Agencias
En días recientes, el virus Nipah volvió a colocarse en el foco informativo tras la detección de un brote limitado en India, que incluyó contagios entre personal de salud y activó protocolos sanitarios similares a los utilizados durante la pandemia de COVID-19. Aunque la noticia generó inquietud, especialistas subrayan la importancia de dimensionar correctamente el riesgo.
¿Qué es el virus Nipah?
El virus Nipah es una enfermedad infecciosa rara pero extremadamente grave, catalogada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un patógeno de alto riesgo. Se trata de un virus zoonótico, capaz de transmitirse de animales a humanos.
Su principal reservorio natural son los murciélagos frugívoros. La infección puede ocurrir por consumo de alimentos contaminados (frutas o savia de palma), contacto con animales infectados —principalmente cerdos— o, en circunstancias específicas, por contacto estrecho entre personas.
El virus fue identificado por primera vez en 1999 en Malasia y, desde entonces, los brotes humanos se han concentrado casi exclusivamente en Asia del Sur y el Sudeste Asiático, particularmente en India y Bangladesh.
Síntomas: de una gripe leve a una enfermedad neurológica grave
El inicio de la infección suele ser inespecífico y similar a un cuadro gripal, lo que dificulta su detección temprana.
Síntomas iniciales:
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Fiebre
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Dolor de cabeza
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Dolores musculares
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Fatiga intensa
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Náuseas o vómito
En algunos pacientes se presentan síntomas respiratorios como tos o dificultad para respirar.
La mayor gravedad ocurre cuando el virus afecta el sistema nervioso central y provoca encefalitis, que puede manifestarse con:
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Confusión
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Alteración del estado de conciencia
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Convulsiones
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Coma
Estos síntomas neurológicos pueden aparecer días o incluso semanas después del inicio de la enfermedad.
¿Qué tan peligroso es el virus Nipah?
El Nipah tiene una tasa de mortalidad elevada, que oscila entre 40% y 75%, dependiendo del brote y del acceso a atención médica oportuna.
Entre quienes sobreviven, algunos pueden presentar secuelas neurológicas permanentes, y en casos poco frecuentes se han documentado recaídas meses o años después.
Actualmente no existe vacuna ni tratamiento específico; la atención médica es de soporte y se enfoca en tratar las complicaciones.
¿Representa un riesgo global?
Para la mayoría de los países, el riesgo es muy bajo. Aunque murciélagos portadores existen en otras regiones del mundo, los brotes humanos confirmados se han limitado a áreas rurales o semiurbanas de Asia, donde existe un contacto estrecho entre personas, animales y fauna silvestre.
Las autoridades sanitarias internacionales coinciden en que:
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Los brotes son pequeños y localizados
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La transmisión sostenida entre personas es poco frecuente
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Los casos suelen controlarse rápidamente
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No se recomiendan restricciones de viaje o comercio
Países de Europa y América mantienen vigilancia epidemiológica activa para detectar casos importados, lo que mantiene el riesgo poblacional extremadamente bajo.
Prevención: la clave ante la falta de vacuna
Ante la ausencia de un tratamiento específico, la prevención es fundamental. Las recomendaciones incluyen:
Para evitar transmisión desde murciélagos:
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No consumir savia cruda de palma
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Lavar o pelar bien frutas
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Desechar frutas mordidas o dañadas
Para evitar transmisión desde animales:
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Usar equipo de protección al manipular animales enfermos
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Proteger granjas y alimentos del contacto con murciélagos
Para evitar transmisión entre personas:
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Evitar contacto estrecho sin protección con personas infectadas
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Lavarse las manos con frecuencia, especialmente al cuidar enfermos
¿Por qué preocupa tanto a la comunidad científica?
El virus Nipah es vigilado de cerca por la OMS debido a su alta letalidad, su capacidad de saltar entre especies y la ausencia de vacuna, características que incluso inspiraron parcialmente la película Contagion. Sin embargo, esto no significa que exista una pandemia en curso.
Mensaje clave
El virus Nipah no representa una amenaza cotidiana ni global, pero sí es un recordatorio de que las enfermedades emergentes existen. La información clara, la vigilancia temprana y la prevención son las mejores herramientas para proteger a la población.
Estar informados es prudente. Entrar en pánico, no es necesario.
Fuente: Juan Francisco Galán Herrera/Pediatra Infectólogo
Maestro en Ciencias en Investigación Clínica ProcliniQ
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