Salud mental entre los 25 y 35 años: ansiedad, estrés y depresión ante las presiones de la vida adulta

Las responsabilidades laborales, económicas, familiares y personales pueden afectar el bienestar emocional durante una etapa marcada por importantes cambios de vida.

Redacción 

La etapa entre los 25 y 35 años suele estar acompañada de decisiones importantes: consolidar una carrera profesional, buscar estabilidad económica, establecer o terminar relaciones, formar una familia o enfrentar cambios personales. Aunque estas situaciones forman parte de la vida adulta, también pueden convertirse en fuentes importantes de estrés, ansiedad y desgaste emocional.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que los trastornos de ansiedad son los problemas de salud mental más comunes en el mundo y que pueden interferir con la vida familiar, social y laboral cuando los síntomas son intensos y persistentes.

En México, el INEGI reportó en 2025 que 22.5% de la población presentó indicios de ansiedad y 12.6% indicios de depresión, de acuerdo con el Módulo de Bienestar Autorreportado (BIARE). Estos datos identifican síntomas mediante una escala de evaluación y no equivalen por sí mismos a un diagnóstico clínico.

¿Por qué los 25 a 35 años pueden ser una etapa complicada?

Durante estos años pueden acumularse diferentes responsabilidades al mismo tiempo. El trabajo, las finanzas, las relaciones de pareja, las expectativas familiares y la incertidumbre sobre el futuro pueden generar una sensación constante de presión.

A esto se pueden sumar experiencias como desempleo, problemas económicos, rupturas sentimentales, aislamiento, pérdidas familiares o dificultades para encontrar un equilibrio entre la vida personal y laboral.

La salud mental no depende únicamente de la capacidad de una persona para “manejar” sus problemas. La OMS explica que diferentes factores individuales, familiares, comunitarios y estructurales pueden proteger o afectar el bienestar mental.

Cuando el estrés deja de ser algo pasajero

Sentirse preocupado o cansado ocasionalmente no significa necesariamente que exista un trastorno mental. La preocupación se vuelve una señal de alerta cuando es intensa, persistente o comienza a interferir con las actividades cotidianas.

Entre los síntomas que pueden acompañar a los trastornos de ansiedad están la dificultad para concentrarse, irritabilidad, inquietud, problemas para dormir, tensión física, palpitaciones y una sensación constante de peligro o preocupación.

En el caso de la depresión, la OMS señala que puede manifestarse mediante un estado de ánimo deprimido o la pérdida del interés y el placer por actividades durante periodos prolongados. También puede afectar las relaciones personales y el desempeño laboral.

Algunas señales que no deben normalizarse

Hay cambios emocionales que pueden pasar desapercibidos porque suelen atribuirse al ritmo de vida. Sin embargo, conviene prestar atención cuando una persona presenta durante un periodo prolongado:

  • Cansancio constante o falta de energía.
  • Problemas frecuentes para dormir.
  • Preocupación difícil de controlar.
  • Irritabilidad o cambios importantes de ánimo.
  • Pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba.
  • Aislamiento de familiares, amigos o pareja.
  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
  • Sensación persistente de desesperanza o vacío.
  • Cambios importantes en el apetito o en los hábitos cotidianos.

La presencia de alguno de estos síntomas no significa automáticamente que exista depresión o ansiedad. Un profesional de la salud mental es quien puede realizar una evaluación y determinar si existe un trastorno.

Pedir ayuda no significa estar fallando

Uno de los principales obstáculos para atender los problemas de salud mental continúa siendo el estigma. La OMS advierte que muchas personas que necesitan atención no reciben tratamiento, pese a que existen intervenciones eficaces para problemas como la ansiedad y la depresión.

Buscar apoyo psicológico puede ser una herramienta para comprender lo que está ocurriendo, desarrollar estrategias para afrontar situaciones difíciles y recuperar el bienestar.

También puede ser importante contar con redes de apoyo, mantener vínculos sociales, cuidar el descanso y realizar actividad física. Estas acciones no sustituyen la atención profesional cuando existe un problema de salud mental, pero pueden formar parte del cuidado integral.

La salud mental también merece atención en la vida adulta

Hablar de salud mental entre los 25 y 35 años implica reconocer que la estabilidad económica, profesional o familiar no garantiza necesariamente bienestar emocional.

Una persona puede tener trabajo, pareja, amigos y proyectos y, al mismo tiempo, atravesar ansiedad, depresión o un agotamiento emocional importante.

Por ello, reconocer las señales, hablar sobre lo que ocurre y buscar ayuda cuando sea necesario son pasos importantes para cuidar la salud mental. No es necesario esperar a que el malestar se vuelva insoportable para pedir apoyo.

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