Seis “unicornios del mar” fueron equipados con transmisores satelitales y recopilaron durante tres años datos sobre la temperatura y salinidad del océano en el este de Groenlandia.
Nota completa:
Los narvales, conocidos como los “unicornios del mar” por sus característicos colmillos en espiral, asumieron un inesperado papel como aliados de la ciencia. Durante tres años, seis de estos mamíferos marinos recorrieron las aguas del este de Groenlandia equipados con pequeños transmisores capaces de registrar información sobre el océano.
Los datos obtenidos revelaron una señal preocupante: agua relativamente cálida y salada procedente del Atlántico está penetrando profundamente en los fiordos de Groenlandia y llegando hasta los glaciares, un proceso que puede acelerar el derretimiento de la capa de hielo.
El estudio aporta nuevos datos sobre una región del Ártico que permanece poco explorada debido a sus condiciones extremas y que resulta fundamental para comprender los cambios que están ocurriendo en el Atlántico Norte.
Los narvales se convirtieron en “científicos” del Ártico
Para obtener información de esta zona remota, los investigadores equiparon a seis narvales con transmisores satelitales. Los instrumentos pesaban menos de medio kilogramo y fueron diseñados para registrar la temperatura y la salinidad del agua antes de transmitir los datos mediante satélite.
Los animales fueron capturados con ayuda de cazadores locales y posteriormente liberados con los dispositivos colocados.
Una de las principales ventajas de utilizar narvales es su capacidad para desplazarse por zonas a las que resulta extremadamente difícil acceder con embarcaciones. Estos animales pueden permanecer en la región durante todo el año, incluso durante el invierno, cuando el hielo marino impide o dificulta el acceso de los barcos.
Además, pueden realizar inmersiones de casi 1,800 metros de profundidad, lo que permite obtener información de diferentes niveles de la columna de agua.
Entre 2017 y 2020, los seis narvales proporcionaron más de 2,000 observaciones de temperatura y salinidad, que posteriormente fueron combinadas con registros de la Base de Datos Mundial de los Océanos.
El agua del Atlántico avanzó más de 290 kilómetros
Los resultados mostraron que el este de Groenlandia está experimentando un proceso conocido como “atlantificación”, mediante el cual aguas relativamente cálidas y saladas del Atlántico ingresan cada vez más en los mares del Ártico.
Uno de los hallazgos más importantes fue que estas masas de agua pueden avanzar más de 290 kilómetros hacia el interior de los sistemas de fiordos.
El problema es que parte de esta agua llega hasta los frentes de los glaciares que desembocan en el mar. Al entrar en contacto con ellos, puede contribuir al derretimiento de su base y acelerar la pérdida de hielo.
Los investigadores consideran que esta información es especialmente valiosa porque permite observar procesos que difícilmente podrían documentarse mediante barcos durante los meses de invierno.
Groenlandia, una pieza clave para el clima mundial
El este de Groenlandia alberga algunos de los glaciares que drenan parte de la enorme capa de hielo de la isla hacia el océano. También es una zona fundamental para las corrientes que transportan agua fría y dulce hacia el Atlántico Norte.
Estas dinámicas están relacionadas con la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC), uno de los grandes sistemas de circulación oceánica del planeta.
La AMOC desempeña un papel importante en la distribución del calor y tiene influencia sobre el clima de distintas regiones. Por ello, los cambios que ocurren en las aguas alrededor de Groenlandia son vigilados de cerca por la comunidad científica.
Mads Peter Heide-Jørgensen, autor del estudio e investigador del Instituto de Recursos Naturales de Groenlandia, señaló que la región funciona como un indicador importante de los cambios que podrían producirse en el Atlántico Norte.
Narvales aportaron información que los barcos no podían obtener
Los investigadores consideran que el uso de narvales representa una herramienta particularmente útil para estudiar zonas inaccesibles durante buena parte del año.
Eric Achterberg, profesor del Centro GEOMAR Helmholtz de Investigación Oceánica de Kiel, destacó que el método permitió obtener nuevos datos sobre los procesos relacionados con el deshielo y, especialmente, información de invierno que resulta difícil de conseguir mediante embarcaciones.
Helen Coxall, profesora de micropaleontología marina de la Universidad de Estocolmo, señaló que los narvales lograron proporcionar en apenas tres años una cantidad de información comparable con la obtenida por seres humanos durante aproximadamente 130 años de observaciones en la región.
Aunque todavía quedan muchas preguntas por responder sobre el comportamiento del océano en esta zona, los investigadores consideran que los narvales ayudaron a revelar una parte importante de lo que ocurre bajo las aguas heladas del Ártico.
Los resultados ofrecen así una nueva perspectiva sobre el cambio climático: mientras los narvales recorren silenciosamente los fiordos de Groenlandia, sus transmisores están revelando cómo el calentamiento de las aguas del Atlántico puede estar acelerando la pérdida de hielo en una de las regiones más sensibles del planeta.
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