Urgen rescatar el histórico callejón de Puerto Escondido

El pintoresco y transitado sitio que cruza de la calle Ignacio Zaragoza a Simón Sarlat en el centro de la ciudad, requiere, entre otros detalles, mantenimiento y vigilancia policiaca.

Villahermosa

Uno de los callejones emblemáticos de Villahermosa es el antiguo callejón de Puerto Escondido; habitantes del lugar señalan que urge más vigilancia policial y mantenimiento integral como pintura y rescate de los predios abandonados en la zona.

Este pintoresco y transitado callejón, que cruza de Ignacio Zaragoza hacia Simón Sarlat, se adoquinó y se construyó la fuente de Los cantaritos durante la remodelación del Centro Histórico a mediados de los años 70.

El historiador Ricardo de la Peña Marshall, explicó que la mayoría de las zonas donde ahora están estos callejones o pasadizos, eran arrabales de la antigua San Juan Bautista y fueron trazados por los pobladores para llegar al centro de la ciudad.

La historia

“Puerto Escondido era, efectivamente, un puerto fluvial escondido, en donde se amontonaban los cayucos que venían procedentes de la Chontalpa chica, llenos de frutas, verduras, animales de traspatio, pescados, carbón, leña y semillas para los habitantes de San Juan Bautista. Por eso le decían el Puerto Escondido, porque era el abastecimiento citadino, barato, fresco y de buena calidad. Esta vendimia duró hasta 1859 cuando el arroyo del Jícaro fue mandado a rellenar”, indicó.

En la actualidad, al lugar le hace falta mantenimiento de alumbrado público, pintura y rescatar propiedades que están en el abandono y que se han convertido en mini selvas urbanas que son hábitat de animales ponzoñosos, además, mayor vigilancia por parte de las autoridades.

En la zona hay una fuente de cantaritos, que en la actualidad luce con mantenimiento, pero señalan vecinos que hay días que llegan los indigentes y se meten a bañar como si fuera una alberca y ahí también lavan su ropa, y como es mínima la vigilancia policial, nadie les dice nada.

La señora Violeta Palma Priego, quien es la habitante con más antigüedad en el lugar, contando con 80 años de edad y de vivir en la zona señala, “desde que tengo uso de razón, me acuerdo que este lugar era de terracería y poco a poco fueron construyendo viviendas porque alrededor eran matorrales, el arroyo del jícaro no lo vimos porque ya estaba rellenado, pero ha cambiado mucho, sin embargo, le hace falta más iluminación y que se obligue a los vecinos a tener sus fachadas bien pintadas, ya que es uno de los callejones más antiguos de la ciudad”, indicó.

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