Lucha que se convirtió en activismo

Entre quimioterapias, recaídas y diagnósticos difíciles, Magaly Brito ha encontrado motivos para seguir adelante y acompañar a otras mujeres en una batalla que conoce desde hace más de tres décadas, tiempo con el que ha convivido con el cáncer de mama.

Cesia Ocaña
Villahermosa

A sus 66 años, Magaly Brito Euan ha aprendido a convivir con el cáncer de mama, afrontar sus recaídas y acompañar a otras pacientes. Su historia también es la de una mujer que decidió alzar la voz por quienes enfrentan la enfermedad entre el miedo, la falta de información y las dificultades para acceder a sus tratamientos.

Hay recuerdos que duelen incluso cuando se cuentan con una sonrisa. Magaly, lo sabe, sentarse a hablar de su historia significa volver a diagnósticos, tratamientos, cirugías y noticias que han sacudido su vida y la de su familia. Sin embargo, también significa recordar por qué sigue acompañando a otras mujeres que atraviesan el mismo camino.

A veces se presenta como Magaly Brito; otras, como Lady Magali o Fátima Brito. Sus nombres son parte de una identidad que, al igual que ella, ha encontrado distintas formas de expresarse. Pero cuando habla de su lucha contra el cáncer, lo hace desde una experiencia que comenzó hace 33 años y que, afirma, transformó su manera de mirar la vida.

“Ya no le llamo enfermedad, ya le llamo mi compañera de vida, porque se quedó a vivir conmigo”, dice en entrevista con Novedades de Tabasco.

La frase resume una relación larga y difícil con un padecimiento que ha tenido etapas de aparente tranquilidad y momentos en los que todo parece comenzar de nuevo.

Magaly tenía alrededor de 33 años cuando comenzó su historia con el cáncer de mama. Según recuerda, en un primer momento no obtuvo un diagnóstico que identificara correctamente la enfermedad. Después de una biopsia, relata, le dijeron que no era cáncer. Más adelante, una cuadrantectomía y los episodios recurrentes de fiebre la llevaron, por decisión de su esposo, a buscar atención en Mérida, donde finalmente fue operada de urgencia. A partir de entonces comenzaron las quimioterapias.

Su testimonio pone sobre la mesa una de las necesidades que identifica entre las pacientes: recibir información comprensible, atención humana y acompañamiento, además del tratamiento médico.

En su experiencia, las consultas breves y la saturación de los servicios dificultaron resolver sus dudas. No lo cuenta desde la distancia de quien ha olvidado aquellos primeros años, sino desde la memoria de una mujer que tuvo que aprender, muchas veces, sobre la marcha.

La enfermedad regresó
Después de una etapa de tratamiento, Magaly tuvo aproximadamente cinco años de descanso antes de que el cáncer reapareciera con mayor fuerza. Desde entonces, su historia ha incluido nuevas complicaciones y metástasis.

Hace dos años,cuenta a personal de Novedades de Tabasco, le detectaron una metástasis craneal que permaneció localizada. El tratamiento que recibía comenzó a provocarle reacciones anafilácticas que le dificultaban respirar, por lo que fue suspendido. Al momento de la entrevista, se prepara para comenzar un nuevo esquema de medicamentos orales y tratamiento hormonal.

La noticia de la metástasis craneal, sin embargo, fue uno de los golpes más difíciles. Cuenta que se quedó frente al médico sin saber qué preguntar, mientras pensaba en cómo explicaría nuevamente a su familia que la enfermedad había avanzado.

En cada recaída, además de afrontar sus propios temores, siente que debe tranquilizar a sus hijas, a su esposo y al resto de la familia. Esa responsabilidad emocional también forma parte de su relato.

Con el tiempo ha aprendido a reconocer sus límites, a cuidar sus espacios y a entender que no puede resolver la vida de todos.

En su platica, Magaly no cuenta su historia solo en hospitales y medicamentos, también habla de su infancia, de la separación de sus padres cuando tenía 11 años y de un matrimonio a edad temprana. Dice que durante mucho tiempo guardó tristezas y situaciones que le avergonzaban y estas son experiencias que hoy reconoce como parte de su historia emocional. Sin embargo, conviene distinguir entre la interpretación que ella hace de su vida y las causas médicas del cáncer: las emociones no son una causa demostrada del cáncer de mama ni una responsabilidad de las pacientes.

Para Magaly, hablar de lo vivido, encontrar espacios de apoyo y aprender a expresar los sentimientos ha sido importante para afrontar la enfermedad.

“Las cosas no se superan. Se aceptan” dice cuando le preguntan si ha dejado atrás el dolor de perder parte de su seno.
La mastectomía, las prótesis y las miradas de otras personas forman parte de una realidad que, asegura, no desaparece cuando termina una sesión de quimioterapia. Hay días en los que vestirse y salir de casa representa un esfuerzo adicional.

Turbantes quirúrgicos y desodorantes sin aluminio

Cesia Ocaña
Villahermosa

Con los años, Magaly comenzó a involucrarse cada vez más con mujeres que recibían quimioterapia. Su participación en congresos nacionales de cáncer le permitió conocer a profesionales de distintas disciplinas y escuchar testimonios que ampliaron su perspectiva. También ha dedicado más de dos décadas a actividades altruistas y de voluntariado. Lo que comenzó como una manera de acompañar a otras pacientes se convirtió en una labor constante: conversar con ellas, ayudarlas a recuperar la confianza y organizar acciones para que puedan sentirse acompañadas durante el tratamiento.

Su activismo no se limita al ánimo que ofrece en los pasillos. Una de sus luchas más importantes, cuenta, fue exigir que se proporcionara un medicamento hormonal que le habían negado porque no estaba contemplado en el esquema que le correspondía.
Magaly decidió presentar una demanda ante el área jurídica sindical. Orgullosa comenta que ganó el procedimiento y que, como resultado, más de 100 mujeres ahora reciben este tratamiento.

Su relato refleja una de las preocupaciones que más le duelen: que una paciente se encuentre ante la posibilidad de interrumpir o modificar su tratamiento por dificultades de acceso a los medicamentos.

“¿Por qué dejar que una institución te quite tus derechos? Tus derechos son tus derechos”, afirma tajantemente.
Es una experiencia que ella recuerda como una victoria colectiva, porque considera que el resultado trascendió su caso particular.
También desea continuar reuniendo apoyos para sus actividades altruistas.

Su fe ocupa un lugar central en esa manera de vivir. La menciona como una fuente de fuerza y como una compañía en los momentos en los que las noticias médicas parecen cerrar todas las puertas.

Pero no presenta su historia como una fórmula que deba seguir todo el mundo. Su camino está hecho de tratamientos, pérdidas, miedo, momentos de alegría y decisiones que ha tomado a partir de lo que ha vivido.

FRASE:

“Descubrí que yo no dejaba ir al cáncer”

“Ya no hago planes a futuro ni hago promesas de cuánto tiempo más queda. Me concentro en los proyectos que tengo y en las personas que quieren acompañarme”

“Hay que disfrutar, vivir sin aplazarlo todo”

“Recordar me lastima, pero también me llena de fortaleza para ayudar a más personas, por eso estoy aquí con ustedes”

“Soy una mujer que ha decidido contar mi experiencia desde el corazón para que otras personas entiendan que la vida no termina cuando te dan tu diagnóstico”

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