Desborda alegría y esperanza del pueblo de Tabasco por visita de la Presidenta Claudia Sheinbaum

La enorme ceiba ubicada casi a la entrada del Aeropuerto Carlos A. Rovirosa, dio sombra a unas trescientas personas reunidas desde las ocho de la mañana, para dar la bienvenida a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en su sexta visita a Tabasco.

Entre el alegre gentío, sentada en una silla playera y con un mini ventilador portátil, se encontraba doña Guadalupe Cano. La abuela trajo el aparatito desde Gaviotas, sector Armenia, a fin de mantener fresca.

«Estoy dializada. Pero soy una mujer agradecida. Me mueve la gratitud, primero hacia Dios. Y después a la Presidenta, por los programas que ha bajado hasta nuestra comunidad, como el programa de discapacidad, que me ha ayudado mucho», reconoció, resaltando que la buena relación que hay, entre la Presidenta y el Gobernador, beneficia a Tabasco.

Y cada que el rugido de potentes motores proveniente de la pista de aterrizaje sacude las ramas de los árboles cercanos, voces juveniles proclaman «ahora sí ya viene la Presidenta».

«Vine a aprovechar la oportunidad de saludar a la Presidenta. Antes decíamos que ‘había que sacar cita’, por lo difícil que era poder hablar con los gobernantes. Pero eso ya cambió. La Presidenta y el Gobernador son muy cercanos con el pueblo y dan audiencias. Y eso es positivo», sostuvo la animada señora, uniéndose a las porras.

Cuando aparece el convoy saliendo de una puerta que conduce al hangar. La multitud de coloca en fila, del lado donde viene la Presidenta de copiloto acompañada en el asiento de atrás por el Gobernador May Rodríguez.

Obreros, campesinos, jefas de familia, abuelos, estudiantes se desbordan cuando ven a la presidenta Sheinbaum sonriente, saludando de mano, dejándose tomar la foto. Levantan las pancartas que llevan, para que ella lea los mensajes: «Presidenta, gracias por querer tanto a los jóvenes», «Nuestra mejor defensora», «Amor con amor se paga», se lee en las cartulinas.

Y de pronto, la Presidenta deja el convoy y avanza hacia la muchedumbre, que agradecida, le extiende los brazos, ella corresponde abrazando al pueblo, seguida por el mandatario Javier May, orgulloso de la calidez tabasqueña.

La Presidenta se detiene frente a un hombre que se había quedado en su silla de ruedas, viendo a la distancia los abrazos y saludos. Ahora don Lucio García, quien vino, según sus propias palabras: a «hacer historia», tenía a la Presidenta enfrente, ofreciéndole un abrazo. «Gracias. Presidenta», alcanzó a decir con un nudo de emoción en la garganta, sin mencionarle la admiración y respeto que siente por su férrea defensa de la soberanía nacional.

La Presidenta volvió al convoy, cuidada por las mujeres que la habían abrazado y ahora pedían abrirle paso, en su primer día en «la tierra donde más alumbra el sol».

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