Por: José Ángel ViGo
“La magia del mise en place: cuando el orden también se cocina”.
En la cocina, antes de que el fuego se encienda, antes de que el cuchillo toque corte ingredientes y antes incluso de que el aroma comience a conquistar el espacio, existe un momento silencioso y profundamente revelador, ´el mise en place´; esta expresión francesa, que significa “poner en su lugar”, es mucho más que una técnica, es filosofía que define la manera en que se entiende, se vive y se respeta la cocina.
Concepto del Mise en Place: Para adentrarnos en el entendimiento de dicho concepto, quiero darles un breve contexto sobre su significado simplificado; este se refiere a la organización y preparación de los ingredientes y demás componentes necesarios antes de cocinar; por ejemplo, cuando vas a prepararte un sándwich, tu ´mise en place´ sería, cortar el tomate en rodajas, tener la lechuga en su corte a usarse, disponer de los panes, tener las rebanadas de jamón listas y la mayonesa a la mano, todo esto en diferentes recipientes pata evitar una “contaminación cruzada”, al ya tenerlos listos procederías a la preparación del producto. ´Es armonía comestible´.
¿Qué es la contaminación cruzada y por qué se evita con el mise en place?: Dicha contaminación es la transferencia de microorganismos patógenos (bacterias, virus) o alérgenos desde alimentos crudos o superficies contaminadas a alimentos listos para el consumo. Al llevar un buen ´mise en place´ se evita dicha contaminación, pues al reservar bien tus ingredientes cuidas ese aspecto tan delicado que a veces no notamos, pero que puede afectar nuestra salud; tengan mucho cuidado al cocinar amigos.
Importancia profesional: Entonces ya sabemos que, en términos generales, el mise en place consiste en preparar, medir, cortar y organizar todos los ingredientes y utensilios antes de iniciar cualquier elaboración, más sin embargo, reducirlo a una simple lista de tareas sería ignorar su verdadero poder transformador. Instituciones formativas como el “Culinary Institute of America (Instituto Culinario de América)” y textos clásicos de gastronomía, coinciden en que esta práctica no solo mejora la eficiencia, sino que también eleva la calidad del resultado final, reduce errores en entornos de alta presión.
Desde una perspectiva técnica: El mise en place responde a principios de organización del trabajo que también se estudian en disciplinas como la administración y la ingeniería industrial, optimización del tiempo, reducción de movimientos innecesarios y control de variables.
En cocina profesional, donde cada segundo cuenta, no tener listo un ingrediente puede significar el colapso de un servicio. Por ello, grandes cocinas del mundo, desde brigadas clásicas hasta propuestas contemporáneas, consideran el orden previo como una extensión del propio acto de cocinar.
Un paso más allá de la técnica: En ella existe una dimensión sensorial y emocional; cuando todo está en su lugar, la mente se libera y la presión es menor, el cocinero deja de reaccionar ante el caos y comienza a crear con intención, el ritmo fluye, los movimientos se vuelven precisos y la experiencia se transforma en una especie de coreografía culinaria tan buena y correcta que raya en la perfección. Cocinar deja de ser una carrera contra el tiempo para convertirse en un acto consciente.
En el contexto doméstico: Adoptar el mise en place también tiene implicaciones importantes en nuestra cocina hogareña; no solo facilita la preparación de los alimentos, reduce el estrés, mejora la limpieza y permite disfrutar el proceso. Es, en cierta forma, una invitación a reconciliarnos con la cocina como espacio de bienestar y no de prisa; aquí es cuando comienzas a disfrutar el cocinar y dejas de verlo solo como la necesidad de ingerir alimentos; también, la creatividad fluye y te atreves a realizar esos platillos que en redes sociales o recetarios observas a diario, quizá antes no te hubieras atrevido a hacerlos, pero hoy, el “mise en place” te ha inspirado seguridad para ponerte manos a la obra.
Organizar antes de cocinar es, entonces, un acto de respeto, hacia los ingredientes, hacia la técnica y hacia quienes compartirán la mesa. Es entender que el sabor no comienza en el paladar, sino en la disciplina previa que permite que todo suceda.
Porque al final, la magia del “mise en place” no está únicamente en tener todo listo, va en comprender que el orden igual alimenta, que la intención también sazona y que incluso el silencio previo tiene sabor.
Y cuando todo encaja, cuando cada elemento ocupa su lugar como engrane en máquina de precisión y la cocina se convierte en un escenario de armonía, entonces sucede lo extraordinario: el platillo no solo se prepara, se revela; les deseo, como cada semana, muy buenos días, buenas tardes, buenas noches y buen provecho.
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