Por: José Ángel ViGo

El mito vende más que el menú: ¿qué buscamos realmente al viajar para comer?
Viajar para comer parece, a primera vista, un pequeño acto sencillo; desplazarse a otro lugar para probar un platillo distinto y fin de la historia.
Sin embargo, cuando observamos con atención y perspicacia descubrimos que muchas veces el viaje gastronómico no se mueve solamente por el sabor, sino por algo más poderoso ‘el mito que rodea a la comida’.
Turismo gastronómico: En el, los platillos no solo entran por la boca, pues de igual forma ingresar de forma narrativa, cada uno llega a los comensales acompañado de historias, leyendas, tradiciones o supuestos secretos culinarios que lo vuelven irresistible y místico para quien lo visita. A veces el viajero no busca únicamente el mejor sabor, sino la experiencia de probar ‘el auténtico’, ‘el original’, ‘el más famoso’ o ‘el que todos dicen no puede faltar en tu lista de deseos, y tiene que degustarse al menos una vez en la vida.
Algunos ejemplos cercanos: En muchas ciudades del país existen tacos ‘legendarios’, panaderías ‘centenarias’, o fondas que aseguran conservar una receta intacta desde hace generaciones.
¿Siempre es verdad?: No necesariamente, pero lo interesante no es solo la veracidad del relato, es su capacidad para atraer viajeros, curiosos y comensales, y eso para mí es magia poética en movimiento.
El mito en gastronomía, funciona como un ingrediente invisible: No se sirve en platos o vasos, pero se vive en la experiencia; cuando un visitante llega a un lugar con la expectativa de probar ‘el chocolate mas deseado’, ‘la barbacoa más antigua’ o ‘la salsa secreta de la región’, su percepción cambia incluso antes del primer bocado.
Desde la perspectiva del turismo: Todo esto tiene una explicación clara; los viajeros no buscan únicamente alimentarse, igual buscan historias que contar o describir; el darse un ‘atascón’ con cierto platillo común puede ser agradable, pero comer el platillo que tiene una leyenda detrás se convierte en un recuerdo; el turismo en gran medida se construye precisamente a partir de recuerdos memorables.
¿La calidad culinaria sería irrelevante?: No, al contrario, el sabor sigue siendo fundamental. Sin embargo, la experiencia gastronómica contemporánea mezcla tres elementos indispensables: el gusto, el contexto cultural y la narrativa; dicho con otras palabras, el comensal moderno quiere comer bien, pero también quiere sentir que está participando en algo auténtico e irrepetible.
En muchos destinos del mundo, y también en México, los mercados, cocinas tradicionales y pequeños restaurantes se han convertido en escenarios donde se encuentran la historia, la identidad y el turismo.
Un platillo puede representar una comunidad, una forma de vivir o inclusive una memoria familiar transmitida de generación en generación, sin perder el hilo.
Por eso cuando viajamos para devorarnos al mundo gastronómico, tal vez no estamos buscando únicamente saciar el apetito voraz, buscamos sentirnos parte de una historia transcendental, aunque sea por un momento.
Queremos regresar a casa diciendo que probamos ‘el verdadero’, ‘el original’ o ‘el que solo se encuentra en ese rincón del mundo’.
Para finalizar quiero dejarles con una breve reflexión; el mito no reemplaza al menú, pero sí le hace compañía, y quizás ahí se encuentra el secreto del turismo gastronómico: ‘entender que la comida alimenta el cuerpo, pero las historias alimentan la memoria’, y al encontrarse en la mesa, el viaje se vuelve inolvidable; les deseo buenos días, buenas tardes, buenas noches y buen provecho.

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