A cinco años de su diagnóstico de cáncer de mama triple negativo en etapa cuatro, Marpia Cristina Jiménez León comparte cómo la familia, la fe y la esperanza la ayudaron a enfrentar el tratamiento y a valorar cada día.
Claudia Palma / Villahermosa
Fotos: María Ovando / NT
María Cristina Jiménez León tiene una historia marcada por un diagnóstico que llegó en Nochebuena, el miedo a no ver crecer a sus hijos y un tratamiento que puso a prueba su cuerpo y sus emociones. Sin embargo, también está hecha de abrazos, solidaridad, fe y pequeños momentos que le devolvieron el color a la vida.
A sus 54 años, después de enfrentar un cáncer de mama triple negativo en etapa cuatro, comparte con Novedades de Tabasco su experiencia con un mensaje para otras mujeres, el de no tener miedo de revisarse, confiar en los médicos y no perder la esperanza, porque el diagnóstico no significa renunciar al futuro.
UNA NAVIDAD QUE CAMBIÓ SU VIDA
El 24 de diciembre de 2021, a las siete de la noche, María Cristina recibió el resultado de una biopsia que confirmó sus sospechas. Esa noche caía una fuerte tormenta y en unas horas comenzaría la cena de Navidad; sin embargo, ella necesitaba conocer la verdad.
“Yo creo que ya sentía o sabía que era positivo, por todo lo que me había documentado y revisado, pero fue duro saber que iba a entrar a un proceso en el que podrían venir muchas cosas”, recuerda.
El resultado tenía nombre y apellido: cáncer de mama triple negativo, uno de los tipos más agresivos de esta enfermedad con un pronóstico reservado.
“Uno ve el entorno, la familia que es lo principal. En mi caso tengo dos hijos; el más pequeño estaba por entrar a la preparatoria y es el primer pensamiento que uno tiene, que todavía necesita de la mamá acompañándolo”.
“Ese es el primer golpe, pero también es el primer abrazo, porque el apoyo fundamental es el de la familia. Creo que es el motivo por el que, cuando nos vemos en medio de un diagnóstico, nos da la fuerza, el ánimo y motivo de lo que venga: abrazarlos y seguir adelante”.
A partir de entonces comenzó su atención en el Hospital Regional de Alta Especialidad Dr. Juan Graham Casasús, donde continúa bajo vigilancia médica. La explicación de su oncóloga sobre la enfermedad y las alternativas de tratamiento le permitió comprender lo que enfrentaba y prepararse para el camino que tenía por delante.
La respuesta a los primeros ciclos de quimioterapia fue favorable y pudo avanzar a la cirugía, para después recibir radioterapia. Aunque el proceso fue difícil, los resultados le dieron motivos para continuar.
“Duro sí, pero creo que siempre he tenido buena actitud y hasta la fecha, aun con las etapas que he pasado, porque ha habido momentos en los que hay sospecha de alguna metástasis, pues lo que venga, porque hay que seguir adelante”.
MASTECTOMÍA RADICAL IZQUIERDA
Su lucha contra el cáncer también significó enfrentarse a los cambios físicos y reconciliarse con su cuerpo. La caída del cabello fue uno de los primeros momentos difíciles. María Cristina recuerda que siempre había cuidado su melena larga y que verla caer le provocó temor.
“Fue fuerte, porque pensé que se me iba a caer y quedarme calva, y cómo me voy a ver. Pero, como fue rápido que era mucho lo que se caía, enseguida decidí ir a que me raparan totalmente y después de eso ya no fue tan duro”.
Los gorros oncológicos y las pestañas postizas se convirtieron en recursos para transitar esa etapa sin dejar que su autoestima decayera. No obstante, hubo días en los que el cansancio, el dolor y los efectos de la quimioterapia hacían difícil incluso mirarse al espejo.
Después llegó otro desafío: una mastectomía radical del lado izquierdo. La pérdida de una parte de su cuerpo requirió tiempo para aceptar los cambios físicos y emocionales.
“Ese fue el segundo momento que tuve de reconciliarme con mi cuerpo”, explica.
El acompañamiento psicológico que recibió en el hospital fue importante para procesar la experiencia. Poco a poco, las curaciones, los drenajes y la cicatriz dejaron de ser obstáculos para reconocer su cuerpo y aprender a vivir con él de una manera diferente.
Hoy utiliza una prótesis cuando lo considera necesario, pero también se permite salir sin ella cuando así lo desea.
“Hay días que no me da la gana ponerme la prótesis y no me la pongo; o sea, no me siento mal por ello. Sí es difícil, pero llega ese remanso de nueva cuenta en que se reconcilia uno con la apariencia, con el cuerpo”.
COLOR Y AMOR A LA VIDA
En medio de las quimioterapias, cuando el dolor y el cansancio parecían ocuparlo todo, un recorrido por las calles de Villahermosa le dejó uno de sus recuerdos más entrañables.
Recuerda que era abril y los árboles de guayacán estaban floreciendo. Su hijo mayor, que la acompañaba a las sesiones de tratamiento, decidió llevarla a recorrer la ciudad para que contemplara el espectáculo de colores.
“Ese día, el dolor se me olvidó”. Aquel paseo le permitió detenerse a mirar algo que, en otras circunstancias serían cotidianas.
“Fue algo muy bonito dentro de esa esfera de dolor y de gris, pues tener todo ese color y ese amor de la familia es muy bonito”. Para María Cristina, esos instantes demostraron que incluso en las etapas más difíciles es posible encontrar motivos para agradecer y seguir viviendo.
La solidaridad también se hizo presente cuando, cerca de dos años después del diagnóstico, surgió la sospecha de una posible metástasis y tuvo que trasladarse a la Ciudad de México para realizarse estudios.
Ante los gastos que implicaba el viaje, sus amistades organizaron una kermés para reunir fondos. La respuesta fue tan amplia que llegaron personas a quienes no veía desde la primaria, además de amigas, conocidos y compañeros de distintas etapas de su vida.
“Fue un día increíble. Volver a ver a tanta gente que, con el paso del tiempo, uno va dejando de ver o frecuentar, fue algo muy bonito, porque llegaron y con mucho cariño me apoyaron”.
Al avanzar en su recuperación, procuró reintegrarse al trabajo, retomar sus amistades y recuperar el ritmo de su vida, sin dejar de lado las revisiones médicas.
“Quizá ya no vamos a hacer planes a largo plazo, pero no porque sea de forma negativa, sino porque aprendemos a disfrutar y a vivir el día a día”, reflexiona.
SENSIBILIZAR
Aunque ha cumplido cinco años desde el diagnóstico, María Cristina continúa en vigilancia médica. Su experiencia le ha enseñado que la remisión no significa abandonar los cuidados, sino mantener el seguimiento indicado por los especialistas.
Con la llegada de octubre, mes de sensibilización sobre el cáncer de mama, María Cristina vuelve a insistir en un mensaje que comparte desde hace años: conocer el propio cuerpo y acudir a las revisiones médicas puede marcar una diferencia.
Antes de su diagnóstico, ya se realizaba mastografías. Después de que en un estudio detectaron una alteración, le recomendaron repetirlo dos años más tarde, pero decidió no esperar y regresó al año siguiente. Esa decisión permitió identificar nuevos cambios y avanzar en el proceso de diagnóstico.
Al mirar hacia atrás, reconoce que habría buscado una segunda opinión desde el primer momento. Por eso, ahora invita a otras mujeres a no dejar pasar una sospecha por temor a conocer el resultado.
“Es por amor a ti, es por amor a tu cuerpo, es por amor a tu entorno, que hay que revisarse”.
María Cristina recomienda prestar atención a cualquier cambio, realizarse una exploración mamaria y consultar al personal de salud para determinar qué estudios corresponden de acuerdo con la edad, los antecedentes y las características de cada paciente.
“Que le perdamos el miedo a revisarnos, porque cuando ya se descubre tarde, hay una gran diferencia. Entonces, revísate, chécate, tócate”.
Su llamado lo hace desde su experiencia personal, pues debe continuar con las revisiones de la mama que conserva y con la vigilancia correspondiente a sus antecedentes.
Cuando se le pregunta qué les diría a las mujeres que hoy enfrentan un diagnóstico, reconoce que no existen palabras capaces de borrar la incertidumbre. “Las palabras son difíciles porque, estando yo en esos zapatos, realmente lo que más me llenó fueron los abrazos de la gente querida”.
“Que no tengan miedo, que confíen en todo el equipo médico, que confíen en su fortaleza, que lo pueden afrontar, porque el cáncer ya no es sinónimo de muerte. Ya son muchas las posibilidades y entonces yo les diría eso: no tengas miedo, afróntalo y agárrate de tu fe, porque eso es fundamental”.
“Siempre tenemos que tener esperanza, siempre ver para adelante y siempre pensar que vamos a salir sanas de un proceso como este; que la vida sigue siendo multicolor, bella, si tenemos hijos y la familia a nuestro lado, y que podemos seguir siendo productivas, útiles, creativas”.
“Siempre, el 100%, la actitud positiva es lo que nos va a llevar adelante, y agradecer cada uno de los días que vamos transitando”
“Hay días que no me da la gana ponerme la prótesis y no me la pongo; o sea, no me siento mal por ello. Sí es difícil, pero llega ese remanso de nueva cuenta en que se reconcilia uno con la apariencia, con el cuerpo”
María Cristina Jiménez León
Sobreviviente
Regalo de esperanza
Claudia Palma / Villahermosa
Fotos: Cortesía Rui Mar/ MPayró Studio / NT
María Cristina es una de las mujeres que celebró su fortaleza con una emotiva sesión de fotos impulsada por la empresaria Mayra Ruiz en su boutique Rui Mar, quien decidió regalar a guerreras ese momento para contar su historia y sensibilizar sobre la prevención.
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