Columna: Prospectiva

Por: Emilio de Ygartua M.

¿Y cuál es la alternativa a la 4T?

Un análisis profundo de Jorge Zepeda Patterson publicado en El País — 15 de Abril 2026. México lleva casi una década bajo el proyecto de la Cuarta Transformación, una fuerza política que ha redefinido el contrato social entre el Estado y los ciudadanos más pobres, al tiempo que ha encendido debates apasionados sobre democracia, instituciones, desarrollo y poder. Hoy, en su segunda etapa bajo Claudia Sheinbaum, el movimiento enfrenta su prueba más difícil: demostrar que puede sostenerse, adaptarse y mantener su legitimidad sin depender por completo de su fundador.

Jorge Zepeda Patterson es uno de los columnistas políticos más respetados de México, con una trayectoria que combina el periodismo de investigación con el análisis político de largo aliento. Su artículo en El País no es un panfleto ni una defensa: es una radiografía honesta de un momento político crucial, escrita desde la convicción de que la democracia mexicana merece un debate de mayor calidad que el que hoy ofrecen tanto el oficialismo como la oposición.

El contexto: México en su segunda etapa transformadora

Una transición sin ruptura. La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia no representó un quiebre con el proyecto de Andrés Manuel López Obrador, sino su continuación bajo un estilo distinto: más técnico, más institucional y menos carismático, pero igualmente anclado en los principios fundacionales de la Cuarta Transformación. Su triunfo, además, llegó con la mayor votación en la historia de México, lo que le otorgó un mandato democrático sin precedentes y, al mismo tiempo, una enorme carga de expectativas sobre la capacidad de consolidar y profundizar ese proyecto.

Su perfil científico y su trayectoria como jefa de gobierno de la Ciudad de México la distinguen claramente de AMLO en las formas, aunque no en la sustancia ideológica. La transición, por lo demás, fue deliberadamente ordenada: López Obrador se retiró a Palenque y Sheinbaum tomó las riendas sin interferencias públicas visibles, una escena poco común en la política mexicana, donde la sucesión suele estar marcada por tensiones, rupturas o dobles comandos.

Un entorno más adverso. Esa continuidad, sin embargo, ocurre en un contexto mucho más exigente. A nivel internacional, México enfrenta tensiones arancelarias con la administración Trump, presiones sobre el nearshoring, volatilidad en el tipo de cambio y una economía global que ya no sopla a favor como en los primeros años de la 4T. El margen externo para crecer, atraer inversión y sostener expectativas es hoy más estrecho que antes.

En el frente interno, las presiones también se acumulan: finanzas públicas más ajustadas, Pemex como carga fiscal persistente y una deuda social histórica que exige más recursos cada año en seguridad, salud, infraestructura y programas sociales. La segunda etapa de la transformación no solo debe defender sus logros; también debe demostrar que puede gobernar con estabilidad en condiciones menos favorables y sin depender por completo del impulso político de su fundador.

La pregunta de fondo. Zepeda Patterson no formula una pregunta retórica ni defensiva. Su insistencia en ¿cuál es la alternativa real a la 4T? apunta al corazón de cualquier democracia madura: no basta con criticar, denunciar o enumerar errores; hay que poder responder con seriedad a una pregunta mucho más exigente; ¿qué harías tú en su lugar?

El columnista sabe que, sin una alternativa creíble, la 4T puede perpetuarse no solo por sus propios méritos, sino también por el vacío estratégico de sus adversarios. En política, la ausencia de una opción sólida suele ser tan decisiva como la fuerza del proyecto dominante, y esa es precisamente la debilidad que la oposición mexicana no ha logrado resolver.

El peso del contexto histórico. La persistencia de la 4T también se explica por la historia reciente de México. El país llegó a este ciclo después de décadas de promesas incumplidas del PRI y del PAN, de reformas estructurales que beneficiaron a pocos y de una clase política que fue perdiendo legitimidad ante los ojos de amplios sectores de la población.

Ese desgaste acumulado ayuda a entender por qué la 4T sigue siendo mayoritaria a pesar de sus contradicciones: no compite contra un ideal abstracto, sino contra una memoria colectiva marcada por decepciones. Por eso, mientras la oposición no ofrezca una visión de país convincente y socialmente amplia, la pregunta de Zepeda Patterson seguirá siendo incómoda, pertinente y políticamente decisiva.

Lo que sí logró la 4T: décadas de deuda social, parcialmente saldadas

Zepeda Patterson es categórico en reconocer lo que ningún análisis honesto puede ignorar: los gobiernos de AMLO y Sheinbaum han hecho algo que sus predecesores —del PRI y del PAN— no hicieron en décadas.

Transferencias directas a los más pobres. Los programas sociales de la 4T —Sembrando Vida, Becas Bienestar, Pensión para el Bienestar— representan la transferencia más sistemática de recursos públicos hacia los sectores históricamente excluidos. Sin intermediarios, sin clientelismo partidista tradicional, directo al bolsillo.

Aumento real del salario mínimo. Durante el gobierno de AMLO, el salario mínimo creció más del 100% en términos reales, algo sin precedente en la historia moderna de México. Esto no fue simbólico: redujo la brecha de desigualdad y fortaleció el consumo interno de los trabajadores de menores ingresos.

Reducción histórica de la pobreza extrema. Según cifras del CONEVAL, durante el sexenio de AMLO la pobreza extrema se redujo de manera significativa. No se eliminó, pero se atendió con una escala y velocidad que los gobiernos anteriores nunca alcanzaron, a pesar de mejores condiciones económicas globales.

Las fallas estructurales que la 4T no ha resuelto. El análisis de Zepeda Patterson no es complaciente. Con la misma claridad con que reconoce los logros, señala las zonas oscuras del proyecto transformador —aquellas que ningún discurso oficial puede ocultar indefinidamente.

Seguridad pública: la gran asignatura pendiente. La estrategia de «abrazos, no balazos» fue más un eslogan que una política. México cerró el sexenio de AMLO como uno de los países más violentos del mundo, con decenas de miles de homicidios anuales y un crimen organizado que en muchas regiones opera con mayor poder que el Estado. Sheinbaum ha intentado corregir el rumbo, pero la violencia sigue siendo la herida más profunda del país.

Debilitamiento institucional y concentración del poder. La 4T llegó con la promesa de democratizar México, pero la reforma judicial, la militarización de la seguridad y la marginación de órganos autónomos generaron un debate legítimo sobre el debilitamiento de los contrapesos institucionales. La concentración del poder en el Ejecutivo es una señal de alerta que analistas de todos los espectros políticos han señalado con preocupación.

Inversión pública y crecimiento económico insuficientes. A pesar del dinamismo del mercado interno, el crecimiento económico del país ha sido modesto. La inversión en infraestructura productiva —más allá de los proyectos emblemáticos del gobierno— no ha sido suficiente para generar los empleos formales y de calidad que México necesita para sostener el bienestar a largo plazo.

Dependencia del liderazgo carismático. Gran parte del éxito político de la 4T descansó en la figura personal de AMLO. El reto de Sheinbaum es demostrar que el proyecto puede institucionalizarse y sobrevivir sin ese magnetismo particular —una prueba que aún está en curso.

Sheinbaum: ¿continuidad o renovación?

Lo que la diferencia de AMLO. Zepeda Patterson identifica en Sheinbaum un perfil que, aunque ideológicamente afín a su antecesor, marca diferencias sustantivas. Científica de formación, su aproximación a los problemas públicos tiende a ser más técnica y menos confrontacional. Ha moderado el discurso polarizante, ha buscado ciertos acercamientos con el sector privado y ha dado señales de querer construir sobre bases más institucionales.

Su manejo de la relación con Estados Unidos —especialmente en el contexto de tensiones arancelarias— ha sido más pragmático y menos reactivo que el de su predecesor, lo cual ha sido reconocido incluso por críticos del proyecto de la 4T.

Los límites de su margen de maniobra. Sin embargo, el analista es claro: Sheinbaum no puede ni quiere desvincularse del proyecto lopezobradorista. Su legitimidad política y su base electoral están construidas sobre ese fundamento. Cualquier distancia excesiva de los principios de la 4T sería leída como traición por su coalición de apoyo.

Eso genera una tensión inevitable: cómo modernizar y corregir el proyecto sin deslegitimarlo. Cómo atender las críticas sin validar a quienes quieren simplemente regresar al modelo neoliberal previo. Es el equilibrio más difícil que enfrenta su gobierno en esta segunda etapa transformadora.

La visión económica: mercado interno como eje estratégico

Uno de los argumentos más sólidos de Zepeda Patterson a favor de la orientación de la 4T es precisamente su apuesta por el fortalecimiento del mercado interno como motor del desarrollo. Esta visión representa una ruptura ideológica con el modelo predominante de las últimas tres décadas.

Modelo neoliberal (1985–2018) Exportaciones y manufactura para el mercado externo. Salarios bajos como «ventaja competitiva». Austeridad fiscal. Privatizaciones. Desregulación. Crecimiento para los de arriba con esperanza de derrame que nunca llegó de manera suficiente.

Modelo 4T (2018–presente). Transferencias directas que activan el consumo popular. Alza salarial sostenida. Inversión pública en regiones históricamente marginadas. Fortalecimiento del poder adquisitivo de la base de la pirámide como palanca de crecimiento endógeno.

El reto hacia adelante. Sostener esta estrategia requiere finanzas públicas sanas, inversión privada nacional y extranjera, y una reducción real de la violencia que inhibe el crecimiento en amplias regiones del país. La visión es correcta; la ejecución aún tiene brechas importantes.

La oposición: crítica sin proyecto, diagnóstico sin alternativa

Este es, para Zepeda Patterson, el punto central de su artículo. Y el más incómodo para quienes se oponen a la 4T.

El problema de fondo: ¿qué proponen? La oposición mexicana —encabezada por el PAN, el PRI, el PRD y Movimiento Ciudadano— ha sido eficaz en identificar los errores del gobierno: la violencia sin control, el debilitamiento institucional, los excesos en el gasto de ciertos proyectos emblemáticos, la concentración del poder. Todo eso es real y debe señalarse.

Pero señalar errores no es gobernar. La pregunta que Zepeda Patterson plantea con precisión quirúrgica es: ¿qué haría la oposición diferente con los programas sociales? ¿Qué harían con el salario mínimo? ¿Cuál sería su política hacia los más pobres? En esas preguntas, señala, “el silencio es ensordecedor”.

El riesgo de la nostalgia tecnocrática. Gran parte de la oposición intelectual y política parece añorar el modelo de los años noventa y dos mil: el México del TLCAN, del Banco de México autónomo, de las reformas estructurales del Pacto por México. Ese modelo generó crecimiento macroeconómico, sí. Pero también generó décadas de salarios estancados, informalidad crónica y una pobreza que se resistía a ceder.

Volver a ese modelo, sin correcciones sustanciales en su componente distributivo, no es una alternativa creíble para los millones de mexicanos que por primera vez recibieron atención directa del Estado. La oposición necesita una propuesta que reconozca esa realidad, no que la ignore.

Lo que una alternativa real a la 4T tendría que ofrecer. Zepeda Patterson no escribe un manifiesto opositor, pero su análisis implica con claridad qué condiciones mínimas debería cumplir cualquier proyecto político que aspire a ser una alternativa legítima y no solo una reacción.

Defensa genuina de las instituciones. No solo como argumento retórico contra la 4T, sino como compromiso real: autonomía del poder judicial, organismos reguladores independientes, libertad de prensa efectiva, y rendición de cuentas sin excepciones para propios y extraños. La oposición debe demostrar que sus defensas institucionales no son selectivas.

Continuidad del piso social conquistado. Cualquier alternativa viable debe comprometerse a mantener —y mejorar— los programas de transferencias directas, el salario mínimo digno y la atención a los más pobres. Proponer desmantelar esos avances sería un suicidio político y, más importante, una injusticia social.

Una estrategia de seguridad creíble. El fracaso más visible de la 4T está en la seguridad pública. Una alternativa que proponga una estrategia integral —con enfoque de derechos, coordinación institucional y resultados medibles— tiene aquí su mayor área de oportunidad para diferenciarse con credibilidad.

Un modelo de crecimiento con inclusión. No el neoliberalismo de los noventa, pero tampoco el estatismo sin eficiencia. Una propuesta que combine inversión privada, innovación, competitividad y distribución justa de la riqueza. Que reconozca que el mercado y el Estado no son enemigos sino socios necesarios para el desarrollo.

Los retos de la segunda etapa de la 4T. Para Zepeda Patterson, la pregunta no es solo qué ha hecho la 4T, sino si puede sostenerse y profundizarse en condiciones más difíciles. La segunda etapa de la Transformación enfrenta retos que el carisma de AMLO ya no puede resolver. A diferencia de la primera fase, que estuvo impulsada por una figura política excepcional y por una narrativa capaz de ordenar el debate público, la siguiente etapa depende menos del magnetismo personal y más de la capacidad de gobierno. El contexto también es menos favorable: hay menor margen fiscal, un entorno económico internacional más incierto, presiones acumuladas en seguridad y una ciudadanía que ya no evalúa promesas, sino resultados concretos y sostenibles.

¿Qué implica cada reto?

Sostener el gasto social. La expansión del gasto social ha sido uno de los sellos más visibles de la 4T, pero mantenerlo exige algo más que voluntad política. El desafío es equilibrar finanzas públicas sanas con una demanda creciente de programas sociales, en un país con baja recaudación, presiones presupuestales persistentes y una dependencia todavía importante de los ingresos petroleros. Si el proyecto quiere preservar su legitimidad, tendrá que demostrar que puede financiar la inclusión sin comprometer la estabilidad macroeconómica.

Reducir la violencia. La seguridad sigue siendo el punto más frágil del gobierno. En varias regiones, el crimen organizado funciona como un poder paralelo que regula territorios, impone reglas y condiciona la vida cotidiana. Por eso, el problema no se resuelve solo con despliegue policial o militar: requiere una estrategia integral que combine fuerza legítima del Estado, prevención del delito, reconstrucción del tejido social y presencia institucional sostenida. Sin resultados visibles en este frente, cualquier otro avance queda expuesto.

Atraer inversión. El nearshoring abre una oportunidad histórica para convertir a México en un destino privilegiado de relocalización productiva, pero esa ventana puede cerrarse rápido si no hay certeza jurídica, infraestructura suficiente y condiciones básicas de seguridad. La relación con el sector privado, tanto nacional como internacional, será decisiva para transformar el entusiasmo en inversión real, empleo y capacidad productiva. No basta con que México sea atractivo por su ubicación: necesita ser confiable para producir a largo plazo.

Institucionalizar el proyecto. La gran prueba política de esta etapa es construir una 4T sin depender por completo de AMLO. Eso implica crear estructuras, rutinas y reglas que sobrevivan al liderazgo personal y eviten que el proyecto quede atado a una sola figura. Mientras el movimiento siga descansando en la autoridad simbólica de su fundador, el riesgo de fragmentación seguirá presente. Institucionalizar no significa abandonar la identidad política del proyecto, sino darle continuidad más allá de la excepcionalidad del liderazgo que lo hizo posible.

Cada uno de estos retos es, en sí mismo, una prueba de que gobernar un país como México requiere mucho más que buenas intenciones o narrativas transformadoras. Requiere capacidad institucional, coordinación entre poderes, y la voluntad política de reconocer cuando algo no funciona y corregirlo.

Sheinbaum ha demostrado más disposición a esa corrección que su antecesor, pero eso no elimina la dificultad de fondo: la 4T entra en una fase donde ya no basta con administrar la herencia política del momento fundacional, sino que hay que convertirla en un orden durable. Ahí aparece la paradoja central del proyecto: su mayor logro ha sido mover al Estado hacia los más pobres y hacer de la política social un eje de legitimidad; su mayor riesgo es que ese avance dependa de condiciones políticas y económicas que pueden cambiar con rapidez.

Sheinbaum tiene la oportunidad histórica de institucionalizar lo que AMLO personalizó, pero hacerlo exigirá una madurez política que todavía está por demostrarse plenamente, porque la verdadera prueba no es repetir el relato original, sino construir algo que pueda sobrevivirlo.

Visión Prospectiva: la pregunta sigue en pie

Lo que Zepeda Patterson concluye. El columnista cierra su análisis con una postura clara y matizada al mismo tiempo: la 4T, con todos sus defectos, ha logrado algo que sus antecesores no: poner al Estado mexicano del lado de los que menos tienen, de una manera sistemática y con resultados medibles en bienestar. Eso no se puede ignorar ni descalificar.

Al mismo tiempo, la concentración del poder, el debilitamiento institucional y el fracaso en seguridad son problemas reales que el gobierno debe enfrentar con honestidad. La autocrítica no es debilidad; es un requisito de cualquier proyecto político maduro.

Y a la oposición le dice algo aún más directo: criticar no basta. Gobernar exige proponer. Mientras no tengan una respuesta clara a qué harían diferente con los pobres de México, su alternativa será solo una promesa vacía.

El debate que México necesita. A mi juicio, el artículo de Zepeda Patterson es, en el fondo, un llamado a elevar la calidad del debate político en México. Un llamado a que la 4T reconozca sus errores con la misma energía con que celebra sus logros. Y un llamado a la oposición para que deje de ser solo el partido del «no» y se convierta en una alternativa con visión, propuesta y credibilidad.

Coincido en este planteamiento. México merece ese debate. Sus ciudadanos, especialmente los más vulnerables que por primera vez tuvieron un Estado que los miró, merecen que cualquier proyecto que aspire a gobernarlos los tenga en el centro, no como votos que capturar, sino como personas cuyo bienestar es el fin último de la política.

La pregunta «¿y cuál es la alternativa?» no es un escudo para defender lo indefendible; es el estándar mínimo que toda democracia le exige a quienes aspiran al poder.

“No le tengo miedo a Trump y seguiré hablando contra la guerra”: León XIV

El Papa León XIV respondió con firmeza al presidente de Estados Unidos. Una declaración histórica que marca un nuevo capítulo en las relaciones entre el Vaticano y Washington. El primer pontífice de perfil abiertamente diplomático y combativo frente a los conflictos contemporáneos, ha construido su liderazgo sobre un mensaje de paz, diálogo y defensa de los más vulnerables. Su voz, en este contexto, adquiere un peso especial no solo dentro de la Iglesia católica, sino también en el escenario internacional.

La contundencia de sus palabras resulta histórica porque rompe con la cautela habitual de la Santa Sede ante los presidentes estadounidenses. Al señalar directamente a Donald Trump y reafirmar que seguirá denunciando la guerra, el Papa sitúa el discurso moral del Vaticano por encima de cualquier cálculo político, reforzando su papel como conciencia ética global.

Para las relaciones entre el Vaticano y Washington, el mensaje abre una etapa de tensión, pero también de definición. Mientras la administración estadounidense insiste en una agenda de fuerza y confrontación, León XIV deja claro que la diplomacia vaticana no renunciará a cuestionar la violencia, incluso cuando eso implique incomodar a la Casa Blanca.

El contexto: tensión entre el Vaticano y la Casa Blanca

Un pontificado bajo presión. Desde su elección, el Papa León XIV ha adoptado una postura pública y decidida frente a los conflictos armados que sacuden el mundo. Sus homilías, discursos y comunicados han sido claros y consistentes: la guerra es un fracaso de la humanidad y la Iglesia no puede guardar silencio ante ella.

Esta posición ha generado tensiones con varios gobiernos, pero ninguna tan visible como la que se ha desarrollado con la administración del presidente Donald Trump, quien ha respondido con señalamientos directos al Pontífice.

¿Qué dijo Trump? En declaraciones recientes, el presidente estadounidense Donald Trump habría señalado al Papa León XIV de manera crítica, cuestionando sus posturas sobre política internacional y su posición en contra de ciertos conflictos armados en los que Estados Unidos tiene intereses directos. “Que deje de defender a los radicales de izquierda”, planteó el presidente de los Estados Unidos.

Una respuesta contundente

Las palabras exactas del Papa León XIV: “No le tengo miedo a Trump y seguiré hablando sobre la guerra y en contra de ella.” Esta declaración, recogida por El País el 13 de abril de 2026, sintetiza la postura del Pontífice ante las presiones externas que buscan acallar la voz moral de la Santa Sede. León XIV reafirma así su rol como líder espiritual independiente de cualquier poder político o económico, sin importar el tamaño o la influencia de quien lo interpele.

La Iglesia Católica tiene una larga tradición de intervenir en los debates sobre paz y guerra a nivel global, y con estas palabras, el Papa deja claro que esa tradición no se interrumpirá durante su pontificado, independientemente de las consecuencias diplomáticas que ello pueda acarrear.

Postura firme del Papa León XIV

Un papado de ruptura y continuidad. El Papa León XIV representa una nueva generación de liderazgo dentro de la Iglesia Católica. Elegido en un cónclave marcado por la urgencia de responder a los desafíos del mundo contemporáneo, su pontificado ha estado caracterizado desde el inicio por una voluntad de diálogo abierto y, al mismo tiempo, por una valentía poco común para confrontar a los poderosos.

A diferencia de algunos de sus predecesores, León XIV no ha eludido el debate político internacional. Ha hablado con claridad sobre la guerra en Ucrania, los conflictos en Oriente Medio y las tensiones geopolíticas que amenazan la estabilidad global, colocando siempre la vida humana y la paz por encima de cualquier interés estratégico o económico.

La paz como eje del pontificado. Desde el inicio de su papado, León XIV ha convertido la paz en el eje central de su magisterio. Sus viajes apostólicos, sus audiencias y sus mensajes han girado de manera consistente en torno a la necesidad de detener los conflictos armados, proteger a los civiles y promover el diálogo entre naciones.

Esta postura no es nueva en la historia reciente de la Iglesia: Juan Pablo II se opuso a la Guerra de Irak; Benedicto XVI habló de la barbarie de la guerra moderna y Francisco clamó repetidamente por la paz en Ucrania y Gaza. León XIV continúa y profundiza esa línea, pero con un estilo más directo y confrontacional cuando la situación lo requiere.

La tradición vaticana de hablar sobre la guerra

Pío XII (1939–1958) Su relación con la Segunda Guerra Mundial generó debates históricos sobre el silencio y la diplomacia como herramientas de protección.

Juan XXIII (1963). Publicó Pacem in Terris, una encíclica revolucionaria que abordó la paz mundial en plena Guerra Fría y fue dirigida a «todos los hombres de buena voluntad».

Juan Pablo II (2003) Se opuso abiertamente a la invasión de Irak encabezada por Estados Unidos, enviando mediadores y haciendo llamamientos públicos a la paz.

Francisco (2022–2024) Condenó la guerra en Ucrania y el conflicto en Gaza de manera reiterada, generando tanto aplausos como críticas de distintos actores internacionales.

León XIV (2026) Responde directamente al presidente Trump: «No le tengo miedo y seguiré hablando contra la guerra». Una declaración que sitúa al Vaticano en el centro del debate geopolítico actual.

A lo largo de la historia contemporánea, el Vaticano ha demostrado que su voz moral trasciende fronteras y generaciones. La declaración de León XIV no es un hecho aislado, sino el último capítulo de una larga tradición de intervención pacifista de la Santa Sede en los asuntos más urgentes del mundo.

La postura del Papa: ¿Por qué importa?

Autoridad moral global. El Papa es líder espiritual de más de 1,400 millones de católicos en el mundo. Su voz tiene un peso simbólico y político que ningún otro líder religioso posee en la misma escala. Cuando habla sobre la guerra, el mundo escucha, incluso quienes no comparten su fe.

Independencia institucional. El Estado de la Ciudad del Vaticano es un actor internacional soberano. No depende de ningún gobierno, no recibe financiamiento estatal y no tiene ejército que defender. Esa independencia le otorga una libertad de expresión que muy pocos líderes mundiales poseen realmente.

Diplomacia paralela. La Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas con la mayoría de los países del mundo y actúa frecuentemente como mediadora en conflictos. Sus declaraciones públicas son también mensajes diplomáticos codificados que los gobiernos leen con atención en sus cancillerías.

El factor Trump. Que el Papa mencione explícitamente al presidente de la primera potencia mundial por su nombre es un hecho extraordinariamente inusual. Subraya la gravedad de la situación y la determinación de León XIV de no ceder ante ninguna presión, venga de donde venga. “El mundo está hoy gobernado por autócratas”

Reacciones internacionales ante la declaración papal

En el mundo católico. La respuesta dentro de la propia Iglesia Católica ha sido mayoritariamente de apoyo. Obispos, cardenales y conferencias episcopales de América Latina, Europa y África han respaldado las palabras del Papa, destacando que la Iglesia tiene el deber moral de pronunciarse contra la violencia armada, independientemente de quién sea el interlocutor al otro lado del debate.

Georgia Melani. Presidenta del Consejo de Ministros de Italia fue contundente contra los señalamientos de Donald Trump, lo que provocó que el mandatario estadoinidense señalara que “la cosideraba más valiente”, lo que evidenció su enojo.

En países con fuerte tradición católica como México, Brasil, Polonia, Italia y Filipinas, la declaración de León XIV fue recibida con entusiasmo y generó amplia cobertura mediática. Muchos fieles expresaron su orgullo ante la valentía del Pontífice en las redes sociales.

En la comunidad internacional. Organizaciones de derechos humanos, movimientos pacifistas y líderes de otras confesiones religiosas aplaudieron la firmeza del Papa. La ONU emitió un comunicado en el que valoró “el papel constructivo de la Santa Sede en la promoción del diálogo y la paz internacional”.

Reacciones críticas. No todos recibieron las palabras del Papa con agrado. Sectores conservadores cercanos a la administración Trump en Estados Unidos criticaron la intervención del Vaticano en asuntos que consideran de política exterior estadounidense. Algunos comentaristas de medios afines al presidente calificaron la declaración como una “injerencia inaceptable”. No olvidemos que la grey cristiana evangélica tiene hoy una marcada presencia e infleuncia en la administración republicana.

Desde Washington, la Casa Blanca no emitió una respuesta oficial inmediata, aunque fuentes cercanas al gobierno señalaron que el presidente Trump habría expresado en privado su molestia ante las declaraciones del Pontífice.

Un debate que continuará. La tensión entre el Vaticano y la administración Trump no parece destinada a resolverse pronto. Ambas instituciones sostienen posiciones firmes sobre política exterior, el papel de Estados Unidos en los conflictos globales y la legitimidad de intervenir —o no— en guerras lejanas. El escenario apunta a que este intercambio es el inicio de un largo debate, no su conclusión.

Las guerras en el centro del debate: ¿De qué conflictos habla el Papa?

Ucrania y Rusia. La invasión rusa de febrero de 2022 sigue siendo una de las guerras más devastadoras en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Sus efectos humanitarios se miden en ciudades destruidas, familias separadas, millones de desplazados y una infraestructura civil sometida a ataques continuos. La Santa Sede ha insistido en que el drama no puede reducirse a una disputa geopolítica: detrás de cada avance militar hay una población atrapada entre la incertidumbre, el miedo y la pérdida.

En ese contexto, el Vaticano ha intentado abrir canales de mediación y ha promovido llamados al diálogo a través de distintas instancias diplomáticas. También ha pedido gestos concretos que permitan acercar posiciones, como intercambios humanitarios, protección de civiles y pausas que hagan posible la asistencia a las zonas más afectadas. Aunque esos esfuerzos no han quebrado el bloqueo diplomático, han mantenido viva la idea de que la negociación sigue siendo la única salida sostenible.

León XIV ha sido particularmente claro al condenar los bombardeos sobre la población civil y al reclamar un alto el fuego que no deje a Ucrania atrapada en una guerra de desgaste. Sus declaraciones insisten en que la violencia contra escuelas, hospitales o barrios residenciales no puede normalizarse ni presentarse como un daño colateral inevitable. Para el Pontífice, la defensa de la dignidad humana exige rechazar toda lógica que convierta a los inocentes en objetivo.

La guerra, además, sigue encallada en un equilibrio internacional extremadamente rígido, marcado por la tensión entre la OTAN y Rusia y por la falta de confianza entre los actores implicados. Ese estancamiento hace que cada propuesta de negociación tropiece con sospechas mutuas, cálculos militares y un escenario regional cada vez más militarizado. En medio de ese impasse, el Vaticano insiste en que la paz no puede esperar a una victoria total de una de las partes.

Oriente Medio. El conflicto entre Israel y Gaza ocupa un lugar central en el discurso del Papa porque refleja, con especial crudeza, el costo humano de la guerra urbana. La crisis humanitaria en la Franja se ha agravado por la destrucción de viviendas, hospitales y redes básicas de abastecimiento, mientras la población civil soporta una escasez prolongada de alimentos, agua, medicinas y refugio. La Santa Sede ha advertido que ninguna respuesta militar puede justificar el colapso de las condiciones mínimas para la vida.

En sus llamados, el Vaticano ha reclamado acceso humanitario sin restricciones y la apertura de corredores seguros que permitan llegar a quienes están atrapados en zonas de combate. La insistencia no es solo diplomática, sino moral: proteger a los civiles, facilitar la atención médica y sostener a las familias desplazadas son, para la Iglesia, obligaciones urgentes frente a una emergencia que no admite demoras. León XIV ha pedido repetidamente que las armas cedan espacio a la asistencia y a la negociación.

Irán.El Pontífice también ha criticado los ataques contra Irán y sus consecuencias regionales, subrayando que una escalada de ese tipo multiplica la inestabilidad en todo Oriente Medio. El cierre del estrecho de Ormuz, o la sola amenaza de una interrupción en esa ruta, puede tener efectos económicos de gran alcance sobre el comercio internacional y el precio de la energía. A ello se suman nuevas víctimas civiles, más temor en la población y un horizonte de represalias que alimenta un ciclo difícil de detener.

León XIV ha sido específico al condenar estas acciones militares porque, a su juicio, profundizan un conflicto ya marcado por un sufrimiento excesivo y por una peligrosa expansión de sus efectos fuera de la zona de combate. Su mensaje es que la seguridad no se construye mediante ataques sucesivos, sino mediante garantías para la población, respeto al derecho internacional y una arquitectura de paz capaz de impedir que la región siga deslizándose hacia una guerra más amplia.

Otros focos de tensión. León XIV también habla de las guerras olvidadas de África subsahariana, donde la violencia se ha cronificado en países como Sudán y en varias zonas del Sahel. Allí, los combates entre facciones armadas, el colapso de instituciones estatales y la expansión de grupos insurgentes han generado crisis humanitarias de enorme magnitud. Miles de personas huyen de sus hogares, mientras los campamentos de desplazados se convierten en espacios de precariedad extrema y dependencia total de la ayuda exterior.

En esos escenarios, la preocupación del Papa incluye tanto la violencia directa como la desestructuración social que deja a comunidades enteras sin acceso estable a alimentos, educación o atención sanitaria. La Iglesia insiste en que estos conflictos suelen quedar fuera de la atención internacional hasta que la emergencia se vuelve imposible de ignorar. Por eso su discurso busca devolver visibilidad a guerras que, aunque menos presentes en la agenda mediática, afectan de forma profunda a millones de personas.

Su mirada también se extiende a las tensiones en el mar de China Meridional, donde los roces territoriales y la militarización de rutas estratégicas mantienen abierta una fuente constante de incertidumbre. Aunque no siempre derivan en enfrentamientos abiertos, esas disputas elevan el riesgo de incidentes y consolidan una lógica de presión permanente entre potencias y países vecinos. Para la Santa Sede, cualquier conflicto que amenace la estabilidad regional tiene consecuencias humanas que van más allá del mapa diplomático.

En todos estos casos, León XIV insiste en una visión global de la paz como un derecho universal, no como un privilegio reservado a quienes viven lejos de la guerra. Su mensaje es que ningún pueblo debería aceptar el desplazamiento forzado, la devastación o el miedo como parte normal de la vida. Desde esa perspectiva, la Iglesia presenta la paz no como una aspiración abstracta, sino como una responsabilidad común que debe proteger a las víctimas, desarmar la retórica bélica y situar la dignidad humana por encima de cualquier cálculo de poder.

El Vaticano frente a Washington: una relación compleja

Historia de una relación singular. Las relaciones entre Estados Unidos y la Santa Sede tienen una larga y compleja historia. Durante décadas, ambas instituciones han compartido intereses en la lucha contra el comunismo, la defensa de la libertad religiosa y la promoción del desarrollo humano. Sin embargo, las diferencias de fondo sobre la guerra, el armamentismo y la política exterior han generado fricciones recurrentes, especialmente cuando el gobierno estadounidense ha optado por la vía militar.

Con la administración Trump, las tensiones han adquirido una dimensión nueva. El estilo confrontacional del presidente, su retórica nacionalista y su distancia respecto a los organismos multilaterales chocan frontalmente con la visión universalista y pacifista que caracteriza al pontificado de León XIV.

¿Ruptura diplomática o tensión manejable?. Los analistas consultados por El País coinciden en que, pese a la dureza de las palabras cruzadas, una ruptura diplomática entre Washington y el Vaticano es altamente improbable. Ambas partes tienen demasiado que perder. Estados Unidos valora el acceso a la red global de influencia católica, especialmente en América Latina y África, mientras que el Vaticano mantiene interés en preservar sus canales de comunicación con la primera potencia mundial.

Lo más probable, según los expertos, es que esta tensión se gestione en la sombra diplomática, mientras en público cada parte mantiene su postura sin ceder un milímetro.

Visión Prospectiva: Una voz que no calla

La declaración del Papa León XIV ante los señalamientos del presidente Donald Trump marca un momento singular en la historia de las relaciones entre el poder espiritual y el poder político en el siglo XXI. En un mundo donde las voces críticas son frecuentemente silenciadas por la presión de los poderosos, el Pontífice ha elegido el camino contrario: hablar más alto, hablar más claro y sin miedo.

Su postura no es solo una declaración personal. Es el reflejo de una institución milenaria que ha aprendido, a veces con errores y demoras, que el silencio cómplice tiene un precio moral que la Iglesia no está dispuesta a pagar. León XIV, al igual que sus predecesores más valientes, entiende que la credibilidad del Papado se construye en los momentos difíciles, cuando callar sería lo más cómodo.

La paz no es negociable. El Papa ha dejado claro que su compromiso con la paz trasciende cualquier consideración política o diplomática. Ningún presidente, ningún gobierno y ninguna presión externa cambiará esa prioridad.

El Vaticano como actor global. Esta declaración reafirma el papel de la Santa Sede como una voz moral independiente en el tablero internacional, relevante precisamente porque no responde a intereses nacionales ni económicos.

Un debate que continúa. La tensión entre Washington y el Vaticano no ha terminado. Al contrario, esta declaración abre un nuevo capítulo en una relación que seguirá siendo fuente de análisis, debate y atención mediática en los meses y años venideros. Lo que es evidente es que al momento es León XIV el primero que ha puesto la cara frente a un mandatario acostumbrado al silencio de sus atacados.

Sheinbaum Integra Grupo Interdisciplinario para

Analizar el Fracking con Bajo Impacto Ambiental

La presidenta Claudia Sheinbaum convocó a universidades, instituciones científicas y especialistas para evaluar técnicas modernas de fracturación hidráulica que podrían permitir la extracción de gas natural con un menor impacto ambiental. La idea es examinar, con base en evidencia técnica y científica, si es posible aprovechar estos recursos sin comprometer la sustentabilidad, la protección del agua, la salud de las comunidades ni el equilibrio ecológico, en una decisión que busca combinar pragmatismo energético con responsabilidad científica.

La iniciativa se da en un contexto marcado por la moratoria al fracking que prevaleció desde el gobierno de AMLO, cuando se frenó esta práctica por sus riesgos ambientales y sociales. Al mismo tiempo, México cuenta con reservas estratégicas de gas de lutitas o shale gas, especialmente en Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León, que podrían ser relevantes para la seguridad energética del país. El objetivo del análisis es determinar si las nuevas tecnologías permitirían aprovechar esos recursos con impactos menores que los asociados a las técnicas tradicionales.

Política EnergéticaMedio AmbienteCiencia y TecnologíaFracking

Contexto: ¿Qué es el Fracking?

Definición Técnica. La fracturación hidráulica, conocida como fracking, es una técnica de extracción que consiste en inyectar agua, arena y aditivos químicos a alta presión en formaciones rocosas subterráneas para liberar hidrocarburos —principalmente gas natural y petróleo— atrapados en la roca.

El proceso fractura la roca porosa a grandes profundidades, permitiendo que los hidrocarburos fluyan hacia la superficie a través de pozos de extracción.

Debate Global. El fracking ha generado un debate internacional intenso desde su expansión masiva en Estados Unidos durante la primera década del siglo XXI. Por un lado, sus defensores argumentan que permite la independencia energética, reduce los precios del gas y disminuye la dependencia del carbón. Por otro, sus detractores señalan riesgos documentados como:

  • Contaminación de acuíferos y mantos freáticos
  • Sismicidad inducida en zonas cercanas a las operaciones
  • Emisiones de metano y gases de efecto invernadero
  • Alto consumo de agua en regiones con escasez hídrica
  • Impactos sobre comunidades rurales e indígenas

La Decisión de la Presidenta Sheinbaum. De acuerdo con información publicada por La Jornada el 15 de abril de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo tomó la determinación de integrar un grupo interdisciplinario de alto nivel con el objetivo de analizar de manera rigurosa y científica las nuevas técnicas de fracking que prometen un menor impacto ambiental.

Enfoque Científico. La convocatoria busca alejarse de posiciones ideológicas y basar la toma de decisiones en evidencia empírica generada por especialistas mexicanos e instituciones de reconocido prestigio académico.

Prudencia Gubernamental. El gobierno federal no ha autorizado ni descartado la práctica. La conformación del grupo refleja una postura de cautela informada: analizar antes de decidir, con criterios de sustentabilidad como eje rector.

Apertura al Diálogo. La iniciativa implica un reconocimiento de que el debate sobre el fracking requiere voces diversas: científicos, ambientalistas, ingenieros petroleros, expertos en derecho ambiental y representantes comunitarios.

Composición del Grupo Interdisciplinario. El grupo convocado por la presidenta Sheinbaum reúne actores clave del ecosistema científico, académico e institucional de México, garantizando una visión plural y técnicamente sólida.

Universidades Nacionales. Participan las principales universidades públicas del país, incluyendo instituciones con centros de investigación especializados en geociencias, ingeniería química, ciencias ambientales e hidráulica. Su aportación es fundamental para garantizar independencia académica en los análisis.

Centros de Investigación. Institutos nacionales y otras entidades de investigación aplicada aportan capacidades técnicas para modelar los impactos potenciales del fracking en distintos contextos geológicos e hídricos del territorio mexicano.

Especialistas Independientes. Expertos en geología, hidrogeología, ingeniería petrolera, ecología y derecho ambiental participan de forma independiente, aportando perspectivas técnicas sin conflicto de interés con la industria extractiva.

Instituciones Gubernamentales. Secretarías y organismos federales vinculados a energía, medio ambiente y recursos naturales participan como observadores y facilitadores del proceso de análisis, asegurando que las conclusiones puedan traducirse en políticas públicas concretas.

Objetivos del Análisis Técnico. El mandato del grupo interdisciplinario es claro y delimitado: determinar si las nuevas técnicas de fracking pueden aplicarse en México bajo condiciones que garanticen la sustentabilidad ambiental y el respeto a las comunidades. Los ejes de análisis incluyen:

Evaluación de Impacto Ambiental. Analizar el impacto potencial sobre mantos acuíferos, suelo, aire y biodiversidad en las regiones donde podrían realizarse operaciones de fracking, tomando como referencia los yacimientos de lutitas en el noreste del país.

Revisión de Nuevas Tecnologías. Examinar los avances tecnológicos más recientes en fracturación hidráulica que han reducido el uso de agua, disminuido las emisiones de metano y minimizado los riesgos sísmicos, para determinar si representan una alternativa viable a las técnicas convencionales.

Sustentabilidad Energética. Evaluar el papel que podría jugar el gas natural extraído mediante fracking en la transición energética de México, considerando su potencial como combustible puente entre los hidrocarburos convencionales y las energías renovables.

Marco Regulatorio. Proponer, en su caso, un marco normativo robusto que permita regular la actividad con estándares internacionales de protección ambiental, salvaguardando los derechos de las comunidades y el principio constitucional de sustentabilidad.

Fracking y Sustentabilidad: Tensión Central del Debate

La discusión sobre el fracking en México se concentra en una tensión fundamental: su potencial para aportar energía, ingresos y autosuficiencia convive con riesgos ambientales, climáticos y sociales que no pueden minimizarse. El grupo interdisciplinario convocado por Sheinbaum deberá navegar esta tensión con rigor científico, evaluando tanto las necesidades energéticas del país como los compromisos ambientales internacionales asumidos por México.

Argumentos a Favor de su Análisis. México cuenta con importantes reservas de gas de lutitas (shale gas), especialmente en los estados de Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León y San Luis Potosí. La Agencia Internacional de Energía ha señalado que el país tiene el sexto mayor recurso técnicamente recuperable de gas de lutitas en el mundo, lo que coloca al recurso en una posición estratégica dentro del panorama energético global y justifica, al menos, un análisis serio de su viabilidad.

Además, el avance de nuevas tecnologías de fracking ha permitido reducir de manera significativa el consumo de agua, las emisiones de metano y ciertos riesgos operativos en países como Estados Unidos y Canadá. Si bien estos resultados no eliminan la controversia, sí muestran que la discusión no puede basarse únicamente en las prácticas de hace una década, sino en capacidades técnicas más recientes y en escenarios comparables de regulación y supervisión.

En el contexto nacional, Pemex enfrenta una caída sostenida en la producción de hidrocarburos, con yacimientos maduros que muestran menor rendimiento y mayores costos de extracción. En ese marco, el shale gas podría convertirse en una alternativa para revertir parcialmente esa tendencia, ampliar la oferta interna de gas natural y reducir la vulnerabilidad energética del país frente a las importaciones.

  • Reducción de la dependencia de importaciones de gas natural
  • Posibilidad de sustituir parte de las importaciones de gas de Estados Unidos
  • Fortalecimiento de la soberanía energética nacional
  • Generación de ingresos para Pemex y el Estado mexicano
  • Creación de empleos en regiones con pocas oportunidades económicas
  • Reducción de costos para industrias y hogares al ampliar la disponibilidad interna de gas
  • Gas natural como combustible de transición menos contaminante que el carbón o el diésel
  • Potencial para financiar inversión pública y acelerar la transición energética

Preocupaciones Ambientales Persistentes. Organismos ambientales nacionales e internacionales han documentado riesgos que no pueden ignorarse en el análisis, independientemente de los avances tecnológicos recientes. En México, el estrés hídrico ya es severo en amplias regiones del norte y centro del país, y cuencas como las del norte de Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y parte de San Luis Potosí enfrentan presión sobre acuíferos y competencia entre usos agrícolas, urbanos e industriales. En ese contexto, el alto consumo de agua del fracking agrava una condición estructural de escasez.

La preocupación aumenta porque zonas de alta biodiversidad coinciden con áreas de potencial extractivo, y porque comunidades rurales e indígenas históricamente marginadas serían las más afectadas por la expansión de esta actividad. Casos internacionales como Pennsylvania y Oklahoma han dejado lecciones sobre contaminación de agua, sismicidad inducida y deterioro territorial, con impactos que en algunos casos resultan irreversibles o extremadamente costosos de revertir.

A ello se suma una inquietud institucional de fondo: México podría no tener hoy la capacidad regulatoria ni la infraestructura de supervisión necesarias para vigilar operaciones de fracking a gran escala, especialmente en regiones remotas. Esa debilidad abre la puerta a una eventual captura regulatoria por parte de la industria petrolera y dificulta asegurar inspección, sanción y reparación efectivas.

Organizaciones como Greenpeace México y el CEMDA han expresado oposición formal al fracking, argumentando que los costos ambientales y sociales superan sus beneficios potenciales. En paralelo, la experiencia internacional muestra que los daños del fracking son difíciles de remediar una vez que ocurren: la contaminación de acuíferos, la fragmentación del territorio y las emisiones fugitivas pueden dejar huellas persistentes durante décadas.

  • México es uno de los países con mayor estrés hídrico en América Latina, lo que hace crítico el alto consumo de agua del fracking
  • La extracción masiva podría presionar acuíferos ya sobreexplotados y agravar conflictos por el agua en cuencas vulnerables
  • Zonas de alta biodiversidad coinciden con áreas de potencial extractivo
  • Comunidades rurales e indígenas históricamente marginadas serían las más afectadas
  • El metano fugitivo puede superar en impacto climático al carbón en horizontes de corto plazo
  • Casos como Pennsylvania y Oklahoma muestran riesgos de daños ambientales difíciles de revertir
  • La experiencia internacional muestra que la regulación efectiva es difícil de implementar
  • Existe preocupación por la falta de capacidad regulatoria en México para supervisar operaciones de fracking a gran escala
  • Riesgo de captura regulatoria por parte de la industria petrolera
  • Los daños ambientales, una vez ocurridos, pueden ser muy costosos o incluso imposibles de remediar

Antecedentes: La Moratoria al Fracking en México

Para comprender la relevancia de esta decisión, es necesario recordar el camino recorrido en materia de política energética y ambiental en México respecto al fracking.

2013–2014. Reforma Energética del gobierno de Peña Nieto abre la puerta al fracking en México. Pemex y empresas privadas realizan exploración en zonas de shale.

2018–2019. Movimientos sociales y ambientalistas intensifican la presión para prohibir la práctica. Crecen las denuncias de comunidades afectadas en el noreste del país.

2019–2020. El gobierno de López Obrador declara una moratoria de facto al fracking, aunque sin prohibición legal explícita. Se congela la expedición de nuevos permisos.

2024–2025. Sheinbaum asume la presidencia con un discurso de transición energética y sustentabilidad, manteniendo en suspenso la decisión sobre el fracking.

Abril 2026. Sheinbaum integra el grupo interdisciplinario para analizar nuevas técnicas con bajo impacto ambiental, marcando un nuevo capítulo en el debate nacional.

Implicaciones para la Política Energética Nacional. La decisión de Sheinbaum tiene implicaciones que van más allá del debate técnico-ambiental, tocando el corazón de la estrategia energética de México para las próximas décadas.

Soberanía Energética. México actualmente importa volúmenes significativos de gas natural de Estados Unidos. El aprovechamiento responsable de reservas propias reduciría esta dependencia estructural y fortalecería la posición del país en negociaciones energéticas internacionales.

Transición Energética. El gas natural es considerado por muchos expertos como un «combustible puente» hacia las renovables. La postura del grupo interdisciplinario podría definir si México lo incorpora en su hoja de ruta climática de cara al cumplimiento de sus NDCs bajo el Acuerdo de París.

Ingresos Fiscales. Las finanzas de Pemex y del Estado mexicano enfrentan presiones crecientes. El gas de lutitas representa un potencial de ingresos fiscales que podría financiar programas sociales y la propia transición hacia energías limpias.

Compromisos Climáticos. Cualquier expansión del fracking deberá reconciliarse con los compromisos de reducción de emisiones asumidos por México ante la comunidad internacional, lo que exige un análisis de ciclo de vida completo de las emisiones asociadas.

Reacciones y Voces en el Debate. La conformación del grupo interdisciplinario generó reacciones diversas entre los distintos actores involucrados en el tema energético y ambiental de México.

Sector Académico y Científico. La comunidad académica recibió con cautela positiva la convocatoria, valorando que la decisión gubernamental se base en evidencia científica. Investigadores de la UNAM y del IPN han señalado la importancia de que el grupo trabaje con metodologías rigurosas, transparentes y replicables, y que sus conclusiones sean públicas.

Organizaciones Ambientalistas. Grupos como Greenpeace México y el Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos expresaron escepticismo ante la iniciativa, advirtiendo que no existe una forma de fracking ambientalmente segura y que el análisis podría utilizarse para legitimar una práctica que consideran incompatible con la justicia climática y hídrica.

Industria Energética. El sector privado energético y Pemex observaron con interés la formación del grupo, esperando que el análisis abra eventualmente la puerta a la explotación comercial de los vastos recursos de shale que el país posee, bajo condiciones regulatorias claras y predecibles.

Comunidades Locales. En estados del noreste como Tamaulipas y Coahuila, donde se encuentran los principales yacimientos de lutitas, las comunidades rurales e indígenas demandaron ser incluidas en el proceso de análisis y consulta, invocando el derecho a la consulta previa, libre e informada establecido en el Convenio 169 de la OIT.

Perspectivas y Próximos Pasos. La integración del grupo interdisciplinario representa el inicio de un proceso que determinará una de las decisiones energéticas más trascendentes del sexenio de Sheinbaum. Los siguientes pasos serán cruciales para la credibilidad y legitimidad del ejercicio.

El resultado del análisis no será solo técnico: definirá el modelo de desarrollo energético que México adoptará en las próximas décadas, el equilibrio entre crecimiento económico y justicia ambiental, y la credibilidad del país ante la comunidad científica internacional y los organismos climáticos globales. La decisión de la presidenta Sheinbaum de anteponer el conocimiento científico a la presión política o económica marca un precedente institucional de gran valor para la democracia mexicana.

La publicación de La Jornada del 15 de abril de 2026 subraya que el gobierno federal no ha tomado una decisión definitiva sobre el fracking. El análisis del grupo interdisciplinario será el insumo principal para determinar las conveniencias o desventajas del uso de esta técnica, siempre bajo el principio rector de la sustentabilidad y la protección del medio ambiente.

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