Por: José Ángel ViGo

De Londres a las fondas: Los sabores ingleses que México hizo suyos
Hay partidos que duran noventa minutos, pero otros llevan siglos jugándose. Mientras el balón rueda y millones contienen el aliento, ocurre un encuentro silencioso sobre nuestras mesas: la cocina, que ignora las rivalidades y transforma las distancias en puentes de sabor. Este domingo, México e Inglaterra se miden en el campo mundialista, pero mucho antes, ambos países comenzaron un intercambio gastronómico que, hoy, sabe a hogar.
La maestría de la reinterpretación
La grandeza de la cocina mexicana no radica solo en su riqueza ancestral, sino en su capacidad prodigiosa para adoptar influencias externas y convertirlas en algo propio. Nuestra gastronomía no copia: interpreta, reinventa y, sobre todo, dialoga. Así, ingredientes y técnicas británicas llegaron para mezclarse con nuestro ingenio, integrándose con tal naturalidad que hoy los consumimos sin recordar su origen atlántico.
El sándwich: un inglés con alma mexicana
El ejemplo más emblemático es el sándwich. Nacido en el Reino Unido durante el siglo XVIII, se le atribuye al conde John Montagu, quien popularizó la costumbre de colocar carne entre dos rebanadas de pan para no ensuciar sus naipes durante largas jornadas de juego. Sin embargo, en México, este invento encontró su verdadera vocación: lo rellenamos de milanesa, cochinita, aguacate, frijoles o chiles en vinagre. El sándwich dejó de ser británico hace mucho; hoy, habla con acento mexicano.
Del pie al budín
Otros viajeros distinguidos han tenido un destino similar. El pie se transformó en nuestro entrañable ‘pay’, presente en cada celebración familiar; mientras que el pudding evolucionó en el reconfortante budín, adaptado en cada región con ingredientes locales. Es la prueba de que, junto con las recetas, viajan las palabras y la cultura.
El Cheddar y el ritual del té
El té, legado social británico, ocupa hoy un lugar privilegiado en nuestras sobremesas. Asimismo, el queso cheddar de Somerset se ha vuelto un ingrediente omnipresente en hamburguesas, tortas y antojitos, donde ya nadie cuestiona su procedencia. Incluso el icónico fish and chips ha hallado su espacio, adaptándose a nuestras costas y comedores urbanos con una frescura renovada.
México: el lienzo infinito
Lo fascinante no es la adopción, sino la metamorfosis. Donde otros ven una receta terminada, México encuentra un lienzo en blanco. Añadimos el picante del chile, el frescor del limón, la cremosidad del aguacate y esa creatividad que es, en esencia, nuestro ingrediente secreto.
Cuando el árbitro marque el inicio del partido, el mundo hablará de tácticas y goles; pero mientras los jugadores disputan la victoria sobre el césped, nosotros seguiremos honrando un intercambio cultural que, lejos de ser pasajero, se sirve todos los días en nuestros platos.
Y si el futbol nos recuerda quiénes somos, la gastronomía nos enseña que también formamos parte de todos aquellos sabores que alguna vez decidimos recibir con los brazos abiertos.
Que ruja el estadio y se encienda la pasión; que el honor se defienda con el alma y el corazón; porque hay victorias que se escriben con un gol, y otras que se sirven en la mesa de una nación.
Les deseo buenos días, buenas tardes, buenas noches… y buen provecho.
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