Por: Emilio de Ygartua M.

A las Universidades Nos Toca Defender la Democracia
El Dr. Leonardo Lomelí Vanegas, Rector de la UNAM, señaló en el marco de su visita a España, que ante los desafíos del autoritarismo global es fundamental mantener vigente el papel irrenunciable de las instituciones de educación superior en la defensa de la democracia, la tolerancia y el pensamiento crítico, en el marco de su presencia en España. En su mensaje, subraya que las universidades no solo forman profesionales, sino también ciudadanía informada, capaz de disentir con rigor, reconocer la pluralidad y sostener el debate público sobre bases éticas y académicas. Desde esa perspectiva, la misión universitaria adquiere una dimensión cívica indispensable frente a los embates contemporáneos contra la libertad, la autonomía institucional y el conocimiento como bien público.
El planteamiento cobra especial relevancia en un momento histórico marcado por señales de retroceso democrático, polarización política, desinformación y erosión de los espacios de diálogo. En ese escenario, la UNAM aparece como una institución de referencia en América Latina por su trayectoria, su autoridad intelectual y su compromiso con la vida pública. Que el Rector haya pronunciado estas palabras durante su estancia en España añade un valor simbólico y diplomático al mensaje: sitúa a la universidad mexicana en conversación con otros ámbitos académicos y culturales, y reafirma que la defensa de la democracia es una responsabilidad compartida que trasciende fronteras nacionales.
Contexto: Un Mundo en Tensión Democrática
El siglo XXI ha traído consigo una paradoja alarmante: en un mundo más interconectado que nunca, las democracias enfrentan presiones crecientes desde adentro y desde afuera. El auge de movimientos autoritarios, la desinformación masiva, la erosión de instituciones y la intolerancia hacia la diferencia constituyen amenazas reales y urgentes para el orden democrático que generaciones enteras han construido con esfuerzo.
En este escenario, la voz del Dr. Leonardo Lomelí Vanegas, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cobra una relevancia excepcional. Sus declaraciones, recogidas por el diario La Jornada el 22 de abril de 2026, articulan una postura firme: las universidades no pueden permanecer al margen de los debates políticos y morales de su tiempo. Tienen una responsabilidad activa, histórica e ineludible frente a las tentaciones autoritarias que amenazan los valores democráticos.
La Voz del Rector: Lomelí y el Llamado a la Acción
«A las universidades nos toca defender la democracia
frente a las tentaciones autoritarias. No es una opción,
es una obligación histórica e institucional.»
Dr. Leonardo Lomelí Vanegas
El rector de nuestra Máxima Casa de Estudios pronunció estas palabras en un contexto de creciente preocupación internacional por el retroceso democrático en diversas regiones del mundo. Por ello subrayó que “la universidad, como espacio por excelencia del conocimiento, el debate libre y la formación de ciudadanos, ocupa una posición única para resistir y contrarrestar los discursos que buscan debilitar las instituciones republicanas, silenciar la disidencia y concentrar el poder.”
Asimismo, hizo hincapié en que esta defensa de la democracia no es un acto político partidista, sino un compromiso con los valores fundamentales de la convivencia civilizada: la pluralidad, el Estado de derecho, la libertad de expresión y el respeto irrestricto a los derechos humanos. “La universidad, afirmó, es —y debe seguir siendo— un bastión de pensamiento crítico frente a cualquier forma de dogmatismo o intolerancia.”
La Presidenta Sheinbaum: Egresada y Aliada de la UNAM
El Dr. Lomelí destacó con especial énfasis el respaldo que la presidenta Claudia Sheinbaum —egresada de la UNAM— ha expresado hacia las instituciones públicas de educación superior. Este apoyo, expresó, no es meramente simbólico: se inscribe en una trayectoria personal y profesional profundamente vinculada con la universidad pública, la investigación científica y la formación de alto nivel. Sheinbaum cursó sus estudios en la UNAM y posteriormente obtuvo el doctorado en ingeniería energética, una trayectoria académica que refleja no solo excelencia intelectual, sino también una vocación sostenida por el conocimiento aplicado a los grandes desafíos nacionales. Su paso por la universidad pública forjó una visión en la que la educación de calidad, la ciencia y la responsabilidad social aparecen como componentes inseparables del desarrollo democrático.
En ese sentido, la presencia de una presidenta egresada de la UNAM adquiere una relevancia política y simbólica singular en un contexto internacional marcado por tensiones democráticas, desconfianza hacia las instituciones y ataques recurrentes al conocimiento experto. Su respaldo a las universidades públicas no puede entenderse únicamente como una declaración de afinidad personal, sino como una orientación de gobierno que reconoce el papel estratégico de estas instituciones en la movilidad social, la producción científica y la formación de ciudadanía.
Al situar el conocimiento científico como base de la toma de decisiones públicas, su discurso contribuye a reafirmar que la democracia no depende solo de los procedimientos electorales, sino también de instituciones capaces de sostener deliberación informada, políticas basadas en evidencia y un compromiso efectivo con el interés público.
La Universidad como Espacio de Resistencia Democrática
¿Por qué corresponde precisamente a las universidades liderar la defensa de la democracia? El Rector Lomelí ofreció una respuesta clara y contundente: porque las instituciones de educación superior son, por definición, espacios donde conviven la pluralidad de ideas, el rigor del pensamiento crítico y la libertad de cátedra e investigación. Estas características las convierten en el antídoto natural contra el dogmatismo y la intolerancia.
Pensamiento Crítico. Las universidades forman ciudadanos capaces de cuestionar, analizar y resistir narrativas autoritarias. La educación crítica es el primer escudo de la democracia.
Pluralismo Activo. La convivencia de corrientes ideológicas diversas en el campus universitario es un ejercicio cotidiano de tolerancia democrática que forma ciudadanos plurales.
Autonomía e Independencia. La autonomía universitaria garantiza que el conocimiento no esté subordinado a intereses políticos o económicos, preservando la integridad intelectual.
Formación Ciudadana. Más allá de la formación profesional, la universidad tiene la misión de formar ciudadanos íntegros, informados y comprometidos con el bien común.
Combatir la Intolerancia: Una Misión Urgente
El Dr. Lomelí señaló que la intolerancia —en sus múltiples formas— representa uno de los mayores peligros para la convivencia democrática. Desde la discriminación por origen étnico, género u orientación sexual, hasta la persecución del pensamiento disidente, la intolerancia corroe los cimientos de la vida republicana. Las universidades tienen el deber no solo de rechazar estas actitudes en su interior, sino de producir el conocimiento y las herramientas conceptuales necesarias para combatirlas en la sociedad.
Formas de Intolerancia que Enfrentamos
Desinformación y Discursos de Odio. La proliferación de noticias falsas y el discurso de odio en redes sociales alimentan la polarización y erosionan el debate público racional.
Exclusión y Discriminación. La marginación de grupos vulnerables —mujeres, comunidades indígenas, minorías— debilita la cohesión social y contradice los principios democráticos.
Concentración del Poder. Cuando el poder se concentra sin contrapesos institucionales, la democracia se vacía de contenido y las libertades individuales quedan en riesgo.
El Papel de la UNAM en el Escenario Internacional
La Universidad Nacional Autónoma de México es la institución de educación superior más grande e influyente de América Latina. Con más de 350,000 estudiantes, una vasta red de institutos de investigación y una presencia activa en los debates nacionales e internacionales, la UNAM ocupa un lugar singular en el panorama intelectual del continente. Su voz, cuando se pronuncia en defensa de la democracia, tiene un alcance y una legitimidad que trascienden las fronteras nacionales.
Un Llamado a la Solidaridad Interuniversitaria
El Rector Lomelí extendió su llamado más allá de las fronteras de la UNAM. En sus palabras, la defensa de la democracia frente a las tentaciones autoritarias es una responsabilidad que atañe a todas las universidades públicas y privadas de México y de América Latina. La solidaridad entre instituciones educativas —compartiendo experiencias, construyendo redes de cooperación y alzando una voz colectiva— es indispensable para hacer frente a desafíos que ninguna institución puede afrontar en solitario.
Redes de Cooperación Académica. Fortalecer los vínculos entre universidades latinoamericanas permite construir frentes comunes en defensa de la autonomía institucional, la libertad de investigación y los valores democráticos compartidos.
Foros de Debate y Reflexión. La organización de congresos, seminarios y espacios de diálogo interuniversitario es una herramienta fundamental para articular respuestas colectivas ante el avance del autoritarismo y la intolerancia.
Formación de Liderazgos Democráticos. Las universidades tienen el compromiso de cultivar en sus estudiantes no solo competencias profesionales, sino también valores cívicos y capacidades de liderazgo democrático para las próximas generaciones.
La Universidad, Guardiana de la Democracia
Las declaraciones hechas en diversos espacios académicos de España por el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas constituyen un recordatorio poderoso y oportuno: en tiempos de incertidumbre política y tentaciones autoritarias, las universidades no pueden replegarse hacia la neutralidad cómoda. Tienen una misión histórica que cumplir, una identidad que defender y una responsabilidad con las generaciones presentes y futuras. Su voz no es solo académica: es ética, pública y profundamente cívica, porque en ellas se forma buena parte de la conciencia crítica de una sociedad.
Por ello, la responsabilidad universitaria trasciende el aula y el campus. A lo largo de la historia, las universidades han sido refugio del pensamiento libre y semillero de resistencia democrática en momentos decisivos: desde las luchas estudiantiles y académicas contra las dictaduras en América Latina, hasta la defensa de la libertad de cátedra y la autonomía en contextos de persecución política en distintos países del mundo. Allí donde se intenta imponer el miedo, la universidad puede convertirse en espacio de memoria; donde se normaliza la censura, en territorio de debate; y donde se debilitan las instituciones, en una de las últimas trincheras para sostener la razón pública, la pluralidad y el disenso responsable.
Defender la Democracia. Alzar la voz con claridad y valentía frente a cualquier forma de autoritarismo, sin importar su origen o signo político. Defender la democracia implica también formar pensamiento crítico, proteger las libertades fundamentales y recordar que la participación ciudadana no es un privilegio, sino una condición indispensable para la vida pública.
Combatir la Intolerancia. Producir conocimiento, promover el diálogo y formar ciudadanos capaces de reconocer y rechazar los discursos de odio y exclusión. La universidad debe ser un espacio donde se escuchen diferencias sin violencia, donde la diversidad fortalezca la convivencia y donde el respeto a la dignidad humana sea el punto de partida de toda conversación democrática.
Fortalecer las Instituciones. Preservar la autonomía universitaria y apoyar las instituciones públicas como garantía del Estado de derecho y la vida democrática. Fortalecerlas significa cuidar su legitimidad, exigir su rendición de cuentas y defender su independencia frente a presiones coyunturales, porque solo instituciones sólidas pueden sostener una sociedad libre, estable y justa.
Frente a los desafíos del presente, la UNAM reafirma que no basta con comprender el mundo: también hay que comprometerse con transformarlo. Que esta conclusión sea, entonces, una invitación a actuar con inteligencia, valentía y sentido histórico, para que la universidad siga siendo conciencia crítica de la nación y guardiana firme de los valores democráticos hacia el futuro.
América Latina y el Caribe: Rezago Crítico en los ODS
A menos de cinco años del plazo fijado por la ONU, la CEPAL advierte que la región apenas alcanzará el 16% de las metas de desarrollo sostenible establecidas en la Agenda 2030. La cifra confirma un estancamiento preocupante en áreas clave como pobreza, desigualdad, educación, salud, empleo digno, acción climática y protección de ecosistemas, con avances desiguales entre países y una recuperación todavía insuficiente tras crisis recientes.
El diagnóstico es especialmente grave porque el rezago no solo amenaza el cumplimiento formal de los ODS, sino también la capacidad de la región para reducir brechas estructurales que han persistido durante décadas. La CEPAL, como organismo de alerta y análisis para América Latina y el Caribe, insiste en que el tiempo restante exige decisiones coordinadas, inversión pública más efectiva, políticas sociales sostenidas y cooperación internacional para acelerar resultados antes de 2030.
La urgencia es doble: por un lado, evitar que el atraso se profundice en los indicadores sociales y ambientales; por otro, aprovechar los pocos años restantes para priorizar metas con mayor impacto y fortalecer la resiliencia de los países más vulnerables.
- Fortalecer la protección social y la reducción de la pobreza.
- Impulsar empleo formal, productividad e inclusión territorial.
- Acelerar la transición energética y la adaptación climática.
- Mejorar la coordinación regional para cumplir los ODS con mayor velocidad.
¿Qué es la Agenda 2030 y por qué importa?
El pacto global. En 2015, los 193 Estados miembros de la ONU adoptaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un acuerdo histórico que estableció 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas específicas para transformar el mundo antes del año 2030: La Agenda cubre desde la erradicación de la pobreza y el hambre, hasta la acción climática, la igualdad de género, la educación de calidad y las instituciones sólidas. Se trata del marco de desarrollo más ambicioso jamás acordado por la comunidad internacional.
Lo que esta en juego. Para América Latina y el Caribe, la Agenda 2030 representa una oportunidad irrepetible de consolidar décadas de avances sociales y económicos, pero también de cerrar brechas históricas de desigualdad, exclusión y vulnerabilidad ambiental.
Los países de la región firmaron compromisos concretos: reducir la pobreza extrema, garantizar acceso universal a salud y educación, y transitar hacia economías más verdes e inclusivas. El horizonte era 2030. El tiempo, en teoría, suficiente. La voluntad política, sin embargo, resultó ser el recurso más escaso.
- 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)
- 169 metas medibles y verificables
- Plazo: del año 2015 al año 2030
- Universales: aplican a todos los países sin excepción
La Advertencia de la CEPAL: Solo el 16% de las Metas Serán Alcanzadas
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentó en abril de 2026 un diagnóstico demoledor: con el ritmo actual de avance, los países de la región apenas cumplirán con el 16 por ciento de las metas de la Agenda 2030 antes de que expire el plazo. Según reporta el diario mexicano “La Jornada”, esto significa que 84 de cada 100 compromisos adquiridos frente a la comunidad internacional quedarán sin cumplir.
Un Retroceso que No Es Casualidad. El bajo porcentaje de cumplimiento no es un accidente estadístico: es el resultado acumulado de crisis superpuestas, decisiones políticas aplazadas y una arquitectura financiera internacional que sigue desfavoreciendo a los países en desarrollo.
Impacto de la pandemia por COVID-19. La pandemia borró de un golpe años de avances en pobreza, salud, educación y empleo. En América Latina y el Caribe, más de 22 millones de personas regresaron a la pobreza extrema entre 2020 y 2021. Los sistemas educativos sufrieron una de las peores crisis de aprendizaje de la historia, con millones de niños y jóvenes sin acceso efectivo a clases durante meses.
Deuda externa y restricción fiscal. La mayoría de los países de la región destinan porciones crecientes de su presupuesto al pago de deuda externa, dejando poco margen para invertir en programas sociales, infraestructura verde o transición energética. La CEPAL ha señalado reiteradamente que sin alivio de deuda y sin acceso a financiamiento en condiciones favorables, el cumplimiento de los ODS es estructuralmente imposible.
Crisis climática en aceleración. Los desastres naturales relacionados con el cambio climático —huracanes, sequías, inundaciones— golpean con particular dureza a los países más pobres de la región, destruyendo infraestructura y retrasando el desarrollo. Paradójicamente, son los países que menos han contribuido al calentamiento global los que más sufren sus consecuencias.
Desigualdad estructural persistente. América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo en términos de distribución del ingreso. Esta desigualdad no solo es una injusticia en sí misma: también frena la productividad, limita el mercado interno y concentra los beneficios del crecimiento en pocos sectores de la población, dificultando el avance colectivo hacia los ODS.
Las Áreas Más Rezagadas: Donde el Fracaso Es Más Visible
ODS 1 — Fin de la Pobreza
Aunque la pobreza extrema había disminuido antes de 2020, la pandemia revirtió gran parte del progreso. Hoy, más de 180 millones de personas en la región viven en condiciones de pobreza, y la pobreza extrema afecta a cerca de 70 millones. La meta de erradicarla para 2030 parece inalcanzable con las políticas actuales.
ODS 4 — Educación de Calidad
Las brechas educativas se ampliaron durante la pandemia y no se han cerrado. La falta de conectividad digital, la deserción escolar y la baja calidad del aprendizaje en escuelas públicas comprometen gravemente el futuro productivo de una generación entera de jóvenes latinoamericanos.
ODS 13 — Acción Climática
La región enfrenta una paradoja: es altamente vulnerable al cambio climático, pero sus contribuciones a la reducción de emisiones son insuficientes y sus planes de adaptación están subfinanciados. Las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) en su mayoría no son compatibles con una trayectoria de 1.5°C.
ODS 10 — Reducción de Desigualdades
La desigualdad de ingresos, riqueza y oportunidades permanece como una de las más altas del mundo. Los grupos indígenas, las mujeres rurales y las poblaciones afrodescendientes concentran los mayores índices de exclusión, sin que las políticas públicas hayan logrado revertir esta tendencia de manera sostenida.
¿Cuánto Avanzamos? Una Mirada Comparativa
Progreso proyectado por área temática
El análisis de la CEPAL revela que el avance es profundamente desigual entre los distintos ODS. Mientras algunos indicadores muestran mejoras moderadas, otros registran retrocesos absolutos respecto a la línea base de 2015. Esta desigualdad en el progreso refleja tanto las prioridades políticas de los gobiernos como las limitaciones estructurales de cada país.
Los ODS con mayor probabilidad de cumplimiento parcial son aquellos relacionados con conectividad, acceso a tecnología y ciertos indicadores de salud básica. Los más rezagados corresponden a metas de erradicación de pobreza, acción climática, igualdad de género en espacios de poder y reducción de la violencia.
Nota: Cifras estimadas con base en el diagnóstico de la CEPAL (2026). El promedio general de cumplimiento proyectado es del 16%.
El Costo Humano del Incumplimiento. Detrás de cada meta incumplida hay millones de personas concretas: niñas que no terminarán la secundaria, familias que seguirán sin agua potable, comunidades que perderán sus hogares ante desastres naturales evitables. La CEPAL recuerda que los ODS no son meras estadísticas: son compromisos con vidas humanas.
Pobreza y hambre que persisten. Si las tendencias actuales continúan, para 2030 aún habrá decenas de millones de personas en situación de pobreza extrema en la región, con acceso insuficiente a alimentos nutritivos, servicios básicos y oportunidades económicas. La inseguridad alimentaria se ha agudizado tras las crisis climáticas y el encarecimiento de alimentos a nivel global.
Una generación con aprendizajes incompletos. La pandemia dejó a millones de estudiantes latinoamericanos con rezagos de dos o más años en lectura y matemáticas. Sin intervenciones urgentes y sostenidas, esta generación entrará al mercado laboral con menos herramientas, perpetuando ciclos de desigualdad que se transmiten entre generaciones.
Comunidades vulnerables ante el clima. Las poblaciones indígenas, rurales y costeras de la región son las más expuestas a los efectos del cambio climático, y las que menos recursos tienen para adaptarse. El incumplimiento del ODS 13 no es solo un fracaso ambiental: es una crisis de derechos humanos en tiempo real.
La Posición de la CEPAL: Qué Propone el Organismo
Ante este panorama, la CEPAL no solo diagnostica el problema: también señala con claridad los cambios estructurales que considera indispensables para acelerar el cumplimiento de los ODS en el tiempo restante. Sus propuestas desafían el consenso económico dominante y exigen una renegociación del pacto entre los países desarrollados y los emergentes.
Alivio y reestructuración de la deuda externa. La CEPAL ha reiterado que sin una reducción significativa de la carga de la deuda, los países de la región no podrán liberar los recursos fiscales necesarios para invertir en desarrollo sostenible. Propone mecanismos multilaterales de reestructuración que incluyan cláusulas de sostenibilidad y clima.
Reforma de la arquitectura financiera internacional. El organismo exige que los bancos multilaterales de desarrollo amplíen su capacidad de préstamo, reduzcan las condicionalidades y prioricen el financiamiento concesional para los países en desarrollo. También aboga por reformar el sistema de derechos especiales de giro del FMI para beneficiar a las economías más vulnerables.
Políticas públicas redistributivas y transformadoras. A nivel nacional, la CEPAL llama a fortalecer los sistemas tributarios para aumentar la recaudación de los sectores de mayor riqueza, ampliar la protección social universal y diseñar políticas industriales que impulsen empleos de calidad en sectores estratégicos y verdes.
Mayor integración y cooperación regional. Finalmente, la CEPAL subraya que muchos de los desafíos del desarrollo sostenible —migración, cambio climático, crimen organizado, cadenas de valor— solo pueden abordarse eficazmente de manera regional. Fortalecer los mecanismos de integración latinoamericana es, para el organismo, un requisito, no una opción.
El Tiempo Se Acaba: ¿Qué Pueden Hacer los Responsables de Política Pública? El diagnóstico de la CEPAL no es una sentencia inapelable: es una llamada de alerta. Con menos de cinco años para el cierre de la Agenda 2030, los márgenes para actuar se estrechan, pero no han desaparecido. La pregunta no es si se puede revertir el rezago —en algunos áreas críticas ya es demasiado tarde para cumplir las metas al 100%—, sino cómo minimizar el daño y acelerar el avance en las áreas donde aún es posible.
Reasignar prioridades presupuestales. Identificar y proteger el gasto social estratégico vinculado a los ODS, incluso en contextos de restricción fiscal. Los recortes lineales suelen afectar desproporcionadamente a los programas con mayor impacto en poblaciones vulnerables.
Mejorar los sistemas de monitoreo. La mayoría de los países de la región tienen brechas estadísticas que impiden conocer con precisión el avance en los ODS. Fortalecer los institutos nacionales de estadística y los sistemas de datos abiertos es una inversión de alto retorno.
Territorializar los ODS. Los objetivos nacionales solo se materializan en el nivel local. Vincular los planes de desarrollo municipal y estatal con los compromisos ODS, con participación de la sociedad civil y comunidades afectadas, multiplica la efectividad de las políticas.
Exigir cumplimiento a socios internacionales. Los países desarrollados también tienen compromisos en la Agenda 2030: financiamiento para el clima, transferencia tecnológica, coherencia de políticas. Los gobiernos latinoamericanos deben ejercer presión diplomática colectiva para que estos compromisos se honren.
Visión Prospectiva: 16% No Es Suficiente — Un Llamado a la Acción
Lo que nos dice este número. El 16% de cumplimiento proyectado por la CEPAL no es solo una cifra técnica: es el reflejo de decisiones políticas postergadas, recursos mal distribuidos y una brecha creciente entre los compromisos globales y la realidad cotidiana de millones de personas en América Latina y el Caribe.
Este número también es un espejo: revela qué tipo de región hemos construido y qué tipo de región queremos dejar a las generaciones futuras. La Agenda 2030 nunca fue un límite; fue una aspiración. El fracaso en cumplirla no cancela la aspiración. La urgencia de 2030 debe convertirse en el motor de la acción post-2030.
Mensajes clave para llevar:
- El tiempo es el recurso más escaso: cada año de inacción cierra ventanas de oportunidad que no volverán a abrirse antes de 2030.
- El problema no es de metas, sino de medios: la región necesita financiamiento, alivio de deuda y sistemas institucionales más sólidos para cumplir sus compromisos.
- La desigualdad es el obstáculo transversal: sin reducirla, ningún ODS puede cumplirse de manera plena ni sostenida.
- La rendición de cuentas importa: los gobiernos, organismos internacionales y sector privado deben responder públicamente por el avance —o retroceso— en los ODS.
- Más allá de 2030: el fracaso parcial de la Agenda debe servir de aprendizaje para diseñar compromisos post-2030 con mecanismos de implementación más robustos y vinculantes.
La CEPAL advierte: sin cambios estructurales urgentes, la región llegará al 2030 habiendo perdido una oportunidad histórica de transformación sostenible e inclusiva.
Trump: ¿Activo Tóxico para la Ultraderecha Europea?
Análisis basado en el artículo de Marc Bassets publicado en El País el 19 de abril de 2026, en el que el analista examina cómo Donald Trump —otrora icono indiscutible de la derecha radical global— se ha convertido en una referencia incómoda, incluso contraproducente, para los líderes ultraderechistas europeos. Los casos de Giorgia Meloni en Italia y Viktor Orbán en Hungría ilustran esta fractura con especial claridad.
Durante años, Trump fue el modelo a imitar para la derecha radical europea: su victoria de 2016 fue leída en muchos círculos como una auténtica revolución cultural y política, celebrada en los despachos de Le Pen, Orbán, Salvini y Meloni como la prueba de que el orden liberal podía ser desafiado desde dentro. Sin embargo, su segundo mandato ha introducido fricciones inesperadas. Las políticas arancelarias de Washington han golpeado directamente a economías europeas muy expuestas al comercio transatlántico, mientras que su acercamiento a Rusia en el conflicto ucraniano ha generado inquietud estratégica y un coste político difícil de gestionar para sus aliados europeos.
La pregunta central del análisis es, por tanto, hasta qué punto un líder populista extranjero puede seguir siendo un activo político cuando sus decisiones dañan de forma tangible los intereses nacionales de quienes dicen compartir su agenda. Bassets sostiene que, en 2026, la respuesta es cada vez más negativa: la utilidad simbólica de Trump se erosiona a medida que aumenta el precio de asociarse con él. De ahí que varios líderes de ultraderecha en Europa se vean obligados a marcar distancias en público, no por convicción ideológica, sino por cálculo electoral y necesidad de preservar su credibilidad ante un electorado menos dispuesto a aceptar alineamientos automáticos.
“Lo que fue inspiración se convierte en lastre: el trumpismo
europeo busca sobrevivir desvinculándose de Trump.”
Marc Bassets
Marc Bassets, corresponsal y analista político de El País, publicó enm este diario, el pasado 19 de abril, un análisis de fondo en el que sostiene que Donald Trump ha dejado de ser un modelo inspirador para la ultraderecha europea y se ha transformado en lo que él denomina literalmente un «activo tóxico»: una figura cuya asociación pública genera más costos electorales que beneficios políticos.
La argumentación de Bassets se apoya en dos casos concretos y de enorme peso simbólico: el de Giorgia Meloni en Italia y el de Viktor Orbán en Hungría, dos referentes históricos del populismo de derecha en el continente europeo que hoy muestran señales inequívocas de distanciamiento respecto al presidente estadounidense.
El artículo se publica en un momento políticamente denso: elecciones recientes en varios países europeos, reconfiguración de alianzas en el Parlamento Europeo, y un Trump en su segundo mandato presidencial cuyas políticas generan fricciones incluso con sus aliados más naturales.
Trump: Del Ícono al Estorbo. Durante años, Donald Trump fue el referente indiscutible de la nueva derecha radical occidental. Su victoria de 2016 fue celebrada con euforia en los despachos de Marine Le Pen, Viktor Orbán, Matteo Salvini y Giorgia Meloni. Representaba la prueba de que el populismo nacionalista podía ganar elecciones en democracias consolidadas, romper el consenso liberal y llegar al poder.
El Trump de 2016–2020, Símbolo de disrupción, enemigo del establishment globalista, defensor de las fronteras nacionales y del «America First». La ultraderecha europea lo vio como validación ideológica y como hoja de ruta electoral.
El Trump del segundo mandato (2025–) Sus políticas arancelarias, su aproximación a Rusia, sus declaraciones erráticas sobre la OTAN y sus gestos hacia líderes autoritarios generan incomodidad creciente entre los socios europeos de derecha, que deben responder ante electorados cada vez más preocupados por la seguridad y la soberanía europea.
El problema de la imagen. En Europa, la identificación pública con Trump ya no suma votos: en encuestas de varios países, la valoración del presidente estadounidense es negativa entre la mayoría de la población, incluyendo sectores del electorado conservador tradicional.
Giorgia Meloni: El Equilibrio Imposible
La líder italiana ante la encrucijada. Giorgia Meloni, presidenta del Consejo de Ministros de Italia desde octubre de 2022 y líder de Fratelli d’Italia, representa el caso más paradigmático del dilema que analiza Bassets. Meloni llegó al poder siendo considerada la ultraderechista más cercana al universo trumpista en Europa occidental: retórica nacionalista, crítica al «globalismo», defensa de los valores tradicionales y cristiano-occidentales.
Sin embargo, una vez en el gobierno, Meloni debió confrontar la realidad de gobernar un país del G7, miembro fundador de la Unión Europea y dependiente de las estructuras de seguridad atlánticas. Esta tensión entre identidad ideológica y responsabilidad gubernamental la ha llevado a tomar distancia progresiva de Trump, especialmente en lo relativo a Ucrania y a las relaciones transatlánticas.
Las fricciones con el trumpismo. Según el análisis de Bassets, las políticas arancelarias de Trump afectan directamente a la economía italiana, lo que coloca a Meloni en una posición incómoda: defender a un aliado ideológico que simultáneamente daña los intereses económicos de su país y, por extensión, de su electorado.
Meloni ha intentado mantener canales abiertos con la Casa Blanca mientras se posiciona como interlocutora europea seria, capaz de hablar con Washington sin someterse a sus dictados. Este difícil equilibrio —apuntado por Bassets como señal de la toxicidad trumpista— revela que la asociación con Trump ya no es un activo político sino una carga que debe gestionarse con cuidado. La visita de Meloni a Washington en 2025 fue interpretada en Italia tanto como un logro diplomático como una concesión que la alejaba de sus socios europeos.
Viktor Orbán: El Aliado que Perdió el Poder
La derrota de Orbán. El caso de Viktor Orbán es, si cabe decirlo, aún más ilustrativo. Durante casi quince años, Orbán gobernó Hungría con mayoría parlamentaria amplísima, convirtiendo al país en el laboratorio europeo del «iliberalismo» y en el referente internacional del trumpismo avant la lettre. Su relación personal y política con Trump era de profunda sintonía ideológica.
Según señala el artículo de Bassets, Orbán perdió las elecciones más recientes en Hungría, un resultado que sacudió al mundo de la derecha radical europea y que muchos analistas vinculan, entre otros factores, derivado del desgaste de su modelo político y a la percepción ciudadana de que su alineamiento con Trump lo había alejado de los intereses reales de los húngaros en el contexto de la guerra en Ucrania y la presión económica.
El efecto Orbán sobre el trumpismo europeo. La caída de Orbán tiene un valor simbólico enorme. Si el líder que más deliberadamente construyó su imagen como «Trump europeo» terminó siendo derrotado electoralmente, eso envía una señal de advertencia clara al resto de la ultraderecha continental: la marca Trump puede ser un factor de riesgo más que de fortaleza.
Bassets subraya que la derrota de Orbán no puede atribuirse exclusivamente a Trump, pero sí que la asociación con el presidente estadounidense —y las contradicciones que generó en materia de política exterior, especialmente respecto a Rusia y la OTAN— contribuyó a erosionar su credibilidad ante un electorado que empezaba a cuestionar si el modelo orbánista seguía sirviendo a los intereses nacionales húngaros. Orbán fue durante años el anfitrión de la conferencia CPAC en Europa, convirtiendo a Budapest en capital simbólica del populismo de derecha global.
¿Por Qué Trump se Volvió Tóxico? Bassets identifica varios mecanismos mediante los cuales Trump dejó de ser una referencia útil para convertirse en una carga política para sus aliados europeos. El fenómeno no es accidental: responde a dinámicas estructurales que separan el contexto político estadounidense del europeo.
Aranceles y guerra comercial. Las políticas proteccionistas de Trump dañan directamente a las economías europeas, incluidas las de países con gobiernos ultraderechistas. Defender a Trump ante un electorado golpeado por tarifas estadounidenses resulta políticamente insostenible.
Erosión del atlantismo. La ambigüedad de Trump respecto a la OTAN y su aparente simpatía por Putin generan alarma en Europa Central y del Este, donde la seguridad territorial es una preocupación existencial para el electorado, incluyendo el de derecha.
Imprevisibilidad como riesgo. El estilo errático de Trump —declaraciones contradictorias, giros abruptos de política, ataques a aliados— hace difícil para los líderes europeos explicar a su electorado por qué mantienen una relación estrecha con Washington.
Impopularidad creciente en Europa. Las encuestas muestran sistemáticamente que Trump es una figura impopular entre el público europeo, incluyendo votantes conservadores. La asociación pública con él puede costar más votos de los que atrae.
La Ultraderecha Europea ante el Espejo Americano. El análisis de Bassets abre una reflexión más profunda sobre la naturaleza de la derecha radical europea y su relación con el trumpismo como fenómeno transnacional. Desde 2016, numerosos partidos y líderes europeos construyeron parte de su identidad y su narrativa política mirándose en el espejo americano: adoptaron retóricas, estéticas y marcos discursivos directamente inspirados en Trump.
La internacionalización del populismo de derecha. Organizaciones como la CPAC (Conservative Political Action Conference) celebraron ediciones en Budapest y otras capitales europeas, creando redes transnacionales entre activistas y partidos de ultraderecha. Steve Bannon actuó durante años como ideólogo-exportador del trumpismo europeo, asesorando a partidos en Francia, Italia y España.
Esta construcción de una «Internacional Populista» se presentó como una de las grandes novedades políticas de la segunda década del siglo XXI. Trump era su líder moral y su validación más visible.
Los límites del modelo transnacional. Sin embargo, Bassets apunta que los contextos nacionales europeos son profundamente distintos al estadounidense. Europa tiene tradiciones institucionales diferentes, sistemas electorales proporcionales que diluyen los extremos, y sobre todo una experiencia histórica del fascismo y el autoritarismo que genera anticuerpos sociales que no existen de la misma manera en Estados Unidos.
La importación acrítica del modelo Trump ignoró estas diferencias estructurales. Cuando el modelo empezó a mostrar sus contradicciones —especialmente en política exterior y economía— los líderes europeos que más se habían identificado con él quedaron más expuestos que los que habían mantenido cierta distancia.
Comparativa: Meloni vs. Orbán
Los dos casos centrales del artículo de Bassets muestran dos estrategias de adaptación diferentes ante la toxicidad trumpista, con resultados igualmente distintos.
Giorgia Meloni — Italia
Estrategia: Distanciamiento gradual y pragmático. Meloni mantuvo la retórica identitaria pero apostó por el atlantismo institucional, apoyó a Ucrania y se posicionó como interlocutora responsable ante Bruselas y Washington.
Resultado: Sigue en el poder. Ha logrado sobrevivir políticamente al dilema, aunque a costa de tensiones internas en su partido y críticas desde la extrema derecha más dura que la acusa de traicionar los principios fundacionales del movimiento. Recientemente se manifestó opuesta a las declaraciones de Trump sobre el Papa Leon XIV, lo que provocó enorme enojo del mandatario esradounidense: “La creía más valiente”, señaló Donald Trump luego de lña defensa de Meloni al jefe del Estado Vaticano.
Lección según Bassets: La supervivencia política requirió desacoplarse parcialmente de Trump sin una ruptura explícita.
Viktor Orbán — Hungría
Estrategia: Alineamiento total y sin matices. Orbán mantuvo hasta el final su identificación con Trump, su postura pro-rusa y su retórica antieuropeísta, apostando por una radicalización que creía consolidaría su base electoral.
Resultado: Derrota electoral. El electorado húngaro, afectado por la inflación, el aislamiento europeo y la percepción de que Orbán antepuso la lealtad ideológica a los intereses nacionales, optó por el cambio.
Lección según Bassets: La identificación sin distancia con Trump resultó electoralmente letal en el contexto europeo.
Implicaciones para la Derecha Radical Europea. El análisis de Bassets tiene implicaciones que van más allá de los casos itáliano y húngaro. Si Trump se ha convertido en un activo tóxico, ¿qué significa esto para el futuro del populismo de derecha en el continente?
Reconfiguración ideológica. Los partidos ultraderechistas deberán redefinir su identidad sin apoyarse en el referente trumpista. Esto implica construir narrativas propias, más ancladas en los contextos nacionales y menos dependientes de figuras externas.
Tensión entre pureza y pragmatismo. La disyuntiva entre mantener la radicalidad ideológica y adaptarse para gobernar seguirá siendo el dilema central. Meloni lo resolvió hacia el pragmatismo; Orbán pagó el precio de la intransigencia.
Nuevos referentes. La ultraderecha europea buscará nuevos modelos: líderes que combinen discurso identitario con credibilidad institucional. El espacio para un «trumpismo sin Trump» está siendo explorado activamente. El ascenso de figuras como Geert Wilders en Países Bajos o la consolidación del RN de Le Pen en Francia sugieren que la ultraderecha puede crecer electoralmente sin necesitar a Trump como ícono central.
Visión Prospectiva: Lo Que Revela la Toxicidad de Trump
El artículo de Marc Bassets no debe verse como una simplemente una crónica de dificultades electorales. A mi jmuicio, y por ello lo visualizo y comparto, es un diagnóstico profundo sobre los límites de la internacionalización del populismo y sobre las condiciones en que los liderazgos carismáticos extranjeros pueden ser importados o rechazados por los ecosistemas políticos locales.
¿Los efectos y las lecciones?
Trump no es exportable sin costo. El trumpismo fue durante años una marca política con valor en Europa. Hoy, esa marca genera resistencias que sus propios beneficiarios no pueden ignorar. La política es local, y los contextos nacionales europeos no son el suelo fértil que parecían en 2016.
Los líderes europeos deben elegir. La trayectoria de Meloni —adaptación y supervivencia— frente a la de Orbán —rigidez y derrota— plantea una elección estratégica clara para toda la derecha radical: entre la coherencia ideológica y la viabilidad electoral en entornos institucionales complejos.
La ultraderecha seguirá siendo relevante. Que Trump sea tóxico no significa el fin del populismo de derecha en Europa. Significa su maduración forzosa: el movimiento deberá encontrar nuevos lenguajes, nuevas alianzas y nuevas figuras que no dependan de la validación estadounidense para construir legitimidad propia.
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