Cerrada la puerta al matrimonio gay

El papa Francisco cerró de manera tajante la puerta a los matrimonios entre personas del mismo sexo, al presentar la exhortación apostólica sobre la familia “Amoris Laetitia” (La alegría en el amor), contenida en 260 páginas estructuradas en nueve capítulos, con 325 puntos y publicada ayer, en la que rechaza “la equiparación de las uniones entre homosexuales”, mientras que entreabre la puerta de la comunión a divorciados que se vuelven a casar.

Al referirse a los divorciados el pontífice aclaró que no todas estas personas que vuelven a casarse viven en pecado mortal, por lo que es necesario hacer un “discernimiento” caso por caso.

PECADO. Sostiene que: “No es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación llamada ‘irregular’ viven en pecado mortal, privados de la gracia santificante”.

Asimismo, indica que “estas situaciones exigen una atenta prudencia y un acompañamiento con gran respeto, evitando todo lenguaje y actitud que les haga sentirse discriminados, promoviendo su participación en la vida comunitaria”.

Francisco refirió que estos divorciados “son parte de la Iglesia” y “no están excomulgados”. Al respecto, reconoció que hay situaciones en que la separación de un matrimonio católico es “inevitable” y a veces “incluso moralmente necesaria”, como cuando existe violencia de género.

CONCIENCIA. A estos divorciados los exhorta a que hagan “un examen de conciencia, a través de momentos de reflexión y arrepentimiento”, para “fortalecer la confianza en la misericordia de Dios”.

Por otra parte y en alusión a los matrimonios entre homosexuales, el Papa consideró “inaceptable” que se les compare con el matrimonio entre un hombre y una mujer. “No existe fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas”.

RESPETO. Sin embargo, pidió que los homosexuales “sean respetados en su dignidad”, procurando evitar “toda discriminación injusta” contra ellos.

Y por primera vez en un texto oficial elaborado por un Obispo de Roma, se abordó de manera abierta el tema del erotismo —tabú para muchos católicos—, aunque finalmente adopta la misma postura de condena.

“La sexualidad no es un recurso para gratificar o entretener”, dice el Papa, quien además rechaza el llamado “sexo seguro” tan en boga actualmente.

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