Por: Miguel Angel Díaz Perera
Investigador de ECOSUR,Unidad Villahermosa
mdiaz@ecosur.mx

Apuntes sobre José María Pino Suárez: a 115 años de convertirse en vicepresidente
El 6 de noviembre de 1911, el licenciado José María Pino Suárez, tomó la alta responsabilidad de ser vicepresidente, en fórmula con Francisco I. Madero que se presentó como presidente. El triunfo de la dupla fuea partir del voto ciudadano en elecciones democráticas, después del levantamiento armado de la revolución mexicana, el exilio de Porfirio Díaz y los tratados de Ciudad Juárez que acordaron un gobierno interino y la convocatoria al ejercicio del sufragio. Fue así como hace 115 años, el hijo predilecto de Tenosique, se vio protagónico en la tribuna nacional.
El orgullo de los paisanos se vio ensombrecido en 1913, cuando ambos líderes serían asesinadosdurante la Decena Trágica, horrible acontecimiento que contrasta con la vida nostálgica y emocional de Pino Suárez que se reconocía más como poeta que como político o abogado; siempre leal al presidente Madero, fue también secretario de Educación y aquella fatídica madrugada en el Palacio de Lecumberri, recibió 13 heridas de bala y según relato de su primogénito Alfredo Pino, tenía el cráneo desmembrado.
Hombre sensible, artista, creativo, se conoce poco sobre sulozana aventura tabasqueña. Dado el trágico desenlace que tuvo, las biografías se han concentrado en su faceta política, menos como poeta, y casi nada como persona. Se sabe gracias a Martha Poblett Miranda que fue de cuna ilustre, tuvo el alto honor de saberse bisnieto de Pedro Sáinz de Baranda, comandante de Marina en Veracruz cuando capituló en 1825 la fortaleza de San Juan de Ulúa, último reducto español para la consolidación de la independencia mexicana, el bisabuelo después fue jefe político y comandante militar de Valladolid en 1830, lo cual le permitió afianzar un notable prestigio familiar en Yucatán.
Esta alta ascendencia, se refrendó por línea paterna con Tomás Pino y Perfecta Salvatiel como abuelos, y por la materna con José Eusebio Suárez y Baltazara Abreu. El papá, un modesto comerciante, no lo pensó mucho y le puso el mismo nombre a su retoño, José María Pino, la madre, doña Josefa Juliana Suárez, se dedicaba a las labores de casa; eran dueños de un rancho sencillo en la ribera del río Usumacinta, “San Antonio”, ubicadoen la orilla derecha sobre un meandro que permitía (todavía hoy) en tiempo de secas,una hermosa playa acompañada del verde exuberante de selva que adornó la infancia del niño nacido el 8 de septiembre de 1869.
No fue una inocencia sencilla, pues el pequeño vio el morir a su madre, doña Josefa, a muy corta edad. En específico, no se sabe con exactitud en qué casa nació José María, si en una sobre la hoy calle 26 de Tenosique, o si en el rancho San Antonio. Lo que sí consta en documentos de archivo,es que para 1905, el rancho aparece en un plano como propietario el nombre del padre, situado frente al actual ejido Ribera de Ponomá, en las postrimerías de Crisóforo Chiñas. Y según una carta enviada desde Tenosique al presidente Lázaro Cárdenas, el 28 de junio de 1936, la señora Mercedes López Vda. de Pino, confesó que ella, había sido la segunda madre de José María, después de segundas nupcias.
Gracias a doña Mercedes, tenemos mayores datos sobre la vida personal de José María. Se sabe que tuvo un medio hermano, Ramiro, que para 1936 había sido asesinado por personas cercanas al entonces secretario de Agricultura, antes gobernador de Tabasco, Tomás Garrido Canabal. También tuvo otros, Víctor y Mario, también muertos, el primero en 1910 en Oaxaca, y el segundo no entró en detalles,aunque al parecer había sido líder sindical; la señora refrenda que Mario, Ramiro, José María, Víctor y un tal Alberto, habían fenecido en eventos políticos, herencia del compromiso revolucionario. También mencionó a una media hermana, Lucila Pino Vda. de Ruz, que entonces vivía en la capital.
Sobre la calidez de José María, doña Mercedes confesó que él y Victor eran el sostén económico, pero al morir todos los hijos, ella sobrevivía con una pensión mensual de 60 pesos otorgada por el estado de Tabasco,pero suspendida en tiempos del gobernador Manuel Lastra Ortíz (leal a Tomás Garrido), y él como burla, le notificó que esos recursos eran necesarios para el éxito de la VII Exposición Regional Agrícola, Ganadera e Industrial, evento que para entonces sería equivalente a la feria actual del estado,por esa razón, doña Mercedes insistía en la generosa intervención del presidente Cárdenas.
A pesar de haber dado la vida en la Decena Trágica, y compartido el mismo destino funesto con los hermanos, el panorama futuro de la familia Pino López, no era prometedor; quienes en antaño habían presumido prestigio, renombre fundado por don Pedro Sáinz de Baranda, estaban casi en bancarrota. Doña Mercedes manifestó que el rancho San Antonio, donde habíanpasado muchas penalidades, lo había perdido junto con todo el patrimonio, resultado de la lucha revolucionaria.Para fe de autenticidad, la carta de doña Mercedes estuvo acompañada de la firma de varios tenosiquenses importantes: Francisco Villanueva, Felipe J. Suárez, Enrique Palma, Narciso Mosqueda, Pablo Suárez, Salvador Suárez, Vicente Pérez, entre otros.
Para entonces, la segunda madre del Caballero de la Lealtad vivía tanto en Tenosique como en la Ciudad de México, con su hija Lucila. Existen indicios que José María, posiblemente regresara a Tenosique cuando ya era un hombre hecho y derecho; en 1908 (ya con 39 años) escribió en forma de poema, pero considerado para una canción, unas estrofas que tituló “Tropical” donde se refiere a una mujer con la cual se atrevía a pensar: “En la luz de tus ojos,/ niña gentil,/ como las mariposas/ quiero morir”, el cual firmó “Ribera del Usumacinta, 1908”. No es desventurado afirmar, que esa ribera era en el rancho San Antonio.
La descripción física, más imaginativa de José María, la debemos al embajador de Cuba en México, Manuel Márquez Sterling, durante el cautiverio antes del cruel asesinato de 13 balazos al tenosiquense. De las palabras del embajador, podemos rescatar:
“Pino Suárez se encorva y abrigándose con una colcha gris duerme en el sofá. Ambas manos descarnadas, sujetan sus bordes sobre el pecho y las piernas, caídas sobre la alfombra, ensayan rigideces de muerte. La cabeza reclinada sobre el hombro flaco, en desorden los cabellos, afilada la nariz, transparente la mejilla, rendidos los párpados, da frío contemplarlo. Por la boca entreabierta escapa suave, fino el resuello, y a veces contrae los labios como secando con un beso las lágrimas de sus tiernos hijos, que habían comenzado a ser huérfanos.”
En paz descanse, el Caballero de la Lealtad.
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