Emilio

Columna: Prospectiva

Por: Emilio de Ygartua M.

“Gobierno o individuo que entrega  los recursos naturales a empresas extranjeras, traiciona a la patria”.

 Lázaro Cárdenas del Río

La relación entre Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Andrés Manuel López Obrador es sólida, de afectos mutuos y de respeto, así lo testimonian declaraciones de ambos, sin embargo, como todo en la vida esta relación tiene sus encuentros, los más, pero también sus desencuentros, los menos. Son dos figuras fuertes con una visión de país que converge en el compromiso de luchar contra las injusticias sociales lo cual pasa, así lo consideran los dos, por un cambio a fondo y de fondo.

El michoacano, hijo del ilustre general Lázaro Cárdenas del Río, ha impulsado a lo largo de su vida, en total consonancia con el legado político y humanista de su progenitor, un programa nacionalista orientado a fortalecer nuestra soberanía e independencia nacionales. Su aporte como promotor de un movimientos político y social que permitiera esa transformación está plenamente documentado.

Por su parte, López Obrador, con otro método, siempre orientado a construir un México más justo que prioriza la atención de los de abajo, ha planteado, desde hace décadas, la urgencia de realizar una revolución pacífica orientada a revertir las enormes desigualdades sociales que aún persisten en nuestra nación.

El tabasqueño se unió al movimiento liderado por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo que, en 1987, retaron al presidente del CEN del PRI, el hidalguense Adolfo Lugo Verduzco, y al presidente Miguel de la Madrid Hurtado, a convocar a las bases de ese partido a participar en el proceso para la elección del candidato presidencial del PRI (1988-1994). Un parteaguas en la vida política del país, como lo fue, también, el Movimiento Estudiantil de 1968.

A 85 años de la Expropiación Petrolera decretada por el presidente Lázaro Cárdenas del Río el 18 de marzo de 1938, el Zócalo la Ciudad de México fue nuevamente el escenario de una multitudinaria concentración convocada por el propio jefe del Ejecutivo estatal. Las oposiciones han hablado de “acarreo”, de acto político (¿Puede haber otro tipo de actos en la Polis?). El dirigente del PAN, Marko Cortés, lo calificó como “evento a favor de Manuel Bartlett, director general de la CFE”, lo que evidencia, una vez más, su cortedad, lo limitado de su narrativa.

Más allá de estos planteamientos está el auténtico significado de esta celebración, no sólo por la ratificación del reconocimiento a Lázaro Cárdenas del Río, un hombre de su tiempo que supo sortear los retos que significaban expropiar a las empresas extranjeras a las que el porfiriato les había dado dominio pleno de un recurso que, para entonces, 1938, había alcanzado una gran importancia estratégica, en lo económico y en la geopolítica mundial.

Ante los excesos de estas transnacionales, al michoacano no le tembló la voz para convocarlas a que respetaran las leyes y que trataran como iguales a los trabajadores mexicanos cuyas condiciones laborales eran precarias y con un trato fundado en una visión propia de las naciones imperiales.

Ante el desacato de las empresas extranjeras, especialmente de la inglesa “El Águila Petroleum Co.”, al presidente Cárdenas tampoco le tembló la mano a la hora de firmar el “Decreto de Expropiación”. Ante la incredulidad de las empresas y de sus gobiernos, el de México se apropió legalmente de 17 empresas extranjeras que controlaban la industria petrolera.

En el balcón central de Palacio Nacional, rodeado de sus colaboradores más cercanos, quien fuera gobernador de su natal Michoacán, siendo las 22:00 horas de ese memorable 18 de marzo de 1938, pronunció un vibrante mensaje a una multitud congregada en el Zócalo de la Ciudad de México, y a los miles que lo escucharon a través de la radio.

“Me esforcé por servir a mi país y con mayor empeño al pueblo necesitado cancele privilegios y distribuí una  buena parte de la riqueza que estaba en pocas manos”

Lázaro Cárdenas del Río

En su mensaje, Cárdenas pidió el apoyo de los ciudadanos para defender la independencia y la soberanía nacionales para “salvar el petróleo mexicano y el pisoteado honor nacional de México”. La respuesta a esta convocatoria, al igual que la de cientos de miles de personas que atendieron la invitación de Andrés Manuel López Obrador para estar en ese mismo espació el pasado 18 de marzo, fue abrumadora.

En 1938, miles de mexicanos salieron a las calles con pancartas que apoyaban la decisión presidencial. Más de 200 mil personas se reunieron de manera espontánea en el Zócalo capitalino llevando toda clase de donaciones orientadas a cumplir con la indemnización que el mandatario había pactado con las empresas extranjeras expropiadas.

El historiador Arnaldo Córdova, profundo analista del período cardenista precisa: “Ni antes ni después de aquel período ha existido un estadista que tuviese una idea tan clara como la tenía Cárdenas, del papel fundador de un verdadero poder político en el siglo XX que desempeñan las masas trabajadoras, sobre todo cuando están organizadas”.

Ochenta y cinco años después, en ese mismo espacio, Andrés Manuel López Obrador reiteró su apego al ideario cardenista, a su defensa a ultranza de nuestra soberanía e independencia frente a los embates de un imperialismo empeñado espoliar nuestros recursos naturales y explotar a nuestra masa trabajadora. Como entonces, hoy, el tabasqueño enfatiza que su gobierno “ha defendido la propiedad inalienable de todos los hidrocarburos del suelo nacional”, utilizando como escudo el capítulo 8 del TMEC.

Más de ocho décadas después, narra Alejandro Santos Cid (“El País”, 18 marzo 2023), “el presidente mexicano ha vuelto a convocar a sus seguidores a lo largo y ancho del país para abarrotar la plaza apenas tres semanas después de que una enorme manifestación, en defensa del INE y contra la reforma electoral, hiciera lo propio. El mandatario mantiene su poder de convocatoria: lo acreditan miles de personas concentradas en el centro simbólico del poder mexicano, armadas con estandartes con el granate oscuro de Morena y pancartas con la cara de López Obrador.”

Un evento que cumplió con el objetivo, sí, lamentablemente,hubo un momento deleznable cuando a un pequeño grupo se le ocurrió quemar una figura de la presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Norma Lucía Piña Hernández. Estúpida e inoportuna ocurrencia que fue denostada por el propio mandatario y por su esposa, Beatriz Gutiérrez Muller, y por muchas personas más. No ayuda en nada este tipo de acciones que acrecientan la polarización. Las diferencias son necesarias en toda democracia, la intolerancia, en cambio, no tiene cabida, lastima y separa.

En el Zócalo, epicentro del movimiento de transformación que encabeza López Obrador; luego de hacer un recuento de los logros de su gobierno en materia social y económica, el mandatario prometió, teniendo como testigo a los ahí reunidos, entre los que se encontraban sus famosas “corcholatas”, que la transformación impulsada por su administración tendrá continuidad, “sea quien sea su sucesor”.

El tabasqueño señaló que, “cualquier aspirante elegido en las encuestas [internas de su partido] para seguir nuestro movimiento aplicará la misma política en favor del pueblo y de la nación. Está asegurada la continuidad, con cambios”.

Esta ratificación fue escuchada por Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y por el tabasqueño Adán Augusto López Hernández, quien, si bien llegó tarde al proceso electivo, ha crecido de manera significativa en las encuestas a pesar de que, dice uno de sus paisanos con el corazón puesto en la capital del país, “solo se le conoce en su terruño”.

El mensaje presidencial, con un profundo significado histórico, arroja señales sobre el proceso sucesorio. El tabasqueño calificó como error que Lázaro Cárdenas se haya decantado por Manuel Ávila Camacho y no por Francisco José Múgica, cuya clara tendencia izquierdista molestaba a los vecinos del norte. El poblano era una figura más empática para el gobierno de los Estados Unidos que, sin embargo, apoyaron abiertamente al general y empresario Juan Andreu Almazán, candidato de la oposición en el proceso electoral de 1940, del que resultó claro vencedor Ávila Camacho.¿Quién de “las corcholatas” es visto con buenos ojos por los vecinos del norte?¿Quién le garantiza a López Obrador cumplir con su promesa de continuidad? En el Zócalo muchos miraron hacia el Sur. Las encuestas marcan una tendencia al alza de quien hoy ocupa el cargo de secretario de Gobernación.

No está demás preguntarnos: ¿Quién será el moderno Juan Andreu Almazán? Ya suenan dos nombres: de un lado está, Gustavo de Hoyos, ex líder de COPARMEX, el candidato de Claudio X González, del otro, el auto destapado JoséÁngel Gurría, quien fuera secretario de Hacienda y de Relaciones Exteriores en el gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000).Durante 15 años ocupó el cargo de secretario general de la OCDE.

Gurría es conocido como “el ángel de la dependencia” por su manifiesta vinculación al proyecto neoliberal impulsado por los Estados Unidos, que los gobiernos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo hicieron suyo. Administraciones en las que Gurría participó en puestos relevantes.

“No basta la buena intención del mandatario, es indispensable el factor colectivo que representan los obreros, los campesinos, las  clases medias. El pueblo en general”

Lázaro Cárdenas del Río

“El Peje”, como le llama la gente, en su mensaje del 18 de marzo pasado rememoró la hazaña emprendida en los años treinta por Lázaro Cárdenas. Enfatizó la vocación de amor al pueblo del general que sorteó “los obstáculos políticos que se cernían en su contra”.No hay fractura. No hay rompimiento con el cardenismo hoy representado por Cuauhtémoc Cárdenas. No obstante, flotan en el aire una:¿La renuncia de Lázaro Cárdenas Batel a la jefatura de asesores de López Obrador, es muestra de esa ruptura?

Los opuestos al régimen y su corifeo mediático han “explicado” esta salida como una muestra del disgusto por el calificativo de “adversario político” vertido por el presidente de la República en respuesta a la participación de Cuauhtémoc Cárdenas en el frente político convocado por Dante Delgado, dirigente nacional de Movimiento Ciudadano.

No nos equivoquemos, la renuncia de Lázaro, ex gobernador de Michoacán, el nieto del generaltiene que ver con su incorporación a la CELAC como secretario general de esa organización que incorpora las naciones de América Latina y el Caribe. Su ingreso deriva de una propuesta del presidente López Obrador.

Se lucubra también que el ahora exasesor se sumaríaen un futuro próximo a la lista de las “corcholatas” pero como candidato a jefe de gobierno de la CDMX. De ser cierta esta teoría, este movimientose podría interpretar como un golpe directo a las aspiraciones de Ricardo Monreal, cuyo Plan B, si no es candidato de Morena a la primera magistratura del país, es convertirse en candidato a ocupar el cargo que hoy ostenta su abierta enemiga política Claudia Sheinbaum.

¿Qué opina Cuauhtémoc de todo esto? En una larga y jugosa entrevista concedida a Zedryk Raziel (“El País”, 16 de marzo 2023), en la que, de inicio descarta asistir al mitin convocado por López Obrador para conmemorar la Expropiación Petrolera decretada por su padre 85 años atrás, Cuauhtémoc, considerado por muchos como “tótem de la izquierda mexicana”, manifiesta a su interlocutor: “No soy adversario del presidente”.

Sus palabras, enfatizaRaziel, “denotan que, por el contrario, le tiene aprecio, y que no hay distanciamiento entre ambos. Pero también se advierte que él seguirá promoviendo que haya democracia plena en México y que nunca se va a quedar callado”.

¿Existe una rivalidad oculta entre ambos? En septiembre del 2021, Jorge Zepeda Patterson (“El País”, 29 septiembre 2021) en su columna “Pensándolo bien”, señala: “El presidente [López Obrador] ha hecho lo necesario para que su movimiento no tenga deudas históricas con los Cárdenas; y más significativo aún, para no correr el riesgo de que el cardenismo se convirtiera en heredero del obradorismo”.

“Queremos arrancar de raíz en el organismo  universitario el arcaico y bárbaro concepto de  autoridad que en esta casa de estudios es un  baluarte de absurda tiranía”

Manifiesto de Córdoba 21 junio 1918

La vida autónoma de la Universidad Nacional de México inició en 1929. Ha vivido múltiples crisis y hoy es condición necesaria para asegurar la calidad de la investigación, la docencia, la extensión de la cultura y los múltiples servicios y estudios que el país requiere.

La autonomía universitaria había sido propuesta por Justo Sierra en los albores del siglo XX, en el entorno de la Revolución Mexicana y bajo el influjo del Movimiento Estudiantil de Córdoba, en Argentina, que en 1918 puso sobre la mesa la propuesta de impulsar la autonomía de las universidades para ponerlas a distancia del influjo de Estado.

En 1929, en julio, el presidente Emilio Portes Gil concedió la autonomía a la Universidad Nacional, pero no fue sino hasta el 30 de diciembre de 1944 que, el entonces primer mandatario de la nación, Manuel Ávila Camacho, expidió la Ley Orgánica de nuestra Magna Casa de Estudios, hasta hoy vigente.

La palabra autonomía tiene su origen en dos vocablos griegos: auto, que significa “mismo”, y, nomo, que significa “ley”. Entonces, autonomía debe entenderse como “la capacidad de los organismos para darse su propia ley, su propio mandato”. La autonomía es una forma de división de poder, pero, que quede claro, no significa soberanía.

Hay que recordar que en los meses de abril y mayo de 1929,un conflicto interno en la Universidad Nacional, concretamente en la Preparatoria, a causa de la inconformidad estudiantil que rechazaba el tránsito de los exámenes anuales a exámenes semestrales, fue lo que escaló un conflicto con nuevos temas: gobierno universitario, compromiso de la Universidad Nacional con la revolución mexicana y sus postulados, y el impulso al desarrollo nacional.

Como ya se comentó anteriormente, este levantamiento estudiantil ocurrido en México en 1929,tiene su génesis en el movimiento estudiantil argentino conocido como el “Movimiento Estudiantil de Córdoba. El presidente Emilio Portes Gil (en el período conocido como “El Maximato”, liderado por el expresidente Plutarco Elías Calles) envió Congreso de la Unión el Decreto que declaraba la autonomía de la Universidad Nacional para convertirse en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“La autonomía es la expresión  más nítida de lo que uno es, pero  la autonomía universitaria te hace libre en toda su expresión”.

Universidad Autónoma del Estado de México

¿Qué es la autonomía de una institución pública de nivel superior? Es una facultad que poseen las universidades para autogobernarse, darse sus propias normas dentro del marco de una “Ley Orgánica” que les permite designar a sus autoridades y determinar sus planes y programas de estudio dentro de los principios de libertad de cátedra e investigación.

Esta autonomía, permite, también, administrar libremente su patrimonio a partir de que es considerada un órgano descentralizado que configura sus finanzas a partir de las aportaciones que le entrega el gobierno federal y de los recursos propios derivado de su objetivo social.

Los padres fundadores del concepto de autonomía universitaria son Jean Piegety Emmanuel Kant, que la consideran como “la capacidad de desarrollar de manera independiente la valoración por sí misma, la toma de decisiones, el sentido de responsabilidad”.

La autonomía universitaria tiene como finalidad evitar que el Estado, a través de sus distintos poderes, intervenga “de manera ilegítima” en el proceso de creación y de difusión del conocimiento, responsabilidad primigenia de las instituciones educativas de nivel superior.

Desde hace 78 años, y hasta ahora, la ley que rige a la UNAM establece que es la Junta de Gobierno la que cada cuatro años nombra a su máxima autoridad académica y administrativas: el rector. Dicha Junta está conformada por 15 personas que son elegidas por el Consejo Universitario. En algunos momentos, la propia Junta tiene la facultad de nombrar a sus miembros. Dicho órgano, como ya señalé, elige al rector de una terna que le envía el Consejo Universitario luego de que la comunidad universitaria conoce a los aspirantes a ese cargo, los que deberán presentar públicamente un plan de trabajo y una prospectiva sobre la universidad.

La Constitución General de la República, en su artículo 69º, establece lo siguiente: “Se garantiza la autonomía universitaria. La universidad podrá darse sus directivas y regirse por sus propios estatutos, de acuerdo con la ley”. Se refiere a la Ley Orgánica. Asimismo, la Ley General de Educación Superior recientemente aprobada (2022), garantiza la autonomía de las universidades. Es necesario precisar que esta prerrogativa no es privativa de la UNAM, aplica para las 32 universidades autónomasque operan en el territorio nacional.

Lo anterior parece que no ha sido considerado por el diputado por Morena, Armando Contreras, promovente de una propuesta cuyo objetivo es “cambiar la forma mediante la cual se elige al rector de la UNAM”, proceso que, por cierto, estamos a pocos meses de que ocurra toda vez que en noviembre próximo concluye el segundo período de gestión del actual rector, doctor Enrique Graue Wiechers, 34º de los responsables de esta institución de educación superior, nuestra Máxima Casa de Estudios.

La iniciativa del diputado Contreras no ha transitado por los medios que establece el protocolo legislativo. No ha llegado a la Gaceta de la Cámara de Diputados, lo que significa que no ha sido presentada para su discusión en la Cámara baja. El mecanismo escogido por el legislador morenista para su difusión han sido las redes sociales donde han aparecido partes del texto, firmado el 9 de marzo próximo pasado, lo que ha sido suficiente para generar una polémica. Si ese era el objetivo, se ha cumplido plenamente.

¿Qué propone el diputado Contreras? En su iniciativa propone que en lugar de que la Junta de Gobierno, como mandata la Ley Orgánica, sea el órgano que nombre al rector, se lleva a cabo “una elección directa, de sufragio universal, libre, secreto, personal e intransferible, en la que participe toda la comunidad universitaria”. ¿Cuándo entraría en vigor esta reforma a la Ley Orgánica? Contreras no patea el bote tan lejos, plantea que este nuevo procedimiento sea aplicado para el proceso para elegir a la persona que ocupará la titularidad de la rectoría de la UNAM parael período 2023-2027.

¿Cuáles son los argumentos que se esgrimen en esta iniciativa? Contreras asegura que el actual procedimiento “retrata una situación incomprensiblemente copular”. Para el legislador, por su naturaleza, la Junta de Gobierno no “puede impulsar cualquier cambio político, ya que la rotación y sustitución de sus integrantes es muy reducida”.

Es esta una propuesta que tiene que analizarse con mucho cuidado. Puede tener razón el diputado morenista cuando afirma que este análisis y la discusión del tema, controvertido, sin duda, “no pueden estar limitados a estigmas y amenazas sustentadas en el miedo a la participación política de la comunidad”. En su iniciativa asegura que todas las preocupaciones serán escuchadas.

¿Cuál será la suerte de esta iniciativa? Como ya lo señalé, en el 2020, el entonces diputado de Morena Miguel Ángel Montes de Oca, presentó una iniciativa para cambiar, como hoy se propone, la Ley Orgánica de la UNAM. Las críticas de las autoridades universitarias obligaron al legislador a retirarla.

¿Ocurrirá lo mismo en este 2023? Creo que sí. Sobre todo, porque a tres años de distancia, el escenario nacional se ha polarizado en extremo y una propuesta de este tipopuede generar una crisis al interior de la UNAM de pronósticos reservados.

Al momento no se conoce la opinión del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre esta iniciativa. En el 2020 no tuvo tiempo de hacerlo por lo efímera que resultó la iniciativa.

Es bien sabido que la relación de tabasqueño con la UNAM, de la que es egresado, no pasa por su mejor momento. La ha calificado de “derechista” y “conservadora”. Hace unos cuantos días expresó que esta institución requiere “una reforma a fondo”. Para él, ha perdido su esencia. El asunto de la tesis de la magistrada Esquivel ha tensado más la cuerda.

Este es un tema muy complejo. Quienes hemos pasado por las aulas de esta institución, yo lo hice en la Preparatoria y en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Fui docente y miembro del Consejo Académico de esa Facultas. Colaboré en el área de comunicación social de la UNAM durante rectorado del Dr. Guillermo Soberón Acevedo.

Viví los tiempos posteriores al movimiento del 68 que trajeron consigo muchos cambios benéficos para esta institución. Nuevos tiempos que no estuvieron ajenos a las tensiones internas y externas.

Desde que ingresé a la prepa hasta ahora ya han pasado más de cinco décadas. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, sí, pero me parece que algo se ha mantenido incólume en todo este tiempo: la defensa de la autonomía universitaria por la comunidad universitaria. Lo fue en durante el Movimiento Estudiantil del 68. Nuestra universidad fue ocupada por el Ejército durante varias semanas, pasando por encima del decreto de autonomía, aduciendo riesgos para la “seguridad nacional”.

Fui testigo de “la visita incómoda” del presidente Luis Echeverría Álvarez (1975), en un escenario totalmente opuesto a su presencia. Motivos: su nefanda participación en el Movimiento del 68, replicada con el asesinato de más estudiantes el siempre recordado “Jueves de Corpus”, el 10 de junio de 1971.

Echeverría recibió la justa respuesta de una comunidad universitaria que no olvida. Que consideraba non grata la presencia de quien había dado la instrucción de atacar a civiles en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre. La visita era un agravio, una total ofensa. Barata le salió esta visita al jefe del Ejecutivo, y al propio rector de la UNAM, Guillermo Soberón, que, sin embargo, sería ratificado por la Junta de Gobierno para un segundo período.

Todo aquello que huela a intromisión en la vida interna de la máxima Casa de Estudios ha tenido, tiene y tendrácomo respuesta una reacción a la que se sumarán las diferentes corrientes políticas e ideológicas, convergentes o divergentes y antagónicas,que cohabitan en ese espacio.

Convocar a una elección mediante el voto universal, secreto y directo de la comunidad universitaria para elegir a su máxima autoridad suena atractivo para quienes, dentro y fuera de institución, consideramos que la Junta de Gobierno debe ser reformulada. Durante décadas, el proceso de selección del rector pasó por el escritorio del presidente en turno, su decisión era cumplida bajo la vigilancia del responsable de la política interior del país.

Esta decisión no podía ser al azar, estaba, estaba sujeta a los grupos de poder que, desde hace muchos años, controlan ese proceso vendiéndole a los gobiernos en turno tener la clave para la estabilidad de una comunidad conformadapor estudiantes, docentes, investigadores y trabajadores que rebasan las 600 mil personas.

Desde hace 24 años la línea sucesoria ha sido marcada por la poderosa cofradía de los miembros de las áreas de las Ciencias Médicas. Ha habido excelentes rectores, sin duda. Pero se ha cerrado la puerta para esa universalidad que necesariamente debe vivir una institución de educación superior.

La visión unitaria no ayuda a una institución educativa, mucho menos al país. El rechazo es total al regreso de las tesis fundadas en el “mundo unidimensional” que tan lúcidamente describió el filósofo político Herbert Marcuse en los años setenta del siglo pasado.

Tengo enormes dudas acerca de que la solución al atasco sea convocar a una elección masiva, universal, secreta y directa, no porque no crea en los procesos electivos. Lo que me preocupa es que el resultado de este ejercicio sea un colapso disruptivo que en nada ayudaría en estos tiempos, insisto, tan polarizados.

No niego que esa es la esencia de una democracia que se precie de serlo, pero no he encontrado ninguna experiencia documentada que permita demostrar o refutaresta hipótesis: La elección mediante el voto universal, secreto y directo del rector de la UNAM, mejorará la vida interior de esta institución y garantizará la pervivencia de su espíritu autónomo por encima de todo.

López Obrador tuvo el buen tino de permitir que al interior de la universidad se diera, hace cuatro años, el proceso de ratificó del actual rector sin la menor intromisión, lo cual fue reconocido por la comunidad universitaria. Entonces se escuchaban voces que alertaban sobreuna posible intromisión. Fueronlas de los ya conocidos v opuestos que,desde entonces y ahora con mucho mayor empeño, atizancon leña verde, un día sí y otro también, una polarización orientada a llevar al precipicio a la nación en su irrenunciableobjetivo de evitar la continuidad del régimen de la Cuarta Transformación. No se enojen amables lectores. Sí,también desde Palacio Nacional cotidianamente se alientan estos vientos que presagian las tormentas.

El 26 de febrero los contras mostraron su músculo utilizando la narrativa de la defensa del INE y de la democracia. La semana pasada, en el marco de la conmemoración del 85º aniversario de la Expropiación Petrolera, un mandatario que goza de más del 60% de aprobación de la población volvió a mostrar que tiene el apoyo de aquellos que han sido beneficiarios de políticas sociales que, con claro destino, él ha impulsado.

Sí, estamos viviendo, cada día más, un escenario de polarización, no sólo en México, en el mundo. Izquierdas y derechas, radicales o tradicionales, populistas o no, están buscando el apoyo de los ciudadanos que ven en ellos un rayo de esperanza, una vuelta a la tortilla que ya no puede ser cocida del mismo lado.

En medio de esta situación tan compleja, de este escenario de crispación: ¿A quién demonios se le ocurre proponer elegir al nuevo rector de la UNAM mediante un proceso electoral universal, secreto y directo? De entrada, la pregunta es:¿Quién lo va a organizar? Demasiada seca esta la yerba para andar haciendo malabares democráticos cuando hay otros temas más urgentes que atender.

Por cierto, Lorenzo Córdova, actual presidente del Consejo General del INE, abierto opositor a las propuestas del presidente de la República en materia electoralrealizó, a pocos días de que concluya su encargo, una gira por los Estados Unidos en donde abiertamente manifestó su rechazo al llamado Plan B. Las declaraciones de Luis Almagro, secretario general de la OEA, evidencian su entrega total a las posturas de las derechas en nuestro continente.

La visita de Lorenzo al vecino del norte, con evidentes propósitos y apetencias políticas (¿Está la rectoría de la UNAM en su visor?), ocurre en un momento en el que las relaciones entre nuestro país y el gobierno estadounidense atraviesan por un período muy ríspido, diría bipolar, por parte de nuestro vecino, que envía a su asesor para temas climáticos, John Kerry para que nos “apapache”, en tanto en los Estados Unidos las piedras lanzadas son cada vez más grandes.

La visita del exvicepresidente puede calificarse como una especie de bálsamo en medio de las tormentas diplomáticos entre ambas naciones. Al tiempo que, en Mérida, Kerryse desborda en elogiospara López Obrador, al que califica de “líder inteligente”, y manifiesta que la relación entre ambos países es “para siempre”, en Washington, legisladores republicanos y el mismísimo secretario de Estado, Antony Blinken, se unen para desacreditar a nuestro país.

Sin duda es este un escenario claramente marcado por el espíritu electoral que priva en esa nación, con un Donald Trump en su papel predilecto, el de víctima, interpretado con la vehemencia que le caracteriza, en su irrenunciable propósito de asegurar su presencia en las boletas como candidato del Partido Republicano en el 2024.

En tanto, Joe Biden, encerrado en la oficina ovalen la Casa Blanca, se mantiene atento viendo por televisión como Xi Jinping, su abierto antagónico chino,que adopta el papel de pacifista y se compromete a poner fin a la guerra en Ucrania, lo cual ha puesto de cabeza al Pentágono y a la UE, empeñados impulsar una política armamentista que deja enormes dividendos económicos. ¿Ondearán las banderas blancas Putin y Zelenski a petición del líder chino? Pronto lo sabremos.

Con motivo de la Semana Mayor y la Semana de Pascua, Prospectiva regresará a las páginas de Novedades de Tabasco el lunes 17 de abril.

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