El tabasqueño lateral de la selección mexicana, es hoy uno de los máximos referentes del deporte. Desde pequeño, mostró una pasión inquebrantable por el futbol, a pesar de enfrentar carencias económicas y realizar sacrificios familiares para perseguir su sueño. Con el apoyo de su familia y de quienes creyeron en él, viajó a la Ciudad de México para probar suerte con Pumas, donde disfrutó los primeros años de éxitos. Su esfuerzo, disciplina y determinación lo llevaron a convertirse en el primer futbolista tabasqueño en formar parte de la selección mexicana de futbol, y hoy es la inspiración de las nuevas generaciones.
Javier Narez / Cárdenas
PRIMERA DE DOS PARTES
Novedades de Tabasco viajó a la ciudad de Cárdenas, Tabasco, ubicada a cuarenta minutos de la capital del estado. ¿El motivo? Conocer la historia detrás del deportista tabasqueño que hoy acapara la atención de México y del mundo: Jesús Gallardo, un referente de época que nos demuestra que, con pasión y perseverancia, los sueños más grandes se hacen realidad. Él es, sin duda, el ejemplo a seguir para una nueva generación de niños que lo admira.
Llegamos a nuestro destino: la casa de la familia Gallardo Vasconcelos, donde sus integrantes nos recibieron con los brazos abiertos. Su mamá, la señora Maribel Vasconcelos, y su abuelita, María Gamas Góngora, nos compartieron el profundo orgullo que sienten al ver que aquel niño que soñaba con un balón hoy trasciende fronteras. Jesús se ha convertido en el primer tabasqueño en colocar a nuestro estado bajo los reflectores del futbol a nivel nacional e internacional, demostrando que el talento, unido a la disciplina, no tiene límites.
La edad de la inocencia
Jesús Daniel Gallardo Vasconcelos nació en la Heroica Cárdenas el 15 de agosto de 1994, es el cuarto de los cinco hijos de doña Mari. Desde los cinco años, mostró una determinación inquebrantable por jugar futbol. La señora Maribel recuerda con ternura cómo su hermano mayor, Ángel, ingresaba a un equipo de la primaria, mientras el pequeño ‘Nene’ —como le decían en casa— lloraba y pedía una oportunidad para entrar a la cancha, aun cuando apenas cursaba el tercer año de kínder.
“Desde chiquito pedía jugar futbol. Quería entrar a los partidos de su hermano Ángel y él apenas estaba en el kínder”, relata.
La orgullosa madre recuerda cómo toda la vida de Jesús giraba alrededor del deporte. En la pequeña casa familiar, sus paredes eran el lienzo de un sueño inminente; escribía frases como: “Amo el futbol”. “Recuerdo que rayaba las paredes, los cuadernos… todo era: ‘amo el futbol, quiero el futbol’. Yo creo que nació con eso; desde niño quería practicar este deporte y aprovechaba cualquier oportunidad para hacerlo”, comentó con una sonrisa que denota la satisfacción de ver ese anhelo convertido en éxito.
La señora Maribel continúa entre risas con una anécdota que define su vocación: “En la primaria tuvo una noviecita, pero tanta era su pasión por el deporte que ella le dio un ultimátum: que decidiera entre ella o el futbol. Él no dudó y eligió el futbol. Aún recuerdo esa historia como si fuera ayer; fue la primera muestra de que su meta era clara y que nada lo apartaría de su camino”.
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