Por: Emilio de Ygartua M.

México en la Encrucijada: Estancamiento Económico y el Reto del Plan México
Ante una economía que no despega, economistas, empresarios y analistas urgen a la presidenta Claudia Sheinbaum a convertir el Plan México en el detonador real del crecimiento con desarrollo que el país necesita urgentemente.
México atraviesa uno de sus momentos económicos más críticos en décadas. El PIB ha crecido a tasas anémicas, muy por debajo del potencial que los recursos naturales, la posición geográfica y la demografía del país podrían sustentar. La inflación, aunque moderada respecto a picos recientes, sigue erosionando el poder adquisitivo de las clases medias y bajas, mientras que la inversión privada muestra señales de cautela ante la incertidumbre regulatoria y la debilidad del Estado de derecho en amplias regiones del territorio nacional.
La administración Sheinbaum heredó una economía con heridas profundas: una deuda pública en ascenso, un sistema energético en transición sin claridad estratégica, y un mercado laboral que genera empleos insuficientes en calidad y cantidad. A ello se suma la presión geopolítica derivada de la reconfiguración de las cadenas de suministro globales —el llamado nearshoring— que representa una ventana de oportunidad histórica que México corre el riesgo de desperdiciar si no actúa con decisión y coherencia.
El Plan México, presentado como la gran apuesta de la nueva administración para reactivar la economía, ha generado expectativas encontradas. Sus promotores lo describen como una hoja de ruta para industrializar el país, fortalecer el mercado interno, y atraer inversión tanto nacional como extranjera. Sin embargo, críticos señalan que carece de mecanismos de implementación concretos, fuentes de financiamiento claras y metas verificables que permitan evaluar su avance con rigor.
Lo que está en juego es enorme. México tiene la posibilidad de convertirse en una potencia manufacturera de primer orden en América del Norte, aprovechando el T-MEC y su frontera con la mayor economía del mundo. Pero esa posibilidad exige reformas estructurales valientes en materia de seguridad, infraestructura, educación técnica y transparencia institucional. Sin esas condiciones habilitadoras, ningún plan económico, por bien diseñado que esté, podrá transformar el potencial en realidad.
El reloj corre. Los socios comerciales y competidores de México no esperan. La urgencia no es retórica: es la diferencia entre una década perdida y una generación que finalmente ve materializarse las promesas de desarrollo que el país lleva décadas persiguiendo.
La Atonía Económica: Un Diagnóstico Urgente
La economía mexicana atraviesa un periodo de estancamiento que enciende alarmas en todos los sectores. Las cifras del crecimiento del PIB se mantienen por debajo de las expectativas y la actividad productiva muestra señales claras de desaceleración. Lejos de ser un fenómeno coyuntural, analistas coinciden en que se trata de un problema estructural que requiere intervención decidida desde el Estado.
¿Qué dicen los indicadores?
- Crecimiento del PIB por debajo del potencial histórico
- Inversión privada contenida por la incertidumbre regulatoria
- Mercado interno debilitado con consumo estancado
- Expectativas empresariales a la baja en sectores clave
El contexto externo que complica el panorama. La renegociación del T-MEC bajo el nuevo modelo de revisión genera una capa adicional de incertidumbre que paraliza las decisiones de inversión de largo plazo. Las empresas, tanto nacionales como extranjeras, prefieren esperar antes de comprometer capital en un entorno regulatorio que aún no define sus contornos con claridad. Esta parálisis inversora retroalimenta el estancamiento y profundiza la atonía productiva que ya registran los indicadores macroeconómicos del país.
La Incertidumbre del T-MEC: El Factor que Paraliza la Inversión
El nuevo modelo de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá se ha convertido en una fuente de incertidumbre de primer orden para la economía mexicana. Empresarios e inversionistas reportan que la falta de certezas sobre las reglas del juego comercial futuro inhibe la toma de decisiones de inversión de mediano y largo plazo.
Incertidumbre regulatoria. El proceso de revisión del T-MEC bajo el nuevo esquema no ha definido con claridad los plazos ni las condiciones finales. Esta opacidad se traduce directamente en proyectos de inversión pospuestos o cancelados, tanto en manufactura como en servicios.
Parálisis de cadenas de valor. Las cadenas productivas integradas entre México y Norteamérica —especialmente en automotriz, electrónica y agroalimentos— están en pausa estratégica, a la espera de señales claras sobre aranceles, contenido regional y reglas de origen que definirán su viabilidad futura.
Pérdida de ventaja competitiva. Mientras México aguarda resolución, otros países emergentes avanzan en posicionarse como destinos alternativos de manufactura y nearshoring. Cada mes de incertidumbre representa oportunidades de inversión que migran hacia destinos con mayor certeza jurídica y regulatoria.
La incertidumbre en torno al T-MEC no es solo un problema comercial: es hoy el principal freno a la inversión productiva en México y un obstáculo directo para el crecimiento del PIB.
Lo que Piden Economistas y Empresarios a Sheinbaum. Desde distintos frentes del análisis económico y del sector empresarial, las voces se articulan en torno a una demanda central: la presidenta Claudia Sheinbaum debe ofrecer certezas concretas y acelerar la implementación del Plan México como la respuesta estructural al estancamiento. No basta con enunciar el plan; es necesario dotarlo de contenido operativo, metas medibles y mecanismos de ejecución verificables.
Certeza institucional. Claridad en las reglas del juego: marcos regulatorios estables, respeto a contratos y seguridad jurídica para inversiones nacionales y extranjeras. Sin este piso mínimo, ningún plan de desarrollo puede operar con eficacia.
Inversión en infraestructura. Acelerar proyectos de infraestructura física —carreteras, puertos, energía, agua— como ancla del crecimiento. La obra pública bien orientada genera empleo, activa cadenas proveedoras y sienta las bases del desarrollo productivo regional.
Alianza público-privada. Crear esquemas concretos y transparentes de coinversión que permitan al capital privado sumarse a los grandes proyectos del Estado, reduciendo la carga fiscal y ampliando el alcance e impacto de las inversiones estratégicas.
Fortalecer el mercado interno. Impulsar la demanda interna a través de salarios reales, acceso al crédito productivo y políticas de apoyo a la micro y pequeña empresa, que son el verdadero motor del empleo y el consumo doméstico en México.
Áreas Sustantivas del Plan México: Salud, Educación e Infraestructura
El Plan México identifica sectores estratégicos donde la inversión pública puede tener el mayor impacto multiplicador sobre el bienestar de la población y la productividad de la economía. Estos no son sectores secundarios: son los pilares sobre los cuales se construye cualquier proyecto de desarrollo sostenido.
Salud. La reconstrucción del sistema de salud pública —con abasto de medicamentos, infraestructura hospitalaria y cobertura universal efectiva— es tanto una obligación social como un motor económico. Un sistema de salud funcional reduce costos para familias y empresas, mejora la productividad laboral y da cohesión al pacto social.
Educación. La inversión en educación de calidad —desde la básica hasta la técnica y universitaria— es la palanca de largo plazo más poderosa para el crecimiento con equidad. Conectar la formación con las necesidades del mercado laboral y la industria nacional es condición indispensable para una economía del conocimiento competitiva.
Infraestructura. Desde la conectividad vial y ferroviaria hasta la infraestructura energética y digital, México requiere inversión masiva y sostenida. La infraestructura es el tejido sobre el que se mueven mercancías, personas y datos: sin ella, la productividad tiene un techo bajo y el desarrollo regional es imposible.
La Deuda Pública: La Bomba de Tiempo en el Balance Fiscal
Uno de los elementos más críticos del diagnóstico económico actual es el nivel de la deuda pública de México, que ya rebasó el 50% del PIB. Esta cifra no es solo un dato estadístico: es una restricción estructural que limita severamente la capacidad del Estado para cumplir sus compromisos sociales y financiar el desarrollo sin comprometer la estabilidad macroeconómica.
¿Por qué importa el umbral del 50% del PIB? Superar esta barrera implica que una proporción creciente del presupuesto federal debe destinarse al servicio de la deuda —pago de intereses y amortizaciones— en lugar de a inversión productiva, programas sociales o infraestructura. En la práctica, significa que el Estado tiene cada vez menos margen de maniobra para responder a crisis, financiar reformas o mantener el nivel actual de gasto social sin recurrir a mayor endeudamiento.
Si el PIB no crece al ritmo necesario para estabilizar o reducir esta relación deuda-PIB, el círculo vicioso se profundiza: más deuda para sostener el gasto, más intereses, menos recursos disponibles, menos inversión, menos crecimiento.
El punto de quiebre social. Los compromisos sociales del gobierno —pensiones, programas de apoyo, salud, educación— están financieramente tensados. Si la deuda continúa creciendo sin que el PIB acompañe ese ritmo, llegará inevitablemente un punto de quiebre en el que el Estado deberá elegir entre pagar la deuda o cumplir los compromisos con la ciudadanía. Esta disyuntiva no es abstracta: es el escenario que varios países de América Latina han enfrentado con consecuencias sociales devastadoras.
Deuda / PIB. Nivel actual de la deuda pública como proporción del PIB, rebasando el umbral de alerta macroeconómica
Margen fiscal. La capacidad del Estado para invertir en desarrollo se reduce conforme crece el servicio de la deuda
Objetivos críticos. Crecer el PIB y distribuir mejor la riqueza: las dos metas que pueden evitar el punto de quiebre fiscal y social
Crecimiento con Desarrollo: El Punto Nodal de la Agenda de Sheinbaum
El debate económico en México ha madurado más allá de la simple búsqueda del crecimiento del PIB. Lo que hoy se plantea como imperativo es el crecimiento con desarrollo: un modelo que no solo expanda el tamaño de la economía, sino que distribuya mejor sus frutos, reduzca la desigualdad y fortalezca las capacidades productivas y humanas de la población.
Este enfoque reconoce que un PIB que crece concentrando riqueza en pocas manos no resuelve los problemas estructurales de México. Se necesita que el crecimiento económico esté acompañado de mecanismos redistributivos efectivos: salarios dignos, acceso universal a servicios de calidad, oportunidades educativas y productivas para todos los segmentos de la población. Solo así el crecimiento se convierte en desarrollo real y sostenible en el tiempo.
La Inversión Público-Privada: El Catalizador que México Necesita
Frente a las restricciones fiscales impuestas por el nivel de deuda pública, la inversión público-privada emerge como el mecanismo más viable para detonar el crecimiento sin comprometer aún más las finanzas del Estado. La idea central es simple pero poderosa: el gobierno pone el marco regulatorio, la visión estratégica y parte del capital, mientras el sector privado aporta eficiencia, recursos adicionales y capacidad de ejecución.
Inversión pública estratégica. El Estado define prioridades nacionales, invierte en proyectos con alto impacto social y establece las condiciones para la participación privada con reglas claras y predecibles.
Esquemas de coinversión. Contratos, concesiones y alianzas donde el riesgo y el retorno se distribuyen entre el sector público y privado. Modelos probados en infraestructura, salud, educación técnica y tecnología.
Multiplicación del impacto. Cada peso público bien apalancado puede atraer dos, tres o más pesos privados. Este efecto multiplicador es el que permite al Estado hacer más con menos, preservando la sostenibilidad fiscal mientras se acelera el crecimiento.
La inversión público-privada no es privatización ni renuncia al rol del Estado: es una estrategia inteligente para amplificar el impacto del gasto público en un contexto de restricciones fiscales reales.
El Marco Keynesiano: Una Plataforma para Detonar el Plan México
En el debate sobre cómo reactivar la economía mexicana, la orientación keynesiana del Plan México aparece como una respuesta coherente con el momento histórico que vive el país. El keynesianismo —la teoría económica que postula que la demanda agregada impulsada por el gasto público puede sacar a una economía del estancamiento— encuentra en el contexto mexicano actual condiciones que hacen pertinente su aplicación.
¿Qué propone el enfoque keynesiano?
- El Estado actúa como motor de la demanda cuando el sector privado no puede o no quiere hacerlo
- La inversión pública en infraestructura, salud y educación genera empleo directo e indirecto
- El gasto público bien dirigido tiene un efecto multiplicador sobre toda la economía
- El objetivo es romper el círculo vicioso del estancamiento y restaurar la confianza inversora
¿Por qué aplica hoy en México el modelo keynesiano?
La economía mexicana enfrenta exactamente el tipo de trampa de baja demanda que el keynesianismo diagnostica: el sector privado está en espera, el consumo no despega y la inversión extranjera está contenida por la incertidumbre del T-MEC. En este contexto, solo el Estado tiene la capacidad y la legitimidad para inyectar el impulso inicial que reactive el ciclo económico.
Orientar el Plan México hacia una plataforma keynesiana coherente significaría priorizar gasto en sectores con alto multiplicador económico, establecer metas claras de impacto en empleo y PIB, y crear las condiciones para que el sector privado se sume una vez que la demanda interna se reactive y la confianza se restaure.
El Plan México como Detonador: Lo que Debe Pasar para que Funcione
El Plan México tiene el potencial de convertirse en el proyecto transformador que la presidenta Sheinbaum planteó cuando lo dio a conocer. Para que ese potencial se materialice, es necesario transitar de la declaración de intenciones a la ejecución concreta, medible y verificable. El tiempo apremia: cada trimestre de inacción es crecimiento perdido y deuda que crece.
Definir certezas sobre el T-MEC. Comunicar con claridad la posición de México en la revisión del tratado y los escenarios previstos, para que el sector privado pueda tomar decisiones de inversión con un horizonte de planeación real.
Operacionalizar el Plan México. Traducir el plan en proyectos específicos con presupuesto asignado, responsables institucionales, cronogramas de ejecución y metas de impacto en PIB, empleo y bienestar social.
Lanzar esquemas de coinversión. Diseñar y publicar mecanismos concretos de participación público-privada en salud, educación técnica, infraestructura y tecnología, con reglas claras y garantías jurídicas sólidas.
Anclar el gasto en sectores de alto multiplicador. Priorizar bajo un enfoque keynesiano los sectores donde cada peso invertido genera mayor retorno en actividad económica, empleo y reducción de la desigualdad: infraestructura básica, salud pública y formación de capital humano.
Monitorear y comunicar resultados. Establecer tableros de seguimiento públicos y transparentes que permitan a ciudadanos, empresarios y analistas evaluar el avance real del plan y generar la confianza necesaria para sostener la inversión privada en el largo plazo.
El Plan México puede ser el detonador del crecimiento con desarrollo que el país necesita —pero solo si se convierte en acción concreta, no en promesa permanente. La presidenta Sheinbaum tiene en sus manos la oportunidad y la responsabilidad de actuar hoy.
Contra la Cretinización Tecnológica
Prospectiva comparte un análisis del artículo de Andrea Rizzi publicado en El País. Rizzi es un geopolítico y estudioso de los efectos de la tecnología en la sociedad, y escribe sobre cómo la dependencia digital está degradando nuestras capacidades cognitivas y transformando la manera en que vivimos, nos relacionamos y pensamos.
Rizzi no escribe desde la nostalgia ni desde el ludismo fácil. Su mirada es la de un analista acostumbrado a observar sistemas complejos: cómo las estructuras de poder moldean el comportamiento humano, cómo las infraestructuras tecnológicas condicionan no solo lo que hacemos, sino cómo somos capaces de pensar. Desde esa perspectiva, el diagnóstico que propone es tanto más inquietante: no se trata de un uso irresponsable o excesivo de los dispositivos digitales, sino de una transformación estructural de las facultades cognitivas humanas provocada por décadas de inmersión en entornos diseñados para capturar la atención y recompensar la superficialidad.
El debate sobre la dependencia digital y el deterioro cognitivo no es nuevo, pero en 2026 ha adquirido una urgencia que ya no puede ignorarse. Investigaciones recientes en neurociencia y psicología cognitiva apuntan a una reducción medible de la capacidad de concentración sostenida, el pensamiento crítico y la memoria a largo plazo en poblaciones expuestas desde la infancia a pantallas y algoritmos de recomendación. La pregunta que plantea Rizzi —y que este análisis recoge— no es si la tecnología tiene consecuencias, sino si las sociedades democráticas son capaces de tomar conciencia de ellas antes de que el daño sea irreversible.
La relevancia del artículo radica precisamente en su negativa a separar la dimensión individual de la colectiva. La «cretinización» a la que alude el título no es solo una metáfora provocadora: es la descripción de un proceso social en el que la capacidad de deliberación pública, de sostener argumentos complejos, de tolerar la ambigüedad y el matiz, se erosiona de forma sistemática. En un momento en que las democracias enfrentan crisis de legitimidad y el auge de los populismos, comprender los mecanismos cognitivos que facilitan esa erosión es una tarea intelectual y política de primer orden.
¿Quién es Andrea Rizzi y por qué importa su voz?
El autor. Andrea Rizzi es un especialista en geopolítica y en el análisis de los efectos que la tecnología ejerce sobre la sociedad contemporánea. Su mirada no es la del tecnólogo entusiasta ni la del ludita reaccionario: es la del observador crítico que examina con rigor cómo las herramientas digitales reconfigura las estructuras sociales, los vínculos humanos y, de manera muy particular, los procesos cognitivos de las personas.
Su tribuna en El País llega en un momento en que el debate sobre el impacto de la tecnología en niños y jóvenes ha alcanzado dimensiones globales, con legislaciones que buscan restringir el uso de smartphones en escuelas desde Australia hasta España.
El concepto central. El término que vertebra el artículo es provocador por diseño: cretinización tecnológica. Rizzi lo emplea para describir un proceso gradual, casi imperceptible, mediante el cual la dependencia excesiva de dispositivos digitales e inteligencia artificial no sólo cambia nuestros hábitos, sino que erosiona activamente nuestras capacidades para pensar de forma autónoma, sostener la atención, tolerar el aburrimiento y construir conocimiento propio.
No se trata de una hipérbole retórica: la palabra «cretinización» es deliberada. Rizzi apunta a un fenómeno colectivo de empobrecimiento intelectual que opera de manera sistémica y silenciosa, avalado —y en muchos casos acelerado— por los modelos de negocio de las grandes plataformas tecnológicas.
La Playa Como Metáfora: Cuando el Descanso Dejó de Existir
Uno de los pasajes más reveladores del artículo de Rozzi no ocurre en una sala de clases ni en una oficina: ocurre en la playa. Ese espacio que culturalmente hemos asociado con la desconexión, el juego libre, la conversación sin agenda y el contacto con la naturaleza se ha convertido, según el autor, en una extensión de la pantalla.
El escenario que describe Rozzi. Familias reunidas en la arena, pero cada integrante absorto en su propio dispositivo. Niños que en lugar de construir castillos de arena o perseguir olas conversan con asistentes de inteligencia artificial. Jóvenes que documentan el momento en lugar de vivirlo. Adultos que revisan correos mientras el sol se pone. La proximidad física no garantiza ya ningún tipo de encuentro real.
El descanso como función cognitiva. La neurociencia lleva décadas documentando que el aburrimiento y el tiempo no estructurado son esenciales para la consolidación de la memoria, la creatividad y la regulación emocional. Cuando eliminamos esos intervalos —llenándolos de estímulos digitales— no sólo perdemos tiempo de ocio: interrumpimos procesos cerebrales fundamentales que ocurren precisamente cuando la mente «no hace nada».
Una perturbación que nadie eligió conscientemente. Lo más inquietante no es que las personas elijan descansar así. Es que la arquitectura persuasiva de las aplicaciones —notificaciones, scroll infinito, métricas de validación social— hace que la desconexión requiera un esfuerzo activo y sostenido que la mayoría no está equipada para realizar. El diseño tecnológico trabaja en contra del descanso genuino.
El Impacto en los Procesos Cognitivos. Rizzi señala que la cretinización tecnológica no es un fenómeno metafórico: tiene correlatos concretos y medibles en la forma en que el cerebro humano procesa información, toma decisiones y construye memoria. La delegación sistemática de funciones cognitivas a dispositivos y algoritmos está dejando huellas profundas.
Atención fragmentada. La exposición constante a contenidos ultracortos —reels, stories, notificaciones— reconfigura los circuitos de atención. Sostener la concentración en una tarea compleja durante períodos prolongados se vuelve progresivamente más difícil, especialmente en quienes crecieron inmersos en estos entornos desde la infancia.
Memoria externa y vaciamiento interno. Cuando sabemos que Google o ChatGPT recordarán por nosotros, el esfuerzo de memorizar disminuye. Pero la memoria no es sólo almacenamiento: es el sustrato sobre el cual construimos razonamiento, analogías y juicio crítico. Delegar la memoria es delegar una parte del pensamiento mismo.
Pensamiento crítico en declive. La capacidad de evaluar fuentes, contrastar perspectivas, tolerar la incertidumbre y llegar a conclusiones propias —habilidades que se forjan con esfuerzo y práctica— se atrofian cuando un asistente de IA ofrece respuestas inmediatas, confiables en apariencia y presentadas con autoridad retórica.
Tolerancia reducida a la frustración. La gratificación instantánea que ofrecen los entornos digitales genera una baja tolerancia al esfuerzo diferido. Aprender algo difícil, esperar un resultado, enfrentar el fracaso: todas estas experiencias que forjan resiliencia se vuelven más difíciles de sostener cuando el entorno digital promete resultados inmediatos siempre.
La IA como «Amiga»: El Vínculo que Preocupa a Rizzi
Más allá de la herramienta. Uno de los señalamientos más agudos de Rizzi en su artículo gira en torno a un fenómeno nuevo y profundamente perturbador: la inteligencia artificial ha dejado de ser percibida como una herramienta y ha pasado a ser experimentada, especialmente por niños y jóvenes, como una entidad relacional.
Los asistentes de IA —ChatGPT, Gemini, Character.ai y docenas de aplicaciones derivadas— se han convertido para millones de usuarios jóvenes en confidentes, asesoras de vida, consejeras emocionales y hasta en figuras de autoridad intelectual. La IA escucha sin juzgar, responde sin demora, nunca está cansada, nunca está de mal humor y jamás tiene prioridades propias que compitan con las del usuario.
El problema de la perfección artificial. Esa perfección es precisamente el problema. Las relaciones humanas son difíciles porque implican negociación, conflicto, empatía real y reciprocidad. Aprender a navegar esas dificultades es lo que forma el carácter social de una persona. Cuando la IA sustituye esos vínculos imperfectos —pero reales y formativos— con una relación sin fricción y sin riesgo, priva al individuo de un aprendizaje que no puede obtenerse de ninguna otra manera.
Confidente, Asesora, Maestra: Los Roles que la IA ha Usurpado
Rizzi identifica con precisión los roles que la inteligencia artificial ha ido ocupando de manera progresiva en la vida de niños y jóvenes. Cada uno de esos roles corresponde a una función que históricamente era desempeñada por seres humanos —padres, maestros, amigos, mentores— y cuya dimensión formativa va mucho más allá de la transmisión de información.
Confidente. La IA recibe secretos, miedos, dudas y anhelos que los jóvenes ya no comparten con sus pares ni con adultos de confianza. La ausencia de juicio y la garantía de privacidad percibida la hacen atractiva para la confidencia íntima. Pero la confianza entre personas —con todo su riesgo— es también una escuela de vulnerabilidad y conexión auténtica.
Asesora. Decisiones sobre relaciones, vocaciones, conflictos sociales y dilemas éticos se consultan ahora con chatbots antes que con padres, orientadores o amigos. La IA ofrece respuestas estructuradas y aparentemente equilibradas, pero carece del conocimiento contextual profundo —y del amor— que tiene quien realmente conoce a una persona.
.Maestra El conocimiento que antes requería búsqueda activa, lectura sostenida, error y corrección ahora se obtiene en segundos con una pregunta. La IA como maestra entrega el pez sin enseñar a pescar: proporciona la respuesta correcta sin cultivar el proceso de pensar que lleva a ella. Y ese proceso es, precisamente, el verdadero aprendizaje.
El riesgo no es que la IA sepa demasiado. Es que nosotros decidamos saber cada vez menos porque ella está ahí para saberlo por nosotros.
Niños y Jóvenes: Los Más Vulnerables al Proceso
Rizzi dedica especial atención al impacto diferenciado que la cretinización tecnológica tiene en las generaciones más jóvenes. No se trata simplemente de que los niños usen más tecnología que los adultos: se trata de que la usan durante períodos críticos del desarrollo neurológico, emocional y social, con consecuencias que pueden ser estructurales y de largo plazo.
Cerebros en formación expuestos a arquitecturas adictivas. El cerebro no termina de desarrollarse hasta los 25 años aproximadamente. La corteza prefrontal —sede del juicio, la planificación y el control de impulsos— es la última en madurar y la más susceptible a ser moldeada por el entorno. Los algoritmos diseñados para maximizar el engagement explotan exactamente las vulnerabilidades propias de ese cerebro en desarrollo: la búsqueda de novedad, la necesidad de validación social, la dificultad para anticipar consecuencias.
Socialización mediada por pantallas desde la infancia. Los niños y adolescentes de hoy están aprendiendo a relacionarse —a leer expresiones, gestionar conflictos, negociar espacio emocional— a través de interfaces que eliminan la ambigüedad, la incomodidad y la demora propias del contacto humano real. Las habilidades sociales no son innatas: se aprenden. Y se aprenden en entornos donde el error tiene consecuencias reales, no en chats donde se puede borrar lo escrito.
La escuela como institución en crisis de relevancia. Cuando un alumno puede obtener en diez segundos con ChatGPT una respuesta más articulada que la que daría en veinte minutos de estudio, la lógica instrumental del aprendizaje colapsa. La escuela necesita reinventarse para enseñar lo que la IA no puede replicar: el juicio situado, la ética aplicada, la creatividad genuina, la colaboración en condiciones de incertidumbre. Y hacerlo antes de que la brecha sea irreversible.
«La inteligencia artificial puede ser nuestra herramienta más poderosa o nuestra muleta más paralizante. La diferencia la determina quién está al mando de la relación.»
Andrea Rizz
Esclavos Tecnológicos: La Paradoja de la Herramienta que Manda
Cuando el instrumento invierte la relación de poder. La tecnología, en su concepción original, es una extensión de la voluntad humana: una herramienta que amplifica nuestras capacidades para hacer lo que decidimos hacer. Rozzi señala con contundencia que esa relación se ha invertido de manera alarmante. Ya no somos nosotros quienes usamos la tecnología: es la tecnología —o más precisamente, los sistemas diseñados para capturar y monetizar nuestra atención— quien nos usa a nosotros.
El teléfono que debía servirnos dicta ahora cuándo dormimos, cómo nos sentimos respecto a nosotros mismos, qué noticias consideramos importantes, qué opiniones encontramos razonables y con quién mantenemos contacto. La persona que revisa el celular decenas de veces al día no está ejerciendo su autonomía: está respondiendo a estímulos diseñados por ingenieros de persuasión cuyo objetivo es precisamente ese: que no podamos parar.
La esclavitud que se percibe como libertad. Lo más sofisticado de este modelo de dependencia es que se experimenta subjetivamente como elección libre. Nadie obliga a nadie a abrir TikTok. Pero cuando el diseño de una aplicación explota mecanismos neurológicos profundos —la dopamina de la recompensa variable, el miedo a perderse algo, la necesidad de pertenencia— la «elección» es tan libre como la del ratón que presiona la palanca para obtener su pellet.
Señales de la esclavitud tecnológica según Rizzi:
- Incapacidad para dejar el celular durante una comida familiar sin ansiedad
- Revisar el dispositivo como primer acto del día, antes de hablar con alguien
- Sentir incomodidad física ante la ausencia de conexión a internet
- Incapacidad para leer un texto largo sin interrumpirse para revisar notificaciones
- Preferir comunicarse por mensaje con alguien que está en la misma habitación
- Dejar decisiones cotidianas a criterio de algoritmos o asistentes de IA
- Sentir que el día no fue «real» hasta que fue documentado en redes sociales
¿Existe Salida? Reflexiones Críticas sobre el Camino a Seguir
Rizzi no escribe desde la nostalgia ni propone un retorno imposible a un pasado analógico. Su postura es más exigente: demanda que reconozcamos la gravedad de lo que está ocurriendo y que respondamos con la misma sofisticación con la que opera el problema. Las soluciones simples —»que los niños usen menos el celular»— son insuficientes frente a la escala y la complejidad del fenómeno.
Conciencia crítica. El primer paso es nombrar el problema con precisión. La cretinización no es inevitable: es el resultado de decisiones de diseño, de políticas públicas ausentes y de una cultura que ha fetichizado la velocidad y la conectividad sin cuestionarse su costo cognitivo y social.
Regulación con dientes. Las restricciones voluntarias no funcionan contra arquitecturas diseñadas para burlarlas. Se requieren marcos regulatorios que limiten los patrones de diseño adictivo, que protejan a menores de la exposición a algoritmos de maximización del engagement y que exijan transparencia sobre los efectos documentados de estas plataformas.
Educación para la autonomía. La respuesta más duradera es formar personas capaces de relacionarse con la tecnología desde una posición de poder, no de dependencia. Eso implica enseñar explícitamente a pensar, a tolerar la incertidumbre, a construir conocimiento propio y a identificar cuándo una herramienta nos está usando en lugar de servirnos.
La pregunta no es si debemos usar tecnología. Es quién decide cómo, cuándo y para qué — nosotros o el algoritmo.
Reflexión Final: Recuperar la Capacidad de Pensar
El artículo de Andrea Rizzi en El País puede resultar incómodo porque apunta a algo que muchos preferimos no ver: que la cretinización tecnológica no es un fenómeno que les ocurre a otros, a los que «abusan» de la tecnología. Es un proceso en el que casi todos participamos en mayor o menor medida, y del que somos simultáneamente víctimas y cómplices.
Lo que está en juego. No se trata de rechazar el progreso tecnológico. Se trata de defender algo mucho más fundamental: la capacidad humana de pensar de forma autónoma, de relacionarse con profundidad, de aburrirse fructíferamente, de aprender con esfuerzo, de estar presente en la propia vida. Esas capacidades no son opcionales: son la base de todo lo demás que valoramos como civilización.
El momento de decidir. Rozzi escribe en un momento histórico en el que aún podemos elegir. Las tendencias son preocupantes, pero no son irreversibles. Hay investigación sólida, hay voces críticas dentro de la propia industria tecnológica, hay movimientos de padres y educadores que empujan hacia otro modelo. La cretinización no es un destino: es una advertencia. Depende de cada sociedad —y de cada individuo— decidir si la toma en serio.
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