La victoria sobre Gilberto El Zurdo Ramírez cambió el destino inmediato de David Benavidez.
La noche del sábado, en la arena T- Mobile de Las Vegas, David Benavidez derrotó a Gilberto Ramírez en peso crucero y ese resultado dejó mucho más que dos cinturones en las manos del peleador mexicoestadounidense y para José Benavídez Sr., padre y entrenador del ahora tricampeón mundial, el triunfo marcó un antes y un después en la carrera de su hijo.
Esta victoria lo colocó en un escenario distinto al que durante seis años estuvo condicionado por la posibilidad de enfrentar al multimonarca Saúl Álvarez.
“Yo quisiera que ya no me mencionaran a Saúl Álvarez. Estamos en pesos muy diferentes, la mera verdad. Mis respetos para Canelo Álvarez, pero ya déjenlo en paz, no quiere pelear con David Benavidez”, dijo Benavidez Sr. entrevista con el Heraldo Deportes tras el triunfo.
Benavidez llegó a esta pelea con la presión de demostrar que podía desplegar su poder, velocidad y resistencia a una categoría completamente diferente.
Enfrente tuvo a un campeón consolidado, natural de la división, con experiencia y tonelaje. Por eso, más allá del resultado, en el fondo tuvo un significado especial dentro del equipo.
“Fue una prueba más para demostrarle a nuestra gente mexicana que siempre tratamos de responderles poco a poco, con mucha humildad y mucho trabajo”, explicó aún con la emoción de quien dejó atrás las dudas por el salto físico tan grande y saber que no cometieron un error al subir.
El entrenador reconoció que las 25 libras de diferencia, entre supermedio y crucero, no eran un simple dato. Era el tipo de cambio que podía alterar la dinámica de un peleador acostumbrado a otro ritmo de combate, pero pasó lo contrario. Por eso la victoria cobró dimensiones mayores.
“Ganar dos títulos más en el peso crucero… 25 libras se oye fácil, pero es algo muy difícil”, abundó.
El resultado del trabajo de gimnasio fue la confirmación de que David podía competir con autoridad en una nueva categoría. No sólo añadió títulos a su palmarés; cambió por completo la conversación sobre su futuro abriendo la posibilidad retos inmediatos de gran nivel y peleas de mayor interés competitivo.
José Benavídez no ocultó que lo conseguido supera incluso lo que alguna vez imaginó de su hijo. Un equipo que no provenía de tradición boxística, que atravesó años de sacrificio y disciplina extrema, hoy observa a David instalado en una nueva plataforma.
“Le doy muchas gracias a Dios por ampararme y guiarme todos estos años. Tuvimos años muy feos porque, pues, yo le quité la niñez a mis hijos, pero ahora son unos monstruos, gracias a la disciplina y gracias a Dios. Ahora tienen a sus familias y son muy buenos hijos”, dijo conmovido.
El combate del sábado no resolvió una vieja deuda. Hizo algo más importante: colocó a David Benavidez en una posición en la que ya no necesita perseguir una oportunidad. Ahora es él quien puede elegir cuál será el siguiente reto.
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