Recuerdan a Santiago Apóstol en el mundo

Cada 25 de julio Gálica se pone de fiesta. Celebra el “día grande de Galicia”. Es la “Festa do Apostolo” es decir la celebración de Santiago Apóstol, patrono de Galicia y de todo el reino de España. Pero este año tiene ribetes extraordinarios: se cerrará la Puerta Santa de la catedral compostelana, para volverse a abrir nuevamente en 2027 y con ella la culminación del año santo compostelano. La curiosidad es que se debió cerrar el año pasado y a causa de la pandemia del COVID se extendió un año más.

La “Puerta Santa” se encuentra situada en la parte trasera de la catedral de Santiago de Compostela y según la costumbre se abre desde fuera con una gran ceremonia, encabezada por las autoridades religiosas de la catedral, el señor Arzobispo, los obispos de las diócesis, los miembros del cabildo, los sacerdotes, los archicofrades y cofrades y demás miembros de la clerecía. Una vez realizadas las oraciones de rigor, el Arzobispo golpea el muro que cierra la entrada con un martillo ceremonial al grito de (en gallego) “abre as portas a Cristo” e inmediatamente se desploma el muro. Una vez abierta permanecerá así para que los peregrinos puedan entrar al templo desde la plaza de La Quintana y obtener la indulgencia establecida por la Iglesia. Antiguamente se realizaban una serie de rituales dentro de la catedral como era dar vueltas por el deambulatorio alrededor del altar y bajar al sepulcro del Apóstol Santiago, venerar las reliquias del apóstol, para luego salir por la puerta principal del templo la cual indicaba por donde sale el Sol, demostrando así un nuevo nacimiento.

¿Qué es un santo compostelano? Es un tiempo de gracia espirituales a los fieles, a imitación de lo que la Biblia dice del año jubilar de los israelitas: cada 7 años era “Año Sabático”. Es año santo compostelano cuando el 25 de julio, conmemoración del martirio de Santiago Apóstol, coincide en domingo. Se produce con la periodicidad entre 11, 6, 5, 6 años. Tiene su origen en 112, con el Papa Calixto II, y fue confirmado posteriormente por el Papa Alejandro III en la Bula “Regis aeterni” de 1179 otorgando a esta fiesta perpetuidad.

¿Por qué denominamos al apóstol Santiago a secas y no “San Santiago”? Arturo Ortega Morán en su libro Cápsulas de lengua lo explica con claridad: “Ya’akov pasó al griego como Iakóbos y al latín como Iacobus, siendo Jacob y Jacobo en castellano. En latín medieval, Iacobus se transformó en Jacomu, de donde, en la región oriental de la península ibérica surgió la forma Jacme’. Esta ‘c’ se vocalizó dando lugar a Jaume en Cataluña y a Jaime en Aragón. En la zona occidental de la península, el latín Jacomu (una variante de Iacobus) se convirtió en Yago y Yagüe, tras perderse la última sílaba. De tanto repetir Sant Yago, resultó el nombre Santiago. La variante Tiago, que aún es frecuente en Portugal, viene del falso corte de Sant Tyago, en el que la ‘t’ de la primera palabra se acaba usando como primera letra de la segunda. De Tiago proceden Diago y Diego”.

¿Y cómo llega ese lugar de la península ibérica a ser el sepulcro de un apóstol de Jesús que murió decapitado en Jerusalén? Según la leyenda áurea, Santiago, el apóstol, luego del día de Pentecostés había ido a predicar el evangelio a los Íberos, pero estos no recibían el mensaje evangélico de salvación. Santiago, agotado de ver que su prédica no daba frutos, se recostó sobre una columna a orillas del río Ebro. Allí recibió la visita de la Virgen María, estando ella en vida en Palestina, para animarlo a continuar su prédica y le hizo la promesa que mientras estuviera esa columna en pie habría verdaderos discípulos de su Hijo en la península. Luego de esa aparición, los íberos se convirtieron al cristianismo y Santiago volvió a Jerusalén, en donde fue designado Obispo. Pero cayó tras una persecución y su muerte fue por decapitación.

Luego de su decapitación, su cuerpo fue cortado en pedazos que fueron echados fuera de las murallas de la ciudad para que los perros salvajes y las alimañas lo devoraran. Pero al llegar la noche sus amigos y discípulos Atanasio y Teodoro recogieron las partes de su cuerpo, y recordando la aparición de María y el amor que tenía Santiago por los íberos decidieron poner los restos en una urna y llevarlo hasta Haiffa, donde en una barca, llegaron hasta el actual territorio de Galicia. Ingresaron en él por la ría de Arousa, de allí al río Ulla y tomaron por el afluente del Sar; lugar en el que se detuvo la barca en el puerto de Iria Flavia. Esta barca fue amarrada a una columna que marcaba las famosas “millas romanas”. Esa columna hoy se encuentra en el altar mayor de la iglesia parroquial de Santiago en Padrón.

Iria Flavia fue la sede episcopal desde el S. IX hasta que se trasladó a Compostela con motivo del descubrimiento del Cuerpo del Apóstol, pero manteniendo el privilegio de ser la “segunda” de las iglesias de la sede compostelana en virtud de la memoria apostólica. Desde 1588 se celebraba la “Traslatio corporis”, pero fue recién en 1646 que las cortes de Castilla declararon oficiales las fiestas de dicha conmemoración.

Luego de su arribo cargaron el cuerpo en un carro tirado por bueyes, hasta que en una loma a los pies un roble se frenó el carro y no pudo avanzar más. Esto fue interpretado como un signo. En ese lugar se construyó un sepulcro más tarde conocido como “Arca Marmárica”. Sus fieles discípulos se quedaron en el lugar y allí vivieron el resto de su vida hasta su fallecimiento. Ellos también fueron sepultados en el mismo sitio.

Pasaron los siglos, el lugar fue olvidado y cubierto por la tierra hasta que en el año 825 un eremita llamado Pelayo quedó sorprendido por unas luces llamativas que surgían de la tierra (otra versión dice que estrellas cayeron sobre el monte). Pelayo fue a ver al obispo Teodomiro en Iria Flavia y le comentó el hecho extraordinario. Teodomiro, Pelayo y comitiva se dirigieron a la punta de ese cerro y encontraron el “arca Marmárica” y a sus costados los restos de Atanasio y Teodoro. El obispo Teodomiro no estaba convencido del hallazgo, pero esa noche tuvo una epifanía y le fue dicho que esos restos eran del apóstol y de sus compañeros. El hallazgo fue comunicado al rey Alfonso II el Casto, y ordenó levantar una ermita. De allí en más comienza la larga historia hasta la actualidad.

Con el paso de los siglos, Compostela fue uno de los tres lugares de peregrinación de los cristianos, junto a Roma y Jerusalén. Y los que iban a cada lugar tenían un nombre propio: “romeros” los que iban a Roma, “palmeros” los que iban a Jerusalén y “peregrinos” los que iban a Compostela.

Las fiestas en Santiago de Compostela comienzan las noche anterior con los “fogos do apostolo”. Esta tradición milenaria se mantuvo en su esencia pero fueron mutando las formas, en la cual se prendía fuego a una falsa fachada ubicada delante del ingreso a la catedral, casi siempre de estilo mudéjar. Pero desde hace unos años, los fuegos fueron cambiados por la realización de un video Mapping sobre la catedral o sobre los edificios circundantes a la plaza del Obradoiro.

Este día tocará a arrebol la gran campana llamada “Berenguela”, que posee ese nombre en honor al Obispo Berenguel de Landoria, que la regaló al templo en 1318, un año después de su nombramiento. Es la campana más grande de España, pero la actual es una copia de la original que se encuentra en el Museo catedralicio. La campana posee un peso de 11 toneladas, y un diámetro de 2,10 metros.

También volverá a volar por las naves del templo el famoso turibulo (incensario), conocido como “El Botafumeiro” (en gallego: “que bota o fume” es decir, “que hecha el humo”), que pesa 54 kilos y se eleva a unos 20 metros, alcanzando una velocidad aproximada entre 70 u 80 km por hora en su balance por los cruceros de la catedral-basílica. Accionado por los también famosos “tiraboleiros”, volverá a dejar su aroma de incienso en todo el templo. Ya no saldrá a posesionar por las calles de Santiago el famoso “Santiago matamoros” que recordaba la milagrosa intervención del apóstol en la batalla de Clavijo que sostuvo Ramiro I de León contra los musulmanes en el año el 22 de mayo del 844. El lugar de la batalla fue en el monte Lanturce, a unos 25 kilómetros al sur de Logroño, y muy cerca a la estratégica posición de Albelda. Y narra la leyenda que Ramiro I soñó que se le aparecía el apóstol Santiago, quien le aconsejó emprender la contienda al día siguiente. El rey obedeció a la visión y cuando las tropas cristianas perdían terreno, apareció el Apóstol Santiago montado en un caballo blanco, luchando a brazo partido y causando muchas bajas entre los moros. Según cuenta la leyenda 70.000 árabes quedaron tendidos en el campo de batalla. Esta imagen de Santiago a caballo y los árabes a sus pies fue considerado como que podría ofender a los que practican el islam o son inmigrante árabes, por tanto en muchos lugares, muchas de las imágenes de los árabes al pie del santo fueron quitadas de los templos y/o edificios.

El 25 es el día grande de Galicia y se celebra en su catedral compostelana, a la que Rosalía de Castro obsequió con aquellos famosos versos en su libro Follas novas: “Santos e apóstoles, -¡védeos!- parece / que os labios moven, que falan quedo / os uns cos outros, e aló na altura / do ceu a música vai dar comenso, / pois os groriosos concertadores / tempran risoños os instrumentos. / ¿Estarán vivos? ¿Serán de pedra / aqués sembrantes tan verdadeiros, / aquelas túnicas maravillosas, / aqueles ollos de vida cheos? / Vós que os fixeches de Dios ca axuda, / de inmortal nome, Mestre Mateo, / xa que aí quedaches homildemente / arrodillado, faláime deso. / Mais co eses vosos cabelos rizos, / Santo dos croques, calás… i eu rezo”.

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