Calor, sequías y mosquitos, impacto de’El Niño’ al Sureste

Adrián de Dios Solís, comunicador y divulgador científico, explicó en entrevista con Novedades de Tabasco cómo acercar la ciencia al público sin alarmismos y con pensamiento crítico y entender así los efectos que este fenómeno tiene para nuestro estado.

Cesia Ocaña

Villahermosa

Adrián de Dios Solís, licenciado en Comunicación, ha encontrado en la divulgación científica un puente entre dos mundos que rara vez se cruzan con facilidad: la ciencia y el periodismo. Su trayectoria inició con estancias de investigación en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), donde descubrió que la comunicación también puede ser una herramienta para traducir el conocimiento científico hacia la vida cotidiana.

“En comunicación, buscar una línea con impacto científico no siempre es sencillo”, explicó el tabasqueño. Sin embargo, tras participar en programas de investigación y acercarse a temas de ciencias sociales y ambientales, encontró en la divulgación científica y el periodismo científico su principal enfoque.

Para Solís, uno de los mayores retos no es solo explicar la ciencia, sino evitar que esta genere alarma innecesaria. “La idea es desmitificar la ciencia. No es solo laboratorio o cosas aburridas; la ciencia está en todos lados”, afirmó. Su objetivo, dice, es hacer comprensible la información sin caer en el pánico o la desinformación.

En ese sentido, considera que la comunicación científica debe ayudar a entender fenómenos complejos como el calentamiento global o el cambio climático sin interpretaciones extremas.

El sureste ante El Niño y el ‘superniño’

En regiones como Tabasco, Chiapas, Campeche y Quintana Roo, los efectos más visibles del fenómeno de El Niño, y sus fases más intensas, conocidas como ‘superniño’, suelen ser el aumento de temperaturas, golpes de calor y sequías prolongadas.

Aunque estos fenómenos son cíclicos, el especialista advierte que su impacto puede intensificarse en contextos de urbanización y pérdida de ecosistemas como manglares, que funcionan como barreras naturales ante eventos climáticos extremos.

“En lugar de que nos favorezca o nos perjudique directamente, lo que ocurre es que se intensifican los efectos”, señala.

El impacto del calor extremo no solo es ambiental. También afecta la salud pública y la economía local. En el sector agrícola y ganadero, la falta de lluvias puede traducirse en pérdida de forrajes, disminución del peso del ganado y mayores riesgos de mortalidad animal. En la vida diaria, el riesgo de golpes de calor aumenta, especialmente en zonas húmedas donde la sensación térmica puede ser aún más alta. Además, las condiciones climáticas favorecen la proliferación de enfermedades transmitidas por mosquitos como dengue, chikungunya y zika.

Para el especialista, uno de los mayores desafíos será la adaptación de la vida cotidiana a condiciones climáticas más extremas.

Esto incluye ajustar horarios laborales, especialmente en actividades al aire libre, e impulsar medidas como el trabajo remoto o la reorganización de jornadas para evitar las horas de mayor exposición solar.

“Hay oficios que no pueden detenerse, como la cocina o el trabajo en campo. La clave está en cómo nos adaptamos”, señala.

Combatir la desinformación

En un entorno donde circulan imágenes falsas o generadas por inteligencia artificial, Solís enfatiza la importancia del pensamiento crítico.

Recomienda verificar la información en fuentes oficiales, contrastar datos y evitar decisiones basadas en cadenas o publicaciones no verificadas.

“No entrar en pánico es fundamental. Primero hay que informarse, luego analizar y después actuar”, afirma.

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