Emilio

Columna: Enfoque Médico

Por: Dr. Elías Córdova Sastré

RESILIENCIA

Este concepto o termino llamado resiliencia nace de una propiedad física de ciertos materiales de poder recuperar su estado una vez que se les altera, el ejemplo clásico es el de un resorte que al estirarse y soltarse recupera su forma original; así como este, hay varios ejemplos que se podrían citar para comprender este concepto de ciertos materiales resilientes, pero, el enfoque a resaltar en esta columna es hacia la adopción que hacen las ciencias sociales del término, y el uso para referirse a las personas que sobresalen aún a pesar de adversidades que enfrentan; esto es la habilidad y capacidad de las personas de adaptarse y resurgir ante inconvenientes de la vida. 

Es usado en diferentes campos, uno de ellos la pediatría, dirigido a niños abandonados, niños en situaciones extremas de abandono familiar, o bebés prematuros que estuvieron sometidos a diversas enfermedades y adversidades y que finalmente se sobreponen a ellas.

Un estudio realizado en los años noventa en Hawaii, incluyó 701 niños que padecían situaciones de abandono, desnutrición, falta de afecto y agresión y se les siguió por un determinado tiempo, 30 años después, más del 80% de estos niños habían sobresalido, habían aprendido a leer y escribir por su cuenta y algunos habían llegado a ser exitosos en la vida. 

Por eso las ciencias sociales lo adoptan para caracterizar a aquellos sujetos que, a pesar de nacer y vivir en condiciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanos y socialmente exitosos. 

El termino resiliente comprende dos componentes, por un lado la resistencia a la destrucción, y por otro lado la capacidad para reconstruir sobre circunstancias o factores adversos. 

Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) resiliencia es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Esto lleva implícito características que las personas debemos tener para poder ser resilientes.

Se considera al francés Boris Cyrulnik el “padre de la resiliencia” ya que es quien introduce el término en el campo de la psicología luego de su libro titulado “Los Patitos Feos”; quien mejor que el, médico neurólogo, psiquiatra, psicoanalista y etólogo, hijo de padres judíos que murieron en un campo de concentración, lo que hace que tenga que superar una infancia difícil al pasar por distintos orfanatos y centros de apoyo. Es por eso que lo aplica inicialmente al campo de la psicología infantil para demostrar y explicar cómo todo niño puede volver a empezar después de haber sufrido una experiencia traumática. 

Ser resiliente no quiere decir que la persona no pase por dificultades, pesares o angustias, es más bien la forma en cómo se enfrentan estas diversas situaciones, cómo internamente modificamos nuestra conducta ante estas situaciones y cómo salimos adelante aún a pesar de todo ello. 

De lo anterior se deriva que las personas resilientes tengan que tener ciertos atributos como el control de las emociones o impulsos, el ser autonomos, tener sentido del humor, tener una alta autoestima, ser empático, tener capacidad de comprensión y análisis, tener cierta competencia cognitiva así como capacidad de atención y concentración. 

No es algo que la genética tenga impresa en nuestros genes, por lo que no es una cualidad innata, es algo que podemos desarrollar en el transcurso de la vida. Hay personas que son resilientes debido al modelo de sus padres o familiares que lo han sido, pero también hay personas que han encontrado el camino a la resiliencia por si solas. Por lo tanto, todos podemos serlo, siempre y cuando estemos dispuestos a modificar o cambiar ciertos aspectos de nosotros, ciertos hábitos y creencias. 

El enfoque hacia nuestros hijos con este concepto, no es tanto evitar que se caigan o exponerlos a propósito a peligros y momentos desagradables,  sino enseñarles a levantarse, pero para ello debemos confiar en que ellos podrán hacerlo. 

Con expresiones de “yo tengo”, “yo soy”, “yo estoy”, y “yo puedo”, debemos orientarlos a desarrollar este concepto. 

Yo Tengo; personas en quienes confío y me quieren, personas que me ponen límites; personas que me muestran ser correcto; personas que quieren que aprenda a desenvolverme solo; y personas que me ayudan cuando estoy enfermo o en peligro.

Yo Soy: una persona por la que sienten aprecio y cariño; feliz cuando hago algo bueno; respetuoso de mi mismo y del prójimo; capaz de aprender; agradable y comunicativo.

Yo Estoy: dispuesto a ser responsable; seguro que todo saldrá bien; triste, lo reconozco y lo expreso con la seguridad de encontrar apoyo; rodeado de compañeros que me aprecian.

Yo Puedo: hablar sobre cosas que me asustan o inquietan; buscar la manera de resolver mis problemas; controlarme cuando tengo ganas de hacer algo peligroso o que no está bien; buscar el momento apropiado para hablar con alguien; encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito; equivocarme; sentir afecto y expresarlo.

La resiliencia no es una característica que la gente tiene o no tiene, incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona.

Debemos enseñar a nuestros niños este concepto y desarrollar estas habilidades en ellos.

En palabras de Confucio: “La mayor gloria no está en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos.

Dr. Elias Córdova Sastré           http://neokids.net/elias/

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