Trasplantes en la era COVID

Una de las terapias médicas que más se ha visto afectada por la pandemia de COVID es la de trasplante de órganos. En ambos sentidos. Por un lado, la pandemia ha frenado los trasplantes y por otro, los pacientes que ya tienen un trasplante de órgano se han visto afectados por la disminución de acceso a servicios de salud y porque son de los más vulnerables para contraer formas graves de COVID.

Los trasplantes de órganos es la única terapia que tenemos para remplazar un órgano cuando ha dejado de funcionar. Los programas más establecidos son los de riñón, córnea, médula ósea y de hígado, seguidos de corazón y pulmón y mucho menos frecuentes, los de páncreas o intestino, que en México no hacemos. Los de córnea y médula ósea son un poco diferente a los demás.

En el caso de la córnea en realidad es un trasplante de una parte de un órgano. El ojo si funciona, solo que si la córnea se vuelve opaca tapa el paso de luz. El cambio es relativamente sencillo y por ser la córnea avascular (sin vasos sanguíneos), la posibilidad de rechazarla es nula. Hecho el trasplante, el enfermo vuelve a ver con su propio ojo.

El de médula ósea tiene dos particularidades. Aunque se hace cuando hay insuficiencia de la médula, la razón más frecuente para hacerlo es el cáncer, ya sea hematológico o de órgano sólido y, el trasplante en sí es como una transfusión. No requiere de cirugía. Dado lo complejo de los programas de trasplantes hay mucha gente en lista de espera. En el caso de córnea o riñón la lista es muy grande, porque en el caso del riñón, la gente sobrevive por años en diálisis. En otros órganos es menor porque desafortunadamente, si no llega el trasplante, lo que llega es la muerte.

Un artículo publicado en la revista American Journal of Transplantation (DOI: 10.1111/ajt.16801) da cuenta del efecto que ha tenido la pandemia en México en relación con los trasplantes. La comparación del período marzo 20 a febrero 21, contra el período marzo 19 a febrero del 20 muestra una reducción del 90 % para trasplantes de riñón, córnea, hígado y corazón, y en el sector privado de alrededor del 60%. Dado que ocurren muchos más trasplantes en el sector público, los datos muestran que prácticamente se dejaron de hacer trasplante en el país. La morbilidad o mortalidad que eso conlleve debe ser atribuida directamente al COVID.

Por otro lado, los pacientes que ya están trasplantados (a excepción de córnea) deben recibir de por vida terapia inmunosupresora para no rechazar el órgano. Esto los pone en una situación de vulnerabilidad ante el COVID. En particular, los pacientes con trasplante de riñón parecen estar en riesgo mayor, ya que el nivel de inmunosupresión que se requiere para evitar el rechazo del riñón trasplantado es mayor. Estudios recientes han mostrado que la respuesta a la vacuna en pacientes con trasplantes es menos eficaz que en la población general. Dos trabajos publicados en el New England Journal of Medicine, uno observacional en agosto 12 y un ensayo clínico controlado, en septiembre 23, dan evidencias claras de que la respuesta inmunológica con dos dosis de vacuna en pacientes trasplantados es baja y que se mejora considerablemente con una tercera dosis. Es claro que los pacientes con trasplante de órganos están en un grupo en el que debemos de considerar ya administrar una tercera dosis y probablemente otras más en los siguientes meses.

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