Preservan el ‘Jardín de Dios’ en Tapijulapa

En el ejido Zunú, a las puertas de Tapijulapa, Daniel y Elías Cruz Díaz salvaguardan el legado de su padre, ‘Chilo’, un pionero herbolario. Con 300 especies medicinales, este santuario de 14 hectáreas fusiona el conocimiento ancestral con el ecoturismo, consolidándose como un faro de sanación, historia y cultura viva en el corazón de la selva tabasqueña.

Texto y fotos Joel Rubio / Tacotalpa

El aroma a tierra húmeda y el susurro de la vegetación tropical dan la bienvenida al visitante apenas se adentra en el ejido Zunú. Aquí, el tiempo parece haberse detenido hace décadas para dar paso a un universo donde las hojas, las raíces y las flores poseen voz propia. Este es el ‘Jardín de Dios’, un santuario de 14 hectáreas que nació en la década de los sesenta gracias a la visión de Isidro Cruz Martínez, el legendario herbolario conocido cariñosamente como ‘Chilo’.

Hoy, el legado de don Isidro no solo sobrevive; florece con vitalidad gracias a sus hijos, Daniel y Elías Cruz Díaz. Para ellos, este no es simplemente un terreno cultivado, sino un refugio de conocimiento ancestral que han logrado abrir al mundo. Caminar por sus senderos es realizar un viaje etnobotánico: cada planta es un capítulo de una historia que se remonta a los tiempos prehispánicos. El maguey, majestuoso, cuenta leyendas de antiguos rituales, mientras que la sábila y la hoja de guayaba ofrecen alivio a las dolencias del cuerpo, tal como lo enseñaron los abuelos.

Más allá de las flores
El jardín alberga más de 300 especies medicinales y una colección de flores exóticas que pintan el paisaje de colores vibrantes. Sin embargo, su valor trasciende la botánica. En un esfuerzo por salvaguardar este tesoro, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT) colabora estrechamente con la familia Cruz en una investigación científica sobre más de 50 especies, validando la eficacia medicinal y preservando el saber empírico que corre por las venas de los hermanos.

Novedades tuvo la oportunidad de recorrer este edén, donde la experiencia humana se vuelve protagonista. El jardín se ha transformado en un epicentro de turismo cultural y sanación holística. Los visitantes pueden sumergirse en la paz de un temazcal tradicional, recibir masajes terapéuticos o simplemente caminar bajo el dosel arbóreo mientras Daniel y Elías comparten, con una generosidad contagiosa, las propiedades de la flora local.

Este rincón de Tapijulapa es, hoy más que nunca, un punto de encuentro entre la ciencia, el turismo y las tradiciones que dan identidad a Tabasco. En un mundo acelerado, los hermanos Cruz nos recuerdan que la respuesta a muchas de nuestras inquietudes ha estado siempre, paciente y generosa, esperando entre la maleza. Aquí, en el ‘Jardín de Dios’, la vida se respeta, se estudia y, sobre todo, se celebra con cada brote que emerge del suelo tabasqueño.

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