En Comalcalco, Tabasco, la Hacienda La Luz conserva una historia de cacao y chocolate que comenzó en 1958. Ana Beatriz Parizot Wolter, tercera generación al frente de este legado, comparte cómo la tradición familiar se convirtió en turismo y en una forma de preservar la hacienda.
Ricardo Carrera/ Villahermosa
Fotos: Cortesía Ana Beatriz Parizot
En la Hacienda La Luz, una de las principales actividades es la realización de recorridos turísticos, que se llevan a cabo de lunes a sábado, en horarios de 9:00, 11:00 y 13:00 horas.
Ana Beatriz Parizot explicó que su trabajo consiste en promover los recorridos, proporcionar información a los visitantes, gestionar las reservaciones y preparar todo lo necesario para recibir a los grupos. En algunas ocasiones, también es quien guía personalmente los recorridos.
Durante estas visitas, se busca acercar a los visitantes al mundo del cacao y destacar la importancia de la biodiversidad de los ecosistemas cacaotales. Asimismo, se genera conciencia sobre la necesidad de proteger las selvas tropicales de Tabasco y el papel que puede desempeñar el cacao en la conservación de estos entornos.
Como parte de las actividades de la hacienda, también se ofrecen catas y talleres de chocolate. Para ello, se cuenta con el apoyo de chefs y chocolateros capacitados para desarrollar estas experiencias, dirigidas tanto a niños como a adultos.
Además, se realizan cursos de capacitación para estudiantes de gastronomía, con el propósito de que conozcan más sobre el mundo del chocolate y las características de los productos elaborados en Tabasco, trabajados principalmente con ingredientes naturales.
Dentro de sus responsabilidades también se encuentra apoyar en las áreas de ventas y administración de la fábrica de chocolates. Cuando se reciben solicitudes de productos, así como propuestas de personas interesadas en realizar compras o convertirse en proveedores, estas son canalizadas al área correspondiente para darles seguimiento.
VÍNCULO CHOCOLATERO
Ana Beatriz Parizot Wolter compartió cómo fue que llegó a hacerse cargo de la Hacienda La Luz y de la fábrica de chocolate, un proceso que, más que una decisión planeada, se convirtió en parte natural de su vida.
Desde que tiene uso de razón, recuerda que detrás de su casa se encontraba la fábrica, por lo que durante su infancia llegó a pensar que era normal que todos los niños tuvieran una fábrica de chocolate en casa.
La jornada de la fábrica terminaba a las 3 de la tarde y, al regresar de la escuela, Ana Beatriz y sus hermanas comían rápidamente para después salir corriendo hacia la parte trasera del inmueble y recoger los restos de chocolate que quedaban pegados durante el proceso de moldeado.
Para ella, el cacao y el chocolate siempre han formado parte de su vida. Incluso el olor del cacao fermentado le resulta completamente natural. Recuerda que, en ocasiones, transporta cacao en su camioneta desde los lugares donde lo compran hasta la fábrica y algunas personas que viajan con ella suelen comentar que el vehículo tiene un olor fuerte o extraño. Sin embargo, para ella es un aroma cotidiano, pues lo ha percibido durante toda su vida.
La fábrica de chocolates fue fundada por su abuelo en 1958. Ana Beatriz y sus hermanas crecieron en la Hacienda La Luz junto con sus abuelos y sus padres, siempre con la fábrica como parte de su entorno familiar. Por ello, con el paso de los años, asumir la responsabilidad del negocio se convirtió en algo natural.
Tras el fallecimiento de su abuelo, en 1982, su madre tomó las riendas de la fábrica. Posteriormente, en 1999, al casarse, Ana Beatriz y su esposo decidieron hacerse cargo del negocio familiar.
Así, más que una decisión tomada en un momento determinado, su incorporación a la fábrica fue consecuencia de una vida entera vinculada al cacao y al chocolate. Los aromas, las texturas y las conversaciones sobre chocolate formaban parte de su día a día desde pequeña, por lo que asumir esta responsabilidad también representó continuar con una tradición que ya conocía y apreciaba.
La Hacienda La Luz también fue, durante su infancia, un enorme patio de juegos para Ana Beatriz y sus hermanas. El cacaotal era su espacio para jugar, mientras que los árboles de madre de cacao se convertían en parte de sus aventuras. Allí podían trepar a los árboles y cortar guayas, ciruelas, guayabas y otros frutos que encontraban.
Para ellas, crecer rodeadas de cacao, árboles y chocolate no era algo extraordinario, sino simplemente la vida cotidiana.
DE TABASCO PARA EL MUNDO
Ana Beatriz Parizot Wolter explica que no le correspondió iniciar desde cero la historia de la fábrica de chocolates, pues pertenece a la tercera generación de la familia al frente del negocio. Sin embargo, en el caso de la Hacienda La Luz y su apertura al turismo, asegura que el proyecto sí comenzó prácticamente desde cero.
Cuando decidieron abrir la hacienda al turismo, todavía no existía en Tabasco una Ruta del Cacao ni una propuesta turística enfocada en este producto. El cacao no formaba parte de la oferta que el público tuviera presente como una experiencia turística, por lo que la familia comenzó a construir ese concepto.
La idea surgió, en parte, durante un viaje que Ana Beatriz realizó con su esposo en 1997. Durante su luna de miel recorrieron Brasil y Argentina y, mientras visitaban la selva de Iguazú, participó en un recorrido guiado en el que se explicaban las diferentes especies de plantas de la región.
Fue entonces cuando el guía se sorprendió por los conocimientos que Ana Beatriz tenía sobre la vegetación. Ella le explicó que muchas de esas plantas también se encontraban en la Hacienda La Luz, debido a las condiciones del clima tropical de Tabasco. La diferencia, señaló, era que en Brasil algunas especies alcanzaban mayores dimensiones.
Su esposo, quien se desempeñaba como mercadólogo, identificó en aquella experiencia una oportunidad para desarrollar una propuesta turística en la hacienda.
La familia ya tenía como prioridad preservar el lugar y, particularmente, conservar el cacaotal. La Hacienda La Luz cuenta con alrededor de 50 hectáreas y se encuentra en una zona que actualmente está rodeada por la mancha urbana, en una de las áreas de mayor crecimiento de la ciudad. Ante el valor que representaban esos terrenos para el desarrollo inmobiliario, la familia decidió buscar una alternativa que permitiera conservar el espacio.
Fue así como el turismo se convirtió en una herramienta para proteger la hacienda y mantener vivo el cacaotal. A los recorridos por el entorno natural, Ana Beatriz y su familia incorporaron el chocolate, así como la riqueza cultural que rodea al cacao en Tabasco, un elemento que consideran estrechamente ligado a la identidad del estado.
En 1997 comenzaron a promover el proyecto mediante su participación en ferias turísticas. Poco a poco, integrantes del sector turístico descubrieron el interés que despertaba la propuesta, tanto entre los operadores mayoristas como entre el público en general.
A principios de la década de 2000, con la llegada de Pepe Nieves a la Secretaría de Turismo, el concepto comenzó a consolidarse bajo el nombre de Ruta del Cacao. Posteriormente, otras haciendas se incorporaron a la actividad turística, ampliando la oferta relacionada con el cacao y convirtiéndola en una propuesta de mayor alcance para Tabasco.
Para Ana Beatriz, el crecimiento que ha tenido esta iniciativa representa un motivo de orgullo, pues aquella idea que comenzó como un proyecto familiar para preservar la Hacienda La Luz terminó convirtiéndose en una propuesta turística mucho más grande de lo que alguna vez imaginaron.
EXPERIENCIA
Para Ana Beatriz Parizot Wolter, cuidar los ingredientes también significa cuidar y reconocer a quienes los producen. Considera que detrás de cada alimento existe una persona que lo sembró o lo crió, y que todos los productos provienen de la tierra y de la naturaleza.
Desde su perspectiva, es importante no perder de vista este vínculo, especialmente ante la forma en que actualmente se consumen los alimentos. Señala que, al acudir a un supermercado o a una tienda de conveniencia, muchas veces se tiene la impresión de estar eligiendo libremente lo que se quiere comprar, cuando en realidad la oferta está limitada a los productos que esos establecimientos ponen a disposición de los consumidores.
Por ello, considera fundamental voltear la mirada hacia los productores locales, quienes pueden ofrecer productos de mayor calidad y frescura. Para quienes buscan iniciar en la industria alimentaria, recomienda acercarse a los productores y conocer los ingredientes que se encuentran en su propio entorno.
Otro aspecto que considera indispensable es la preparación constante. Asegura que, aunque su familia lleva décadas trabajando con el cacao y el chocolate, todavía continúan aprendiendo.
Para Ana Beatriz, mantenerse en constante aprendizaje permite descubrir nuevas posibilidades, mejorar los productos y desarrollar propuestas diferentes. Además, considera que esta búsqueda constante aporta frescura a los negocios y evita que se estanquen.
Finalmente, destaca que la pasión debe ir acompañada de conocimiento. Si una persona encuentra algo que le gusta y le apasiona, señala, no debe quedarse únicamente con ese entusiasmo, sino estudiar y conocer cuál es la situación del producto con el que trabaja a nivel mundial.
En su experiencia, la combinación entre pasión, aprendizaje constante y el acercamiento a los productores permite comprender mejor los productos y encontrar nuevas formas de desarrollarlos.
“Aunque llevemos décadas trabajando con el cacao y el chocolate, todavía continuamos aprendiendo. Porque la pasión debe ir acompañada de conocimiento”
Ana Beatriz Parizot Wolter, Gerente General de Hacienda la Luz y Chocolates Wolter.
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