Un coloso de hierro: el Puente Usumacinta

Por: Miguel Angel Díaz Perera
Investigador de ECOSUR, Unidad Villahermosa
mdiaz@ecosur.mx
A escasos 8 kilómetros, antes de llegar por carretera al pueblo de Tenosique, aparece un gigante de hierro. Conocido por todos como puente Boca del Cerro, en realidad lleva por nombre el río que cruza, Puente Usumacinta, y fue inaugurado en 1950 como parte del Ferrocarril del Sureste, proyecto iniciado por el presidente Lázaro Cárdenas en 1934 y terminado por Miguel Alemán en 1950. Preciso, quedó estratégicamente situado: en la boca hacia los cerros del Cañón del Usumacinta, en la frontera de la cuenca baja y la cuenca alta, hacia un lado la planicie, y hacia el otro, los cerros infinitos de Chiapas y después Guatemala.
Fue un orgullo para los ingenieros, un genuino faro luminoso entre la selva tropical, una verdadera (la llamaron) “superestructura”, con “un arco de acero estructural que salva el claro central de 150 metros con anillos triangulados y tímpanos”. El presidente Alemán lo presumió como símbolo del progreso que había alcanzado el sureste mexicano, pero todavía más el gobernador y sabio tabasqueño, Francisco J. Santamaría no cabía en emoción y en su informe de gobierno, apuntó:
“Para nosotros el Ferrocarril del Sureste tiene una doble significación i trascendencia. Para nosotros el Ferrocarril del Sureste tiene la significación sociológica de una arteria que nos abre las puertas a una nueva vida; de una arteria que nos trae la corriente de vida tumultuosa i activa de la Metrópoli, i del resto del país i del mundo…”
Sin embargo, la idea de un puente provenía de un proyecto mucho más antiguo, firmado en el último año del presidente y dictador Porfirio Díaz, con la Compañía Constructora del Ferrocarril de Veracruz, Tabasco y Campeche, que con capital británico, pretendió edificar vías que irían de Santa Lucrecia, cerca del puerto de Veracruz hasta el puerto de Campeche. Y el artífice fue William P. Wood, administrador con visos de ingeniero que visitó en persona Boca del Cerro como consta en documentos del Archivo General de la Nación (AGN), él dio cuenta el 22 de enero de 1913, al recién nombrado secretario de Comunicación y Obras Públicas, Jaime Gurza, estudiar el proyecto de puente.
Desde el sitio, Wood envió tal carta, pero se retiró al sentir el peligro de militares revolucionarios, aunque para entonces, Boca del Cerro era un pequeño pueblo con poco más de 476 habitantes. Aun así, soñó con un puente elevadizo para mantener el tránsito de los barcos de vapor. En un croquis representó la existencia del pueblo San Carlos, el camino hacia Tenosique, la finca Santa Margarita, la finca Tulacal, la existencia de la North American Dredging Cía, compañía de dragado. Además, dibujó el viejo camino a las monterías y los peligrosos remolinos en el río; también el camino viejo a San José y Santa Rosa.
La intención de Wood quizá no fue conocida en el momento, dado que el recién nombrado secretario, pronto fue cesado ante los crueles acontecimientos de la capital mexicana; exactamente un mes después, el 22 de febrero de 1913, el presidente Francisco I. Madero, y el vicepresidente, José María Pino Suárez, serían asesinados a un costado del Palacio de Lecumberri, en la capital mexicana, por órdenes del general Victoriano Huerta, acontecimiento conocido como la Decena Trágica.
Para acabose de Wood, el gobierno mexicano en 1916, canceló el contrato con la Compañía Constructora del Ferrocarril de Veracruz, Tabasco y Campeche. Sin embargo, como ave fénix, el proyecto revivió después, cuando los trazos del ingeniero Pedro A. González que desde 1905 recorría los posibles lugares de tránsito para las vías, fueron retomados por los nuevos interesados de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP) en 1934, para pronto tirar así una estructura de 189 metros que incluyó dos accesos de 19.50 metros. Y precioso, emergió el Puente Usumacinta.
La obra se inició en septiembre de 1948 con excavaciones en ambos márgenes del río, las estructuras de concreto quedaron terminadas en mayo de 1949, y quedó totalmente remachado el 10 de febrero de 1950. No obstante, listo para entrega quedó un mes después. Para entonces, a pesar de la colosal obra, Boca del Cerro reportó en el censo a 509 habitantes, un magro incremento de 33 personas en comparación a 1910.
Diversos personajes tuvieron labor estelar en la construcción, mérito de sobra tuvo el Ing. Jorge Rubio Palacios que hizo familia en Tenosique, y del cual le sobrevive su hijo Jorge Rubio Suárez, hombre muy simpático y platicador. Otro fue un fotógrafo que también hizo familia a la par de su experiencia ferrocarrilera, don Alberto Quintero López (q.e.p.d.) que tomó varias de las fotografías que hoy conocemos en libros e informes del secretario Agustín García López, pero que no le dieron el crédito debido; afortunadamente sus hijos conservan los originales de las fotografías.
El Puente Usumacinta fue obra de cientos trabajadores, muchos otros que se quedaron también en Tenosique e hicieron familia. Sin duda, dejaron una huella colosal que les sobrevive en los recuerdos.
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