Por: Dr. Miguel Ángel Díaz Perera

José Eduardo de Cárdenas y Romero: un insigne tabasqueño
El 13 de octubre, se conmemoran 261 años del nacimiento del presbítero, nativo de Cunduacán, don José Eduardo de Cárdenas y Romero, autor de la Memoria a favor de la Provincia de Tabasco. Este texto sirvió de fundamento para justificar, en los debates constituyentes de 1824, la génesis de Tabasco como estado mexicano. Aunque en origen fue presentado ante las Cortes de Cádiz en 1811 como parte de la labor como diputado de don José Eduardo, con el paso de los años tuvo un desenlace inesperado, para entenderse como el embrión, el documento fundador de una identidad, un sentimiento que permite nombrarnos como tabasqueños.
En este sentido, sirva entonces recordar algunos datos biográficos de don José Eduardo que llegan hasta nosotros a través de la Relación de méritos, manuscrito que emanó de la misma pluma del cunduacanense poco después de la aventura hispánica, además de otras noticias rescatadas por Ramón Mendoza y Manuel Mestre. Es por tanto, que sabemos nació el 13 de octubre de 1765, hijo de José Roberto de Cárdenas y Breño, quien descendía de un irlandés del mismo nombre que había salido de su patria por la persecución contra católicos; su madre, Francisca Romero, descendiente de pacificadores de la región tabasqueña.
A los ocho años, en febrero de 1774, recibió de manos de Diego de Peredo, obispo de Yucatán, Cozumel y Tabasco “la tonsura clerical”; estudió gramática latina en casa de su tío y padre adoptivo, el coronel Juan Amestoy —quien fue además gobernador interino— y su esposa doña Francisca Cárdenas. Después pasó becado al Seminario Tridentino de Mérida donde estuvo seis años; después de otros ocho, se matriculó en la Real y Pontificia Universidad de México donde obtuvo el grado de bachiller en Filosofía y Teología en 1787 y ejerció la docencia..
En noviembre de 1788, dice Cárdenas, “por mandato del señor virrey don Manuel Antonio Flores, pasó de vicerrector al real y más antiguo Colegio de San Juan de Letrán”. En 1790, la Real y Pontificia Universidad de México convocó a un “certamen literario en celebridad de la exaltación al trono del Rey Padre (Carlos IV)” donde presentó un Romance endecasílabo el cual ganó una medalla de oro y dos de plata. Hacia 1794 fue ordenado presbítero y ejerció. En 1797, regresó a su suelo natal después de que se “le confirió el cargo de teniente vicario in capite y Juez eclesiástico de la provincia, y el de coadjutor, administrador general y vicario foráneo del distrito de la parroquia de Cunduacán.”
En 1804, el obispo Pedro Agustín Esteves y Ugarte, durante su visita pastoral a la provincia de Tabasco, nombró a Cárdenas “su teólogo de cámara y examinador sinodal del obispado.” En los inicios de 1805, viajó a la Real Universidad de Guatemala a cursar la licenciatura y luego el doctorado en Sagrada Teología, aprobado menine discrepante el 12 de agosto. Por mediación del mismo Esteves y Ugarte, se opuso a la vacante del curato “de su patria”, “fue presentado en primer lugar en dicho á dicho cargo, que le confirió el vice-patrono en nombre de Su Majestad a fines de marzo”. También fue, desde ese mismo instante, vicario in capite y juez honorario de toda la provincia de Tabasco. Poco después, en Campeche, se convirtió en comisario del Santo Oficio de México en la misma provincia.
En Cunduacán supo cuando los ejércitos de Napoleón invadieron España en 1807, lo que obligó, un año después, al rey Carlos IV, a abdicar a favor de su hijo Fernando VII y después, al verse encarcelados en Bayona, Napoleón impuso como autoridad máxima en 1809, a su hermano José Bonaparte. Como parte de la respuesta española, en 1810 se formaron las Cortes de Cádiz para mantener la gobernabilidad ante la ausencia del rey legítimo, además de desconocer la imposición extranjera.
Cárdenas juró fidelidad a Fernando VII e instó desde su modesto púlpito en Cunduacán a apoyar a la “madre patria”, él mismo donó, en 1808, quinientos pesos fuertes y en 1811 representó a Tabasco en las Cortes de Cádiz. No obstante, se sabe que el 1º de agosto firmó un documento conocido como “Representación de la diputación americana á las Cortes de España” que se discutió en sesión secreta el 23 de agosto. Esto produjo que don José Eduardo, cuando Fernando VII regresó al trono, quedara junto con los otros firmantes como sospechoso de traición. Regresó a la provincia de Tabasco después de pedir licencia por “hallarse enfermo”, el 24 de mayo de 1812, no sin antes firmar la Constitución de Cádiz promulgada el 19 de marzo del mismo año.
Llegó a su matria en diciembre de 1812 donde una persona desconocida lo acusó de “libertino, irreligioso y secuaz de Rousseau y Voltaire”. Hasta aquí llega su Relación de méritos, fechada el 1º de septiembre de 1816 y se retiró definitivamente a su curato en Cunduacán. Cárdenas murió el 23 de enero de 1821 “padeciendo un grave mal que fue acentuándose”. Su cuerpo fue sepultado en la finca “La Concepción” que en 1892, dice Ramón Mendoza, pertenecía a Mercedes Murelo y, en ese mismo año, sus restos se trasladaron a Cunduacán para inhumarlos en la parroquia frente al camarín de la Virgen de la Natividad; allí Mendoza verifica su ubicación el 22 de mayo, y aunque no dice el año, se infiere fue en 1963. Los restos fueron movidos porque había intención de ciertos pobladores de llevarlos a San Antonio de Cárdenas, en agradecimiento porque donó parte de sus terrenos a fin de que allí vivieran los naturales y se fundara la Villa; formas de homenajear a un insigne eclesiástico, que hoy debería estar en la memoria de todos los tabasqueños.
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