Columna: Prospectiva

Por: Emilio de Ygartua M.

El Futuro del Trabajo en un Nuevo Orden Mundial

Prospectiva comparte algunas reflexiones sobre la hipotética reedición de «¡Sálvese Quien Pueda!» de Andrés Oppenheimer: lo que se predijo en 2018, lo que nadie anticipó, y lo que habría que reescribir hoy.

Lo que Oppenheimer predijo en 2018. Cuando el libro apareció hace casi una década, su argumento central resultaba inquietante pero abstracto: la automatización y la inteligencia artificial eliminarían entre el 40% y el 60% de los empleos tal como los conocemos en un horizonte de dos décadas. Oppenheimer señalaba a los conductores de camión, cajeros bancarios y operarios de manufactura como los primeros en sentir el impacto. También advertía que América Latina estaba particularmente expuesta por su rezago educativo y tecnológico, y que los gobiernos de la región dormían en los laureles mientras el mundo se transformaba a velocidad inédita. Esas predicciones, en líneas generales, han envejecido bien.

Lo que nadie anticipó: la pandemia como acelerador

Sin embargo, ningún analista —Oppenheimer incluido— dimensionó el papel que jugaría una pandemia global como catalizador de la disrupción laboral. El COVID-19 no solo mató empleos; los relocalizó, los virtualizó y, en muchos casos, los hizo desaparecer en cuestión de semanas. El teletrabajo pasó de ser un beneficio marginal a convertirse en la norma para cientos de millones de personas en todo el mundo. La «gran renuncia» que siguió a la reapertura económica reveló que los trabajadores habían recalibrado sus prioridades: salario, propósito y flexibilidad dejaron de ser un orden jerárquico fijo. Ese reordenamiento de valores no estaba en el guión de 2018.

Lo que habría que reescribir hoy. En una hipotética edición de 2026, el capítulo central ya no sería la automatización como amenaza futura, sino la inteligencia artificial generativa como realidad presente. Herramientas como GPT-4, Gemini o Claude están redefiniendo profesiones que antes se consideraban inmunes: abogados, periodistas, médicos, diseñadores y programadores ven cómo sus tareas más rutinarias son absorbidas por modelos de lenguaje en tiempo real. La pregunta ya no es si la IA reemplazará empleos, sino qué tipo de humano seguirá siendo irreemplazable.

Para los trabajadores. La recapacitación continua deja de ser una opción y se convierte en condición de supervivencia laboral. Las habilidades blandas —pensamiento crítico, empatía, creatividad— adquieren un valor premium frente a la automatización.

Para las empresas. El reto no es solo adoptar tecnología, sino gestionar organizaciones híbridas donde humanos y sistemas de IA colaboran. La productividad se mide diferente y el talento escaso se redistribuye globalmente.

Para los gobiernos. Las políticas de protección social diseñadas para el siglo XX no alcanzan para cubrir el siglo XXI. La discusión sobre renta básica universal, portabilidad de beneficios y nuevas formas de tributación al capital digital es ya urgente e ineludible.

En definitiva, una reedición de «¡Sálvese Quien Pueda!» tendría que reconocer que el futuro llegó antes de lo previsto —y que llegó de forma mucho más desigual de lo que cualquier modelo econométrico anticipaba.

El Libro que Alertó al Mundo en 2018. En 2018, el periodista y analista argentino-estadounidense Andrés Oppenheimer publicó «Sálvese Quien Pueda!», un ensayo de largo aliento que ponía sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué trabajos sobrevivirán a la automatización? Apoyándose en investigaciones de la Universidad de Harvard y en entrevistas con expertos tecnológicos, economistas y líderes empresariales de todo el mundo, Oppenheimer construyó un argumento contundente: la Cuarta Revolución Industrial no sería una evolución gradual, sino una disrupción acelerada que amenazaría más de 300 categorías de empleos.

El libro señalaba que tareas repetitivas, cognitivamente simples o fácilmente codificables eran las más vulnerables: desde cajeros bancarios hasta contadores de nivel básico, pasando por operadores de manufactura y ciertos perfiles jurídicos y médicos de rutina. Su tesis central era provocadora pero bien fundamentada: quienes no se reinventen, quienes no desarrollen habilidades que las máquinas no puedan replicar, quedarán en una posición de extrema fragilidad laboral.

La obra generó debate inmediato en América Latina, una región donde la informalidad laboral es alta y la inversión en educación tecnológica, insuficiente. Sin embargo, el propio Oppenheimer no podía prever que, apenas un año después de la publicación, un evento global resetearía todas las variables del tablero.

La Variable que Nadie Calculó: el COVID-19

En diciembre de 2019, un nuevo virus comenzó a propagarse en Wuhan, China. En cuestión de meses, la pandemia de COVID-19 transformó de manera radical la dinámica laboral, educativa y social del planeta entero —una disrupción que ningún modelo predictivo, por sofisticado que fuera, había contemplado en sus escenarios.

Trabajo remoto masivo. Millones de empleados migraron al teletrabajo en cuestión de semanas. Lo que muchas empresas consideraban una concesión excepcional se convirtió en la norma. Sectores enteros descubrieron que podían operar de forma distribuida, lo que redefinió el concepto mismo de «lugar de trabajo».

Educación en línea acelerada. Universidades, escuelas y centros de formación se volcaron hacia plataformas digitales. La brecha entre quienes tenían acceso a tecnología y quienes no la tenían se hizo más visible que nunca, pero también se desarrollaron soluciones innovadoras de acceso a bajo costo.

Destrucción y creación de empleo simultáneas. Mientras sectores como la hostelería, el turismo y el comercio minorista físico colapsaban, otros como la logística digital, la ciberseguridad, el desarrollo de software y la telemedicina experimentaban una demanda sin precedentes. La pandemia no solo destruyó empleos: creó perfiles que en 2018 no existían o eran marginales.

Comercio electrónico como tabla de salvación. Empresas que habían pospuesto su transformación digital se vieron obligadas a adoptarla en semanas. El comercio electrónico no fue solo una tendencia: fue la diferencia entre la supervivencia y el cierre definitivo para miles de negocios en todo el mundo.

La Revolución Industrial 5.0: El Ser Humano en el Centro

La etapa post-COVID no solo confirmó las predicciones de Oppenheimer sobre la digitalización: las superó. La adopción acelerada de herramientas digitales, sumada al boom de la inteligencia artificial generativa —con hitos como ChatGPT, Copilot, Gemini y decenas de modelos especializados— configura lo que analistas europeos ya denominan la Revolución Industrial 5.0.

A diferencia de la 4.0, centrada en la automatización y la eficiencia de los procesos, la 5.0 pone al ser humano en el centro de la innovación. No se trata de reemplazar personas con máquinas, sino de construir una simbiosis productiva donde las capacidades cognitivas, emocionales y creativas humanas se amplifican mediante herramientas tecnológicas avanzadas.

Este cambio de paradigma tiene implicaciones profundas para el mercado laboral: los perfiles más demandados no serán solo los técnicos, sino aquellos capaces de trabajar en la interfaz entre tecnología y humanidad: diseñadores de experiencias con IA, especialistas en ética algorítmica, coordinadores de equipos híbridos humano-máquina, y formadores de competencias digitales.

Colaboración Humano-Máquina. La IA amplifica capacidades humanas en lugar de sustituirlas, generando nuevos roles de supervisión, diseño y validación.

Inteligencia Artificial Generativa. Modelos como GPT-4 y sus sucesores han democratizado capacidades que antes requerían equipos especializados de alto costo.

Trabajo Interconectado Global. El trabajo remoto internacionalizó el talento, permitiendo que profesionales de países emergentes compitan directamente en mercados globales.

Un Nuevo Orden Geopolítico que Reescribe las Reglas

Si Oppenheimer decidiera actualizar su libro en 2026, uno de los capítulos más nuevos y urgentes sería el del nuevo orden geopolítico. El paisaje internacional que describió en 2018 ha cambiado de forma sustancial, con consecuencias directas para el mercado laboral global.

Estados Unidos: del libre comercio al proteccionismo

EE.UU., durante décadas el principal defensor del libre comercio y la globalización, ha adoptado una postura marcadamente proteccionista. A través de aranceles selectivos, restricciones a la exportación de semiconductores y chips avanzados, y regulaciones sobre inversión extranjera en sectores estratégicos, Washington ha señalado con claridad que la competitividad tecnológica es ahora un asunto de seguridad nacional. Esto no solo afecta el flujo de bienes: impacta directamente la cadena de suministro tecnológico global y la disponibilidad de talento especializado en inteligencia artificial y computación cuántica.

Las implicaciones laborales son complejas: mientras algunas industrias manufactureras se «reshorizan» hacia territorio estadounidense, generando empleos locales, otras empresas enfrentan costos más altos que reducen su capacidad de contratación. La lógica de «proteger empleos» mediante aranceles no siempre se traduce en más empleos netos a largo plazo.

China: el mercantilismo como estrategia de Estado

Por su parte, China ha emergido como un actor hegemónico con una estrategia de expansión económica y política sin precedentes modernos. La iniciativa de la «Ruta de la Seda» (Belt and Road Initiative) extiende la influencia china en más de 140 países de Asia, África, Europa del Este y América Latina, construyendo infraestructuras, creando dependencias financieras y posicionando tecnología china —desde redes 5G hasta sistemas de vigilancia— en mercados estratégicos.

Esta expansión tiene una dimensión laboral directa: genera empleos en países receptores, pero también importa mano de obra china, transfiere tecnología bajo condiciones que favorecen a empresas estatales chinas, y construye ecosistemas laborales que responden a la lógica de Pekín más que a la de los gobiernos locales. Para América Latina, este dilema es especialmente agudo.

¿Siguen Vigentes las Tesis de Oppenheimer en 2026?

Evaluar la validez de las predicciones de 2018 requiere separar lo que fue certero, lo que quedó incompleto y lo que la realidad superó por completo. El ejercicio no es menor: de esta evaluación depende qué tan útil resulta el libro como brújula para navegar el presente.

Lo que acertó. La automatización ha avanzado exactamente como Oppenheimer predijo: empleos de entrada, tareas repetitivas y perfiles sin especialización diferenciada han sido los más golpeados. El auge de la IA generativa ha acelerado incluso la sustitución de ciertos trabajos creativos y cognitivos de nivel medio. La urgencia de la formación continua y el upskilling también resultó ser una predicción exacta.

Lo que quedó incompleto. Oppenheimer subestimó la velocidad con la que el trabajo híbrido y flexible se normalizaría. También subestimó el rol de las plataformas digitales como empleadoras de facto (gig economy) y la capacidad de ciertos empleos «físicos» —como mensajería, cuidados y manufactura artesanal— para resistir la automatización precisamente por su componente humano irremplazable.

Lo que la realidad superó. La pandemia, la guerra en Ucrania, el conflicto comercial EE.UU.-China y el surgimiento de la IA generativa como herramienta masiva son variables que transforman el escenario de forma estructural. Ningún modelo de 2018 incorporó estas disrupciones simultáneas. La velocidad del cambio no solo superó las predicciones: cambió la naturaleza misma de lo que se predecía.

El valor de «Sálvese Quien Pueda!» no reside en la exactitud de cada predicción, sino en haber instalado el debate sobre la adaptabilidad como competencia central del siglo XXI.

Mercado laboral

La Nueva Cartografía del Trabajo: Perfiles que Emergen y Perfiles que Desaparecen

Perfiles en ascenso acelerado:

Especialistas en IA y Machine Learning. No solo ingenieros: también gestores de proyectos de IA, evaluadores de sesgo algorítmico y especialistas en interpretabilidad de modelos.

Diseñadores de experiencia digital. UX/UI con conocimiento de psicología cognitiva, capaces de hacer la tecnología accesible para poblaciones diversas.

Gestores de talento híbrido. Profesionales de RRHH capaces de gestionar equipos distribuidos globalmente, con herramientas digitales y sensibilidad intercultural.

Creadores de contenido especializado. La economía de la atención digital ha multiplicado la demanda de creadores que combinen expertise técnico con habilidades comunicativas.

Perfiles bajo mayor presión

Analistas de datos de nivel básico. Las herramientas de BI automatizadas han reducido drásticamente la demanda de analistas que solo ejecutan consultas estándar sin criterio interpretativo.

Traducción y transcripción estándar. Los modelos de lenguaje han reducido la demanda de traducción de textos rutinarios, aunque la traducción literaria y especializada mantiene valor.

Atención al cliente de primer nivel. Los chatbots y asistentes virtuales han absorbido gran parte de las consultas básicas, desplazando miles de puestos de call center en todo el mundo.

Trabajo administrativo repetitivo. La automatización de procesos robóticos (RPA) ha eliminado tareas de entrada de datos, facturación rutinaria y gestión documental básica.

La Educación como Eje de la Adaptación: Más Allá del Upskilling

Uno de los argumentos más persistentes de Oppenheimer —y quizás el más vigente— es que el sistema educativo tal como fue concebido en el siglo XX es estructuralmente inadecuado para preparar a las personas para el mercado laboral del siglo XXI. La pandemia no hizo sino evidenciar esta brecha con crudeza: cuando las escuelas cerraron, los sistemas más rígidos colapsaron, mientras los más flexibles y digitalizados se adaptaron.

Una eventual reedición de «Sálvese Quien Pueda!» tendría que articular una visión educativa que incorpore al menos tres dimensiones críticas:

Competencias Tecnológicas. No solo programación básica, sino pensamiento computacional, literacidad en datos y capacidad de interactuar críticamente con sistemas de IA.

Pensamiento Crítico y Sistémico. La capacidad de analizar problemas complejos, cuestionar supuestos y generar soluciones originales es lo que las máquinas aún no replican de forma genuina.

Habilidades Socioemocionales. Empatía, comunicación, resiliencia y colaboración en entornos diversos son competencias que adquieren valor exponencial en un mundo laboral automatizado.

El reto no es solo curricular: es también de acceso. La brecha digital entre quienes pueden formarse en estas competencias y quienes no pueden reproduce y amplifica las desigualdades existentes. Una política educativa transformadora tendrá que abordar simultáneamente el qué se enseña y el quién puede aprender.

Prospectiva. Lo que Oppenheimer Tendría que Reescribir en 2026

Una reedición honesta de «Sálvese Quien Pueda!» en 2026 no sería una simple actualización de cifras: sería una reconfiguración profunda del marco conceptual. El mundo que sirvió de contexto en 2018 ha sido sacudido por al menos cinco disrupciones estructurales simultáneas que transforman el diagnóstico y, sobre todo, las recomendaciones.

La pandemia como acelerador histórico. COVID-19 comprimió en dos años una transformación digital que habría tomado una década. Esto no solo validó las predicciones de Oppenheimer: las volvió urgentes de inmediato, sin el tiempo de transición que los sistemas sociales y educativos necesitaban para adaptarse.

La IA generativa como ruptura de escala. La irrupción de modelos de lenguaje de gran escala (LLMs) como GPT-4 y sus sucesores ha llevado la automatización a territorios que en 2018 se consideraban seguros: escritura, análisis, código, diseño y hasta diagnóstico médico. El perímetro de lo «irremplazable» se ha estrechado dramáticamente.

Geopolítica como variable laboral. Las tensiones EE.UU.-China, el reshoring industrial y las cadenas de suministro regionales están redibujando el mapa de dónde se crean y destruyen empleos. La geopolítica ya no es un telón de fondo: es un factor determinante del mercado laboral.

El trabajo flexible como nueva norma. La normalización del trabajo híbrido y remoto ha redefinido la relación entre empleado y empleador, entre ciudad y trabajo, entre fronteras y talento. Un trabajador en Ciudad de México puede competir directamente por proyectos en Barcelona o Toronto. Esto democratiza el acceso pero también intensifica la competencia global.

Visión Prospectiva: Adaptarse o Quedar Atrás, Pero con un Mapa Más Complejo

La publicación de «Sálvese Quien Pueda!» en 2018 fue un llamado de atención necesario y oportuno sobre los desafíos de la automatización y la urgencia de reinventarse laboralmente. Oppenheimer logró instalar una conversación que muchos líderes empresariales, educadores y políticos latinoamericanos evitaban, incomodados por sus implicaciones sociales y políticas.

Sin embargo, la realidad de 2026 ha demostrado que el futuro del trabajo no sigue una trayectoria lineal predecible. Es, más bien, el resultado de la interacción compleja entre tecnología, geopolítica, crisis globales y decisiones culturales. La pandemia enseñó que la disrupción puede venir de donde menos se espera; la guerra comercial EE.UU.-China demostró que las reglas del juego pueden cambiar por decreto; y la IA generativa reveló que los límites de lo automatizable son móviles.

Lo que permanece vigente —y quizás sea la aportación más duradera de Oppenheimer— es la idea de que la resiliencia, la adaptabilidad y el aprendizaje continuo no son ventajas competitivas opcionales: son condiciones de supervivencia en el mercado laboral del siglo XXI. No se trata solo de sobrevivir a la automatización, sino de aprender a navegar con inteligencia y criterio en un entorno de cambio permanente.

La reedición que Oppenheimer podría publicar en 2026 tendría, sin duda, un tono más complejo, más matizado y, quizás, más esperanzador: porque este nuevo orden mundial, aunque incierto y desigual, también ofrece oportunidades sin precedentes para quienes estén dispuestos a aprender, colaborar y reinventarse.

Resiliencia. Capacidad de reconfiguración ante crisis inesperadas, tanto para individuos como para organizaciones.

Aprendizaje continuo. El upskilling y reskilling permanentes como única estrategia viable frente a la obsolescencia acelerada.

Visión global. Entender las dinámicas geopolíticas y tecnológicas como variables laborales de primer orden.

Colaboración humana. Las habilidades socioemocionales y la inteligencia relacional como ventaja diferencial irremplazable.

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