Columna: El Rincón del Chef

Por: José Ángel ViGo

“Cuaresma con sabor a selva: gastronomía viva en Tabasco”

En Tabasco, la Semana Santa se vive en los templos y en el silencio de las procesiones, pero también en las cocinas.
Es una temporada donde la fe, la tradición y el territorio se encuentran en la mesa, dando paso a una gastronomía que no es casualidad, es simbólica.

México con su herencia católica.

Como en gran parte de México, esta época está marcada por la vigilia, una práctica heredada de la tradición católica que invita a evitar el consumo de carne roja y privilegiar otros ingredientes. Sin embargo, en Tabasco esta restricción no limita, más bien detona creatividad culinaria: el mar, ríos, lagunas y huertos se convierten en despensa viva.

Pescados como protagonistas.

Aquí, el pescado no es solo sustituto, es protagonista. Platillos como el pejelagarto en verde, el robalo a la tabasqueña o el tradicional mone de pescado, condensan la identidad de una región donde el agua define la cultura alimentaria, el agua es vital en su cocina.

Todo esto se trata de recetas que integran hierbas locales, como el chipilín o la hoja santa (momo), y técnicas heredadas de pueblos originarios (asados, al vapor, entre otros).

Otros productos de los ríos que no pasan desapercibidos.

Pero si hay un ingrediente que resume el espíritu de la temporada, es el “Xote”: un caracol de agua dulce que aparece con fuerza en estos días. Preparado en caldo, en verde o con pepitas, este molusco representa la conexión entre la cocina y los ciclos naturales, ya que su consumo se intensifica durante la primavera, coincidiendo con la Semana Santa; no es solo alimento, es herencia viva y recolectada de lagunas y ríos.

La gastronomía de Tabasco siendo historiadora de sus delicias.

La cocina tabasqueña, en este contexto, se vuelve narrativa. Cada platillo cuenta una historia: del río que provee, de la milpa que sostiene, de las manos que transmiten saberes. Ingredientes como el maíz, el cacao, el chile amashito o el plátano no son simples insumos, sino elementos identitarios que construyen una cocina con memoria, memoria la cual nos brinda orgullo y momentos inigualables.

Más allá del cumplimiento religioso.

La gastronomía de Semana Santa en Tabasco es una oportunidad para reconectar con lo local; es una cocina que enseña a mirar el entorno con respeto, a valorar la temporalidad y a entender que comer también es un acto cultural y de respeto.
Quizá por todo lo que acabamos de comprender que engloba, en estas fechas, el fogón tabasqueño no se apaga: evoluciona; es el mismo de siempre, pero con notas diferentes, cual canción de Chico che resonando al borde del caudal de nuestros ríos, cual poeta “Carlos Pellicer” enamorándose día a día de la tierra tuya y mía, cual golondrina volviendo a casa en cada puesta de sol, ¿cuál es tu motivo para llorar al son de “A Tabasco”, tocada a marimba y clarinete?, te apuesto un ‘chamchamito’ que no sabes cuáles motivos son.

El amor se siente en cada guiso, en cada caldo, en cada aroma; se confirma que la tradición no es estática, sino viva y profundamente deliciosa, como un beso sabor a horchata a la orilla de la catedral del señor de Tabasco; un fin de semana más les deseo buenos días, tardes, noches y por esta ocasión, ‘feliz semana santa’.

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