, no saben que tienen diabetes.

Esta lucha no es solo de los organismos internacionales o del gobierno, esta lucha es de cada uno de nosotros que debemos dejar de consumir bebidas azucaradas y comida chatarra y educar a nuestra familia a reducir el consumo de ellas ya que no hay forma de ganar esta batalla sino nos sumamos a las estrategias estatales, nacionales e internacionales. Debemos poner más de nuestra parte y ser conscientes del daño que nos estamos haciendo y que no es “el susto” el que nos provoca esta enfermedad sino la ingesta de estos alimentos procesados y bebidas azucaradas.

Si bien es difícil vivir a dieta, si podemos vivir más si elegimos mejor lo que comemos. El autocuidado puede ser la clave en todo este problema.

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