El capulín, Muntingia calabura, árbol profundamente arraigado en la cultura de Tabasco, enfrenta un riesgo real de desaparecer de patios, calles y áreas verdes del estado. Por generaciones fue parte del paisaje cotidiano y de la medicina tradicional, pero hoy su presencia es cada vez más escasa debido a la urbanización y al cambio de hábitos.
No se trata solo de un árbol de sombra rápida y frutos dulces. La sabiduría popular lo ha usado como botiquín natural: sus hojas en infusión alivian dolores de cabeza, fiebre y malestares estomacales; la decocción de su corteza y flores funciona como antiséptico y desinflamatorio. El fruto aporta vitamina C, fósforo, calcio, fibra y flavonoides con acción antibacteriana y antioxidante.
Los antiguos lo consumían directo de la rama o en aguas frescas para combatir el calor, y aprovechaban su madera ligera. Su floración blanca casi todo el año lo convierte en una especie clave para abejas, colibríes y murciélagos, sosteniendo la polinización y la biodiversidad local.
Crece en menos de dos años, no exige cuidados, da fruta, medicina y sombra. Volver a sembrarlo en predios, banquetas y traspatios significa recuperar salud, tradición y equilibrio ecológico para Tabasco.
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