Columna: El Rincón del chef

Por: José Ángel ViGo

Mundial 2026, tres países, miles de sabores

Continuamos nuestra saga mundialista en este espacio, donde el futbol y la gastronomía se dan la mano. Al final, todos sabemos que el futbol se disfruta más con un buen bocado entre manos, y qué mejor oportunidad que esta para explorar los fogones de nuestros anfitriones. Cada cuatro años, el mundo se detiene durante noventa minutos. Las calles se vacían, las pantallas se iluminan y millones de personas sincronizan sus latidos en un vaivén de euforia y nostalgia. El futbol posee esa virtud casi mágica de trascender idiomas, fronteras y credos. Sin embargo, una Copa del Mundo es mucho más que goles, estadios y estadísticas; es, ante todo, una explosión de aromas, técnicas ancestrales y mesas compartidas.

Este 2026 marca un parteaguas: por primera vez, México, Estados Unidos y Canadá reciben conjuntamente la máxima fiesta del futbol. Tres naciones, tres cosmovisiones y, por supuesto, un mosaico de miles de sabores que aguardan a los visitantes del planeta entero.

México: la cocina que abraza

Si algo define a nuestro país es la calidez con la que recibimos al comensal: con el plato a rebosar y una sonrisa sincera. Nuestra gastronomía, distinguida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, no es una simple suma de recetas, es un mapa de nuestra identidad.

El aficionado que llega a México encuentra un banquete infinito: desde el taco de banqueta que es gloria pura, hasta los moles con siglos de historia, pasando por tamales humeantes y bebidas tradicionales que refrescan tanto el paladar como la memoria. Cada región —del carácter yucateco a la potencia del norte, de la sutileza del Golfo al brío del Pacífico— demuestra que el futbol se juega en la cancha, pero se saborea en la mesa.

Estados Unidos: el mosaico multicultural Hablar de la cocina estadounidense es hablar de mestizaje. Su oferta culinaria es un espejo de las migraciones que han cimentado el país generación tras generación. Durante esta fiesta, el visitante encuentra una evolución constante: de la hamburguesa clásica y las costillas ahumadas al estilo barbecue, a propuestas que fusionan el alma de Latinoamérica, Asia, Europa y África. Estados Unidos no ofrece una cocina uniforme, sino una vibrante colección de identidades regionales que narran su historia bocado a bocado.

Canadá: naturaleza en el plato

Para muchos aficionados, Canadá es el gran descubrimiento gastronómico del torneo. Más allá de su clima, el país resguarda una riqueza culinaria ligada intrínsecamente a su entorno. Sus pescados y mariscos, la calidad de sus carnes y quesos artesanales, y el emblemático jarabe de arce son los pilares de una despensa que honra la naturaleza. Sumado a esto, la herencia francesa y la impronta de sus diversas comunidades migrantes crean un perfil de sabor sofisticado y auténtico. Es, sin duda, una revelación para los paladares de todo el mundo.

El turismo entra por el estómago

Existe un axioma sagrado: «un lugar se conoce a través de su comida». Pocas veces esta idea es tan evidente como durante este magno evento. Millones de turistas recorren ciudades, se pierden en mercados, devoran platos callejeros y descubren ingredientes locales. Muchos recordarán un gol espectacular, pero también el taco compartido tras el silbatazo final, la cerveza fría junto a un desconocido o aquel platillo que les permite entender un poco más el alma del país que los acoge. La gastronomía se convierte en nuestra embajadora más elocuente.

Cuando el mundo se sienta a la misma mesa

Quizá ahí reside la verdadera magia del Mundial: no es solo competir, es encontrarse. En las gradas se hablan mil lenguas; en los restaurantes se entrelazan historias. Descubrimos que, aunque portemos camisetas distintas, el hambre y el deseo de convivir son universales.

La patada inicial ya dio paso a la acción. Este 2026, el mundo vive el futbol, pero también halla mucho más: cultura, hospitalidad y un banquete capaz de narrar la historia de tres naciones. Quizá, entre un gol y otro, comprendamos que las mejores victorias no siempre se alzan en forma de trofeo; a veces, se celebran con experiencias compartidas alrededor de una mesa. Desde cualquier estadio o rincón donde la pasión se sirve caliente y la amistad se reparte en porciones generosas, les deseo buenos días, buenas tardes, buenas noches y buen provecho; porque en este año, el planeta entero está sentado a la misma mesa.

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