Por: Emilio de Ygartua M.

Pakistán vs. Afganistán: Una Guerra Que Regresa
A apenas una semana después de cumplirse cuatro años del inicio de la invasión rusa a Ucrania, el mundo enfrenta un nuevo frente bélico de proporciones inquietantes. Pakistán y Afganistán, naciones con una historia entrelazada por la geografía, la etnia y una profunda rivalidad, han escalado sus históricas tensiones a un conflicto armado abierto. Lo que comenzó como escaramuzas fronterizas y acusaciones mutuas de apoyo a grupos insurgentes, ha derivado en bombardeos aéreos pakistaníes sobre territorio afgano, con informes que incluso apuntan a ataques en las inmediaciones de la capital, Kabul.
Esta no es una guerra nueva, sino la reactivación virulenta de una pugna que se remonta a la partición de la India británica en 1947 y la creación de Pakistán, con la controvertida Línea Durand como cicatriz geopolítica, y décadas de intervenciones y contra-intervenciones.
En un contexto global ya agotado por la fatiga bélica y la polarización, donde un sistema multilateral debilitado se muestra incapaz de contener las agresiones, con una ONU paralizada y las grandes potencias distraídas por frentes como Ucrania, las tensiones en el Indo-Pacífico y el pulso con China, la comunidad internacional parece resignada a ser espectadora de nuevas escaladas. Lo que está en juego en esta región altamente volátil es inmenso: Pakistán es una potencia nuclear, y la desestabilización de este eje podría provocar un contagio regional que arrastre a actores como India, Irán y China, con consecuencias imprevisibles para la seguridad global. Este análisis busca desglosar las complejas causas, los principales actores, los posibles escenarios y las graves implicaciones de este conflicto, para entender por qué, ahora más que nunca, importa lo que sucede en esta encrucijada del mundo.
Contexto: Cuatro Años de Guerra Global Ignorada
El telón de fondo: Ucrania
El 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó su invasión a gran escala contra Ucrania, marcando el inicio de la guerra convencional más devastadora en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. A cuatro años de ese momento, el conflicto sigue sin resolverse, con cientos de miles de bajas y millones de desplazados. La comunidad internacional permanece dividida, la ONU paralizada por el veto ruso en el Consejo de Seguridad, y la OTAN tensionada al límite. Es precisamente en este contexto de fatiga global y distracción estratégica que surge el nuevo enfrentamiento entre Pakistán y Afganistán — dos vecinos con décadas de hostilidades mutuas que ahora escalan a una guerra abierta.
¿Por qué importa este momento?
El timing no es accidental. Cuando las potencias globales están absorbidas por Ucrania, el Indo-Pacífico y las tensiones con China, los conflictos regionales en zonas de alta vulnerabilidad encuentran menos resistencia internacional. Afganistán, bajo el control talibán desde 2021, y Pakistán, en plena crisis política y económica interna, han llegado a un punto de quiebre. El ataque pakistaní a Kabul representa una escalada sin precedentes en los últimos años y reactiva una rivalidad que tiene raíces en el siglo XX.
El mundo lleva 4 años gestionando múltiples crisis simultáneas. La capacidad de respuesta multilateral está al límite.
Raíces Históricas del Conflicto Pakistán-Afganistán
Para entender por qué Pakistán y Afganistán están en guerra, es indispensable remontarse a los orígenes de su disputa, que preceden incluso a la existencia de Pakistán como nación.
1893 — La Línea Durand
El Imperio Británico traza arbitrariamente la frontera entre Afganistán y la India colonial, dividiendo a las tribus pastunes. Esta línea, nunca reconocida plenamente por Afganistán, es la raíz geográfica del conflicto.
1947 — Independencia de Pakistán
Al nacer Pakistán, hereda la Línea Durand. Afganistán se convierte en el único país en votar contra el ingreso de Pakistán a la ONU, reclamando los territorios pastunes.
1979-1989 — Guerra Soviética
Pakistán sirve de base de operaciones para los muyahidines financiados por EE.UU. El ISI pakistaní moldea grupos islamistas que luego se vuelven contra Islamabad.
1996-2001 — Primer Emirato Talibán
Pakistán reconoce al régimen talibán. Los vínculos entre el ISI y el talibán se vuelven profundos y ambiguos — una relación que persiste hasta hoy con consecuencias mortales.
2021 — Regreso Talibán
La caída de Kabul y el retiro estadounidense devuelven el poder a los talibanes. Pakistán celebra en privado, pero pronto descubre que el nuevo régimen afgano no es su aliado.
2026— Guerra Abierta
Pakistán declara guerra abierta y ataca Kabul. El ciclo de violencia binacional alcanza su punto más crítico en décadas, con consecuencias regionales impredecibles.
Las Causas Inmediatas del Estallido
La escalada actual no es espontánea. Es el resultado de una acumulación de agravios mutuos, ataques terroristas de doble vía y una ruptura diplomática total entre Islamabad y el gobierno talibán de Kabul.
El TTP: Terrorismo de Regreso a Casa
El Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), también conocido como los «talibanes pakistaníes», opera desde territorio afgano con tolerancia — o apoyo activo — del régimen de Kabul. Sus ataques dentro de Pakistán han matado a miles de civiles y militares en los últimos años, generando una presión interna insostenible sobre el ejército pakistaní.
La Frontera Incontrolable
La frontera de 2,670 km es montañosa, porosa e imposible de sellar completamente. Pakistán construyó vallas y desplegó tropas, pero los ataques transfronterizos continúan. Afganistán acusa a Pakistán de financiar grupos anti-talibanes; Pakistán acusa al talibán de armar al TTP. Ambas acusaciones tienen evidencia parcial.
El Ataque a Kabul
Pakistán ejecutó ataques aéreos y de misiles contra objetivos en suelo afgano, incluyendo la capital Kabul. El gobierno talibán respondió declarando que el ataque es un acto de guerra y llamando a la yihad defensiva. Es el momento más grave de escalada desde la década de los noventa.
Terrorismo de Doble Vía: El Ciclo Sin Fin
Pakistán como víctima y actor
Durante décadas, Pakistán cultivó grupos islamistas como herramienta de política exterior — en Afganistán, en Kashmir contra India, y como contrapeso regional. Esta estrategia, conocida coloquialmente como «criar serpientes», tuvo consecuencias devastadoras: muchos de esos grupos se volvieron contra el propio Estado pakistaní.
El TTP es el ejemplo más doloroso: una organización que comparte ideología con el talibán afgano pero que tiene como objetivo explícito derrocar al gobierno de Islamabad, derrogar la constitución e imponer la sharia. Ha realizado algunos de los ataques terroristas más sangrientos de la historia reciente del país, incluyendo la masacre de la escuela de Peshawar en 2014 donde murieron 132 niños.
Afganistán: Territorio, no Estado
El gobierno talibán de Kabul controla el territorio afgano, pero su capacidad estatal real es limitada y su legitimidad internacional es nula. No reconocido por ningún gobierno del mundo de forma oficial, el régimen talibán opera en un vacío diplomático que le da pocos incentivos para cooperar con las demandas pakistaníes de eliminar al TTP.
Desde la perspectiva talibana, el TTP son «hermanos» ideológicos. Ordenar su eliminación sería internamente contradictorio. Afganistán acusa, a su vez, a los servicios de inteligencia pakistaníes de financiar grupos anti-talibanes, incluyendo al Estado Islámico Khorasan (ISKP), que ha realizado ataques en Kabul. Así, el terrorismo fluye en ambas direcciones — y la guerra fría se convierte en caliente.
¿Dónde Está la ONU?
Es la pregunta que surge inevitablemente cada vez que estalla un conflicto armado en cualquier rincón del mundo: ¿dónde está la Organización de las Naciones Unidas? La respuesta, en 2025, es cada vez más incómoda.
El Consejo de Seguridad: Paralizado por Diseño
El Consejo de Seguridad de la ONU, el único órgano con poder vinculante para imponer ceses al fuego o sanciones, está estructuralmente bloqueado. China y Rusia — miembros permanentes con derecho a veto — tienen intereses estratégicos en la región que difieren radicalmente de los de occidente. Rusia mantiene vínculos históricos con Afganistán. China tiene el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), una inversión de más de 60 mil millones de dólares. Ninguno de los dos tiene incentivos para respaldar acciones que debiliten a sus socios.
La ONU y el Talibán: Un Reconocimiento Imposible
El régimen talibán no es reconocido por ningún Estado miembro de la ONU, lo que crea una paradoja: la organización necesita interlocutores legítimos para mediar, pero el único gobierno en Kabul es precisamente el que carece de legitimidad internacional. La ONU tiene misiones humanitarias en Afganistán (UNAMA), pero su capacidad política es casi nula en este contexto.
Fatiga Institucional Acumulada
Ucrania, Gaza, Sudán, Haití, Myanmar — la ONU lleva años gestionando crisis simultáneas con recursos insuficientes y voluntad política decreciente de las grandes potencias. La institución no está rota, pero sí exhibe sus límites con brutal claridad. Cada nuevo conflicto que no puede resolver erosiona aún más su autoridad moral.
Las Grandes Potencias: ¿Qué Papel Juegan?
En todo conflicto regional de esta magnitud, la postura de las tres grandes potencias — Estados Unidos, China y Rusia — determina en gran medida el margen de escalada o de resolución. En este caso, los tres actores tienen intereses complejos y contradictorios.
Estados Unidos: Entre el Desinterés y la Urgencia
Tras el traumático retiro de Afganistán en agosto de 2021, Washington tiene muy poco apetito político para involucrarse de nuevo en la región. La administración Biden pagó un enorme costo político por ese retiro; cualquier administración posterior enfrentaría resistencia interna masiva ante cualquier re-enganche.
Sin embargo, EE.UU. tiene interés en la estabilidad de Pakistán: es una potencia nuclear con más de 230 millones de habitantes. Una Pakistán en guerra, con una economía en colapso y un conflicto armado activo, representa un riesgo de seguridad global de primer orden. Washington probablemente buscará presionar diplomáticamente desde lejos, sin comprometerse militarmente.
China: El Gran Inversor en Riesgo
China tiene la apuesta económica más clara en la región: el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), piedra angular de la Iniciativa Belt and Road, representa inversiones superiores a los 60 mil millones de dólares en infraestructura, energía y conectividad en territorio pakistaní.
Un conflicto prolongado entre Pakistán y Afganistán amenaza directamente esas inversiones. Beijing querrá contener la escalada — pero sin comprometerse en una mediación que le cueste influencia con ninguna de las partes. China mantiene contactos con el régimen talibán y fue uno de los primeros en explorar relaciones diplomáticas con Kabul post-2021. Su rol mediador potencial es real, pero su voluntad de ejercerlo está por verse.
Rusia: Distracción Conveniente
Para Moscú, absorto en su guerra contra Ucrania y en una posición de aislamiento occidental sin precedentes, el conflicto Pakistán-Afganistán representa en el mejor caso una distracción conveniente para occidente y en el peor un problema secundario que gestionar.
Rusia mantiene el llamado «Formato de Moscú», un mecanismo diplomático que incluye contactos con el talibán, y tiene intereses en la estabilidad de Asia Central para evitar el derrame del conflicto hacia sus propias fronteras. Sin embargo, su capacidad de influencia regional está mermada por el esfuerzo bélico en Ucrania y la erosión de su credibilidad diplomática global.
La Unión Europea: Presente pero Debilitada
El debilitamiento visible del bloque europeo
La Unión Europea es, en teoría, el segundo actor multilateral más importante del mundo después de la ONU. Con una economía combinada de más de 17 billones de dólares, un sistema de política exterior común (PESC) y presencia diplomática global, debería ser un actor central en la gestión de conflictos como el de Pakistán-Afganistán.
Sin embargo, la realidad de 2025 es que la UE atraviesa uno de sus momentos de mayor fragilidad interna. La guerra en Ucrania ha exigido un esfuerzo financiero, político y de cohesión sin precedentes. Las tensiones entre miembros del este (Polonia, países bálticos) y del sur (Hungría, Eslovaquia) sobre el apoyo a Ucrania han fracturado la unidad discursiva del bloque. El ascenso de partidos euroescépticos y de extrema derecha en múltiples países miembros — incluyendo Francia, Alemania, Italia y Países Bajos — ha debilitado el liderazgo proeuropeo.
En términos prácticos, la UE difícilmente puede proyectar influencia significativa en el conflicto Pakistán-Afganistán más allá de declaraciones, ayuda humanitaria y presión diplomática marginal. No es un actor de seguridad en Asia Central. Su influencia está geográfica y políticamente acotada.
Europa en números: una potencia fragmentada
La UE representa el 17% del PIB mundial, pero su gasto militar combinado equivale apenas al 1.7% del PIB promedio — muy por debajo del estándar OTAN del 2%.
Con 27 miembros y decisiones de política exterior que requieren unanimidad, la capacidad de actuar con rapidez y firmeza es estructuralmente limitada.
La guerra en Ucrania ha consumido el capital político y financiero que hubiera permitido mayor proyección global.
El Multilateralismo: Guardado en el Cajón
El conflicto Pakistán-Afganistán es un síntoma más de una crisis más profunda: el colapso funcional del multilateralismo como sistema de gobernanza global. Las instituciones diseñadas tras la Segunda Guerra Mundial para prevenir exactamente estos escenarios están mostrando sus límites de manera cada vez más evidente.
El multilateralismo no murió de un solo golpe — se ha ido erosionando lentamente bajo el peso de intereses nacionales que priorizan la soberanía y el poder sobre la cooperación. Cada conflicto que las instituciones internacionales no logran resolver a tiempo profundiza esa erosión y legitima la narrativa de quienes argumentan que el multilateralismo es una ilusión.
Las Fases de la Multilateralidad: Del Ideal a la Crisis
Para comprender por qué el mundo parece incapaz de responder a conflictos como el de Pakistán y Afganistán, es útil trazar las fases históricas a través de las cuales el multilateralismo ha evolucionado — y degenerado.
Fase 1: El Idealismo Fundacional (1945-1960)
Nacimiento de la ONU, el FMI, el Banco Mundial y el sistema de Bretton Woods. El mundo, traumatizado por dos guerras mundiales, apuesta por la cooperación institucional como garante de la paz. Las grandes potencias, aunque rivales, aceptan reglas comunes del juego.
Fase 2: La Guerra Fría Reglamentada (1960-1989)
El multilateralismo opera bajo la lógica bipolar. Los conflictos regionales son administrados — no resueltos — a través de proxies. La ONU media donde EE.UU. y la URSS lo permiten. El sistema funciona como amortiguador, no como árbitro.
Fase 3: El Optimismo Unipolar (1990-2001)
Con el fin de la URSS, surge un breve momento de esperanza multilateral. La ONU interviene en Kuwait, Somalia, Bosnia, Kosovo. Se habla del «nuevo orden mundial». El Consejo de Seguridad funciona con relativa fluidez. Es el apogeo del multilateralismo moderno.
Fase 4: La Fractura (2001-2014)
El 11-S y la invasión de Iraq en 2003 sin aval de la ONU rompen el consenso multilateral. EE.UU. actúa unilateralmente; Rusia y China endurecen su postura. El sistema multilateral empieza a funcionar de manera selectiva y fragmentada.
Fase 5: La Crisis Sistémica (2014-presente)
Anexión de Crimea, guerra en Siria, pandemia de COVID-19, invasión de Ucrania, Gaza. Las instituciones multilaterales son convocadas pero no pueden actuar con eficacia. El unilateralismo y el bilateralismo estratégico reemplazan a la cooperación genuina. El multilateralismo sobrevive en forma, pero no en fondo.
Implicaciones Regionales: Un Incendio con Vecinos Peligrosos
El conflicto entre Pakistán y Afganistán no ocurre en el vacío. Está rodeado de vecinos con intereses propios, capacidades militares significativas y memorias históricas de intervención. La posibilidad de regionalización del conflicto es real y preocupante.
India: Oportunidad Estratégica
India y Pakistán son rivales históricos con dos guerras convencionales y múltiples crisis armadas en su historia. Un Pakistán debilitado y distraído en su frontera occidental representa, desde la perspectiva estratégica india, una reducción de presión en Kashmir. Nueva Delhi observará el conflicto con atención y sin apresurarse a mediar — aunque tampoco querrá un colapso total de Pakistán, que podría desestabilizar toda la región y generar flujos masivos de refugiados y armas.
Irán: Frontera Compartida con Afganistán
Irán comparte una frontera de 921 km con Afganistán y tiene intereses directos en la protección de la minoría chií Hazara, históricamente perseguida por el talibán. Teherán mantiene relaciones ambiguas con el régimen de Kabul — ni aliados ni enemigos formales. Un conflicto que desestabilice Afganistán aumentaría la presión migratoria sobre Irán, que ya alberga más de tres millones de refugiados afganos.
Asia Central: El Derrame al Norte
Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán comparten frontera con Afganistán. Estos países, en la órbita de influencia rusa y con intereses chinos crecientes, temen el derrame del conflicto en forma de grupos yihadistas que crucen hacia su territorio. La Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), que incluye a Rusia, China, Pakistán e India, podría activarse como mecanismo de contención.
El Riesgo Nuclear: El Elefante en el Cuarto
Pakistán: La Potencia Nuclear en Crisis
Pakistán posee entre 160 y 170 ojivas nucleares, según estimaciones del Bulletin of the Atomic Scientists. Es la sexta potencia nuclear del mundo y la única con mayoría de población musulmana.
Un Estado pakistaní en guerra, con crisis política interna, presión económica extrema y conflicto armado activo en dos frentes — el occidental con Afganistán y la tensión permanente con India en el este — plantea preguntas sobre la seguridad de su arsenal nuclear que ninguna potencia mundial puede ignorar.
La comunidad internacional, y en particular EE.UU. y China, tienen un interés compartido — quizás el único — en garantizar que el conflicto no escale hasta niveles donde el arsenal nuclear de Pakistán entre en el cálculo estratégico.
¿Qué tan realista es el riesgo?
Los analistas de seguridad son cuidadosos en no exagerar el riesgo nuclear inmediato. Pakistán tiene protocolos de control y uso del arsenal relativamente robustos, y el ejército pakistaní — el verdadero poder detrás del Estado — tiene incentivos institucionales fuertes para mantener el control.
Sin embargo, los escenarios de preocupación son reales:
- Inestabilidad política extrema que fragmente las cadenas de mando
- Grupos no estatales que logren acceso a material nuclear
- Una escalada con India que haga que Pakistán perciba una amenaza existencial
- Desvío de tecnología o material en un contexto de caos institucional
Ninguno de estos escenarios es inminente, pero todos son suficientemente plausibles para que el conflicto actual genere alarma entre las agencias de inteligencia occidentales.
Escenarios Posibles: ¿Hacia Dónde Va Este Conflicto?
Ante la complejidad de actores, intereses e incentivos en juego, existen al menos tres escenarios probables para la evolución del conflicto en el corto y mediano plazo.
Escenario 1: Contención y Negociación Forzada
Presión combinada de China y EE.UU. obliga a ambas partes a un cese al fuego informal. Pakistán suspende operaciones militares a cambio de compromisos talibanes de limitar al TTP. El conflicto no se resuelve, pero se congela. Es el escenario más probable en el corto plazo — pero frágil y reversible.
Probabilidad estimada: Alta en el corto plazo (3-6 meses).
Escenario 2: Escalada Prolongada con Guerrilla
El talibán responde a los ataques pakistaníes facilitando operaciones del TTP en territorio pakistaní. Pakistán ejecuta operaciones terrestres limitadas en zonas fronterizas. El conflicto se convierte en una guerra de baja intensidad pero sostenida, con ataques terroristas en ciudades pakistaníes y bombardeos periódicos en Afganistán. La economía pakistaní se deteriora aún más.
Probabilidad estimada: Media-alta si el escenario 1 falla.
Escenario 3: Crisis de Estado en Pakistán
Un conflicto prolongado agrava la ya crítica situación económica pakistaní (inflación superior al 20%, reservas escasas, deuda externa masiva). La inestabilidad política interna — con el expresidente Imran Khan preso y una sociedad profundamente dividida — se combina con el estrés bélico para generar una crisis de gobernabilidad severa. Este escenario tendría implicaciones globales por el arsenal nuclear del país.
Probabilidad estimada: Baja-media en el mediano plazo, pero con consecuencias catastróficas si ocurre.
Conclusión: Un Mundo sin Árbitro
El conflicto entre Pakistán y Afganistán es, en última instancia, un espejo de la condición del mundo en 2025: múltiples guerras simultáneas, instituciones internacionales incapaces de arbitrar con eficacia, grandes potencias enfocadas en sus propias agendas, y regiones enteras abandonadas a resolver sus disputas por la vía armada.
El multilateralismo necesita reinventarse
Las instituciones del siglo XX no son suficientes para gestionar los conflictos del siglo XXI. El Consejo de Seguridad requiere una reforma estructural urgente — aunque políticamente casi imposible — que limite el abuso del veto en situaciones de crisis humanitaria o bélica.
Las potencias regionales deben asumir mayor responsabilidad
En ausencia de liderazgo global efectivo, actores como China, India, Turquía y los países del Golfo deben asumir roles de mediación regional que históricamente delegaban a la ONU o a occidente. La multipolaridad real exige responsabilidades reales.
La fatiga de conflictos tiene un costo civilizatorio
Cada guerra que el mundo acepta como «inevitable» o «lejana» erosiona el umbral de tolerancia colectiva hacia la violencia. La normalización de múltiples conflictos simultáneos es en sí misma un síntoma de crisis civilizatoria que requiere atención urgente de la opinión pública global, incluyendo la mexicana y latinoamericana.
El mundo lleva décadas guardando el multilateralismo en el cajón. El costo de ese cajón cerrado lo pagan, como siempre, los pueblos más vulnerables.
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