En la costa de Centla, Tabasco, donde el Golfo de México abraza con furia la tierra baja y vulnerable, la comunidad que una vez se llamó ‘El Bosque’ ya no existe como la conocieron sus habitantes. El mar, ese gigante callado que antes se mantenía a distancia respetuosa, ha avanzado sin piedad. Crece la erosión, y el mar se ‘come’ todo.
Hoy, las gráficas lo confirman una vez más, el mar no se detiene. Aunque en 2025 lograron la reubicación histórica —la Nueva Comunidad ‘El Bosque’, a unos kilómetros tierra adentro, reconocida como el primer caso oficial de desplazamiento climático en México—, la herida sigue abierta. En las costas cercanas, en Guanosolo, Pénjamo, Sánchez Magallanes, el mismo drama se repite. El oleaje es más fuerte tras las lluvias, y alcanza patios, amenaza viviendas; es el cambio climático que acecha y silencioso avanza en todo el mundo.
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