Hoy, 9, se cumplen dos años y diez meses desde tu partida, Julián.
Y como siempre, te escribo.
No para discutir versiones,
no para responder al ruido,
sino para recordar quién fuiste de verdad.
Fuiste un hombre profundo, inteligente, culto, sensible. Un defensor de las causas perdidas, amante de la música, de los libros y de los bosques . Tu corazón era más grande que tus heridas, aunque muchas veces esas heridas dolieran demasiado.
Luchaste con una enfermedad difícil, la de las adicciones, y sufriste mucho por ella. Pero nunca dejaste de intentar curarte, de levantarte, de buscar luz. Eso también habla de tu valentía.
Y si hay un lugar donde tu esencia se mostraba limpia y verdadera, fue en la paternidad. Fuiste un padre profundamente amoroso. Tu hijo era el amor de tu vida. Le diste tiempo, presencia, juego, ternura. A su lado vi las sonrisas más felices que jamás le he visto a un padre.
Por eso, aunque solo tenía cinco años cuando partiste, guarda en su corazoncito recuerdos sublimes tuyos y platica con lujo de detalles recuerdos preciosos que grabaste con amor en su sus recuerdos . Eso no se inventa. Eso se vive.
No fuiste perfecto. Ningún ser humano lo es.
Pero fuiste genuino, sensible y capaz de amar con el alma.
Hoy te recuerdo desde el amor, no desde el juicio.
Desde la verdad del corazón, no desde el conflicto.
Tu luz no se apagó. Vive en tu hijo, en quienes te conocieron de verdad y en quienes saben mirar más allá del ruido.
Tu madre que te amara por siempre y para siempre ….
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