Cesia Ocaña
Villahermosa
Hablar de tecnología suele llevarnos a nombres de grandes empresas, inteligencia artificial, inversiones o nuevos productos. Para Silvia Rivela, también es necesario detenerse en quienes están detrás de esas transformaciones y, especialmente, en las mujeres que están construyendo desde la innovación.
Arquitecta de formación, socióloga de vocación y especialista en tecnología, innovación y futuro del trabajo, Rivela vio en la divulgación una nueva forma de construir. Ya no con ladrillos, sino con ideas, conversaciones e historias.
“Primero construía con lo físico, pero ahora me he ido más al plano de las ideas”, cuenta durante la entrevista con Novedades de Tabasco.
Su experiencia laboral tiene un hilo conductor: entender cómo se construyen las cosas. Desde la arquitectura hasta las organizaciones y la tecnología, asegura que una de las principales lecciones que se ha llevado es que las ideas necesitan ponerse a prueba.
“De poco vale una idea que se queda en el plano ahí arriba”, afirma. Por eso defiende hacer pilotos, probar, equivocarse y volver a intentarlo. Para ella, la innovación también consiste en detectar qué no funciona y modificarlo.
Habla con el ejemplo de algo tan cotidiano como un parque. Si existe un camino diseñado para atravesarlo, pero las personas constantemente cruzan por el césped para llegar más rápido, quizá el problema no esté en quienes lo recorren, sino en cómo fue diseñado.
“Si algo no funciona desde el punto de vista del diseño, las personas somos especialistas en saltarlo”, comenta.
Esa misma mirada la llevó a interesarse por las estructuras que existen detrás de las empresas, el trabajo y la tecnología.
El proyecto
Una de sus apuestas actuales es Rivela Universo TPG, también conocido como TecnoPerras Globales, un proyecto de entrevistas en el que conversa con mujeres relacionadas con la tecnología, la innovación y los negocios. La idea surgió, explica, de una inquietud que ya venía trabajando desde años atrás como activista y desde una asociación de mujeres en tecnología. Quería contar historias que no se quedaran únicamente con el éxito final, sino que mostraran también los tropiezos, las decisiones difíciles y la parte vulnerable de quienes están construyendo proyectos.
“Todas somos humanas”, señala.
El nombre TecnoPerras también tiene una historia. Rivela cuenta que durante sus años trabajando con mujeres líderes se encontró con una situación que, según ella, es bastante común: mujeres que ocupan posiciones de liderazgo y que son calificadas de manera despectiva a sus espaldas.
Decidió entonces apropiarse del término y darle otro significado.
“¿Qué perra eres? Bueno, pero para bien. Porque soy lista, porque tengo voz propia”, explica.
En sus entrevistas, procura que el género no sea el único punto de partida. No se trata de preguntarles únicamente qué significa ser mujer en tecnología, sino de conocer qué están haciendo y qué impacto están generando.
“Yo entrevisto a una mujer en tech que lo está logrando y muestro por qué lo está haciendo”, comenta.
Después, en la conversación, aparecen las experiencias relacionadas con ser mujer en un sector donde todavía existen desigualdades. Habla, por ejemplo, de casos en los que a mujeres emprendedoras se les ha cuestionado su capacidad para levantar inversiones o se les ha sugerido incorporar a un hombre en posiciones de liderazgo. Para Rivela, esas historias deben contarse, pero sin convertirlas en el único relato.
Una realidad que pesa, preocupa y ocupa
Una de sus preocupaciones es precisamente la falta de referentes femeninos visibles en tecnología. Antes de comenzar con el podcast, realizó una encuesta a 250 personas en eventos tecnológicos, una escuela de negocios y espacios públicos en España. Según relata, el 98 por ciento pudo mencionar a un hombre cuando se les preguntó por una persona relevante en tecnología. Al preguntar por una mujer, alrededor del 80 por ciento no pudo mencionar ningún nombre.
“Esto es un problema. No hay una identidad”, afirma.
Relaciona esta falta de reconocimiento con una historia más larga de invisibilización de las mujeres en la ciencia, la innovación y la tecnología. En ese contexto menciona el llamado efecto Matilda, que describe situaciones en las que los aportes de mujeres han sido ignorados o atribuidos a hombres.
Su intención, explica, es contribuir a que eso cambie contando las historias de mujeres que ya están haciendo cosas relevantes en el sector.
Pero también reconoce que el proyecto le ha dejado aprendizajes personales. Una de las cosas que más le ha sorprendido es descubrir cómo la vulnerabilidad aparece incluso en personas que están en posiciones de liderazgo.
“Una cosa que me resistía a decir y a asimilar es que a veces te tienes que endurecer y no contar tantas cosas”, reconoce.
Ella misma admite que algunas experiencias de su trayectoria profesional todavía le cuesta contar, especialmente las separaciones con socios.
“Los divorcios empresariales me cuesta todavía contarlos”, dice.
La conversación también llega a la inteligencia artificial, un tema que Rivela considera imposible dejar fuera cuando se habla del futuro del trabajo.
Su lectura es que la IA puede convertirse en una oportunidad para quienes se acerquen a ella, pero también puede profundizar algunas brechas si determinados grupos quedan fuera de la transformación tecnológica.
En el caso de las mujeres, considera que existe todavía resistencia, desconocimiento y miedo frente a estas herramientas.
“Hay mucho desconocimiento y hay mucho miedo”, señala.
Para ella, aprender a utilizar la tecnología no significa necesariamente convertirse en una persona especializada en tecnología. También puede significar aprovechar herramientas que permitan trabajar de otra manera, ampliar capacidades, ahorrar tiempo o hacer crecer un proyecto.
El problema, advierte, es quedarse al margen.
Por eso insiste en la importancia de contar historias de mujeres que ya han recorrido ese camino. Ver cómo otras personas comenzaron, qué dificultades encontraron y cómo las resolvieron puede servir como punto de partida para quienes todavía no se atreven.
“Hay que ver a otras que ya lo han hecho, cómo lo han resuelto”, dice.
Después de más de 100 charlas y de haber formado a más de 9 mil personas, Rivela continúa con esa tarea desde sus entrevistas y contenidos digitales.
Su invitación es sencilla: acercarse, preguntar y perder el miedo.
“Cuando sigues tu propio camino y eliges algo en lo que dedicar tu tiempo y construir a partir de ahí, con miedo pero haciéndolo, serás capaz de construir cosas”, afirma.
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