Agencias
La Iglesia anglicana vivió un momento histórico con la entronización de Sarah Mullally como la primera mujer en asumir el cargo de arzobispa de Canterbury, uno de los puestos más influyentes dentro del cristianismo.
La ceremonia se llevó a cabo en la emblemática Catedral de Canterbury, considerada el corazón espiritual del anglicanismo. Durante el acto, Mullally, de 63 años, recibió el báculo arzobispal visiblemente emocionada, en un evento que destacó la creciente presencia de mujeres en altos cargos eclesiásticos.
El acto reunió a representantes de distintas religiones, incluidos credos cristianos, musulmanes e hindúes, reflejando el carácter global de esta comunión religiosa, que cuenta con más de 85 millones de fieles en el mundo.
La llegada de Mullally ocurre en un contexto complejo para la Iglesia, que enfrenta tanto el avance del laicismo como tensiones internas. En particular, sectores conservadores —principalmente en África— han manifestado su rechazo a reformas como la ordenación de mujeres y el matrimonio igualitario, lo que ha generado riesgos de división dentro de la institución.
A pesar de este escenario, en su primer sermón Mullally evitó temas polémicos y optó por un mensaje conciliador, con llamados generales a la paz en regiones en conflicto como Medio Oriente, Ucrania y Sudán, además de reconocer el dolor causado por errores dentro de la propia Iglesia.
Este nombramiento simboliza un cambio significativo en una institución históricamente dominada por hombres y marca un nuevo capítulo en la evolución del anglicanismo a nivel global.
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