Columna: El Rincón del chef

Por: José Ángel ViGo

“Entre coronas, migas y promesas: la mesa del Día de Reyes en México”

Un año más pasa y apenas despierta uno nuevo, pero antes de que la rutina termine de acomodarse en nuestras mesas aparece una celebración que huele a pan recién horneado, a chocolate caliente y a infancia compartida, ‘el Día de Reyes’.
En México, esta fecha no solo se vive, se devora, en cada mordida se mezclan historia, fe, simbolismo y afecto.

Orígenes

La tradición del Día de Reyes tiene raíces profundas en el cristianismo europeo. Conmemora la visita de los Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar, al niño Jesús, guiados por una estrella y cargados de regalos simbólicos: oro, incienso y mirra. Esta celebración llegó a nuestro territorio durante la Colonia pero como muchas otras costumbres, México la adoptó, la transformó y la volvió suya, especialmente desde la cocina, así es, sabemos cómo celebrar y cada fecha para nosotros los mexicanos es una fiesta.

La rosca, un pan que cuenta historias: ‘La Rosca de Reyes’, protagonista indiscutible de la jornada, es un pan que habla sin palabras, su forma circular representa el amor infinito de Dios; las frutas cristalizadas simbolizan las joyas de las coronas reales, y el muñeco oculto en su interior recuerda al niño Jesús escondido para protegerlo del rey Herodes; aunque su origen se remonta a tradiciones europeas, particularmente francesas y españolas, en México la rosca adquirió una personalidad propia, más aromática, más dulce, más compartida y he aquí la magia que emana, dicho manjar no se come en silencio, se parte entre risas, nervios y miradas cómplices esperando no encontrar al famoso muñequito o quizá sí, porque quien lo descubre hereda la responsabilidad y el honor de invitar los tamales el Día de la Candelaria.

Chocolate, tamales y el abrazo del mestizaje: Si la rosca es herencia europea, el chocolate caliente y los tamales son el corazón mesoamericano que completa la celebración. El cacao, bebida ritual desde tiempos prehispánicos, encuentra en esta fecha un nuevo contexto, acompaña, reconforta y reúne. Los tamales, por su parte, refuerzan el carácter comunitario de la gastronomía mexicana; son alimento de fiesta, de promesa cumplida y de continuidad cultural; como amamos México, ¿o no?, sabemos y amamos comer.

Este encuentro de pan, cacao y maíz es más que una combinación deliciosa, es una lección viva de mestizaje puro, donde ingredientes, técnicas y simbolismos dialogan sin conflicto, como lo han hecho durante siglos.

Comer para creer, compartir y recordar: ‘El Día de Reyes’ en México no se trata solo de regalos o tradiciones religiosas, se trata de sentarse a la mesa, de compartir el pan, de aceptar el azar del muñeco que nos elige, de alargar el desayuno o la merienda porque la conversación lo merece; es una fecha que nos recuerda que la gastronomía también es lenguaje, memoria y afecto.

En tiempos donde todo parece acelerado, partir una rosca es un acto de pausa, un gesto sencillo que nos conecta con la historia, con la familia y con nosotros mismos. Porque en nuestro país comer no es solo nutrirse, es celebrar lo que somos y de dónde venimos.

Que este inicio de año nos encuentre así, con las manos llenas de migas, el corazón tibio y la certeza de que, mientras haya mesa y alimentos compartidos, la tradición seguirá viva; les deseo buenos días, buenas tardes, buenas noches, buen provecho y feliz año nuevo; ahí me invitan a comer rosca de reyes.

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