Pandemias han transformado la historia

Durante la mesa redonda Recuperación económica, estado de Derecho y empleo, el constitucionalista y miembro de El Colegio Nacional, Diego Valadés, aseguró que las circunstancias a las que ha orillado la pandemia por COVID-19 permitiría agregar una nueva categoría al elenco de revoluciones.

“Estamos habituados a hablar de revoluciones sociales, políticas, culturales, entendiendo a las revoluciones como procesos de cambio estructural, si bien el número de conceptos y de caracterizaciones de las revoluciones varían mucho; también ha habido revoluciones económicas, quizá la más importante fue la agrícola, que nos permitió pasar del nomadismo al sedentarismo.”

Celebrada la tarde de este miércoles 20 de octubre, a las 5:00 p. m., y transmitida en vivo a través de las plataformas digitales de El Colegio Nacional, como parte del programa de actividades del VI Encuentro Libertad por el Saber, coordinado por Antonio Lazcano Araujo, también integrante de El Colegio Nacional, el investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM aseveró que la pandemia, la cual no fue desencadenada por una decisión deliberada –como sucede con otro tipo de movimientos–, está generando efectos que se proyectan en el ámbito institucional.

“Estamos haciendo frente a una revolución que procede de la propia naturaleza. No es la primera vez que esto ocurre, las revoluciones o los cambios profundos generados por los grandes sacudimientos producidos por pandemias, como la que estamos viviendo ahora, sí han generado cambios en la historia del mundo.”

Tan sólo la multiplicación de pandemias en la Edad Media produjo la aparición del miedo en Occidente y la magnificación de la presencia del demonio, con el asentamiento de procesos religiosos como forma de hacer frente a esos fenómenos incontrolables y, por consiguiente, a la modificación de la naturaleza del Estado.

“En lugares muy localizados, como Inglaterra, el proceso democrático que se planteó a partir de 1215 con la Carta Magna apuntaba a una muy rápida democratización del Estado, pero estaban en eso, cuando en los albores del siglo XIV se produjo una pandemia que hizo que regresara el poder a manos de los monarcas y de los barones.”

Otros cambios en la propia Inglaterra se produjeron en una epidemia devastadora en el siglo XVIII, lo que originó una gran revolución urbanística, porque cuando se identificaron las diversas causas que propiciaron la epidemia, se vio que uno de los grandes problemas era la insalubridad en la que vivía Londres, que carecía de sistemas de drenaje.

“Las revoluciones de la naturaleza siempre han tenido consecuencias y sería imposible que no las tuviera México y el mundo con esta pandemia que estamos viviendo.”

En ese sentido, el colegiado también reflexionó en torno a un fenómeno que le interesa rescatar, que es la necesidad de fortalecer al Estado, de generar un nuevo tipo de Estado que tenga una mayor injerencia en los procesos generales de la economía.

Por ejemplo, se ha visto que el gobierno estadounidense presentó un plan para la recuperación que no tiene precedentes en cuanto a su magnitud y que el plan de resarcimiento en cuanto a sus derechos sociales rebasa al que estableció en su momento en la década de los 60, el presidente Johnson, cuando introdujo los primeros grandes sistemas de atención médica en Estados Unidos.

“El hecho de que México requiera estos cambios, seguramente tendrá que hacerlos, significará que lo haga en compañía de otras democracias avanzadas, lo que quizás nos facilite algunas tareas, pero también nos comprometerá. Sin duda, el sistema político mexicano no será un fenómeno aislado, no viviremos un tipo de revolución como la de principios de siglo XX, sino un profundo cambio institucional de carácter global”, destacó el doctor Diego Valadés.

Estado de derecho y crisis económica

Rolando Cordera, coordinador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo, de la UNAM, definió como un “shock existencial” a los problemas económicos generados por la pandemia, en especial durante 2020, al hacer evidentes nuestras vulnerabilidades como especie y acercándonos al verdadero gran reto que se nos ha anunciado por parte de nuestros mejores científicos, del mundo y de México: el cambio climático.

“También parece evidente la recuperación que se está logrando; en algunos casos, por ejemplo, en Estados Unidos, se está dando una recuperación impetuosa y sostenida, lo que es fruto de acciones concertadas por parte de los estados y sus respectivos gobiernos por evitar que la caída económica tan pronunciada pudiera devenir en una gran depresión al estilo de la que asoló al mundo, en especial la desarrollada en los años 30 del siglo XX.”

Desde la perspectiva del economista mexicano, la recuperación que, en efecto está ocurriendo en nuestro país, puede calificarse como una recuperación esquiva y social, y económicamente insuficiente; de acuerdo con la información dada a conocer gracias al INEGI, las tasas de crecimiento de las que se tiene noticia son significativas y, por eso se puede hablar de recuperación, pero si se colocan en una perspectiva histórica, “tendríamos que admitir que no es fácil, no es automático que con tasas de crecimiento positivas podamos hablar de una recuperación”.

“En realidad, con estimaciones de Enrique Provencio, son muchos meses los que nos faltan para llegar al nivel de producto per cápita similar al 2018, sabiendo que la recesión empezó antes de la pandemia, que detuvo el trabajo en las llamadas actividades económicas no esenciales, lo que trajo una caída del PIB en 2020 del 8. 5% y una pérdida de casi dos millones de empleos.”

Por ello, resaltó Rolando Cordera durante su conferencia, aún no estamos en condiciones de asegurar que estamos en franca y sostenida salida, por ello debe hablarse de una recuperación esquiva y socialmente insuficiente, pero hoy tenemos menos empleos formales de los que debieron haberse creado si la tendencia de 2017 hubiera podido mantenerse.

“El vínculo principal entre la economía y la sociedad de nuestro tiempo es el empleo. Cada vez hay más mexicanos que trabajan o buscan trabajo, y cada vez hay menos trabajadores mexicanos que cuenten con un seguro de desempleo que conocemos en la Unión Europea o en Estados Unidos, lo que quiere decir es que entre el empleo y el desempleo hay una pérdida absoluta de recursos, entonces, de capacidad de compra y de estar en la sociedad.”

Esta circunstancia de un empleo que funcione promisoriamente como el gran vínculo de bienestar entre la economía y la sociedad no se está dando y lo que tenemos es una recuperación en la que ha predominado el empleo en los niveles más bajos de remuneración y también ha tendido a predominar lo que conocemos como empleo precario, “incluso el empleo informal, que no cuenta con ningún mecanismo de protección social, ni contrato de trabajo”.

“Lo primero que debemos asimilar como sociedad democrática es que nuestro Estado no está preparado para enfrentar eficazmente eventualidades como las que hemos vivido, no está preparado para encarar los impactos conocidos o reconocibles que traerá consigo el llamado cambio climático y tampoco ha estado preparando para evitar que un ‘accidente’ de la vida económica se convierta en una tendencia dominante hacia la caída económica y, luego, al estancamiento.”

A decir de Rolando Cordera, lo que se requiere como gran tarea de la recuperación rumbo a una reconstrucción de nuestros tejidos sociales e institucionales, y capacidades de acción del Estado, es una reforma que tiene que ser, de inicio, una reforma que apunte al corazón de la economía política mexicana.

Hay que devolverle contenido a ese corazón de nuestra economía política, que es la combinación de crecimiento con compromisos de mediano y largo plazo del tipo justiciero, en términos sociales, redistributivo en términos económicos, financieros y de acceso a los bienes públicos.

“Se trata de una reforma de gran calado del Estado que tenga como gran horizonte la efectiva construcción no sólo de un Estado democrático de derecho, sino ya dar el paso para convertirlo en un Estado social y hablar de un Estado democrático, constitucional de derecho: un Estado social, comprometido con los grandes propósitos y proyectos de desarrollo.”

Ello implicaría admitir los mandatos que emanan de la Constitución en materia de organización política de la economía y de articulación de la intervención del Estado en la economía, como una intervención sistemática que obedece a criterios de racionalidad histórica de mediano y largo plazo.

“Frente a la pandemia y sus terribles lecciones, frente a las perspectivas difíciles que nos plantea nuestra propia recuperación y reconstrucción y la que nos está planteando lo que viene en materia de cambio climático, llegó la hora de dar el paso hacia una auténtica reconstrucción del Estado mexicano, a partir de los compromisos democráticos que ya están establecidos”, insistió el catedrático de la UNAM.

Entender a la salud como un derecho

Norma Samaniego, economista asesora del Consejo Académico del PUED-UNAM, alertó acerca de la importancia de entender a la salud y a la protección social como derechos, no como prestaciones de un solo tipo de trabajo: el asalariado formal.

“Tenemos que repensar los marcos que han regido a las instituciones de protección social, construidas en torno al trabajo asalariado formal, típico de principios del siglo XX, ahora rebasados. Uno de los retos es contemplar la protección no sólo a los trabajadores que ya estaban en situación vulnerable, sino a las fuentes de trabajo, fortalecer los estabilizadores económicos ante situaciones críticas, tareas en las que el Estado cobra un papel fundamental: debemos avanzar hacia una normalidad distinta.”

En su ponencia habló de la necesidad de reflexionar sobre las lecciones y los retos que nos ha dejado la pandemia, en especial porque históricamente se ha dicho que las pandemias han obligado a romper con el pasado y a tratar de imaginar de nuevo su mundo.

“La crisis nos recordó la vulnerabilidad del ser humano, la fragilidad del entorno económico y de la protección social: fue una crisis muy diferente, porque su origen no fue una guerra, ni una crisis financiera, sino un virus microscópico, que obligó a un coma inducido de la economía global, lo que trajo consigo un impacto devastador en el empleo en todo el mundo, mayor que en cualquier crisis del presente siglo y del pasado.”

Las Naciones Unidas estiman que tan sólo en los primeros seis meses del año pasado se perdieron 420 millones de empleos en el mundo. En México tuvimos una pérdida muy significativa, sobre todo entre abril y mayo del año pasado, que se recuperó rápidamente a base del empleo informal.

La contingencia produjo una suerte de radiografía que ha revelado las fisuras de la sociedad que construimos, al hacer evidentes las desigualdades estructurales y carencias de protección social que ya existían, y hasta mostró la falacia de que todos estamos en el mismo barco.

“Si bien todos somos susceptibles a la enfermedad, no todos están en las mismas condiciones y ha afectado más a quienes ya eran vulnerables, tanto en la salud como en lo económico, también a muchos más que se sintieron seguros y protegidos: reveló que amplios grupos de población trabajadora estaban inermes ante eventos de este tipo, como los trabajadores informales, que carecen de protección alguna ante la pérdida de su trabajo.”

En un segundo lugar, no menos importante, afectó a los jóvenes, a quienes les tocó la gran transición entre la escuela y el trabajo, lo que va a determinar su desarrollo de carrera; a muchos otros jóvenes también les detuvo sus avances en los estudios y, asimismo, afectó a quienes no pudieron trabajar de forma remota por la naturaleza de su trabajo o por carecer de los medios y de los conocimientos para hacerlo.

En la reflexión de la egresada del Instituto de Estudios Sociales de La Haya, en Holanda, existe un grave problema frente a la enorme brecha digital, que ha dejado atrás a muchos de quienes ya habían superado la alfabetización: ha sido curioso ver a profesionales que le tienen temor a la tecnología, como a las herramientas de Zoom.

“Es un momento crítico para el país y para el mundo, pero también es una oportunidad para repensar nuestro desarrollo”, insistió Norma Samaniego, quien advirtió que vivimos el cambio de una era, en donde se está trastocando el mundo de trabajo que se creó en el siglo XX y “el conjunto de instituciones sociales creadas alrededor de este marco”.

“La pandemia actual nos ha revelado con toda crudeza la necesidad urgente de activar de inmediato una respuesta de magnitud acorde a la dimensión y gravedad de los problemas de pérdida de empleo e ingreso en los grupos de trabajadores y empresas más afectados: debemos pensar en un nuevo contrato social.”

La mesa Recuperación económica, estado de Derecho y empleo, que forma parte del VI Encuentro Libertad por el Saber, dedicado al tema La pandemia: retos y oportunidades, se encuentra disponible en la página de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx

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