Bajar de peso, ¿por qué se vuelve difícil?

Cuando hablamos de la obesidad y el sobrepeso como enfermedades crónicas, que se caracterizan por el exceso de tejido adiposo (grasa) en el cuerpo, inmediatamente las ligamos con causas genéticas o relacionadas a nuestros malos hábitos.

Si bien, estos factores son cruciales, no olvidemos los aspectos psicosociales que también son parte del problema. La ansiedad o depresión, malestar emocional, la adicción a la comida, conflictos familiares o laborales, influyen en la obesidad, por lo que el tratamiento no solo debe de centrarse en restringir la ingesta calórica en la dieta.

Los trastornos mentales, el manejo de las emociones y el contexto social tienen injerencia directa en esta enfermedad, ya que complica la situación del paciente, advierte la doctora Lilia Joya Laureano, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM.

Los pensamientos y la comida

Los psicólogos han establecido factores que son clave en el desarrollo y mantenimiento de la enfermedad. Las variables cognitivas, por ejemplo, son aquellas creencias, mayormente erradas, que nos hacen comer de más, desde el clásico “uno no es ninguno”, o la idea de que existen alimentos milagrosos que queman la grasa abdominal.

En cambio, las variables conductuales incluyen los hábitos alimentarios, desde las dietas de ayuno intermitente que consisten en pasar largos periodos de tiempo sin comer, ocasionando que cuando lo hacemos sea difícil regular la cantidad que ingerimos. Inclusive la frecuencia y la velocidad con la que comemos es importante, y más si hablamos de alimentos de alto valor calórico.

También se han identificado los desencadenantes afectivos; nos referimos a la falta de habilidades o estrategias para evaluar y resolver problemas.. A esto se le llama rumiación cognitiva, es decir, repetir en nuestra cabeza aquello que nos tiene mal. En este estado es frecuente buscar comida chatarra, la cual genera una sensación de bienestar debido a que provoca la liberación de dopamina, un neurotransmisor relacionado con el placer.

“Cuando nos enfrentamos a una emoción negativa, sin tener las herramientas necesarias para tratarla, recurrimos a conductas no sanas”, resalto la especialista en la conferencia «Aspectos psicosociales de la obesidad.»

Emociones alteradas

Cuando una persona padece de obesidad o sobrepeso no tomamos en cuenta a lo que emocionalmente se está enfrentando, desde batallar con la autoestima o los comentarios despectivos de la sociedad, siendo esto el catalizador para desarrollar trastornos psicológicos.

“55% de las personas con depresión tienden a incrementar su grasa corporal, mientras que el 55% de los individuos obesos tienen depresión”, informa la doctora Joya.

Para el psiquiatra Luis Sánchez Planell, existen tres categorías de pacientes con obesidad, aquellos con un trastorno psiquiátrico que hace que desarrollen la enfermedad, otros que ya la padecen y empiezan a tener las manifestaciones del trastorno, y aquellos que mientras tratan su obesidad desarrollan alteraciones como la bulimia.

En algunos casos es complicado hacer la distinción entre si estamos deprimidos por el sobrepeso o tenemos sobrepeso porque estamos deprimidos, pero es claro que la depresión hace más difícil salir de la obesidad, ya que ésta impide que se tenga la motivación suficiente para comer sanamente o aumentar la actividad física.

Algo que debemos tomar en cuenta es que existen ciertos alimentos que nos pueden generar una dependencia psicológica y por tanto, nuestro cuerpo ya nos pide consumirlos, en especial aquellos de alto nivel glucémico o super procesados, debido a la subida de dopamina que generan.

Para la doctora Joya, esto puede devenir en una adicción a la comida chatarra. Según el modelo propuesto por los psicólogos Robert West y Jamie Brown, tomamos a la comida como una motivación, que es peligrosa y repetitiva, hasta desarrollar una dependencia física por un sentimiento de recompensa.

Para una persona con obesidad, el tener una adicción a la comida resulta peor, porque le genera el aumento de insulina y nunca llegue a la saciedad por más que se coma. El resultado es un sentimiento de culpa que se suma al problema de salud.

A pesar de ser ya una mayoría en el país, las personas con obesidad suelen enfrentar el rechazo. En palabras de la doctora Lilia Joya, «es evidente que los cánones de belleza centrados en la delgadez afectan la autoestima de los pacientes y propician la discriminación, desde no encontrar trabajo debido a la imagen corporal hasta no sentirse cómodos en lugares públicos como el transporte, al no tener lugares pensados para ellos.»

Recuerda que al ver a una persona con este problema no solo es reflejo de hábitos alimenticios inadecuados, sino que detrás de ella encontramos múltiples razones que no siempre se pueden tratar con “la fuerza de voluntad.

El manejo de esta enfermedad crónica necesita un seguimiento del caso específico de cada paciente, tanto de los factores físicos, como los sociales y psicológicos que influyen en su calidad de vida.

*Colaboración de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM

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