Ranchería Aztlán 4ª sección. El agua que vuelve a cruzar por debajo del Grijalva

CRÓNICA

El Grijalva amaneció tranquilo este sábado 22 de agosto. Semanas antes, y hasta hace poco, era diferente. Sobre el lomo del río, cinco lanchas de los propios pescadores sostenían una maniobra poco común: tender 174 metros de tubería, de alto grosor y 8 pulgadas de diámetro, para que el agua potable volviera a cruzar por debajo del caudal hasta la margen derecha y llevar mejor calidad de vida a las familias.

Sobre esta orilla, donde ya es Aztlán 4ª sección, la presidenta municipal Yolanda Osuna Huerta resumió su presencia ante sus anfitriones con una frase corta, a modo de bienvenida:

«Hoy es un día especial, estamos aquí cumpliendo un compromiso».

Se dijo emocionada de estar en esta zona ribereña, rodeada de delegadas y delegados provenientes de una geografía conocida en la zona: Aztlán 4ª, Buenavista 1ª y 3ª, Lomas de Ocuiltzapotlán II, Chilapa margen derecha, Chilapa 1ª margen izquierda, Los Ídolos, Aztlán 3ª. Gente de vocación pesquera, acostumbrada a cruzar el río varias veces al día, ahora reunida no para una faena de pesca, sino para convivir y celebrar: «ya hay agua en casa». Suficiente y de calidad.

«Sumando esfuerzos multiplicamos los resultados», repitió Yolanda Osuna. Y aquí hubo hechos. La obra se hizo posible porque la comunidad prestó sus lanchas para los trabajos y porque el Sistema de Agua y Saneamiento (SAS) le entró al reto técnico: unir tubería de Polietileno de Alta Densidad (PEAD) mediante termofusión a tope y anclarla al lecho del río con 10 donas de concreto para que resista la corriente.

No es una obra monumental en presupuesto –172 mil 427 pesos– pero sí en significado. Lo explicó el titular del SAS, Alfredo Villaseñor Negrete, al detallar el procedimiento: una línea que había llegado al límite de su vida útil, con fugas y cortes constantes, ahora es sustituida por una de conducción pensada para quedarse.

Para Claudia García Hipólito, ama de casa de El Bajío, el cambio se mide en lo cotidiano: ya no tener que guardar, acarrear, esperar. Para Hilda Sosa Magaña, del sector Escoba, es la certeza de abrir la llave y tener agua en el hogar. La delegada Viviana Jesús Soberano lo había dicho al dar la bienvenida: esto es calidad de vida.

La alcaldesa insistió en una idea que ha repetido en sus dos periodos de gobierno: llevar el mismo esfuerzo tanto a las colonias y fraccionamientos de Villahermosa, como a la ranchería más alejada. Recordó las acciones de pisos firmes, aulas, puentes peatonales, alumbrado y pavimentación en los Aztlanes y en la zona indígena yokot’an de la villa Tamulté de las Sabanas. «A veces no se requieren inversiones tan altas, pero sí el esfuerzo de todos», subrayó.

Con el listón cortado, el agua potable ya tiene un camino nuevo bajo el Grijalva. Hoy beneficia a los habitantes de los sectores El Bajío, El Corcho, Chilapilla y Escoba, así como a localidades circunvecinas que comparten la ribera.

Al despedirse, Osuna dejó el compromiso en voz alta:

«Cuenten con que su Presidenta Municipal seguirá con ustedes permanentemente».

Detrás, el río seguía corriendo. Encima, las lanchas ya estaban de vuelta, surcando el caudal. Abajo, bien asentada, la tubería hacía por primera vez lo que por mucho tiempo no pudo: llevar el agua, sin interrupciones, a la otra orilla y a las familias asentadas junto al Grijalva.

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