Del sushi al cacao

Desde Hiroshima, Raquel Juárez impulsa ‘México Mágico’, un proyecto que mezcla sabores mexicanos, adaptación cultural y el sueño de construir un hogar lejos de Tabasco.

Cesia Ocaña

Villahermosa

Por momentos, el aroma a tortilla recién hecha se mezcla con el del arroz al vapor y el té verde. En Hiroshima, una ciudad japonesa donde predominan las tradiciones milenarias y los sabores delicados, una mujer tabasqueña ha encontrado la manera de hacer convivir dos mundos completamente distintos alrededor de una mesa.

Raquel Juárez López, originaria de Paraíso, Tabasco, llegó a Japón hace año y medio impulsada por el amor y por la curiosidad de comenzar una nueva vida lejos de casa. Lo que nunca imaginó fue que, entre futones, baños termales y barreras de idioma, terminaría convirtiéndose en una embajadora inesperada de la cocina mexicana.

“Uno no se da cuenta de cuánto significa una tortilla, un chile o un guiso casero hasta que ya no los tiene cerca”, cuenta en entrevista para Novedades de Tabasco.

Adaptarse a Japón no fue sencillo. Desde el primer día, Raquel se enfrentó a costumbres completamente distintas. En muchas casas japonesas, por ejemplo, no existen las camas tradicionales; se duerme sobre futones, una especie de colchonetas gruesas colocadas directamente en el piso. También descubrió que durante el verano es común comer fideos fríos y que los famosos ‘onsen’ -baños termales públicos- pueden convertirse en un auténtico choque cultural para muchas extranjeras.

Pero mientras aprendía a vivir en un país nuevo, también comenzó a extrañar profundamente los sabores de Tabasco.

El problema era que cocinar comida mexicana auténtica en Japón no resultaba nada fácil. Conseguir ingredientes básicos como ciertos chiles, especias o maíz podía convertirse en toda una odisea, además de representar gastos elevados. A eso se sumaba otro reto: el paladar japonés.

“El picante aquí puede ser demasiado fuerte para muchas personas. Tuve que ir adaptando algunas recetas para mantener la esencia mexicana sin que fuera algo imposible de comer para ellos”, explica.

Así nacieron sus primeros eventos gastronómicos.

En Japón existe una dinámica muy distinta para emprender en la cocina: se pueden rentar espacios completamente equipados por días para vender comida durante eventos temporales. Raquel comenzó participando de esa manera, ofreciendo tacos y antojitos mexicanos bajo el nombre de ‘México Mágico’.

La respuesta la sorprendió.

Poco a poco, japoneses curiosos y extranjeros nostálgicos comenzaron a acercarse a probar su comida. Algunos llegaban por simple curiosidad y otros regresaban porque encontraban en sus platillos algo cálido, familiar y diferente.

Aunque por ahora los tacos son el platillo más popular, Raquel sueña con llevar mucho más de la cocina mexicana a Japón: panuchos, empanadas, caldos y recetas tradicionales del sureste mexicano.

Entre el idioma y la adaptación

La vida cotidiana tampoco ha sido sencilla.

Raquel es licenciada en Administración egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana, pero como ocurre con muchos extranjeros en Japón, sus estudios no tienen una aplicación inmediata debido al idioma y las diferencias laborales entre ambos países.

Actualmente trabaja medio tiempo en la limpieza de un hotel mientras continúa construyendo su proyecto gastronómico. Explica que muchas personas que llegan con visa de matrimonio suelen comenzar en empleos similares mientras aprenden japonés.

“El idioma es la parte más difícil. Incluso para conseguir trabajo tuve que ir acompañada de mi esposo para que tradujera durante la entrevista”, asegura la tabasqueña.

Aun así, asegura sentirse feliz con el camino que ha tomado. Cocinar, convivir con clientes y compartir un pedazo de México le resulta mucho más gratificante que regresar a una oficina.

Además, Japón también le ha dejado enseñanzas importantes: disciplina, puntualidad extrema y la atención al detalle son aspectos que ahora intenta aplicar en cada evento y en cada platillo que prepara.

Del pan de elote al chocolate artesanal

Uno de sus productos más exitosos actualmente es un pan de elote que tuvo que reinventar completamente para el gusto japonés.

“El original era demasiado dulce para ellos”, cuenta divertida. “Le fui quitando, agregando cosas y terminó quedando como un panqué de elote más suave. Ahora se vende muchísimo”.

Hoy sus días transcurren entre la preparación de comida mexicana, eventos gastronómicos, limpieza del hogar y viajes constantes para vender productos artesanales en distintas ciudades japonesas.

Porque su historia no habla solamente de comida.

Habla de identidad, de adaptación y de cómo un pedazo de Tabasco puede florecer incluso al otro lado del mundo.

“Cuando les preparo algo más casero les gusta muchísimo. Muchos japoneses me preguntan por qué nuestra comida tiene tantos colores o tantos ingredientes. Yo les digo que en México comer también es una forma de celebrar”

Raquel Juárez

Mexicana

Pasión por el chocolate, la historia de su esposo

Cesia Ocaña

Villahermosa

El esposo de Raquel es arqueólogo y durante muchos años trabajó en museos en aquel país. Sin embargo, como muchos japoneses, siempre mantuvo distintas aficiones además de su profesión principal. Primero se enamoró del mundo del café y trabajó como barista, una pasión que incluso lo llevó a viajar a África y Sudamérica para investigar sobre distintos granos y procesos.

Pero el destino terminó acercándolo al cacao.

Cuando visitó Tabasco junto a Raquel, tuvo la oportunidad de conocer haciendas cacaoteras y aprender directamente sobre el proceso artesanal del chocolate. La experiencia lo marcó profundamente.

La familia de Raquel, especialmente su mamá,  le enseñó técnicas tradicionales para trabajar el cacao y preparar chocolate, conocimientos que hoy utiliza en su pequeña chocolatería artesanal en Hiroshima.

Actualmente elabora chocolate de manera manual, alejándose de procesos industrializados y participando en ferias y eventos gastronómicos en distintas prefecturas japonesas.

Incluso, algunos clientes japoneses se sorprenden al descubrir que detrás de ciertos sabores y técnicas hay influencia directa de Tabasco.

“Él siempre dice con orgullo que aprendió del cacao en México”, finaliza Raquel, orgullosa.

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