¿POR QUÉ IMPORTA EL FESTIVAL DE CINE DE CANNES?

Por: Silvestre López Portillo Villegas

Los días del 12 al 23 de mayo se llevó a cabo el Festival Internacional de Cine de Cannes. Tal vez, al leer esto, usted se pregunte qué tiene que ver este evento con nosotros, por qué debería importarnos o en qué puede afectar lo que veremos en México durante los próximos meses. La respuesta es sencilla: si le gusta ir al cine, ya sea para entretenerse o para encontrar películas que después den tema de conversación, Cannes importa mucho.

En México, el cine sigue siendo una de las actividades de entretenimiento presencial más relevantes. De acuerdo con el INEGI, está entre los eventos culturales con mayor asistencia y, según la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (CANACINE), en 2025 se vendieron 203 millones de boletos. Millones de mexicanos siguen acudiendo a las salas cada año; por lo tanto, lo que ocurre en la Riviera Francesa termina influyendo directamente en las pantallas de nuestros cines comerciales, cinetecas, festivales y plataformas.

Cannes no es solamente una alfombra roja llena de celebridades. Es también el epicentro donde el cine se legitima, se compra, se vende, se discute y se proyecta hacia el mundo. Muchas obras que hoy parecen lejanas, pequeñas o desconocidas encuentran ahí el impulso necesario para cruzar fronteras. Es un escaparate artístico, un espacio cultural internacional y una plataforma de negocios para directores, actores, productores, distribuidores y cinematografías globales.

Thierry Frémaux, delegado general del festival, lo ha definido con precisión: “Cannes es el lugar donde el cine reafirma su capacidad para cuestionar el mundo. No somos un festival político, pero proyectamos las películas de los autores que están mirando políticamente a su entorno”.

El festival que define el rumbo del cine mundial

Para dimensionar el festival sin perdernos, podemos dividir su peso en tres grandes pilares. El primero es el prestigio artístico. La sección principal, llamada Competencia Oficial, es donde se disputa la Palma de Oro, el galardón más codiciado y uno de los reconocimientos cumbre del cine mundial. En esa misma terna se entregan los premios a mejor dirección, mejor guion, mejor actriz, mejor actor, el Gran Premio y el Premio del Jurado.

En 2026, el certamen recibió 2,541 largometrajes de 141 países, pero solo 22 lograron ingresar a la Competencia Oficial. Dicho de otra forma, figurar en esa sección ya es una distinción enorme. Una película elegida ahí no solo aspira a un premio, sino que ingresa de lleno a la conversación cinematográfica internacional.

Sin embargo, el festival no se reduce a la Palma de Oro. Cuenta con otras secciones fundamentales para tomarle el pulso al cine que viene. Una de las más destacadas es Un Certain Regard (Una cierta mirada), que en 2026 seleccionó 19 películas. Este espacio suele abrir la puerta a nuevas voces, propuestas más arriesgadas o directores que el festival desea resaltar. También existen las funciones Fuera de Competencia, las proyecciones de medianoche, Cannes Première y Proyecciones Especiales, donde se presentan títulos de gran calibre que, aunque no compiten por el premio mayor, son parte medular del evento.

A esto se suman las influyentes secciones paralelas. La Semana de la Crítica se especializa en descubrir primeras y segundas películas de nuevos realizadores; en 2026 recibió 1,050 largometrajes y 2,400 cortometrajes, eligiendo únicamente 11 largometrajes y 13 cortometrajes. La Quincena de Realizadores presentó 19 largometrajes y 9 cortometrajes de 19 países. Cannes Classics recuperó obras restauradas y documentales sobre la historia del cine. Por su parte, la Competencia Oficial de Cortometrajes seleccionó apenas 10 obras entre 3,184 recibidas, y La Cinef eligió 19 trabajos de escuelas de cine entre 2,750 enviados.

Mucho más que glamour: el negocio y la influencia detrás de Cannes

El segundo pilar es la visibilidad mediática. Cannes es una de las vitrinas culturales más poderosas del planeta. Según datos del propio festival, el evento es cubierto por más de 4,000 periodistas y más de 2,000 medios representantes de alrededor de 90 países. Esto se traduce en que una película puede pasar del anonimato a convertirse en noticia internacional en cuestión de horas.

Esta visibilidad no nace únicamente del glamour o las estrellas. Surge del calor de las críticas, las entrevistas, las conferencias de prensa, las ovaciones, los abucheos y las acaloradas discusiones que provoca cada función. A mitad de la edición 2026, ya se habían recibido más de 52,000 solicitudes de acreditación y habían llegado más de 35,000 acreditados. Pocos eventos culturales logran concentrar al mismo tiempo a tanta prensa, industria y conversación pública.

El tercer pilar es el poder industrial. Cannes no solo consagra películas, también las hace viables comercialmente a través de su gran motor: el Marché du Film, el mercado cinematográfico más importante del mundo. Allí, productores, distribuidores, compradores, plataformas y programadores de festivales negocian derechos, buscan socios, financian proyectos y trazan el camino que muchas cintas seguirán durante el año.

En esta edición, el Marché du Film reunió a cerca de 15,000 profesionales de más de 140 países, con alrededor de 600 expositores, 1,500 proyecciones de mercado, 250 eventos de industria y más de 4,000 proyectos en circulación. Detrás de estas abrumadoras cifras hay obras buscando llegar al público y empresas decidiendo qué historias recorrerán el mundo.

Todo esto explica por qué Cannes es un termómetro ineludible. Lo que allí se premia adquiere prestigio instantáneo; lo que se vende en su mercado asegura su llegada a las salas, y lo que se discute en sus pasillos marca la pauta del año. Aunque el festival no dictamina por completo la cartelera mexicana, sí determina qué producciones serán visibles, deseadas y comentadas durante lo que resta de 2026 y buena parte de 2027.

México brilla en Cannes con talento, premios y presencia internacional

Entendido este contexto, llegamos a la parte que nos toca de cerca. En 2026, México no tuvo una presencia aislada o anecdótica. Nuestro cine resonó en la memoria histórica, en las alfombras rojas, en el palmarés, en las secciones paralelas, en el mercado y en la conversación pública.

Uno de los momentos más simbólicos fue el regreso de El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro. La cinta volvió a proyectarse en el festival veinte años después de haber competido por la Palma de Oro en 2006, ahora dentro de Cannes Classics con una versión restaurada. La presencia del tapatío recordó a todos que aún ostenta el récord de 23 minutos de aplausos tras una función, y volvió a acaparar titulares al cerrar su intervención con un contundente “fuck AI”, recibido como una de las primeras y más fuertes declaraciones políticas de esta edición.

También fuimos testigos del regreso de Diego Luna a la silla de director, 16 años después de presentar Abel en 2010. Retornó con Ceniza en la boca (Ashes), una coproducción hispano-mexicana basada en la novela de Brenda Navarro, protagonizada por Anna Díaz, Adriana Paz y Laura Gómez. La proyección adquirió un peso nostálgico para el cine nacional al contar entre el público con Gael García Bernal y Alfonso Cuarón, figuras inseparables de la historia de Y tu mamá también.

Vale la pena hacer un énfasis particular en la presencia de Adriana Paz. La actriz no caminó por la Croisette como una invitada más, sino que volvió al certamen que en 2024 la galardonó como Mejor Actriz por Emilia Pérez —un premio compartido con sus compañeras de reparto, pero histórico para una intérprete mexicana—. Más allá de cualquier controversia sobre aquella cinta, resultó emocionante verla recibir el respeto del público y pisar la alfombra roja consolidada como parte de una reducida élite de actrices premiadas en Cannes.

Otro punto alto lo entregó Marina de Tavira. La actriz, nominada al Oscar por Roma, participó en Siempre soy tu animal materno, de la cineasta costarricense Valentina Maurel, seleccionada en Una cierta mirada. Al cierre del festival, De Tavira se alzó con el premio a Mejor Actriz de dicha sección —compartido con Daniela Marín Navarro y Mariangel Villegas—. Este reconocimiento revalida la potencia de nuestras intérpretes dentro de un circuito de autor sumamente exigente.

Gael García Bernal, por su parte, mantuvo un perfil altamente visible. Acompañó a Diego Luna en el estreno de Ceniza en la boca como productor ejecutivo, apareció como actor en el elenco de The End of It —dirigida por Maria Martínez Bayona en Cannes Première— y finalmente subió al escenario en la clausura para entregar el Premio del Jurado. Fiel a su estilo, protagonizó uno de los momentos más virales de la noche. Al disculparse por no hablar en francés, lanzó un dardo que mezcló humor, nervio político y un excelente ritmo escénico:

“Me excuso por adelantado por no presentar el premio en francés porque mi francés es terrible ahora, pero no tan terrible como la situación geopolítica actual y mucho mejor que la reputación de la FIFA, definitivamente”.

Con ello, Gael demostró una vez más que no solo ocupa los grandes escenarios del cine mundial, sino que también los utiliza para lanzar reflexiones incómodas, políticas y profundamente latinoamericanas.

La cereza del pastel llegó durante el palmarés final, con el anuncio de que Para los contrincantes, del argentino Federico Luis, se llevaba la Palma de Oro al mejor cortometraje. Este premio tuvo un sabor profundamente nuestro: fue rodado en Tepito, contó con coproducción mexicana a cargo de Elena Fortes y Fernanda de la Peza, y narró una historia gestada en uno de los barrios más emblemáticos de la Ciudad de México. El propio director lo resumió con una frase para el registro: “Soy argentino, pero el filme es mexicano, chileno y francés”.

La huella nacional se extendió también a Cannes Écrans Juniors, sección enfocada en públicos a partir de los trece años, donde participaron Moscas, de Fernando Eimbcke; Vainilla, de Mayra Hermosillo; y Chicas tristes, de Fernanda Tovar. En el ámbito industrial, el director y productor Rafa Lara aprovechó el Marché du Film para presentar Estirpe, una nueva productora con sedes en Guadalajara y Madrid.

Toda esta maquinaria efervescente es la razón por la que Cannes resulta relevante para quienes compramos un boleto de cine o damos play en nuestra sala. Las obras que hoy se aplauden o se venden allá, mañana conformarán nuestra oferta cultural. Mantener la mirada atenta al festival nos permite afinar nuestro criterio, reconocer qué propuestas llegan respaldadas internacionalmente y valorar el trabajo de los cineastas mexicanos que logran abrirse paso en la cumbre de la cinematografía global.

La próxima vez que una película con el sello de Cannes llegue a nuestra cartelera, valdrá la pena darle una oportunidad. No solo por el mero apetito cinéfilo, sino porque dentro de esa sala puede estar gestándose una de las conversaciones más estimulantes que usted y yo, como espectadores, podríamos tener al encenderse las luces.

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